jueves, diciembre 22, 2005

Kirchner será tan dictador como le permitamos ser

Muchos lectores me preguntaron qué pasaba con El disidente que no estaba saliendo con regularidad y en parte lo que ocurre es que los hechos en la Argentina están hablando por sí solos y muestran en toda su crudeza un avance sobre todas las instituciones de parte del tandem matrimonial kirchnerista que no quiere dejar resquicio alguno fuera de su control. Desde agosto de 2003 en que salió el primer número advertimos que estaban dadas todas las condiciones para que este avance se diera y lo importante que era no permitir que Beliz y sus colaboradores hicieran el trabajo sucio de acabar con una Corte que la ultra izquierda representada por Verbitsky odiaba y estigmatizaba porque no podía controlar y estorbaba sus planes de desangrar al Estado con indemnizaciones a sus compañeros terroristas. La Corte "menemista" de la "mayoría automática" fue asaltada para convalidar la pesificación asimétrica, a favor de la caterva de ladrones que acompañaron la hiperdevaluación y para arrasar con el derecho y avanzar gravemente sobre los derechos humanos de los militares de forma tal de alimentar un circo revolucionario y llenar de plata a los violentos. Los más compraron los argumentos de esta izquierda mentirosa pero no porque los creyeran sino porque les tienen pavor.

Ese crimen contra la república se consumó y hubo complicidad por omisión de nuestro "centro" vergonzante y cobarde, lo que le sirvió a los autores en bandeja al principal poder del estado donde descansa, descansaba, la constitución y nuestras libertades. Es tarde para quejarse de lo que ese mismo sector hizo con Luis Patti entregándoselo a los montoneros con el mismo fundamento, nulo, con el que se entregó a la Corte.

"Alguien" no va a hacer nada y la libertad no es gratis, no llegará la caballería y los Moyano, Bonasso, D?Elía, Kirchner y demás son nuestro problema como ciudadanos. No es que podemos dedicarnos a nuestras cosas y esperar a ser defendidos. Ya juzgan cómo votamos.

Cada vez será más caro, para los empresarios, para los profesionales, para los jueces, para los legisladores que quieren obrar con independencia y por supuesto para los periodistas. Todos pagarán las consecuencias de hacer como que la dictadura no es tal y se trata sólo de un gobierno eficiente y bocón que sabe mucho de manejo de las cuentas públicas.

No se trata por suerte de resistir con violencia, pero sí de abrir las bocas, instruir a los jóvenes, protestar, presentar amparos, concurrir a los actos, darles vuelta la cara a los 102 sujetos que impidieron la llegada de Patti a la Cámara de Diputados, hacer lo mismo con los que convalidaron el asalto a la Corte, no recibir, ni confraternizar con quienes colaboran con un déspota sicótico que no resiste examen psicológico alguno, contarles a los que no la conocen la historia de una generación sangrienta que tiene renovadas energías para seguir destruyendo al país, dejar de aceptar la mentira total sobre lo ocurrido en la década del 70 y quiénes son los montoneros, unos perversos asesinos que llenaron al país de odio y que lo quieren seguir haciendo ahora no en nombre de la revolución, sino de un marketing romántico que les permita seguir robando a mansalva.

Todo lo que nos asombra hoy de este gobierno se está construyendo hace muchos años por parte de esta izquierda minoritaria, frente a una derecha mayoritaria y mojigata que encima la niega. Desde Alfonsín que avanzó para politizar el ingreso a las facultades y llenar de telarañas las cabezas de una generación entera, pasando por el CELS de Verbitsky que mediante favores, ayudas y operaciones de prensa dominó la Justicia y subvirtió elementales conceptos jurídicos que tienen que ver con la libertad más elemental, hasta los que apostaron a la existencia de una socialdemocracia precapitalista con la Alianza, cosa que en la Argentina no existe ni ha existido nunca y finalizando con los empresarios que durante toda la década del 90 sólo alimentaron al periodismo extorsionador disfrazado de comunista para cometer las peores tropelías.

¿Qué viene ahora? ¿Empalarán a los que no sepan recitar el manifiesto comunista con el apoyo de la oposición, o a los que suban el precio de los tomates?

Venimos advirtiendo hace mucho cosas como que la Argentina no tiene un problema de listas sábana, sino de socialismo que corroe al sistema republicano por más transaparentes que sean las elecciones. No tenemos un problema de educación porque los más bestias de nuestros gobernantes y los tipos que colaboran con la banda kakista dirigente son universitarios. Lo que tenemos es un problema de un Estado dando libremente educación socialista, en el caso de las universidades marxista. Tampoco tenemos un problema de corrupción por cierto, los marxistas inclusive mejoran cuando se corrompen, ya no te quieren matar, te quieren tentar o llevarse una tajada, eso es un gran avance.

La corrupción, la calidad de los métodos de elección y el marketing son problemas de políticos en países civilizados donde se debate "en libertad" pero no se debate "la libertad".

El problema de la libertad es el primero de los problemas políticos para un republicano. Ningún otro puede competir con el asunto de la autonomía del individuo frente al poder y cuando la libertad está amenazada vale la pena sacrificar cualquier otro asunto en función de ella. Que se quiera tergiversar este concepto elemental como si dijéramos "roban pero hacen". Acá nos roban y nos esclavizan.

El nuestro no es un país civilizado, la ecuación política a la que se debe responder es si vivimos bajo un sistema de propiedad privada, si tenemos derecho a responder con la fuerza a los agresores, si podemos opinar libremente y ser dueños de nuestro destino. No se puede entregar la libertad en nombre de una prolijidad encima falsa, porque repasemos las instituciones e intelectuales que protestaban por la "calidad institucional" en la década del noventa y que ahora con un presidente despótico, psicótico, violento y populista, que amenaza empresarios, utiliza patotas para amedrentar a las empresas que no quieren venderle a sus amigos, promueve la toma de empresas, hace homenajes a terroristas, roba como no se ha robado jamás en la historia, se apodera de mil millones de dólares de una provincia, se han llamado a silencio.

El hecho de que se permita a la ultra izquierda sostener que el terrorismo de las décadas del 60 el 70 eran hippies idealistas y quienes les respondieron criminales, que detenerlos era "secuestrarlos" y responder al fuego que abrían cuando se los quería detener era "homicidio" es nada más que un síntoma y un negocio perfecto para dirimir el poder actual que la izquierda conoce bien y para el que no encuentra resistencia. La derecha no le da importancia porque tiene miedo, pero los montoneros están en la Casa Rosada y son inmensamente ricos a costa del Estado sólo gracias a esa farsa.

Las dictaduras no las construyen los dictadores por sí mismos. La que está creciendo en la Argentina tampoco.

Buenas noticias: aumentan los precios

El título no tiene que ver con el deseo de ver al montonerismo de billetera disminuir en su popularidad. Eso no debe ocurrir todavía porque un país no debe tener nada mejor que el gobierno que se merece.

Es buena noticia que aumenten los precios pero por motivos económicos. Y es buena noticia porque esa reacción del mercado llevará a que podamos consumir más y no menos.

Sea por aumento de la demanda o disminución de la oferta los precios suben sin hacer que las posibilidades de consumir varíen. Si en el mercado hay disponibles diez tomates en un momento dado, no importa cuál sea su precio la posibilidad de que once personas consuman un tomate no existe. El precio, sin interferencias, sólo tiende a acercarse al nivel en el cual haya sólo diez personas que prefieran llevarse un tomate antes que hacer otra cosa con ese dinero. En ese nivel máximo los productores y distribuidores también examinan si el precio llega a un punto en el que valga la pena dejar otras actividades para dedicarse a aumentar la producción de tomates. Cuando el precio sube, reflejando una situación existente, activa o desactiva a productores y distribuidores conforme al comportamiento de los consumidores. Entendido esto (los chicos lo entienden, los montoneros no) la suba de precios es tan buena noticia como la baja de precios o la estabilidad de precios.

El problema es la escasez relativa de productos en un momento determinado y para eso los precios en aumento deben festejarse del mismo modo que se festeja que exista el teléfono para llamar a la ambulancia cuando hay un accidente. El accidente es el problema, el llamado a la ambulancia es un éxito de la civilización en función de la atención de los accidentes. Los precios que crecen deben ser tratados igual.

El gobierno intenta controlar los precios, no importa que quiera llamarse a eso control o que se haga por ley. Quiere controlar a los precios como controla a los empresarios asustándolos (qué tarea sencilla en la Argentina) o a la prensa mediante presión. Pero intenta que eso no sea asociado ni con las experiencias argentinas en la materia ni con los más de cuatro mil años de intentos de que los precios respondan a los deseos del poder sin haber logrado siquiera una vez un éxito. Es que el éxito es imposible porque el precio no es un problema sino una solución.

Da igual como quiera hacer para que los precios estén como quiere el gobierno que estén. Si consigue alterarlos para arriba o para abajo respecto del nivel que las partes le hubieran dado no aumentan las posibilidades de consumo (porque están físicamente limitadas) y altera las decisiones de inversión en el sentido contrario al que llevaría a aumentar esa posibilidad de consumo relativa de uno o de muchos productos.

Si el alza de precios se debe a alteraciones monetarias, que son sólo responsabilidad de los gobiernos que la emiten o la expanden, o a la fijación de un precio que es el tipo de cambio, los precios aumentando también deben festejarse igual porque buscan reestablecer el nivel relativo entre ellos que refleje las preferencias del mercado: qué cosas deben hacerse a qué costo, dónde deben ponerse mayores esfuerzos, qué debe dejarse de lado por el momento. Siempre los precios son la respuesta a un problema real.

Un "bueno" debe comprar al precio libre y regalar en todo caso, con lo cual "avisa" al mercado que debe aumentar la producción para responder a su regalo.

El precio de la carne es uno de los que más se ha disparado. La población aumenta y el número de cabezas se mantuvo estable. Esto ocurrió por falta de inversión y la falta de inversión es consecuencia de que hay algo más conveniente para hacer con el dinero. A su vez la razón por la que hay algo más conveniente para hacer con el dinero puede ser la mayor utilidad de otra inversión o el deseo de preservar el capital productivo de las ansias rapaces fiscales o del clima de terror e incertidumbre que crean los gobiernos. En ambos casos, el comportamiento de dejar de invertir en el sector lleva a aumentar nuestras posibilidades de consumo. Es mejor que no se invierta y se preserve para momentos más seguros a que ese dinero se pierda o se queme por políticas depredatorias del gobierno.

El primitivo presidente que Duhalde nos regaló tampoco entiende otros conceptos elementales. Por eso le dijo a Alfredo Coto que "no quiera aumentar su rentabilidad más allá de lo razonable" subiendo los precios en Navidad. ¿De dónde habrá sacado este señor, que pasó por todas las etapas del sistema educativo que el Estado le proveyó, que tuvo oportunidades de rozarse con gente que usa la cabeza para algo más que para llenarse de resentimiento, este concepto tan troglodita: que aumento de precios significa mayor rentabilidad?

Cuando los supermercados hacen ofertas de fin de semana no las hacen para ganar menos, sino para ganar más. Cuando los precios de las computadoras disminuyen vertiginosamente no significa que los productores estén ganando menos, sino que están ganando más.

La rentabilidad, algo que se sabe desde la revolución industrial (que en la Argentina no se aprende porque el Estado enseña en los colegios que fue un desastre) aumento de producción y disminución de precios es el mejor negocio que existe. Pero primero viene el aumento de la producción y el aumento de la producción no llega sin que aumenten los precios, del mismo modo que la ambulancia no llega hasta que no se la llama.

Brindemos entonces en este fin de año para que los precios aumenten por nuestro propio bien y si es necesario que aumenten en el mercado negro. Algún día superaremos la etapa de los médicos brujos y no habrá que esconderse para hacer las cosas bien.

El disidente en televisión

Nos complace anunciar que a partir del mes de febrero El disidente pasará a tener un formato televisivo.

Un regalo disidente

Les enviamos con este número un ejemplar scaneado y en formato PDF del libro "Evita", un libro de lectura confeccionado para primer grado inferior en el año 52. No tiene desperdicio y además nos puede dar una idea de cómo terminarán los planes del señor gobernador setentista y noventista Felipe Solá de repartir manuales "oficiales" de enseñanza.

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