jueves, noviembre 10, 2005

¿Cuál es la sorpresa?

Nadie puede decepcionarse si Minguito organiza un cocktail y su actuación como anfitrión resulta bochornosa. Por el mismo motivo, comentar el papel del matrimonio K en la cumbre de Mar del Plata, que son como los Beverly Ricos arribados a Buenos Aires y que por milagro Duhaldista recalaron en Balcarce 50, sería un ejercicio poco útil.

La mona por más que se vista de seda mona queda y esto es especialmente válido para la señora que aplica tantos recursos a su atuendo. Cuando iba a la facultad de derecho había unas cuantas mujeres de su estilo que a la mañana se vestían y pintaban como para un casamiento (de esos casamientos muy coloridos) y cuyos esfuerzos estaban más dirigidos a conseguir un abogado que un título de tal. En este caso consiguió al último que quedaba y tiempo después se demostraría que se había ganado la lotería.

Dicho esto, la mala educación es la inmediata explicación al estúpido manejo de la cumbre marplatense. La pequeñez le provoca al dúo una ansiedad por ser aprobados por la empresa estatal Página 12 y organizar una marcha anticumbre para compensar el contacto con George Bush. No le pidamos peras al olmo, esta gente no da para otra cosa. Consideremos que en la misma postura de querer agradar a ese pasquín se encuentran hasta representantes de la "centro derecha".

Lo que debiéramos preguntarnos es por qué gente de este nivel llega a la presidencia de la nación y puede provocar tanto daño. Entonces veríamos que lo preocupante no es la actuación presidencial sino la genuflexión de la línea de la cancillería argentina y la de los empresarios que en lugar de contener al gobierno actúan de cortesanos, igual que los gobernadores, o la prensa y el establishment en general.

Ni siquiera el problema es Bielsa, un hippie encanecido que estaría mejor haciendo dulces en el Bolsón, pero que de ningún modo puede decirse que es más inútil que muchos cancilleres de este mundo.

En pocos países malos gobiernos hacen tanto daño como en la Argentina, porque en pocos países un matrimonio bananero se toparía sin resistencias ni institucionales ni informales que le enseñen las artes del gobierno (ni siquiera digo la orientación correcta). Y eso tal vez se le deba a Perón que entendía este problema y para hacerse con todo el poder no sólo destruyó las instituciones políticas sino que se ocupó particularmente de arrasar lo que livianamente se llamaba "oligarquía" reemplazada a partir de ahí por un ejército de Cóppolas más o menos pulidos pero todos con la misma actitud de estar atentos al hueco para rascar un cobre con alguna mentira. Y no es que ese establishment arrasado por el peronismo haya sido brillante, pero era el poseedor de una serie de valores institucionales a resguardar y esa era su única misión en definitiva.

Carecemos de un poder permanente, informal, espontáneo que modere a los gobiernos estúpidos que votan los muy educados argentinos, con lo único que contamos es con la fauna brillosa que aparece en las fotitos de las revistas semanales. Esa carencia era resuelta años atrás por raptos compensatorios llamados golpes de Estado, pero ya no los hay y tampoco parece que eso haya obligado al país a buscar otras fuentes de contención. Los sucesos del 19 y 20 de diciembre del 2001 ocurrieron como reemplazo de los tradicionales golpes militares, pero ya no en busca de reordenar al sistema sino de desordenarlo como sistema.

Debemos mejorar la puntería porque entretenernos con Cocoliche y señora nos conduce al engaño de suponer que son ellos el problema de la Argentina cuando en realidad serían anecdóticos si la Argentina estuviera mínimamente sana. Un sujeto que se agarra cuanto virus aparece no tiene un problema de una infección sino de la inexistencia de defensas. Sólo un mal médico no advertiría que hay un problema en la persona que es el verdadero origen de cada infección. La Argentina no tiene una infección que se llama K, sino un sida que se llama anomia.

La cancillería falla, porque su línea se acostumbró a postrarse ante un espectro de gobiernos ideológicamente tan amplio en la materia como el del señor K y Menem. Han aceptado relaciones carnales con demasiada gente y por tanto no son capaces de actuar de contención. Los militares fallan porque confunden subordinación con evasión y últimamente con traición, los empresarios fallan porque se engolosinan con tajadas en el corto plazo, la oposición falla porque se compra argumentos adversarios y pierde los objetivos. El señor Olivera denunció la utilización de los resortes del poder y de la inteligencia del estado para inventarle la existencia de cuentas en el exterior no declaradas y hay serios motivos para investigar al propio presidente la nación por el escándalo. En los Estados Unidos cayó el presidente Nixon por algo mucho menos grave como fue espiar un comité opositor. En la Argentina no ha habido hasta ahora actividad alguna seria de la oposición tendiente a esclarecer el asunto, salvo del partido involucrado. Los K son los únicos que no fallan, ellos son eficientes en hacer el daño que se proponen y para el que han sido formados.

¿No nos industrializan los subsidios agropecuarios norteamericanos?

En la polémica acerca de si es conveniente que la Argentina participe de las negociaciones para la construcción del ALCA se puso como principal obstáculo el hecho de que subsistan subsidios agrícolas que perjudican a los productores locales.

Se nos ha dicho hasta en el colegio, cuando intentaban convertirnos en futuros potenciales votantes del señor K, que la Argentina fue dependiente de un modelo agro-exportador y que una buena política sería reemplazar esas exportaciones por otras de origen industrial. Las retenciones agropecuarias eran justificadas de esa manera. ¿Cuál es la diferencia en cuanto a efecto "industrializador" entre retenciones a los productores argentinos y subsidios a los productores norteamericanos? Ninguno, en lo que se refiere al aspecto comercial unas y otros generan incentivos contra las exportaciones agropecuarias argentinas y a favor de la producción agropecuaria norteamericana. La diferencia es que en un caso los beneficiados son los productores estadounidenses y en el otro el estado argentino.

Aclaro que la pretensión de que una producción es mejor que otra bajo cualquier otro parámetro que no sea la rentabilidad es en mi opinión absurda y que creo en la apertura unilateral e irrestricta, justamente para que la rentabilidad de la producción (es decir la posibilidad de transformarla en mayor consumo) aumente. Pero el propósito de este comentario es desnudar la falsedad de las argumentaciones anti-ALCA del gobierno argentino.

Tanto las retenciones como los subsidios a los productores norteamericanos o incluso los europeos estorban exportaciones, lo que genera una disminución del ingreso de divisas. Al ingresar menos divisas el valor de éstas en el mercado local es mayor al que debiera ser, lo que a su vez es un incentivo para otros exportadores. Conclusión, se perjudica una exportación y se favorece otras con cualquiera de ambas políticas. "El país" no se ve perjudicado sino los productores agropecuarios, lo cual es injusto y nos lleva a desaprovechar ventajas comparativas, pero de ninguna manera hace a "nuestra economía" menos exportadora. Produce un efecto que aquéllos que consideran que una producción es mejor que otras debieran festejar. No hay menos exportaciones sino exportaciones menos útiles desde el único punto de vista que interesa que es el subjetivo de los sujetos que intercambian y que en definitiva terminan posibilitando menor consumo (mayor pobreza).

Cualquier acuerdo de libre comercio en consecuencia es ganancia, aunque los subsidios agrícolas no se toquen. Una operación de comercio internacional, como cualquier intercambio voluntario beneficia a ambas partes. El argumento argentino y el que utiliza toda la burocracia diplomática mundial para justificar sus sueldos es que las libres exportaciones de unos deben ser intercambiadas por las libres exportaciones de otros. Pero restringir importaciones o exportaciones es perjudicial para ambas partes. Del mismo modo que no ganaría nada por negarme a comprar en el supermercado más barato porque su dueño se niega a poner un aviso en mi programa, esa parodia de intercambio de figuritas que realizan los gobiernos carece por completo de fundamento.

Es de ignorantes pensar que cuando el señor K dice que entorpece la entrada de un producto realizado en los Estados Unidos para extorsionar al gobierno norteamericano con el objeto de que se facilite la exportación desde la Argentina de una tonelada de cereal, lo que está haciendo es defender a un argentino contra un norteamericano. Esta creencia no sólo es falsa, es tonta. Tanto en el estorbo a una importación como en el estorbo a una exportación hay un argentino y un norteamericano perjudicados. En nombre de la defensa de los productores argentinos cerrar la economía a otras operaciones comerciales es como un intercambio de rehenes, pero propios.

Una pregunta disidente

¿Usted se haría atender por un resfrío por el doctor Eduardo Lorenzo Borocotó?