lunes, marzo 21, 2005

El zorro en el gallinero

"La tiranía más insoportable es la tiranía de los subalternos"
Napoleón

Alfonsín solía representar al mercado como la libertad del zorro en el gallinero. Sin embargo en el orden basado en la libertad, que tanto aborrecen las almas pequeñas, no hay zorros sino individuos desarmados compitiendo y colaborando y que por definición no utilizan la fuerza. El kakismo, que es una especie de versión dark del alfonsinismo (después de todo son hermanos de odio setentista), ha desenmascarado la realidad: El gobierno del señor K, cuya única fuente de alimentación es la agresión a los subordinados, inermes, débiles y cobardes, es el único zorro a la vista y se ha beneficiado conquistando un país de gallinas.


Dialéctica violenta

Alfonsín que fue con simpatía con personajes del ERP y Kirchner que expresa sus simpatías por los Montoneros y formó un gobierno con ellos, comparten la misma dialéctica: La agresión se enmascara de defensa alegando que la víctima es la verdadera agresora. De ahí la necesidad de presentar al ganador pacífico del mercado, a aquél que es el más eficaz en proveerlo, como un zorro; y al verdadero zorro que es el Estado depredador como si fuera el defensor de las gallinas. A todos aquellos a quienes se ataca se los señala como agresores. Truco viejo, pero que sigue dando resultado.

La misma dialéctica manejaban los terroristas setentistas cuando hablaban de "la violencia de arriba que genera la violencia de abajo" o la señora Patricia Vaca Narvaja, Subsecretaria de defensa del consumidor cuando dice que el aumento de precios de Shell es un "acto de patoterismo", o el jefe de la SS kakista Luis D'Elía, que se reúne con ella para "coordinar acciones" al decir que la Shell es la "verdadera extorsionadora".

Como decía antes, todo zorro necesita de gallinas. Nuestras gallinas no son de cualquier especie. No ceden ante una fuerza incontenible dado que el señor K sigue siendo un presidente que llegó al cargo con el 16% del electorado, sino que se sienten culpables ante el zorro y lo consideran con autoridad moral. El señor K acusa a todos los sectores que le molestan, de pecados en los que él mismo incurre como nadie. La retirada de las gallinas es por lo tanto moral. Todos terminan "negociando" y agradeciendo a un gobierno despótico por permitirles seguir respirando.


Síndrome de Estocolmo

La última agresión oficial se produjo contra la Iglesia. En este caso monseñor Baseotto, obispo castrense fue acusado de pretender tirar al ministro de salud al mar por haber citado un pasaje evangélico que habla de el castigo que merecerían quienes escandalizan a los niños. Baseotto no sugiere en momento alguno que se tire al ministro al mar, pero todo el gallinaje mediático se hace eco de la falsa versión oficial, con lo cual la arremetida aparece como una respuesta.

La conferencia episcopal emite un comunicado lamentando la reacción del gobierno, pero no realiza una defensa de Baseotto. La falsa imputación ha dado el resultado buscado y el obispo castrense está descalificado aún cuando cuando el gobierno haya actuado contra la ley, los tratados, el derecho a expresión y la libertad de cultos. El gobierno logra aparecer como si hubiera reaccionado demasiado, cuando ninguna reacción era justificable. Hay culpa (indispensable para el crecimiento del dictador), en las palabras del episcopado. No hace falta siquiera compartir los dichos de monseñor Baseotto. Argumentar o aclarar algo al respecto también es una forma de conceder razones al agresor.

El canciller impresentable que tenemos acaba de "conceder" que el obispo pueda ofrecer misa en la parroquia Stella Maris y ejercer su misión pastoral, aún cuando se lo prive de los ingresos y de las formalidades que rodeaban su cargo. La reacción hasta ahora fue casi de agradecimiento. Kirchner golpea y "perdona", las víctimas le agradecen, el tirano alimenta su ego enfermo con este juego de sumisión que es permanente desde que llegó al gobierno de la mano de la mafia peronista. La relación de K con la sociedad se parece cada vez más a la del secuestrado liberado que siente que le debe la vida al secuestrador, patología que se conoce como "síndrome de Estocolmo".


Gallinas profesionales

Párrafo aparte merecen los que asumieron frente a la sociedad la responsabilidad de contrarrestar al poder oficial. En el diario Clarín del lunes 21 de marzo López Murphy, Macri y Sobisch coinciden en que no hay problemas ideológicos que los separen del gobierno.

Para López Murphy tal parece que da lo mismo ser marxista que liberal, siempre que se sea republicano, como si pudiera ser republicano sin ser ser liberal o como si eso fuera compatible con ser marxista.

Para Macri lo importante es que la sociedad sea productiva. Y la verdad es que es productiva ya, con lo cual no se sabe qué tiene este señor de novedoso para ofrecer.

Sobisch coincide con López Murphy. La izquierda en Latinoamérica resurge sin vergüenza, como si no tuviera pasado, como si no hubiera provocado suficientes baños de sangre en la región, pero la única avergonzada es la derecha.

No hay confusión en estos personajes, sino evasión. Si con los cien millones de muertos y los infiernos que ha creado la izquierda en el siglo XX nadie se avergüenza de serlo ¿por qué alguien debería sentirse culpable ante ellos por ser lo contrario a lo que ellos son? ¿Acaso se piensa que las perversiones oficiales son independientes de la perversión de la filosofía que los mueve?

Es imposible pasar por la experiencia de oír a alguien que se declare de izquierda que se ponga a aclarar que no tiene nada que ver con Stalin o con Castro. Más bien los reivindican sin problema. Ante esas mismas personas nuestros indefinidos "centristas" se sentirán identificados con Hitler o Mussolini si se les dice de derecha o siquiera de "centro derecha". Hitler y Mussolini ni siquiera eran de derecha (odiaban a la derecha tanto como los marxistas, y buscaban una forma "nacional" se ser socialistas), pero Stalin y Castro sí son de izquierda. Kirchner es de izquierda y ejerce el poder del modo fascista y no hay en esto contradicción alguna, es perfectamente coherente.

Pero el problema no es terminológico o de confusión histórica. La huida moral en cambio es mortal para el destino del país. No hay oposición porque no hay valor y no hay valor porque no hay convicción. El zorro disfruta su cacería en el gallinero.

lunes, marzo 07, 2005

Despedimos a un disidente

El domingo 27 de febrero falleció el Almirante Carlos Sánchez Sañudo, el "Bebe" como lo apodaban sus amigos. Lo recordaremos siempre con afecto, no sólo por su calidad personal, sino por haber sido un ejemplo de lucha incansable en pos de la libertad y del orden civilizado de la Constitución del 53 que hemos perdido. Gracias Almirante.

Tres discursos y ninguna flor

Los tres discursos presidenciales de la semana anterior definen el carácter del gobierno kakista y al sistema político institucional vigente en la Argentina.

El primero fue ante la asamblea legislativa al inaugurar un nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso. Allí el presidente habló como si fuera un recién llegado al poder y estuviera esbozando sus primeras líneas rectoras y refirió a la construcción de un "capitalismo en serio".
Este concepto ya había sido esgrimido por su rival Elisa Carrió aspirante a ocupar el mismo espectro ideológico que el kakismo. No bien comienzan ambos a enumerar los lineamientos de un "capitalismo en serio" la expresión adquiere rasgos curiosos. Según el presidente, capitalismo en serio es aquél donde el Estado decide todo. Un capitalismo anticapitalista, o un capitalismo de estado que en realidad debiera ser catalogado de nacional socialismo.

El término capitalismo tiene sus problemas semánticos. Fue acuñado por el propio Marx para descalificar a las sociedades libres y tratar de presentarlas como dominadas por los dueños del capital. Los colectivistas sostienen que la sociedad libre es tan opresiva como la que ellos proponen, aunque a la de ellos la venden la mejor de las alternativas de un mismo infierno.
En las sociedades libres se acumula capital como producto del respeto al trabajo libre, que es el respeto de los más fuertes hacia los más débiles, en el que prevalece la habilidad en lugar de la brutalidad. Hay quienes desde el liberalismo se sienten incómodos con la palabra capitalismo porque alude a un aspecto meramente "material", pero ese aspecto material no deja de tener una enorme fuerza moral. El capitalismo es el sistema de supervivencia pacífica. El capital es la mejor alternativa posible al balazo.

Sin embargo la habilidad produce algo que la fuerza no produce, que es la envidia. La envidia servirá para revertir los términos y confundir la habilidad con fuerza y la fuerza con debilidad. Un empresario cuyo único poder reside en el hecho de que se le reconozca el fruto de sus acciones es considerado fuerte, y una horda de matones que quieren imponer su voluntad es presentado como el débil. El Estado envidioso pasa a ser el modo en que los fuertes vuelven a tomar protagonismo, pero ahora en nombre del mismo principio por el cual habían sido previamente limitados: una aparente justicia.

La izquierda setentista latinoamericana que ha resurgido como si no hubiera cometido suficientes crímenes en el pasado, ha perdido su utopía. El comunismo como tal colapsó con la Unión Soviética. Añoran el pasado y por eso su apego al fracasado proyecto cubano, pero no se animarían a construir un socialismo tradicional para no seguir el mismo destino de los soviéticos. Entonces buscan un norte que puede en este "capitalismo en serio", que es un verdadero chiste del capitalismo, que no es siquiera su pariente cercano y que ya fue practicado por el nazismo con otro nombre. El estado nazi que no expropia pero todo lo vigila es la nueva utopía de los progres latinoamericanos.

En la misma línea se definió el presidente a favor de subordinar los intereses particulares a los intereses generales. Esto también es una reedición de la "razón de estado" que llevó a la construcción de los totalitarismos modernos. El "interés general" siempre es el disfraz de los objetivos facciosos del grupo gobernante. En los restantes discursos presidenciales se puede ver cómo identifica al buen periodismo con el que lo ensalza incondicionalmente, al patriotismo con el más crudo sikakismo.

La tercera definición preocupante del presidente en la Asamblea legislativa fue respecto del Poder Judicial. Se vanaglorió de haber cambiado a la Corte, lo cual constituye una grave violación a la Constitución. Si el presidente cambió a la Corte, tal Corte es ilegítima y el primer magistrado incurrió en grave mal desempeño, causal a su vez de juicio político. El poder ejecutivo no tiene facultad constitucional alguna en materia de remoción de jueces. ¿Lo sabrá el presidente? ¿Lo sabrá alguno de los diputados o senadores que lo escuchaban?

En el segundo discurso el señor K fustigó a la Sociedad Interamericana de Prensa que expresó su preocupación por la grave situación de la actividad periodística en la Argentina, denunciada por El disidente en muchas ocasiones. Intentó descalificar a la SIP acusándola de "complacencia con crímenes de la dictadura". Un recurso un tanto barato, pero que le da mucho resultado en este país barato que está construyendo para nosotros.

Aunque esta descalificación fueran cierta, en la medida en que hemos dejado que la izquierda argentina se ocupara de los derechos humanos pese a ser responsable de tantos crímenes contra la humanidad, asesinatos, secuestros y torturas y de haber intentado convertir a la Argentina en una cárcel totalitaria, en este país cualquiera puede hablar de cualquier cosa. En todo caso, el punto es si está comprometida o no la libertad de prensa y no la personalidad o la historia de los denunciantes.

La SIP entre otras cosas observó que el presidente no da conferencias de prensa y no otorga entrevistas salvo a algunos pocos amigos y bufones. Para el jefe de gabinete esto significa que tiene una modalidad de comunicación propia que es directa con la gente a través de discursos. De nuevo el recurso barato para el país barato. ¿Acaso el presidente estaría dispuesto a someterse a las preguntas de una asamblea de público elegido al azar? El presidente no acepta preguntas y ese es el punto. La gente no tiene respuestas porque quienes se encargan de preguntar no tienen acceso al señor K. ¿Dónde están los fondos de Santa Cruz? ¿Por qué protege al general Bendini, involucrado en un caso de defraudación? ¿Por qué protege al secretario de transporte y al titular de la aduana ante el caso de las del narkogate?, son todas preguntas que aparecerían en un interrogatorio básico y a las que el presidente teme.

En el último discurso el presidente hizo un paréntesis en su festejo por haber vencido a los jubilados argentinos al someterlos a asumir una cuantiosa pérdida en sus ahorros, para hacer alusiones personales a sus críticos, a la vez que hablaba de "unidad de todos los argentinos". Un "todos", claro, que no incluye a sus adversarios o meros críticos.Escuchando estos discursos cualquiera que no conociera lo que pasa en el país podría pensar que el kakismo está siendo sometido a una catarata de ataques que lo ponen en jaque. Pero la Argentina es como un gran cementerio del pensamiento, en el que medios y fines compiten por chupar las medias del oficialismo. Una especie de Truman Show en el que todo está bien y en que todas son buenas noticias construyendo para nosotros un mundo feliz.

Hay pocas y marginales expresiones de desacuerdo, pero la irascibilidad presidencial frente a ellas no sólo es muestra de intolerancia sino que el dolor por la poca disidencia que existe habla de lo poco que cree el propio oficialismo a sus aduladores; de lo insegura que es su soberbia.
Todo este panorama nos muestra que el poder úniko carece hasta de educación. No tenemos una república porque la división de poderes es una cáscara que esconde una unidad de decisión situada en Balcarce 50. Obedecen los jueces, obedece el congreso y obedecen los gobernadores. La forma de moderación de la república es la división de poderes. La de la monarquía lo son las tradiciones y la nobleza. Nuestro sistema no es ni una cosa ni otra, sino una especie de travesti institucional, una monarquía inmoderada e innoble, con un poder desatado, carente hasta de una mínima cuota de elegancia, desaforado, maldiciente y obtuso.

El interrogante es que será de la Argentina una vez que la monarquía actual se agote. Las instituciones no se establecen por actos de voluntad, requieren maduración y acumulación de acuerdos. Como ocurre en Cuba, aunque en una medida mucho menor, la Argentina necesitará reconstruir una república desde su base. Es muy probable que se necesite en el poskakismo de una nueva constitución.

Se dijo:

"La deuda se hizo intolerable, tras 30 años de destrucción de lo argentino, con largos períodos de recetas impuestas, sobre todo en una última década de mantenimiento de políticas macroeconómicas no sustentables en nuestra realidad, que en algún momento contaron con la aprobación pública y privada internacional, en la que con el apoyo de la ortodoxia económica declamaban la importancia del superávit fiscal pero incrementaban geométricamente nuestra deuda para cubrir los crecientes déficit. Si lo sabrán los gobernadores de provincias y las provincias. Cada pacto fiscal que les tocó sufrir y soportar en pos de las necesidades globales del país"

Néstor Kirchner
Presidente de la nación

El presidente confirmó algo que hemos sostenido muchas veces en El disidente que es que los críticos de la década del 90 reniegan de sus virtudes y no tanto de sus defectos. El gobierno nacional era malo, según el presidente porque ajustaba el gasto de las provincias. Pero el presidente en este párrafo incurre en una enorme contradicción que es quejarse al mismo tiempo de los déficits fiscales que produjeron el endeudameinto y de los intentos de acotar el gasto provincial. ¿Serán éstos los parámetros de un "capitalismo en serio"?