lunes, octubre 25, 2004

Bendita policía

El sargento ayudante Ricardo Aquino puso en riesgo su vida al cubrir con su cuerpo a Patricia Nine, en el momento en que la Policía de la Provincia de Buenos Aires se tiroteaba con los delincuentes que la tenían secuestrada.

Meses atrás Aquino y sus hijos habrán visto por televisión al presidente de la nación en uno de sus habituales ataques de ira insultar a la Policía de la que forma parte e interpretar la ola de inseguridad como un complot de esa fuerza contra él mismo.

No fueron los únicos insultos en los que Aquino fue incluido. El inepto ministro Beliz evadía la palpable realidad de su inoperancia y rendía pleitesía al grupo montonero que le consiguió trabajo, haciendo una campaña permanente contra la institución a la que pertenece Aquino. Lo mismo hicieron el ex ministro de seguridad Juan Pablo Cafiero y el enviado del pacto político mafioso entre el señor K y Duhalde, el señor Arslanián, cuya única misión hasta aquí ha sido tratar de destruir a la Policía. Hablaron todo el tiempo de capacitarla, pero nunca la dejaron actuar.

La locura triunfante monopolizaba las expresiones no políticas. Desde el periodismo cómplice del gobierno montonero se acusaba de Nazi a Juan Carlos Blumberg y con la misma neurona atrofiada se hablaba de la "maldita policía". Ricardo Aquino, era incluido en la diatriba y la recibía cuando veía televisión, oía la radio y tal vez leía el diario a principios de mes porque su sueldo no alcanzaba para cubrir semejante lujo todos los días.

En cada hecho delictivo se quería encontrar un policía detrás. En algunos se los encontraba, pero nadie advertía en cambio que en el cien por ciento de ellos había policías esclareciéndolos.

La propia Patricia Nine dijo que cuando vio a Aquino, vio a Dios. "Ahora creo en la Policía", dijo después. Aquino era ya policía cuando Patricia Nine no creía en él.

Nadie habló para los policías anónimos que juegan su vida todos los días a pesar de trabajar para una sociedad que no lo merece. Es más, todavía continúa el maltrato contra Ricardo Aquino. El fin de semana este verdadero héroe, tuvo que soportar que antes de que su respiración pudiera normalizarse por la inundación de adrenalina que recibió su sistema nervioso en medio de la balacera, los políticos mediocres se acicalaran y emperifollaran para mostrar sus lindas caras a las cámaras de televisión y a los flashes fotográficos. No hubo fotos de Aquino, pero si de Arslanián, de Solá, de Kirchner y de todos los otros enemigos de la Policía que le arrebataron el triunfo.

El deterioro de la Policía se explica justamente así. Una minoría de delincuentes dentro de la institución sirve para neutralizar y maltratar a una mayoría de valientes servidores de la ley. El insulto permanente no tiene influencia sobre los delincuentes, ellos saben que lo son. Pero las purgas indiscriminadas, la persecución y el odio ideológico sí actúa sobre el resto.

Y digo "sirve", porque la enferma izquierda argentina no está resentida con las manzanas podridas, sino con las sanas. En la guerra que iniciaron contra el país en la década del setenta, aliados a potencias totalitarias extranjeras, la Policía de la Provincia de Buenos Aires fue la principal fuerza de respuesta. Es la institución con mayores bajas en ese enfrentamiento, superando a las Fuerzas Armadas.

El gobierno del señor K, asustado por el hartazgo de la población simplemente dejó actuar a la Policía y Patricia Nine fue liberada. A diferencia de otros casos sin pagar el rescate y neutralizando a una banda que ya planeaba otros secuestros.

Si éste es el inicio de un cambio de política está por verse. Me permito dudarlo, los alienados de la izquierda argentina ya encontrarán el modo de discutir lo indiscutible. La izquierda es igual de retorcida en cualquier lugar, de modo que tener esperanzas de que mejore es ingenuo. Lo que ocurre en los países sanos es que el grueso de la población no les presta atención. Nuestra trágica historia les dio un lugar que representa un peligro para la supervivencia del país. La locura no es gratis.

Una forma de recuperar la sanidad, es prepararse para elaborar correctamente la posibilidad de que un operativo como el de Patricia Nine no termine bien. Apostar a una política implica hacerse cargo de los riesgos.

Lo que debe buscarse es terminar con los secuestros y el camino de darle a los secuestradores lo que piden, está demostrado, potencia el problema y ni siquiera asegura la vida de la víctima. También está demostrado que pagar el rescate no es garantía de vida y que cada minuto que el secuestrado pasa en poder de sus captores es un desafío para su supervivencia.

Los secuestradores son criminales para quienes el dolor y el sufrimiento ajeno no tiene la menor importancia. Se trata de gente inestable que privilegiará evitar cualquier mínimo riesgo de ser capturados a la vida del secuestrado. Son muchos los casos en que las víctimas conocen a los delincuentes y la idea de matarlos se encuentra en el origen del plan. La pasividad también mata.

LA CAÍDA DEL TIRANO

Por César Alonso DE LOS RÍOS
ABC de Madrid

CUANDO el comandante se cayó de bruces, a todos se nos vinieron a la memoria las estatuas derribadas de Stalin, de Ceaucescu, de Saddam Hussein. Sin duda el propio Castro llegó a imaginarse por unos momentos que podría ser pisoteado. Por el pueblo. Por el repugnante pueblo. Te sacrificas por él y mira cómo te lo paga. Al fin y al cabo la burguesía se comporta mejor con los suyos. Mira Rusia. La patria del socialismo. Hubo que matar y matar y aun así no ha sido posible mantenerla más que tres cuartos de siglo. Este periódico en el que escribo fue fundado por el primer Luca de Tena unos años antes de que los revolucionarios asesinaran a los zares y sigue después de la desaparición de la URSS. El cristianismo ha predicado siempre la naturaleza efímera de las cosas pero nunca esta cualidad se ha cumplido tan a rajatabla como en las construcciones socialistas.

Todo esto lo sabe Castro, que tiene que mantener el socialismo con la droga, que tiene que llamar revolución a las salvajadas de Chiapas, a las guerrillas de Colombia, al secuestro puro y duro, al terrorismo que más que enfermedad senil del izquierdismo es desesperación, pura desesperación. Cuando levantaron a Castro con la rótula hecha trizas, pidió perdón por haberse caído. Él, que nunca lo pidió por asesinar, encarcelar, torturar, exiliar, matar de hambre al pueblo, ¿por qué lo pide ahora, por qué esta delicadeza? Sencillamente porque sabe que un dictador no puede demostrar fragilidad, coyunturalidad, temporalidad. El deber de un tirano es mostrarse eterno. ¿Hay un pecado mayor que adelantarse al juicio de la Historia?

La caída de Castro es simbólica. Es el anuncio del final del socialismo, ya en su fase más pobre, en la de la antiglobalización, en la de Toni Negri y Bové, en la de Pejín y Attac-Francia, en la del tardo-zapatismo y las guerrillas colombianas, en la del Partido de los Trabajadores brasileño y el frente uruguayo antiliberal, en la de Moratinos y Zapatero. Castro, en pie, es la personalización de un fracaso histórico, la ridiculización de una construcción utópica. Caído Castro, rota la rótula de Castro, tomando este escenario como composición de lugar para una meditación sobre el socialismo que imaginó Marx para la Alemania de finales del XIX como una feliz resolución de las contradicciones del capitalismo más sofisticado (del momento), ¿hay alguien que se atreva a no reconocer este siglo de socialismo no sólo como un inmenso fracaso, sino como una terrible mentira? Comenzó fantasmal y utópico en la Europa de mediados del XIX, tuvo diez días que estremecieron al mundo en 1917, resolvió en ríos de sangre campesina y pequeño burguesa la revolución rusa, rebajó el pensamiento político al tamaño del pensamiento popular, redujo el hombre a masa, llevó a la masa y a los intelectuales al gulag, compitió con el nazismo en la magnitud de la barbarie y, después de haber conseguido la cooperación de inteligencias como la de Lukacs, se convirtió en patrimonio de catequistas como Marta Harnecker y payasos como Michael Moore. Si las ambiciones continentales del asmático Che Guevara constituyeron la ridiculización de las tesis de Lenin sobre el capitalismo en su fase imperialista, ¿qué decir ya de este remedo de la peor caricatura de Bolivar que se apoya en los taxistas que cobran en dólares, en el patriotismo de las jineteras y se ve obligado a encarcelar la poesía civil y hermosa de Rivero? En cuanto a la socialdemocracia europea, que vivió como socialismo irreal a la sombra del socialismo real, ahora milita en la impostura. ¿Y China? Allí escriben al revés. Allí la conciencia no va detrás de los hechos, sino al revés. Es algo que se me escapa.

CASTRO ha caído de bruces y en el suelo mira de reojo por si alguno de los suyos se atreve a pisotearlo antes que a su estatua.

Opositor único

Jorge Asís es tal vez el único opositor real al gobierno del señor K. No es un mero crítico de aspectos sueltos de esta ola psicopática que soporta la Argentina, sino un cuestionador profundo, agudo y valiente. Reproducimos a continuación un reportaje que le hace el diario La Nueva Provincia, que nos llegó a su vez a través de Urgente 24.

Por RAÚL HORACIO MAYO

El cristal usado por el escritor y ex funcionario Jorge Asís (58) para apreciar la realidad no es ni media dioptría condescendiente con el gobierno nacional; vale aclarar, sin embargo, que su ácida e ingeniosa mirada tampoco perdona al resto de la troupe política.

"Si (Néstor) Kirchner representa lo nuevo, yo soy Maradona", dispara al inicio de una extensa charla mantenida con "La Nueva Provincia" en el living de su departamento, a la vuelta del Patio Bullrich, en plena zona de embajadas.

El Presidente de la República no es la única víctima de su escopeta verbal; la primera dama, Cristina Fernández; Eduardo Duhalde; Ricardo López Murphy; Elisa Carrió; Mauricio Macri y hasta Carlos Menem son tomados como blanco por el autor de Flores robadas en los jardines de Quilmes . Está claro, sin embargo, que la munición de mayor calibre impacta sobre la humanidad del doctor Kirchner.

"Es un peronista con imposturas; sin tener en cuenta sus antecedentes, sobre todo en la provincia de Santa Cruz, se construyó una identidad progresista. Sólo sabe manejar la caja", sostiene al hilvanar política y economía de una sola puntada.

-Que Kirchner es un justicialista atípico está a la vista; evita las reuniones de gabinete y casi no existen internas entre ministros...

-El consejo de ministros es un mecanismo integrador; no es cierto que deba suprimirse por ser una pérdida de tiempo generadora de filtraciones a la prensa. Creo que no puede hacer reuniones de gabinete por incapacidad de conducción. "Huye de lo que te excede", sentenciaban los griegos. Además, las internas no se conocen, pero algunos problemas hay... si el oficialismo es la caja, tienen que ver con la caja.

-Usted dijo, tiempo atrás, que la principal virtud de Kirchner era ser desconocido para la gente. En un año y medio, ¿incorporó alguna nueva cualidad al currículum?

-Cuando intentó profundizar su perfil de político rupturista dejó algún matiz interesante, pero, ahora, esto de presidir el pejotismo y sumarse al grupo Mausoleo -como él mismo rotuló a los gobernadores que visitaron a Duhalde en la quinta de San Vicente- es asumir el fracaso. Desde sus ideas y pensamiento, me parece irrelevante. Jamás podría ser mi jefe político. Sólo en la Argentina puede llegar a la primera magistratura alguien con la vulnerabilidad de los "desaparecidos", esos US$ 400 millones santacruceños depositados en el exterior.

-¿Cuál es su balance del primer tramo "K"?

-Con la transversalidad y el desembarco en la provincia de Buenos Aires, fracasó; aunque esto último sólo fue una guerra en las columnas periodísticas. Sí podemos interpretarla como una batalla de carpetas: la de la catástrofe del Bapro contra los "desaparecidos" de Santa Cruz... triunfa el amor y Kirchner debe replantear la táctica, con la que se perdieron 15-16 meses. El andamiaje original se conservó en pie hasta el lanzamiento del festival piquetero al que fueron varios ministros. A los tres días, explota todo. Mientras Kirchner está en el exterior, copan una comisaría y el gobierno entra en una cadena de magistrales papelones que culminan con la renuncia de (Gustavo) Beliz, pasando por los casetes de la AMIA. Entonces, vuelve a la casa de los viejos, a caballo del pragmatismo, positivamente inmoral, de casi toda la dirigencia justicialista corporativa, de los que manejan caja, que prefieren adaptarse al oficialismo.

-Desde esa concepción, da la sensación de que la Argentina es un gran centro comercial con 24 locales a la calle y donde la principal preocupación pasa por llegar a fin de mes...

-La Argentina es una concatenación de feudos unificados por la chequera del poder central. El federalismo no existe.

-Una chequera que sigue en cesación de pagos externos y con el dueño de la firma redoblando el discurso belicista contra los acreedores...

-Mire: las asambleas de los organismos internacionales sólo prestan la puesta en escena para pasar el mensaje al vecino. "¡Escuchá que le dice al FMI!", se asombra el almacenero que vive a la vuelta de casa. Resulta bochornoso presenciar el espectáculo de un hombre que no paga los trajes y aconseja cómo debe ser la sastrería. Les recrimina haber otorgado un fiado a él que, en ese momento, representa al Estado argentino. Los estados tienen una continuidad jurídica; por ser presidente, Kirchner debe sobrellevar nuestra historia, tiene que bancar desde el fusilamiento de (Manuel) Dorrego hasta acá; sobre todo, ante un auditorio extranjero...

-Cristina, ¿está para más que primera dama?

-No le detecto gran capacidad de conducción política. Nada tengo para objetarle como primera dama, pero su labor parlamentaria durante el proceso de remoción a jueces de la Corte fue de una olímpica mala educación. Junto al diputado (José Ricardo) Falú y la complicidad de (Daniel) Scioli, generó, indirectamente, uno de los capítulos más éticos y emocionantes que recuerde de este gobierno: la imagen del doctor (Eduardo) Moliné O'Connor, rodeado por su familia, soportando la adversidad. Y aclaro que no es mi amigo, ni siquiera lo conozco.

-La transversalidad, ¿se agotó como la luz de un fósforo?

-Nadie, sensatamente, puede pensar que La Matanza --uno de los principales distritos electorales del país-- se inquiete o que cunda el pánico en el Gran Rosario porque se aliaron Eduardo Luis Duhalde, Miguel Bonasso y "el barba" (Francisco) Gutiérrez. Los tres juntos no completan una bañadera y, en materia de ideas, no pueden hacerme pensar cinco segundos.

-Usted intentó promover un menemismo sin Menem; hoy da la impresión que tenemos Menem sin menemismo...

-En 2001 hablé de menemismo sin Menem y algunos menemistas lo tomaron casi como una traición. Ya percibía, por entonces, la imposibilidad de su regreso a la presidencia. Llegué a ironizar que lo veía más cerca de pescar truchas en un lago de Nueva Inglaterra que de la Casa Rosada. Durante la campaña 2003, no colaboré; él estuvo rodeado de dirigentes que se repartieron ministerios de antemano. Si bien tenía votos independientes, sólo podía ganar como candidato del PJ. Con tres listas peronistas, era un boleto picado. Si hubiera recurrido a quienes podían representar mejor sus políticas --dejando de lado el proyecto "Carlitos eternidad"--, la Argentina hoy sería distinta.

-¿Tiene futuro político?

-No soy muy optimista, aunque mantendrá su gravitación personal. Sí me parece necesaria, cuando cesen las banales polvaredas de la cotidianeidad y las abyectas interpretaciones del momento, una justa reparación de su figura. Pese a entregar al retrete de la historia a los dirigentes que las encarnaron, aún se vive de las grandes transformaciones de los '90. Hoy digo "banco a Menem, pero basta de Menem".

-¿Hasta dónde es válida aquella frase de Raúl Alfonsín, "el duhaldismo es una organización y el menemismo, una mafia"?

-Ambas vertientes son inexactas. El duhaldismo es un modo de gestión opaco, mediocre, responsable de las catastróficas actualidades provinciales; se reduce a PBA. No genera un solo dirigente y obliga al alquiler de cuadros... (Carlos) Ruckauf, (Felipe) Solá, Scioli... intentará hacerlo con Macri. Es una política de chancletas y manguerazos al auto en la vereda. El menemismo fue una instancia superior. Ahora, Alfonsín tuvo mucho que ver con la caída de (Fernando) De la Rúa o, mejor dicho, con el cambio de frasco...

-(Risas) ¿Cambio de frasco?

-Está a la vista; desde el '99 hasta acá se mantiene la misma gente. Es la continuidad del Frepaso con otro envase... (Roberto) Lavagna, el hilo conductor; fue embajador con (Domingo) Cavallo en el ministerio de Economía, la Cancillería... el progresismo cultural instaló una frivolidad exasperante, hizo gala de selectivismo moral en medio de la fragmentación y planteó innecesarias situaciones regresivas y divisorias. Ya se había impuesto en el '95, pese a la derrota del hoy embajador (José) Bordón, acompañado de (Carlos) Alvarez, uno de los principales sostenes teóricos de este gobierno.

-¿Y Duhalde?

-Fue el canal entre ambos frepasismos, se encargó de hacer el trabajo sucio. La salida de la convertibilidad necesitaba un killer , alguien que masacrara todo para gestar la máxima transferencia económica de la historia argentina. En este aspecto, reside la gran manipulación histórica contemporánea, con el complemento complaciente, y cómplice, de los grandes medios de comunicación. La denigración, en bloque, de los '90 atenúa el verdadero desastre: el de 2002.

-De aquí en más, ¿quién puede complicar, políticamente, a Kirchner?

-Menem y Carrió son los opositores que construye el propio gobierno. Cuando uno está en el poder y escoge un adversario, lo legitima. Desde Maquiavelo para acá es así. Pero a Menem no debe darle mucho aire porque si lo dejan, y le alcanza el tiempo, con un tubo de oxígeno construye una catedral.

-¿Carrió?

-Es una empresa de demoliciones que no sabe comercializar los escombros que produce. Es una dama con una fragilidad conceptual arrolladora; su frivolidad cultural sólo puede servirle para pelearse con Alberto Fernández; con alguien que tenga más libros leídos y calle, le va a costar. Cuando habla de contrato moral me recuerda a Alfonsín recitando el preámbulo de la Constitución; es a Alfonsín lo que Beliz fue a Menem. En medio de una arrolladora desertificación cultural, funciona. La descarto como adversaria de peso nacional porque tiene imposibilidad de construcción política territorial.

-¿López Murphy?

-Para captar adeptos, opta, inteligentemente, por el discurso antiperonista. Demuestra arrojo al ir a pelear donde debe: la PBA. Lo veo más para ministro que en las ligas mayores. Debe hablar más como radical; así podría resolver el armado territorial, sobre todo con esta UCR desvencijada, víctima del primer frasco frepaso-progresista que cambió a De la Rúa por la retórica de los Montoneros.

-Nos queda Macri...

-Es muy endeble; se le desvanece el poder y la legitimidad. López Murphy tiene un mensaje técnico, monótono y de poco encanto, pero con Macri pasa algo curioso: a medida que habla, uno olvida lo que dice... (risas) es casi un desafío para la inteligencia; lo invito a que recuerde una idea suya. O de Scioli. Más allá del vitalismo, del entusiasmo, todos somos buenos, hay que trabajar... aparte del voluntarismo, no halla una sola idea, ni siquiera mala.

-Adelina de Viola retrató la esperanza de los '90 con la consigna "de proletarios a propietarios", ¿se le ocurre alguna para la posconvertibilidad?

-La imagen del hombre nuevo "K" es un piquetero oficialista ante una máquina tragamonedas.

-¿Tiene alguna causa judicial en trámite?

-No tengo denuncias y no debe ser mi único mérito. Jamás fue mi objetivo enriquecerme en la función pública. Cuando me hablan antes de alguna elección, los atajo: "Muchachos, no busco ni fueros ni empleo". Hay que tener una gran vocación para andar con ganas de entrar a un Parlamento que pasa por la etapa más insignificante de su historia. Hoy, tiene menos legitimidad política que el Automóvil Club.

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La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 2004.

NO HAY DEMOCRACIA SIN UN ORDEN SOCIAL LIBERAL

Pablo Martín Pozzoni


La idea de las votaciones ilimitadas [...] significan una falsificación de las matemáticas ya que la absolutización de las mayorías equivale a suponer que la mitad más uno es igual al cien por ciento, mientras que la mitad menos uno equivaldría al cero por ciento.
Juan A. González Calderón



En mi ensayo "Mayorías eventuales vs. Sociedad civil" encaré (y revisé) varios de los ítems que usualmente se tratan epidérmicamente, o simplemente se dan por sentados, cuando se habla de la democracia. En este artículo retomo las observaciones más importantes, punto por punto y en cierta medida sistemáticamente, sintetizando ideas más importantes que aparecieron en aquel ensayo. En conjunto tratan el mismo problema, y nos ayudará a comprender por qué las democracias representativas deben partir del concepto de libertad e individualismo, y no del de democracia, a diferencia de lo que puede suceder con el corporativismo de las llamadas "democracias orgánicas" fascistas, o el colectivismo de las llamadas "democracias populares" marxistas.

  1. La pregunta clave del pluralismo: ¿quién protege a las minorías de las mayorías? En política no hay forma de que la eventual mayoría sea garantía de protección de los derechos de las minorías. La única forma es que todos los individuos tengan más poder de defender sus derechos que el provisorio poder público democrático, si acaso alguno de estos individuos, sea como parte de minorías o mayorías, fueran agredidos por el resto o parte de la población restante.
  2. Las garantías a las minorías no pueden ni deben resumirse a los derechos políticos. ¿Aceptaremos que una mayoría intolerante pueda escupir a los pelirrojos o a los judíos en la calle, sólo porque los pelirrojos y los judíos tendrán la misma oportunidad democrática de ser mayoría?
  3. El individuo es el objeto del derecho. Cada individuo tiene derechos inalienables, no por pertenecer a una mayoría eventual, sino por su condición humana. Cada individuo es siempre uno, y que sea parte de un grupo de tres individuos no le da más derechos sobre un individuo que pertenezca a un grupo de dos.
  4. El individuo es raíz de toda voluntad compartida (mayoritaria o minoritaria). La mayoría, para ser legítima, al menos debe permitir la libertad política de la minoría, ya que eso asegura la posibilidad de los individuos (las más pequeñas de las minorías y donde emergen realmente las decisiones) que forman parte de la mayoría puedan decidir libremente y por ende que tal mayoría pueda legitimarse como voluntaria.
  5. Las partes son más que la suma del todo. Nadie puede devolverle la libertad a un hombre de decidir voluntariamente con quién quiere establecer matrimonio, por mucho que éste participe con el resto de sus vecinos en una asamblea comunal que decida con quién se casará cada persona.
  6. La propiedad privada es la soberanía del individuo. El único principio de justicia que no depende de la arbitrariedad de una autoridad sistemáticamente redistributiva es el derecho a todo bien obtenido sin uso de la fuerza, como fruto del propio esfuerzo o bien derivado de éste, mediante el libre intercambio por otros bienes obtenidos de la misma forma. Derechos individuales y mercado libre son corolarios.
  7. El populismo apela a las supuestas características de la unidad natural rota por el pluralismo. La mayoría de las veces los votantes no son traicionados en su voluntad, sino en sus intereses, precisamente por hacerse lo que éstos desean, ya que no existe una voluntad mayoritaria en estado puro que posea simples y evidentes intereses homogéneos.
  8. Las teorías conspirativas son el último medio contra los grupos sociales formados en una sociedad libre. La mera desigualdad no equivale a explotación, y la impopularidad que se sustenta en la envidia o el error no es un barómetro para definir la explotación, mas puede ser raíz de una explotación que comience a ejercerse contra los que más han producido y ganado por un derecho a la propiedad personal que nunca dejó de ser igual para todos.
  9. Una oligarquía total es colectivista y no necesita ser un empresariado. Si todo el empresariado se transformara en una única elite, en una casta conspirativa, todo el mercado se vendría abajo: todas las empresas se transformarían en un único monopolio colectivo que ni siquiera necesitaría hacer algo tan absurdo como vender sus productos en un mercado.
  10. El Poder político no es el "poder económico". Siempre el poder político mercantilista que se le otorgue a una empresa X será menor en fuerza y arbitrariedad que el poder político que se arrogaría el mismo Estado si tuviera un poder mayor que el que otorga, porque sino simplemente no se lo otorgaría y lo obtendría para sí directamente.
  11. Implicancias de confundir desigualdad con explotación. No hay poder social alguno en el poder económico salvo aquél que le otorga el verdadero poder, el poder político. Lo cierto es que un magnate puede ir a un quiosco y exigir que por su "poder económico" se le regale un alfajor, y nada sucederá salvo que se lo "echará a patadas".
  12. La unidad de intereses entre todos los grupos sociales sólo puede estar formada por los derechos individuales. Por esto es que si entendemos el bien común como un interés colectivo, entonces experimentar con seres humanos en función de la salud pública sería legítimo (por el principio de mayoría) o bien sería legítimo quitarle un riñón a quien le sobra uno para darle al que tiene ambos enfermos (por el principio de igualdad).
  13. El bien común es el derecho de cada uno a lo propio. Por ejemplo, si el llamado "interés nacional" fuera de muchos propietarios y trabajadores en fabricaciones de mala calidad y se sostuviera en forzar al consumidor a comprarles sus productos, entonces el interés de aquellos sería moralmente ilegitimo, y no el del consumidor que es el propietario de su dinero y tiene derecho a hacer con éste lo que quiera.
  14. No existe el poder fuera del Estado si éste posee el monopolio de la fuerza. Si lo que se quiere es que las empresas no tengan poder político, simplemente hay que achicar al Estado hasta hacerlo inútil como factor de poder, y luego éste no dará privilegios.
  15. El "Estado Benefactor" implica una teoría parcial de la lucha de clases. La disyuntiva maniquea en su versión socialdemócrata toma la siguiente forma: si el Estado no se "mete en el mercado" ciertas personas lo harán por él aún sin ayuda de la fuerza, ya que el mercado en sí lo posibilitará, con lo cual se niega a los individuos operar libremente en el mercado.
  16. La concepción socialdemócrata de la polis es un Estado arbitrario construido para frenar los supuestos abusos de un mercado que se autodestruye en sus fundamentos libertarios. Si el Estado es instrumento de dominación del poder socioeconómico, todo aumento del poder del Estado sería simultáneamente aumento del poder de quienes lo controlan, transfiriéndolo y cambiando de forma, pero no de contenido.
  17. La opción maniquea del totalismo es elegir entre individuos dominados por una clase (parcialmente libre) e individuos dominados por un pueblo sin clases (esclavos de sí mismos colectivamente y así nuevamente "libres"). Dentro de este esquema de coerción total, el poder colectivo del Estado implica que si todos no son a la vez gobernantes y gobernados, entonces unos serán amos y otros esclavos.
  18. Rousseau fundó la democracia en el control totalitario para prevenir el surgimiento de clases. En sus propias palabras: "la alienación total de cada asociado con todos sus derechos a toda la comunidad". Se cree que si el gobierno no controla completamente a todos los individuos, algunos individuos podrán ser "libres" de controlar a otros individuos, privándolos así de su libertad.
  19. Marx renovó el socialismo comunizante mediante el mito historicista de los "modos de producción" y las "democracias de clase". La teoría marxista de los "modos de producción" sirvió para desnaturalizar el mercado capitalista como si fuera propio de un período histórico destinado a ser superado. El feudalismo no ejerce dirección económica alguna y el esclavismo es un mercado de empresas restringido a los esclavistas. Finalmente la teoría marxista de las "democracias de clase" implica que cada clase es un todo colectivo opuesto a los demás, y que el poder no necesita tener límites ya que sólo perjudicaría a las clases enemigas, y a los obreros que no adhieran por la fuerza al debido "pensamiento de clase" único.
  20. La democracia es para la "cosa pública". Democratizar otra cosa es un robo. Quien quiera hablar tendrá su boca. Quien quiera todo un diario tendrá que crearlo. No todos pueden ser dueños de mass-media como no todos pueden ser zapateros.
  21. La diferencia entre lo público y lo privado es la diferencia entre lo político y lo económico. Lo privado es tal porque tiene nombre y apellido. Las empresas estatales, públicas, se manejan con criterios de asistencia social para cubrir a pérdida sectores donde -por culpa del mismo intervencionismo estatal- ninguna área privada puede invertir y ver futuras ganancias. No tienen copropietarios con nombre y apellido, y nadie puede vender sus acciones de tales empresas.
  22. La democracia absolutista es un ideal imposible que lleva al socialismo oligárquico, y que demuestra las raíces individualistas de toda libertad política. El socialismo puro sólo puede tomar forma bajo el estatismo de una monarquía absoluta. Una democracia absoluta es un imposible: No se puede a la vez mandar y ser mandado en todo.
  23. El unipartidismo, el totalitarismo y el socialismo son corolarios. No todo socialismo parcial es totalitario (coactivo o coercitivo, aunque tienda a serlo) mientras que un socialismo total sí, porque implica el totalitarismo instantáneo de las relaciones sociales. En cuanto a la relación inversa, vale aclarar que un totalitarismo parcial sí implica un socialismo parcial (el caso del Fascismo italiano) y un totalitarismo total implica un socialismo total (el caso del Nacionalsocialismo en Alemania), o sea: una planificación total por parte del Estado de la vida económica y social.
  24. El único camino posible es de la libertad a la democracia, y no a la inversa. No debemos asustarnos de empezar por definir el orden social antes que hacer una elección libre, ya que para empezar incluso a tener una elección libre hay que proteger ciertas libertades (que tendrán que ser descritas de antemano) y decidir de parte de los organizadores como comenzarán dichas elecciones.

El constitucionalismo liberal (junto a todo el orden social liberal que implica) es por esto, no sólo prerrequisito de toda democracia, sino fin en sí mismo para la garantizar la autonomía de los individuos asociados.

lunes, octubre 18, 2004

Ego te absolvo

"Siempre hacemos de Dios nuestro cómplice
para poder legalizar nuestras propias inequidades..."

Henri Frédéric Amiel

El proceso revolucionario iniciado el 19 de diciembre de 2001 fue formalmente declarado agotado por el señor K al dictar una real cédula de perdón a favor del siempre listo ministro de la Corte Suprema Antonio Boggiano.

Quienes concibieron la caída de Fernando de la Rúa querían arrasar también a la Corte Suprema (sabiendo que el Congreso se maneja con dinero y que era además la base de sustentación de los sediciosos), porque su propósito era alterar gravemente el sistema jurídico quebrantando masivamente el derecho de propiedad mediante una hiper-devaluación, la confiscación de los depósitos acorralados por Domingo Cavallo y una pesificación asimétrica.

Ese club revolucionario tenía todos los socios que le hacían falta. Del lado empresarial el grupo Techint, sus secuaces y tantos otros deseosos de pagar salarios miserables en términos de dólar, representados por el señor de Mendiguren. Del lado "periodístico" el grupo Clarín y su satélite Página 12. Del lado político, el Congreso que había impulsado todos los desbordes del gasto que hicieron reventar al sistema económico, había contribuido a debilitar el sistema bancario mediante falsas investigaciones de lavado de dinero llevadas a cabo por la entonces diputada Carrió y la intervención con esa excusa del Banco Central expulsando a Pedro Pou.


Protagonistas

Como actores principales del club revolucionario estaban por un lado los marginados de la década del 90: Duhalde, Alfonsín y los gremios estatales y para-estatales (beneficiarios de "planes", es decir, personas a sueldo del Estado sin obligación de trabajar), cuya preocupación más inmediata era tapar los horrores y agujeros negros causados por el sistema que representaban en los bancos Nación y Provincia de Buenos Aires. La otra pata de esta sociedad, la representaban la gran familia terrorista de la Argentina, los herederos de montoneros y ERP, que fueron alimentados durante los noventa con muchos millones de dólares en indemnizaciones de dudosa legitimidad y necesitaban nuevas reglas jurídicas que les permitieran convertir en crónico el proceso de enriquecimiento que la calamitosa política de "derechos humanos" de Menem había iniciado en su favor. Todo convenientemente tapado con un poco de circo persecutorio contra militares.

Para los propósitos de esta gran banda de lo peor de lo peor de la Argentina, era indispensable contar con una Corte Suprema que lo santificara, arrasando con el sistema jurídico. El tandem Duhalde / Alfonsín y los "empresarios" pesificadores intentaron barrer con la Corte por la fuerza con el mismo método con el que se deshicieron de Fernando de la Rúa, mediante el armado de manifestaciones "espontáneas" de descontento y la colaboración de la industria del juicio laboral (un aliado de menor cuantía de la revolución) que había visto mermar sus ingresos por las reformas de los noventa en esa materia. Este intento falló, porque el Ejército en privado mostró sus dientes y dejó claro que no lo permitiría, conociendo las intenciones montoneras.

A partir de ahí siguieron los circos romanos de tentativa de juicio político a toda la Corte, encabezados por el titular de la Comisión de Juicio Político Sergio Acevedo, delegado del entonces gobernador Kirchner y su actual sucesor en la provincia de Santa Cruz. Kirchner y Acevedo no hacían ninguna diferencia a favor de Boggiano en la arremetida de ese entonces.

Los fallos contra el corralito y la pesificación, dictados por la Corte en medio de abiertas presiones políticas fueron la demostración de que los revolucionarios no estaban equivocados. Los primeros de esos fallos contaron con la firma del señor Boggiano, pero su "pensamiento jurídico" poco tiempo después giró ciento ochenta grados, en la misma época en que Duhalde lo propusiera para integrar la Corte Internacional de Justicia. A partir de ahí Boggiano pasó a ser un leal servidor de todos los deseos revolucionarios de torcer el orden jurídico, tanto en materia económica, como en materia de "derechos humanos" (y de los beneficios económicos derivados de tanto humanismo). De réprobo pasó a elegido y ninguna otra cosa que no sea un descarado y vergonzoso arreglo político puede explicar semejante viraje, de ambos lados.


Golpe de estado vs. revolución

A diferencia de otros episodios de cambios violentos de gobierno, lo de diciembre de 2001 no fue un simple golpe de estado, mediante el cual un grupo se hace del poder sin trastocar el orden jurídico básico, sino una revolución tendiente a alterar todo el orden, a favor del grupo actuante, en este caso para producir una fenomenal transferencia de recursos en su favor. Ese orden nunca se recompuso y el señor K se ha ocupado de que esta situación continúe. En ese contexto los grupos piqueteros pudieron actuar libremente favorecidos por la zona liberada para delinquir que el Poder Ejecutivo les aseguró, con la obediencia de jueces y fiscales, los responsables de combatir el delito pudieron declararse en huelga de brazos caídos en nombre del derecho humano a vivir del que produce, las empresas privatizadas sufrieron el desconocimiento de todos los acuerdos existentes, los tenedores de bonos, voluntarios o compulsivos, fueron despreciados y los militares fueron convertidos en parias jurídicos.

Al señor K le bastó una orden emitida por cadena de televisión para hacer caer a una Corte demasiado golpeada para seguir resistiendo sin apoyo institucional alguno y sin que ningún sector político, mucho menos la vergonzante e ignorante derecha local, y colocar en su reemplazo a un comando revolucionario que lo sirviera.


Judas también

Una vez le pregunté al diputado Falú, actual titular de la Comisión de Juicio Político, qué tenía el doctor Boggiano, que no tuvieran el resto de los Jueces catalogados como "mayoría automática" por Horacio Verbitsky (gurú del ala montonera de la revolución), si había votado cada uno de los fallos que a juicio de los abogados de cuarta que integran el Congreso no se ajustaban a derecho (traducción: no se ajustaban a sus deseos políticos) y formaba parte de ese grupo demonizado como "menemista". Su respuesta fue (y confieso que no le creí) que también promoverían el juicio político a Boggiano, después del de Moliné O'Connor y Vázquez y que no le temblaría el pulso.

Falú no me dio oportunidad de reprocharle el haber echado a otros jueces y haber protegido a Boggiano a pesar de caberle todas las (falsas) acusaciones que se le hicieron a los otros, porque decidió, con mayor independencia que el propio Boggiano, que seguiría adelante con el juicio político al juez, pese al bando de perdón emitido por el oficialismo. De cualquier manera si se fuera Boggiano, otro más genuflexo lo reemplazaría.

Pero ocurra lo que ocurra con este ministro de la Corte tan solícito a cualquier poder, la Argentina se ha quedado sin orden jurídico y sin Poder Judicial independiente y eso es algo que costará más de una generación recomponer, si es que el país lo logra alguna vez.


Los verdaderos beneficiarios de la "distribución de la riqueza"

El último gran escándalo jurídico realizado por la nueva "unanimidad automática" fue la indemnización otorgada a la madre del líder del movimiento terrorista "Montoneros" Fernando Vaca Narvaja, por haber sufrido del exilio "por culpa del gobierno militar". La capacidad de ficción de la Corte de Kirchner es sorprendente, teniendo en cuenta que la familia Vaca Narvaja dejó el país antes del golpe del 76 y que así evitó cualquier tipo de daño. Claro que ninguna revolución, menos una argentina, necesita de la coherencia y la lógica.

La señora Vaca Narvaja, a la que mantendremos pagando impuestos, debería considerar la necesidad mostrar algún remordimiento por haber criado a un asesino terrorista que bañó de sangre el país, en nombre de una revolución bastante menos pecuniaria que la actual y en todo caso si se considera una perjudicada inocente, podría percatarse de que fue su propio hijo el que le generó los inconvenientes de los que se queja. Podría pedirle que la indemnizara con parte de los sesenta millones de dólares que su banda obtuvo del secuestro de los hermanos Born; dinero que nunca se supo qué fue de él, salvo el dato de que Horacio Verbitsky lo habría llevado a Cuba vía Perú.

La República Perdida - Capítulo Final

Por Rubén Benedetti


Hace unas semanas Raúl Alfonsín estuvo en Rosario presentando su libro "Memoria Política" pensado como un testimonio de estadista, pero que más precisamente debería ser recatalogado como un conjunto de excusas o explicaciones por lo que se hizo y por lo que no se hizo.

Ese día en Rosario, Alfonsín "prohombre" del retorno a la democracia en el 83, figura rectora de la socialdemocracia latinoamericana, alma mater del progresismo delirante, dejó una frase que define claramente la tragedia política que ha vivido la nación en las últimas décadas. Señaló sin sonrojarse que él participó en el Pacto de Olivos con un espíritu "arquitectural, para la construcción de un Estado democrático, que no es lo mismo que una República".

Y es más que claro que ése ha sido el objetivo desde 1983 a la fecha; construir una democracia que -lo remarca Alfonsín- no es lo mismo que constituir una república, a pesar que el articulado de lo carta magna de 1853 establecía de manera concisa, clara y taxativa en el artículo primero: "La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal". La Constitución Argentina no hacía mención a la democracia en ninguna parte del texto, y aún así ésta sirvió de plataforma para la organización del país, de armazón jurídico para la verdadera construcción de la Nación después de décadas de desencuentros y guerras interiores.

Las consideraciones democráticas aparecieron después de la reforma del art. 14º, refiriendo que "...las leyes... asegurarán al trabajador organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial". Disposición que jamás se cumplió, ya que este ejercicio democrático no fue nunca un objetivo de los demócratas argentinos, que aún hoy encuentran excusas para seguir postergando la implementación de cuestiones básicas dispuestas por el texto del 53. Esta misma semana, el "democrático" Alfonsín volvió a atacar la posibilidad de sustanciación de juicios por jurados, demostrando que de la Constitución sólo le interesan algunos fragmentos.

Y así estamos: consolidamos la democracia, pero mientras tanto minamos la República. Como huella de esta gesta queda la reforma constitucional de 1994: en el capítulo de nuevos derechos y garantías la palabra democracia y democrático se repiten una y otra vez, desde el tautológico artículo 36º que asocia orden institucional con sistema democrático, al artículo 38º que le asigna rol fundamental a los partidos políticos y compromete al estado en el sostenimiento de los mismos. Como gestos "democráticos" se introdujeron las leyes por iniciativa popular, la consulta popular para aprobación automática de leyes y la consulta popular no vinculante para iniciativas del Ejecutivo. Todos sistemas para acercar la gente a las urnas. Para consolidar la República, nada. Al contrario.

Desde entonces y a pesar de las nuevas herramientas legislativas, han proliferado los decretos de necesidad y urgencia, abusando del inciso 3 del artículo 99 y se ha institucionalizado prácticamente la delegación de poderes del Legislativo al Ejecutivo, violando principios constitucionales básicos. La Corte Suprema, órgano que debería ser inmaculado e intangible se ha convertido en el paradigma del botín político y la independencia de los jueces es apenas real en honrosos casos especiales.

El capítulo final del asalto a la República se viene dando de manera silenciosa, y casi sin oposición por las partes interesadas. Este gobierno, haciendo uso de los poderes constitucionales intervino uno de los estados federales, pero extendiéndose mas allá de lo posible se dispuso a darle al mismo una nueva constitución. Para culminar la parodia, el gobierno Kirchner dispuso la creación de un "Ministerio de Planificación Federal", tan federal que decide desde la Capital y con criterio único la inversión en obras en las provincias, manejando con criterio imperial los fondos y los proyectos que deberían estar en la órbita de las provincias.

Paradójicamente en 1983, cuando la suerte le sonreía y el destino parecía señalarlo como el gran ecualizador de los derechos civiles en el país, la campaña política de Alfonsín se apoyó en un filme que se tituló La República Perdida, que señalaba las desventuras políticas del país entre 1930 y 1976: Para las siguientes elecciones apareció la secuela La República Perdida II (1985). Nunca se produjo otro capítulo. Será porque con otros protagonistas, el capitulo final lo estamos viendo en vivo.

martes, octubre 12, 2004

Revolución versus cambio de muebles

"El cínico parásito de la civilización, vive de negarla, por lo mismo que está convencido de que no faltará"

José Ortega y Gasset


Así como el incendio de Roma no podría haberse combatido escupiendo; las promesas de "gestión eficiente" de la nueva derecha post noventista no causan la más mínima conmoción a la dinámica anticivilizatoria de la era K (de la que el propio K es un simple barrenador).

Horacio Rodríguez Larreta ex menemista, ex duhaldista, ex aliancista y actual macrista, entre otros antecedentes, se encargó de aclarar por radio a Mariano Grondona, por si quedaban dudas, que él no es liberal, sino un partidario más de un Estado presente que funcione como una maquinaria eficiente, que entiende es el secreto del éxito de los países que funcionan bien. Un perfecto peronista o radical o frepasista, Larreta forma parte de la religión estatista nacional, no tiene nada de liberal y tampoco de derechista.

De cualquier modo su eficientismo, ejercido para cuanto gobierno lo recibiera por medio de un muy bien vendido y patético "grupo sofía", significó hasta ahora la colocación de cartelitos, el cambio de muebles y la pintura de algunas oficinas públicas en las que le tocó estar, como en el ANSES y el PAMI, donde toda la podredumbre sigue allí intacta, con el agregado de algunos de sus colaboradores, incorporados a esos entes desde que Larreta desembarcara allí y por el resto de la eternidad.

Hace un par de semanas contamos cómo los legisladores de Recrear Argentina, partido que dirige López Murphy, suscribieron el proyecto para la expropiación de un comercio para su entrega a una "asamblea vecinal" o grupo marxista, proponían homenajes a Perón, huían del recinto a la hora de tratar la construcción de un museo de la falta de memoria en la ESMA y apoyaban el aumento de la planta permanente del Consejo Deliberante (rebautizado "Legislatura de la Ciudad") y, lo que es peor, cómo los dirigentes partidarios los cubrían y avalaban su actuación.

En el partido de Mauricio Macri creen que "las discusiones ideológicas deben ser postergadas en función de una primera etapa más ejecutiva, un concepto acorde con el perfil de Macri como hombre de gestión", según las palabras de sus dirigentes en el diario La Nación del 11 de octubre. "Algunos que venimos del comunismo, otros que son conservadores, demócratas progresistas, socialistas y, por supuesto, todo el amplio arco del peronismo y del radicalismo, además de los independientes, que deciden incorporarse porque acá está presente esa búsqueda por estudiar y solucionar los problemas de la gente", manifestó en la misma nota uno de ellos.

Es fácil hablar contra la "ideología" como término marxista para expresar los intereses de clase, pero si no hablar de ideología es en realidad no hablar de la concepción de la relación entre el hombre y el Estado, del límite al poder, de la acción de la educación estatal para construir una falsa historia heroica del terrorismo de la década del 70, de lo que no se quiere hablar en realidad (por temor más que por eficientismo) es de principios políticos, de ética del poder, de cuál es el pacto elemental de convivencia.

En Suiza se habla poco de eso y en Estados Unidos, en Canadá o en Australia tampoco se habla mucho. Pero no (como creería Larreta o prefieren creer estos escapistas dirigentes de la nueva derecha que nació vieja) porque se ocupen de la eficiencia de la gestión, sino porque el sistema en el que viven no está en discusión todo el tiempo ni bajo amenaza permanente. No discutir "ideología" se ha convertido en la Argentina en el medio para no defender la civilización que nos es propia y estamos perdiendo, de manos de gente que sólo se ocupa de ideología y tiene tantos éxitos en este país y tan pocos fracasos que da pavor.

En la Quinta Avenida en Manhattan no se habla de hambre como se habla en el Congo. ¿Será el secreto de la buena alimentación de los neoyorquinos el no hablar del hambre?

"El cínico parásito de la civilización, vive de negarla, por lo mismo que está convencido de que no faltará" enseñó Ortega hace demasiado tiempo como para que no se haya incorporado. Y agrega poco después: "El siglo XIX inicia sus destinos bajo la dirección de criaturas que viven enciclopédicamente, aunque su producción tenga ya un carácter especialísimo. En la generación subsiguiente, la ecuación se ha desplazado, y la especialidad empieza a desalojar dentro de cada hombre de ciencia a la cultura integral".

Así los expertos del macrismo descubirán el mejor modo de distribuir las sillas en el ministerio de Acción Social, pero nunca se preguntarán si ese ministerio debe existir o qué engendro es ése de la "cuestión social". Todo eso estará respondido por la ideología correspondiente que los ha convencido antes de que hacerse tales preguntas es poco serio.

El especialista típico que nos propone la nueva derecha para combatir este deja vu setentista, esta vuelta al espíritu totalitario de los setenta, para Ortega "no es un sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es un 'hombre de ciencia'... sabio-ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora, no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio".

Roma, recién ha empezado a arder.

Se dijo:

"Construiremos una sociedad segura para todos los argentinos. Las calles, las rutas, las veredas y las plazas volverán a ser lugares de tránsito y esparcimiento seguros, y no coto de caza de los delincuentes".

Del plan de gobierno
De Néstor Kirchner

El Estado

* Por Frédéric Bastiat (1801-1850)

Yo quisiera que se creara un premio, no de quinientos francos, sino de un millón, con coronas, cruz y cinta en favor de aquél que diera una definición buena, simple e inteligible de esta palabra: El Estado.

¡Qué inmenso servicio proporcionaría a la sociedad! ¡El Estado! ¿Qué es? ¿Dónde está? ¡Qué hace? ¿Qué debería hacer?

Todo lo que nosotros sabemos es que es un personaje misterioso, y seguramente el más solicitado, el más atormentado, el más atareado, el más aconsejado, el más acusado, el más invocado y el más provocado que hay en el mundo.

Porque, Señor, no he tenido el honor de conocerle, pero yo apuesto diez contra uno a que después de seis meses Usted hace utopías, y si Usted hace utopías, apuesto diez contra uno a que Usted encarga al Estado de realizarlas.

Y Usted, Señora, estoy seguro de que desearía en el fondo de su corazón curar todos los males de la triste humanidad y que Usted no estaría de ningún modo molesta si el Estado quisiera solamente prestarse a ello.

Pero, ¡ay! El infeliz, como Fígaro, no sabe a quién oír ni a cuál lado volverse. Las cien mil bocas de la prensa y de la tribuna le gritan a la vez:

"Organiza el trabajo a los trabajadores.

Extirpa el egoísmo.

Reprime la insolencia y la tiranía del capital.

Haz experimentos sobre el estiércol y sobre los huevos.

Surca el país de rieles.

Irriga los llanos.

Puebla de árboles las montañas.
Funda granjas modelos.

Funda talleres armoniosos.

Coloniza Argelia.

Amamanta a los niños.

Instruye a la juventud.
Asegura la vejez.
Envía a los campos los habitantes de los pueblos.
Pondera los beneficios de todas las industrias.
Presta dinero sin interés a quienes lo deseen.
Libera Italia, Polonia y Hungría.
Eleva y perfecciona el caballo de silla.
Estimula el arte, fórmanos músicos y bailarines.
Prohibe el comercio y, a la misma vez crea una marina mercante.
Descubre la verdad y echa en nuestras cabezas una pizca de razón. El Estado tiene por misión esclarecer, desarrollar, agrandar, fortalecer, espiritualizar y santificar el alma de los pueblos."

- "¡Eh! Señores, un poco de paciencia, responde el Estado, con un aire lastimoso.

"Yo intentaré satisfacerlos, pero para ello me hacen falta algunos recursos. He preparado proyectos concernientes a cinco o seis impuestos totalmente nuevos y los más benignos del mundo. Ustedes querrán el placer de pagarlos".

Pero entonces un gran grito se eleva: "¡Ah no! ¡Ah no! ¡Cuál sería el buen mérito de hacer cualquier cosa con recursos! No valdría la pena de llamarse Estado. Lejos de preocuparnos por nuevos impuestos, le conminamos a retirar los antiguos. Suprime:

"El impuesto de la sal;

El impuesto de las bebidas;

El impuesto de las cartas;

La concesión;

Las patentes;

Las prestaciones."

En medio de este tumulto y después de que el país ha cambiado dos o tres veces su Estado por no tener satisfechos a todos tales demandas, he querido hacer ver que ellas han sido contradictorias. ¡De qué me he atrevido, por Dios! ¿No pude guardar para mí esta infortunada observación?

Heme aquí desacreditado ante todos por siempre, acusando recibo de que soy un hombre sin corazón y sin entrañas, un filósofo seco, un individualista, un burgués y, para decirlo todo en una palabra, un economista de la escuela inglesa o estadounidense.

¡Oh! Perdónenme, escritores sublimes, que nada me detiene, ni las mismas contradicciones. Estoy equivocado, sin duda, y me retracto de todo corazón. No pido nada mejor, estén seguros, que Ustedes hayan verdaderamente descubierto, fuera de nosotros, un ser bienhechor e inagotable, llamado Estado, que tiene pan para todas las bocas, trabajo para todos los brazos, capitales para todas las empresas, crédito para todos los proyectos, aceite para todas las llagas, alivio para todos los sufrimientos, consejo para todos los perplejos, soluciones para todas las dudas, verdades para todas las inteligencias, distracciones para todos los aburrimientos, leche para la infancia, vino para la vejez, que provee a todas nuestras necesidades, previene todos nuestros deseos, satisface todas nuestras curiosidades, endereza todos nuestros errores, todas nuestras faltas y nos dispensa a todos en adelante de previsión, de prudencia, de juicio, de sagacidad, de experiencia, de orden, de economía, de temperamento y de actividad.

¿Y por qué no lo desearía? Dios me perdone, entre más he reflexionado, más encuentro que el asunto es cómodo y estoy impaciente de tener, yo también, a mi alcance, esta fuente inagotable de riquezas y de luces, esta medicina universal, este tesoro sin fondo, este consejero infalible que Ustedes llaman Estado.

También pido que me lo muestren, que me lo definan, porque propongo la creación de un premio para el primero que descubra este fénix. Porque, en fin, bien se me recordará que este descubrimiento precioso todavía no ha sido hecho, porque, hasta ahora, a todo esto que se presenta bajo el nombre del Estado el pueblo le derroca enseguida, precisamente porque no llena las condiciones algo contradictorias del programa.

¿Falta decirlo? Temo que seamos, en este respecto, engañados por una de las más bizarras ilusiones que se hayan apoderado jamás del ser humano.

El hombre repugna de la Pena, del Sufrimiento. Y sin embargo está condenado por la naturaleza al Sufrimiento de la Privación si no acepta la Pena del Trabajo. No tiene luego más que la elección entre estos dos males.

¿Cómo hacer para evitar los dos? Hasta aquí no ha encontrado ni encontrará jamás otro medio: disfrutar del trabajo de otro; hacer de suerte que la Pena y la Satisfacción no incumban a cada uno según la proporción natural, sino que toda la pena sea para los unos y todas las satisfacciones para los otros. De allí la esclavitud, de allí la expoliación, en cualquier forma que tome: guerras, imposturas, violencias, restricciones, fraudes, etc., abusos monstruosos pero consecuentes con el pensamiento que les ha dado nacimiento. Se debe odiar y combatir a los opresores, no se puede decir que sean absurdos. La esclavitud está terminando, gracias al Cielo, y, por otro lado, esta disposición por la que estamos listos a defender nuestro bien hace que la Expoliación directa y cándida no sea fácil. Una cosa pues permanece. Es esta infeliz inclinación primitiva que llevan dentro de sí todos los hombres a dividir en dos partes la suerte compleja de la vida, rechazando la Pena sobre otros y guardando la Satisfacción para sí mismos. Queda por ver bajo cuál forma nueva se manifiesta esta triste tendencia.

El opresor no actúa más directamente por sus propias fuerzas sobre el oprimido. No, nuestra conciencia se ha convertido en demasiado meticulosa para ello. Hay todavía tirano y víctima, pero entre ellos se coloca un intermediario que es el Estado, es decir la ley misma. ¿Qué más propio para hacer callar nuestros escrúpulos y, lo qué es quizás más apreciado, para vencer las resistencias? Luego, todos, con un título cualquiera, bajo un pretexto o bajo otro, nos dirigimos al Estado. Le decimos: "No he encontrado entre mis goces y mi trabajo una proporción que me satisfaga. Bien quisiera, para establecer el equilibrio deseado, tomar algún poco del bien de otro. Pero esto es peligroso. ¿No podría Usted facilitarme la cosa? ¿No podría darme una buena plaza? ¿O bien dificultar la industria de mis competidores? ¿O bien prestarme capitales que Usted haya tomado a sus propietarios? ¿O asegurarme el bienestar cuando tenga cincuenta años? Por este medio, llegaré a mi meta con toda tranquilidad de conciencia, porque la ley misma habrá actuado por mí, ¡y tendré todas las ventajas de la expoliación sin tener ni los riesgos ni los odios!

Como es cierto, por una parte, que dirigimos todos al Estado alguna demanda semejante y que, por otra parte, está comprobado que el Estado no puede procurar satisfacción a los unos sin aumentar el trabajo de los otros, en espera de otra definición del Estado me creo autorizado a dar aquí la mía. ¿Quién sabe si me llevaré el premio? Hela aquí:

El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo.

Porque, hoy como en otros tiempos, cada uno, un poco más, un poco menos, quisiera aprovecharse del trabajo de otro. Este sentimiento no se osa exhibirlo, se disimula a sí mismo; ¿y entonces qué se hace? Se imagina un intermediario, se envía al Estado, y cada clase por turno viene a decirle: "Usted que puede tomar lealmente, honestamente, tome del público y compartiremos". ¡Ay! El Estado no tiene más que inclinarse a seguir el diabólico consejo; porque está compuesto de ministros, de funcionarios, de hombres en fin, quienes, como todos los hombres, llevan en el corazón el deseo y toman siempre con ardor la ocasión de ver agrandarse sus riquezas y su influencia. El Estado, pues, comprende de prisa el partido que puede sacar del papel que el público le ha confiado. Será el árbitro, el amo de todos los destinos: tomará mucho, luego se dejará mucho a sí mismo; multiplicará el número de sus agentes, ensanchará el círculo de sus atribuciones; terminará por adquirir proporciones aplastantes.

Pero lo que falta señalar es la asombrosa ceguera del público en todo esto. Cuando los soldados victoriosos reducen a los vencidos a esclavitud, han sido bárbaros, pero no han sido absurdos. Su meta, como la nuestra, fue vivir a expensas del otro; pero, como a nosotros, no les falló. ¿Qué debemos pensar de un pueblo donde no parece sospecharse que el pillaje recíproco no es menos pillaje porque sea recíproco, que no es menos criminal porque se ejecute legalmente y con orden, que no se ajusta para nada al bienestar público, que lo disminuye por el contrario tanto como cuesta este intermediario dispendioso que llamamos Estado?

Y a esta gran quimera la hemos colocado, para edificación del pueblo, en el frontispicio de la Constitución. He aquí las primeras palabras del preámbulo: "Francia se constituye en República para? llamar a todos los ciudadanos a un grado siempre más elevado de moralidad, de luz y de bienestar."

Así, es Francia o la abstracción quien llama a los franceses a las realidades de la moral, del bienestar, etc. ¿Hay que abundar en el sentido de esta bizarra ilusión que nos lleva a todos a esperar otra energía que la nuestra? ¿Hay que dar a entender que hay, al lado y fuera de los franceses un ser virtuoso, esclarecido, rico, que puede y debe verter sobre ellos sus beneficios? ¿Hay que suponer, y por cierto muy gratuitamente, que hay entre Francia y los franceses, entre la simple denominación abreviada, abstraída, de todas las individualidades y de estas individualidades mimas, relaciones de padre a hijo, de tutor a pupilo, de profesor a escolar? Sé bien que se dice a veces metafóricamente: La patria es una madre tierna. Pero para atrapar en flagrante delito de inanidad a la proposición constitucional, es suficiente mostrar que puede ser invertida no solo diría que sin inconveniente, sino incluso con ventaja. ¿La exactitud sufriría si el preámbulo hubiera dicho:

"Los franceses se han constituido en República para llamar a Francia a un grado siempre más elevado de moralidad, de luz y de bienestar"?

Ahora bien, ¿cuál es el valor de un axioma en el que el sujeto y el predicado pueden cambiar de sitio sin inconveniente? Todo el mundo comprende cuando se dice: la madre amamantará al niño. Pero sería ridículo decir: el niño amamantará a la madre. Los estadounidenses se hacían otra idea de las relaciones de los ciudadanos con el Estado cuando colocaron a la cabeza de su Constitución estas simples palabras:

"Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, para formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, acrecentar el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad a nosotros mismos y a nuestra posteridad, decretamos, etc."

Aquí el punto de creación quimérica, punto de abstracción a la que los ciudadanos piden todo. No esperan nada más que de ellos mismos y de su propia energía.

Si se me permite criticar las primeras palabras de nuestra Constitución, no hace más, como se podría creer, que una pura sutileza metafísica. Pretendo que esta personificación del Estado ha sido en el pasado y será en el provenir una fuente fecunda de calamidades y de revoluciones.

He aquí el Público de un lado, el Estado del otro, considerados como dos seres distintos, éste teniendo que entregar a aquél, aquél teniendo derecho a reclamar de éste el torrente de felicidades humanas. ¿A qué debe llegarse?

Al hecho de que el Estado no es manco ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce. La actividad de la segunda está necesariamente subordinada a la actividad de la primera.

En rigor, el Estado puede tomar y no dar. Esto se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá e incluso no se puede concebir es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado. Es luego muy loco que tomemos alrededor de él la humilde actitud de mendigos. Es radicalmente imposible conferir una ventaja particular a algunos individuos que constituyen la comunidad sin infligir un daño superior a la comunidad entera.

Se encuentra luego colocado, por nuestras exigencias, en un círculo vicioso manifiesto.

Si rehusa el bien que se exige de él, es acusado de impotencia, de mala voluntad, de incapacidad. Si intenta realizarlo, se reduce a golpear al pueblo con impuestos redoblados, a hacer mayor mal que bien, a atraerse, por otro lado, la desafección general.

Así, en el público hay esperanzas, en el gobierno dos promesas: muchos beneficios y no impuestos. Esperanzas y promesas que, siendo contradictorias, no se realizan jamás.

¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos. Su papel está totalmente trazado por la situación. Es suficiente a estos cortesanos de popularidad gritar a las orejas del pueblo: "El poder te engaña; si nosotros estuviéramos en su lugar, te colmaríamos de beneficios y te liberaríamos de impuestos".

Y el pueblo cree, y el pueblo espera, y el pueblo hace una revolución.

Tan pronto sus amigos se encargan de los asuntos, son urgidos a ejecutarlos. "Denme luego trabajo, pan, seguros, crédito, instrucción, colonias, dice el pueblo, y sin embargo, según sus promesas, libérenme de las garras del fisco".

El Estado nuevo no está más apurado que el Estado antiguo, pues, en realidad lo imposible bien se puede prometer, pero no cumplir. Busca ganar tiempo, que le hace falta para madurar sus vastos proyectos. Primero, hace algunos tímidos ensayos; por un lado, extiende un poco la instrucción primaria; por el otro, modifica un poco el impuesto de las bebidas (1830). Pero la contradicción sales siempre por delante; si quiere ser filántropo, está forzado a permanecer fiscal; si renuncia al fisco, le falta renunciar también a la filantropía.

Estas dos promesas se impiden siempre y necesariamente la una a la otra. Usar del crédito, es decir, devorar el provenir, es de hecho un medio actual de conciliarlos; se ensaya hacer un poco de bien en el presente a expensas de mucho mal en el porvenir. Pero este proceder evoca el espectro de la bancarrota a quien toma el crédito. ¿Qué hacer luego? Entonces el Estado nuevo toma su parte valientemente; reúne las fuerzas para mantenerse, sofoca la opinión, recurre a lo arbitrario, ridiculiza sus antiguas máximas, declara que se no puede administrar más que con la condición de ser impopular; en una palabra, se proclama gubernamental.

Y está aquí lo que los otros buscadores de popularidad esperan. Ellos explotan la misma ilusión, pasan por la misma vía, obtienen el mismo éxito, y van sobre todo a hundirse en el mismo abismo. Así hemos llegado a febrero. En esta época, la ilusión que ha sido objeto de este artículo había penetrado más que nunca en las ideas del pueblo con las doctrinas socialistas. Más que nunca, se esperaba que el Estado bajo la forma republicana abriera totalmente la gran fuente de beneficios y cerrara la de impuestos. "Me he equivocado a menudo, - dice el pueblo - pero me vigilaré a mí mismo para no equivocarme una vez más".

¿Qué puede hacer el gobierno provisional? ¡Ay! Lo que se hace siempre en coyunturas parecidas: prometer y ganar tiempo. No faltaba más, y para dar a sus promesas más solemnidad, las fija en sus decretos. "Aumento del bienestar, disminución del trabajo, seguridad, crédito, instrucción gratuita, colonias agrícolas, roturación y al mismo tiempo reducción del impuesto de la sal, de las bebidas, de las cartas, de la carne, todo será concedido? al venir la Asamblea Nacional".

La Asamblea Nacional ha venido, y como no se pueden realizar dos contradicciones, su tarea, su triste tarea, se ha limitado a retirar, lo más suavemente posible, uno tras otro, todos los decretos del gobierno provisional.

Sin embargo, para no volver la decepción más cruel, ha sido necesario transigir un poco. Ciertos compromisos se han mantenido, otros han recibido un muy limitado comienzo de ejecución. También la administración actual se esfuerza en imaginar nuevos impuestos.

Ahora me transporto con el pensamiento a algunos meses en el porvenir, y me pregunto, con tristeza en el alma, lo que vendrá cuando los agentes de la nueva creación vayan a nuestras campiñas a colectar los nuevos impuestos sobre las sucesiones, sobre las rentas, sobre los beneficios de la explotación agrícola. Que el Cielo desmienta mis presentimientos, pero veo allí un papel a desempeñar por los buscadores de popularidad. Lean el último Manifiesto de Montagnards, aquél que se ha emitido a propósito de la elección presidencial. Es un poco largo, pero, después de todo, se resume en dos palabras: El Estado debe dar mucho a los ciudadanos y tomar poco de ellos. Es siempre la misma táctica o, si se quiere, el mismo error. "El estado debe gratuitamente instrucción y educación para todos los ciudadanos".

Debe:

"Una enseñanza general y profesional apropiada hasta donde sea posible a las necesidades, a las vocaciones y a las capacidades de cada ciudadano".

Debe:

"Enseñar sus deberes hacia Dios, hacia los hombres y hacia sí mismo; desarrollar sus sentimientos, sus aptitudes y sus facultades, darles en fin la ciencia de su trabajo, el entendimiento de sus intereses y el conocimiento de sus derechos".

Debe:

"Poner al alcance de todos las letras y las artes, el patrimonio del pensamiento, los tesoros del espíritu, todos los disfrutes intelectuales que elevan y fortalecen el alma."

Debe:

"Reparar todo siniestro, incendio, inundación, etc. (este et caetera dice más de lo que dice) sufrido por un ciudadano."

Debe:

"Intervenir en las relaciones del capital con el trabajo y hacerse regulador del crédito."

Debe:

"A la agricultura estímulos serios y una protección eficaz".

Debe:

"Volver a comprar los ferrocarriles, los canales, las minas" y sin duda también administrarlas con esa capacidad industrial que le caracteriza.

Debe:

"provocar las iniciativas generosas, estimularlas y ayudarlas con todos los recursos capaces de hacerlas triunfar. Regulador del crédito, comanditará ampliamente las asociaciones industriales y agrícolas, a fin de asegurar el éxito."

El Estado debe todo ello, sin perjuicio de los servicios a los que debe hacer frente hoy; y , por ejemplo, deberá tener siempre respecto a los extranjeros una actitud amenazante, pues dicen los signatarios del programa "ligado por esta solidaridad santa y por las precedentes de la Francia republicana, llevamos nuestros votos y nuestras esperanzas más allá de las barreras que el despotismo eleva entre las naciones: el derecho que queremos para nosotros, lo queremos para todos aquellos a los que oprime el jugo de las tiranías; queremos que nuestra gloriosa armada sea, si hace falta, la armada de la libertad".

Verán que la mano dulce del Estado, esta buena mano que da y que reparte, estará muy ocupada bajo el gobierno de Montagnard. ¿Creen Ustedes quizás que lo estará de la misma manera la mano ruda, esta mano que penetra y extrae de nuestros bolsillos?

Desengáñense. Los buscadores de popularidad no sabrán su oficio si no tienen el arte de mostrar la mano dulce ocultando la mano ruda.

Su reino será seguramente el jubileo del contribuyente.

"Es lo superfluo, dicen, no lo necesario lo que el impuesto debe atacar."

¿No será un buen tiempo aquél en que, para colmarnos de beneficios, el fisco se contentará con mermar nuestro superfluo?

Esto no es todo. Los Montagnards aspiran a que "el impuesto pierda su carácter opresivo y no sea más que un acto de fraternidad".

¡Bondad del cielo! Sabía bien que está de moda meter la fraternidad en todas partes, pero no sospechaba que se la pudiera meter en el cobro del recaudador.

Llegando a los detalles, los signatarios del programa dicen:

"Queremos la abolición inmediata de los impuestos que golpean a los objetos de primera necesidad, como la sal, las bebidas, et caetera.

"La reforma del impuesto a los bienes raíces, de las concesiones, de las patentes.

"La justicia gratuita, es decir la simplificación de formas y la reducción de gastos." (Esto sin duda se refiere al timbre.) Así, impuesto a los bienes raíces, concesiones, patentes, timbre, sal, bebidas, correos, todo eso desaparece. Estos señores han encontrado el secreto de dar una actividad ardorosa a la mano dulce del Estado paralizando su mano ruda.

Bien, pregunto al lector imparcial, ¿no es eso infantilismo, y más aún, infantilismo peligroso? ¿Cómo el pueblo no hará revolución sobre revolución una vez que decide a no detenerse hasta que haya realizado esta contradicción: "No dar nada al Estado y recibir mucho!"

¿Creen que si los Montagnards llegarán al poder no serán las víctimas de los medios que han empleado para tomarlo?

Ciudadanos, en todos los tiempos dos sistemas políticos han estado presentes y ambos pueden apoyarse en buenas razones. Según uno, el Estado debe hacer mucho, pero también debe tomar mucho. Según el otro, esa doble función se debe hacer sentir poco. Entre los dos sistemas es necesario optar. Pero en cuanto a un tercer sistema, que participe de los otros dos y que consista en exigir del Estado sin darle nada, es quimérico, absurdo, pueril, contradictorio, peligroso. Aquellos que lo ponen por delante para darse el placer de acusar a todos los gobernantes de impotencia y exponerles así a ataques, estos a Ustedes los adulan o los engañan, o al menos se engañan a ellos mismos.

En cuanto a nosotros, pensamos que el Estado no es o no debería ser otra cosa que la fuerza común instituida no para ser entre todos los ciudadanos un instrumento de opresión y de expoliación recíproca sino, por el contrario, para garantizar a cada uno lo suyo y hacer reinar la justicia y la seguridad.

* Frédéric Bastiat (1801-1850). Composición aparecida en el Diario de Debates, número del 25 de setiembre de 1948.
Traducción hecha del francés por Alex Montero
Publicado por Poder Limitado:
http://www.poderlimitado.org

lunes, octubre 04, 2004

Gracias señor Walker

El berrinche del señor K a raíz de la visión del peronismo del flamante canciller chileno Ignacio Walker, expresada en un artículo periodístico antes de su nombramiento, no se compadece con la visita de la "primera ciudadana" Cristina K al país trasandino en la primera semana de septiembre de este año, durante la cual participó activamente de la política interna de Chile en una visita que realizó a ese país con una nutrida comitiva oficial. La acompañaron en ese viaje el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli; la titular del Banco Nación, Felisa Miceli; el Secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; funcionarios de la Cancillería como Darío Alessandro, Eduardo Sigal y Marcelo Fuentes; la interventora del PAMI, Graciela Ocaña; y el gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo.

El grupete asistió a actos del partido socialista en conmemoración de la llegada de Allende al poder en 1970 y pasó revista a "la marcha de los gobiernos progresistas en Latinoamérica". Menos de un mes después el irascible señor K se da el lujo de comportarse como si tuviera derecho a condicionar a la prensa de otros países como condiciona a la local, y hasta a opinar sobre el nombramiento de funcionarios más allá de las fronteras del país que maneja despóticamente.

Nada podrá borrar, sin embargo, el acierto del análisis del señor Walker. Sus palabras no fueron anti-argentinas como sostiene la facción gobernante, sino pro-argentinas. Es que el peor enemigo del país es ese espíritu faccioso, esa deshonestidad básica, ese nacionalismo vetusto con el que se disfrazan todos los curros habidos y por haber, esa falta de escrúpulos para el manejo de la cosa pública que puede decirse que inauguró a granel el peronismo, pero contagió a los radicales, a los militares y hasta a los centristas o centro-derechistas o como quiera llamarse a la amorfa pseudo-oposición, que limita su diferenciación a una frívola cuestión de modales.

Walker sólo denuncia aquello que nos coloca en la categoría de sub-latinoamericanos. ¿Puede haber postura más pro-Argentina que esa? Pero es lógico hasta cierto punto que el kakismo tenga esta visión. Después de todo creen que hablar de la tiranía castrista es obrar contra Cuba, cuando ninguna otra cosa necesita más la isla.

Como un niño malcriado el señor K grita y patalea cuando no se le dan los gustos. Por supuesto, las reacciones fuera del país no son iguales que dentro, con los que viven de él o tiemblan ante él. De sus excesos deriva un peronismo descarnado que mira las opiniones de extraños, pero incluye un ejército de arrepentidos en sus propias filas, bajo la única condición de que le sirvan ahora incondicionalmente. Desde el vicepresidente, hasta el presidente del Banco Central; desde el ministro del Interior al Jefe de Gabinete, todos han escrito en su pasado menemista y/o cavallista y/o duhaldista cosas incompatibles con la visión montonera que el matrimonio K ha impuesto como dogma nacional en la actualidad. Sin ir más lejos, el propio señor K ha llamado a Carlos Menem "el Sebastián Elcano de la Patagonia".

La arbitrariedad con que se juzgan a sí mismos es la misma con la que quieren medir a los demás. Sin embargo la locura y el desparpajo; el extremo caradurismo todavía nos está costando muy barato como país. Disfrutemos de la burbuja mientras dure.

Cristina lo dijo: "La convertibilidad es un instrumento imprescindible para cualquier gobierno"

Esperamos no causar con esto un problema matrimonial. Es que el señor K suele enojarse con lo que se dijo a los diarios en el pasado. En este caso no podemos prever el disgusto que le causará recordar la forma en que su mujer, la "primera ciudadana" K, defendía al señor Duhalde y a la convertibilidad con la misma pasión.

Los párrafos del reportaje que reproducimos a continuación pertenecen a una entrevista hecha por el diario La Nación el 8 de noviembre de 1998.

Duhalde

-¿Por qué apoya a Duhalde?

Porque es el mejor candidato que el Partido Justicialista puede ofrecer. Una de las cosas que me inclinaron por él fue su actitud frente a los problemas de la exclusión social; él advierte que el Estado no puede desertar de la cuestión social. Y esto, a los patagónicos, nos identifica plenamente.

-¿Y la otra cosa?

-El otro gran tema es la impunidad, la corrupción. Creo que fue buena la actitud de Duhalde frente al tema Yabrán y al asesinato de José Luis Cabezas que, para mí, junto con la AMIA, constituyen leading cases en la lucha contra la impunidad en la Argentina. Creo que fue muy importante la actitud de Duhalde de no trabar la investigación, junto con la decisión de depurar la policía bonaerense, que no es un problema menor...

-Duhalde pasó de elogiar a la bonaerense como "la mejor policía del mundo" a la purga de la institución...

-Históricamente, la bonaerense tenía que ver con el juego clandestino, con la prostitución. Esto es lo que escuchábamos todos desde chicos, pero la situación se tornó más compleja cuando apareció el tema de la droga. Ningún gobierno había metido mano en esto porque se buscaba una forma de convivencia con una fuerza que tenía un grado de autonomía absoluta frente al poder político. Lo que hizo Duhalde es muy importante.

-Si todos sabíamos desde chicos que la bonaerense manejaba la prostitución, el juego y la droga, ¿no fue excesivo lo de "la mejor policía del mundo", mientras llovían sospechas sobre el comisario Pedro Klodczyk?

-No conozco hasta qué punto había sido denunciado el jefe de la policía o cuántos pedidos de informes había en la Legislatura. Pero cuando Duhalde dijo lo de Klodczyk, tampoco escuché a nadie de la oposición decir algo distinto...

-Eso no justifica la frase de Duhalde.

-No, no, pero me parece que había cierta actitud de la clase política de no meterse con la policía. Nadie se atrevía a abrir la caja de Pandora, porque podía salir cualquier cosa.

-¿Y no teme que una investigación profunda involucre a Duhalde? Por ejemplo, él firmó la designación de Ibrahim al Ibrahim en la Aduana y tuvo que ver con la primera parte de la gestión menemista, donde se dejaron pasar muchas cosas con el argumento de que había que consolidar el modelo.

-No, no. Duhalde es gobernador desde el 10 de diciembre de 1991, y no he conocido ningún escándalo que lo involucre en la provincia de Buenos Aires. Más aún: si alguien tuviera esa información sobre un candidato a presidente ya la conoceríamos todos.

-Pero desde 1989 a 1991 fue vicepresidente de la Nación...

-Sí, pero el papel del vicepresidente en el manejo de los asuntos del Estado es de carácter simbólico...

La santa convertibilidad

-¿Se imagina un país gobernado por la Alianza?

-¡Ay, no ! (se ríe)... Bueno, si tengo que guiarme por la gestión de gobierno..., yo vivo la mitad de la semana en Buenos Aires y, realmente, el estado de la ciudad en lo que hace al manejo municipal es bastante peor que, por ejemplo, la última gestión de Jorge Domínguez. Al menos en cuanto a obras, a construcción, a limpieza... No quiero batir el parche respecto del Código de Convivencia Urbana, pero esto tiene que ver con el hecho de no tomar decisiones. Un gobernante tiene que decidir y no, por tratar de dejar conformes a todos, demorarse hasta el punto de no conformar a nadie. En el caso de Graciela (Fernández Meijide), bueno, no tiene ninguna experiencia de gestión. Realmente no me sentiría muy tranquila en cuanto a seguridad y gobernabilidad. Y esto no es una cuestión menor, porque el próximo gobierno tendrá que mantener lo que sí hizo bien el gobierno de Menem. Hay transformaciones que son incuestionables e inocultables. Convertibilidad, equilibrio fiscal, no son objetivos, pero son instrumentos imprescindibles para cualquier gestión de gobierno.

-¿Entonces usted no está entre los que se molestaron cuando Duhalde dijo en la Plaza de Mayo que estaba orgulloso de haber participado de esa etapa de la gestión menemista?

-...La frase no me gustó, me pareció poco feliz. Duhalde quiso decir esto que estoy diciendo yo, que se lograron estos objetivos imprescindibles para la gestión de gobierno, pero me pareció excesiva la adjetivación...

-Dio la impresión de estar levantando el pie del acelerador en su enfrentamiento con Menem...

-...No me gustó esa parte. No la aplaudí. Y creo que fue la única parte del discurso que no me gustó. Lo que pasa es que en medio de un discurso, en la plaza, frente a miles de personas, si entre todas las cosas que dijo, esta sola no me gustó quiere decir que el discurso fue bueno.