lunes, agosto 30, 2004

Impunidad estilo K: Se puede matar a un juez de la Corte sin que sea noticia

Adolfo Vázquez, el juez de la Corte Suprema al que más odia el señor K, fue víctima de un atentado en plena autopista panamericana cuando recibió varios disparos en el automóvil en el que se trasladaba a la localidad de Pilar, realizados por desconocidos desde otro vehículo.

La cuestión fue mínimamente tratada en los medios de comunicación dadas las fuertes presiones ejercidas desde el gobierno para que así ocurriera.

El tratamiento periodístico del asunto fue tan antinatural, que directamente se mencionaba el caso poniéndolo en duda. Se hablaba de un "supuesto atentado". El juez Vázquez según La Nación "denunció un atentado".

Vázquez exploró la posibilidad de obtener asilo en el Uruguay que le fue negado. Nuestro canciller Bielsa declaró que con ese pedido Vázquez trataba de "desprestigiar" a la democracia argentina. Este verdadero troglodita de las relaciones internacionales parecía no advertir, que un atentado contra un juez de la Corte era el mayor desprestigio que podían sufrir nuestras instituciones.

La sociedad argentina reaccionó al ritmo de los intereses de la facción gobernante. Dio por cierto que se trataba de un autoatentado, sin ningún elemento más concreto que la intuición que le serviría a alguien para pronosticar el resultado de un partido de fútbol.

En el marasmo de analfabetismo cívico que padece la Argentina, ya nada puede sorprender, porque si se hubiera tratado de un autoatentado (lo que debería sostenerse con algo más que la mala imagen fabricada por el poder respecto de Vázquez; ver más abajo "Rememorando el asunto de la Corte"), debería haberse hecho una investigación exhaustiva antes de afirmarlo y el hecho debió ser la preocupación excluyente de oficialismo y oposición, de todos y cada uno de los miembros de los tres poderes del Estado.

Pero quien crea que el deterioro intelectual de la Argentina es sólo un problema de la Casa Rosada, es un optimista, porque ningún líder o aspirante a líder de la Argentina reaccionó debidamente ante el vergonzoso acontecimiento. Prefirieron dar por cierta la versión que más conviene al señor K y ni siquiera así obrar en consecuencia.

Si la imagen de Vázquez queda como única explicación de esta actitud (y eso nos convierte en un país de la última categoría), lo que más sospechas debería despertar es la desaparición de la noticia.

Si el gobierno tuviera motivos para pensar que Vázquez fue el autor de su propio atentado, el asunto se estaría casi tratando en cadena nacional. El gobierno no ha dejado cosa por hacer, ni medio por extorsionar o apretar para que se desprestigie a sus enemigos en la Corte, por lo que el silencio sobre este acontecimiento si se considera inventado, resulta sospechoso. ¿Y qué define a un enemigo del señor K dentro o fuera de la Corte?: Pues la no obediencia ciega y muda a sus impulsos (perdón por la tautología, porque la obediencia a un delirante sólo puede ser ciega).

El caso de Vázquez es el primer caso de tentativa de magnicidio en la Argentina. Así pasó con menor interés que el romance de una vedette para esta república anémica en la que nos hemos convertido. Un partido de básquet puede más que la seguridad de los miembros de poder del estado en que descansan todas nuestras libertades.

La Argentina carece de política de derechos humanos

Cuando el señor Juan Carlos Blumberg recordó ante la multitud el jueves que los organismos de derechos humanos no se le habían acercado ante el caso de secuestro y homicidio de su hijo, el señor K se apresuró a demostrar que su lealtad mayor se encuentra con esas organizaciones reivindicadoras del terrorismo que sufrió la Argentina en la década del 70.

Algunos incautos se sorprendieron por la forma en que esas organizaciones atacaron a Blumberg. Hubo quienes se sintieron defraudados por Estela Carlotto a quien consideraban una persona moderada. El pensamiento se ha envilecido tanto en nuestro país que Carlotto fue considerada como una persona moderada sólo en base a sus modales. Conceptualmente la líder de las Abuelas de Plaza de Mayo no tiene nada que la diferencie de su alter ego Hebe de Bonaffini. Es menos obvia, pero no menos peligrosa, sino tal vez más.

El secretario de derechos humanos de la Argentina, Eduardo Luis Duhalde, es simpatizante y defensor de asesinos de la organización Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El CELS, del montonero Horacio Verbitsky es la usina de "políticas de derechos humanos" más importante de la Argentina, aunque su principal fuente de financiamiento se encuentra fuera del país (además de ser promotor de las políticas mal llamadas "garantistas" que están en el origen de la ola delictiva actual).

Todos estos organismos y entidades de "derechos humanos" promueven políticas que tienen un elemento común que se contradice gravemente con sus propósitos explícitos: Ese elemento es la represión. Buscan el castigo a imputados de hechos de hace treinta años y ese castigo se promueve violando garantías jurídicas elementales.

La política represiva que se conoce como de "derechos humanos" en la Argentina no se ha detenido ante barrera jurídica o consideración de derechos humanos de verdad alguna hasta el presente. Ni la cosa juzgada, ni la prescripción, ni la inexistencia de delito, ni la existencia de amnistías, ni las limitaciones del Pacto de San José de Costa Rica.
Es falso que en la Argentina existan organismos de derechos humanos, porque no existe entidad alguna que se dedique a controlar y limitar las facultades represivas del Estado. Más bien el propósito de las organizaciones que existen es posibilitarlas, potenciarlas y liberarlas de todo límite.

No hablo simplemente de que esas organizaciones se ocupen sólo parcialmente de los derechos humanos o que los utilicen para promover una revolución marxista o miren a la historia de manera selectiva. Digo que no se ocupan de derecho humano alguno, porque todos sus propósitos son represivos.

El caso más palpable de esta contradicción se vivió esta semana, cuando la Corte servil al señor K, dictó el trágico fallo del caso Arancibia Clavel que revivió delitos que se encontraban prescriptos invocando tratados de derechos humanos que declaran la imprescriptibilidad, con posterioridad a los hechos juzgados e inclusive a que prescribieran.

El caso se ha convertido, lo disfracen como lo disfracen, en el primer caso en la historia no muy inmaculada del sistema jurídico argentino, de aplicación retroactiva de leyes penales. Confirma a su vez el carácter despótico del gobierno K y la indignidad completa de los jueces que avalaron esta aberración con su firma: Petracchi, Boggiano, Maqueda, Highton y Zaffaroni. Desnuda también que los llamados garantistas en la Argentina, cuyo alma mater es el propio Zaffaroni, no son blandos con el delito, sino que son blandos con los amigos, mientras son extremadamente despóticos con los enemigos.

Con buena o mala imagen, la juridicidad fue debidamente defendida por la minoría no kakista del Alto Tribunal: Belluscio, Vázquez y Fayt.

Gato limpio no caza ratones

La revista Noticias denuncia la campaña desatada desde el kakismo contra Juan Carlos Blumberg. Las presiones oficiales sirvieron para que programas de televisión dejaran sin efecto las invitaciones al líder de la marcha del jueves.

La enemistad del señor K con Blumberg es evidente. Blumberg sin embargo jamás ha criticado al gobierno nacional, que es el verdadero responsable de la actual ola de hiperdelincuencia que sufre el país.

En el origen de todo el problema están las políticas kakistas de justificación al delito, las declaraciones en ese sentido de sus funcionarios presentando al crimen como causado por la falta de reparto social de bienes (a pesar de que llevan un año repartiendo bienes como quieren), los nombramientos en la Corte de conocidos pro delincuentistas, etc. Blumberg lo sabe, como sabe que el señor Arslanian es un delegado del señor K en la provincia y que Solá es completamente impotente para manejar la situación. Tiene además información suficiente para saber que el señor K en lugar de ocuparse de la delincuencia se ocupa de destruirlo a él.

El interrogante que sólo puede contestarse a través de la especulación es por qué Blumberg no hace blanco de sus críticas a quien debe ser blanco de ellas. ¿Miedo? ¿Temor a provocar la caída del señor K? ¿Estrategia?

No lo sabemos, pero el problema es que una de las tantas cosas que dejó la marcha del jueves es la sensación de que ni siquiera una persona capaz de juntar doscientas mil personas (mientras que ningún líder político convoca siquiera a mil), se atreve a desafiar al señor K. ¿Acaso esto sólo no fortalece al señor K agrandando el mito de su invulnerabilidad?

El señor K volvió a reprimir la "protesta social"

Desde hace dos años los piqueteros gozan de completa impunidad, siguiendo una política denominada "no represión de la protesta social" promovida en la Argentina por el CELS de Horacio Verbitsky y desde el exterior por la organización norteamericana "Human Rights Watch".

La política implica que los grupos trotskistas mantenidos por el Estado pueden cometer cualquier delito en las calles para exigir sus propósitos revolucionarios, lo que incluye daños a la propiedad privada, robos, privaciones ilegales de la libertad, extorsión e interrupción de servicios públicos. No hay ninguna ley que avale esta línea de no acción, más allá de los deseos del monarca de hecho de la Argentina, pero todos los jueces y fiscales del país la avalan.

Sin embargo hubo hasta ahora dos excepciones. Una en Tucumán, cuando el presidente quería hablar a una multitud y un grupo opositor había cometido la osadía de ocupar un lugar cercano al palco y la segunda el miércoles pasado cuando los piqueteros duros quisieron avanzar sobre el puente General Belgrano que une Resistencia con Corrientes, cuando en esta última ciudad el Presidente presidía un acto con acólitos.

Está claro que el gobierno reprime la "protesta social" pero sólo en provecho propio.

Rememorando el asunto de la Corte

Teniendo en cuenta que la imagen es la única institución en pie en la Argentina y prueba de ello es que se puede atentar contra la vida de un juez de la Corte si no goza de simpatía pública, al menos debemos revisar el origen de esa mala imagen.

En el año 2002 una feroz campaña promovida desde el gobierno golpista de Eduardo Duhalde, utilizando organismos de inteligencia oficiales y dinero público para promoverla en los medios de comunicación, tuvo a Vázquez y a los demás miembros de la Corte Suprema como objetivo.

Duhalde llegaba al gobierno tras promover la caída de Fernando de la Rúa, con una red de alianzas que incluía la ultra izquierda interesada en continuar su lucha para santificar el terrorismo de la década del 70 y a un grupo importante de empresarios sin escrúpulos interesados en promover una mega devaluación y una confiscación masiva de depósitos para hacerla posible con el fin de lograr en su favor la mayor transferencia de recursos jamás hecha por gobierno alguno en detrimento de la población en general. Ambos propósitos requerían un quiebre del orden jurídico completo y la Corte era un obstáculo para ello.

Aunque no fuera una causal de destitución, primero se escondieron esos propósitos acusando a determinados jueces de haber sido designados por Menem, olvidando el pequeño detalle de que Carlos Menem fue presidente legítimo de la Argentina y el nombramiento de jueces era su privilegio.

Menem, es cierto, había ampliado el número de jueces del Tribunal para evitar que sus políticas fueran cuestionadas por una Corte que había sido designada en su totalidad por Raúl Alfonsín. Pero el pacto de Olivos, hecho con el mismo Alfonsín, había puesto fin a esa situación al viabilizar renuncias y el nombramiento de nuevos jueces de otras tendencias para restablecer el equilibrio.

La campaña iniciada en diciembre de 2001 tenía por objeto voltear a la Corte del mismo modo que se había volteado a Fernando de la Rúa resucitando esos viejos cuestionamientos que durante la campaña presidencial del año 2000 ningún candidato había sostenido. Las conexiones con la ultra izquierda disfrazada de defensora de los derechos humanos, le sirvieron a Duhalde para hacer aparecer sus planes de usurpación total del poder como "defensa de la independencia del Poder Judicial", al punto en que organismos de derechos humanos desde fuera del país, como Human Rights Watch fueron cómplices explícitos del asalto a la Corte y con ello de la violación masiva del derecho a un juez independiente de todos los habitantes del país, reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 10.

En un país tibio y fracasado, la campaña prendió. Todos los demonios señalados por lo peor de la política argentina que se encontraba en el poder, se convirtieron en los máximos enemigos públicos. El control sobre la información era total, puesto que los medios se encontraban fuertemente endeudados en dólares y el cataclismo económico había hecho desaparecer la publicidad privada.

La Corte había sido cuestionada antes por haber sido dependiente de Carlos Menem, pero el único análisis objetivo realizado por el Instituto Gioja de la Universidad de Buenos Aires demostró que no existió nada parecido a una "mayoría automática" (denominación inventada por el principal promotor del quiebre de la juridicidad para revindicar el terrorismo de la década del 70: el montonero Horacio "el perro" Verbitsky) y que los casos en que los cinco jueces que supuestamente la formaban votaron juntos y solos eran en verdad ínfimos. La Corte durante el período de Menem, mostraba el mismo estudio, había realizado más declaraciones de inconstitucionalidad de medidas oficiales que durante el gobierno de Alfonsín.

Pero como el objetivo era otro que hacer simple antimenemismo, se trató de expulsar a los otros jueces con la misma metodología, hasta que algunos de ellos como Petracchi y Boggiano (un supuesto miembro de la anterior "mayoría automática") aceptaron responder a los requerimientos del Poder Ejecutivo y sus respectivas imágenes fueron limpiadas. Nunca más se los molestó.

El caso de Petracchi es emblemático en ese sentido. Fue el autor del fallo que en la era alfonsinista declaró constitucionales las leyes de obediencia debida y punto final, y ahora que se ha convertido en el operador del CELS, protegido de Verbitsky y del señor K, fue el autor del aberrante fallo del caso Arancibia Clavel. Se espera que vote ahora contra la constitucionalidad de las mismas leyes que antes había defendido en su legitimidad, con total impunidad, teniendo en cuenta que cualquier payada puede hacerse sin problemas a favor de las infames bandas que bañaron de sangre al país tres décadas atrás.

El tan cuestionado Juez Vázquez es uno de los tres que votaron a favor del orden jurídico. Pero sus fallos, siempre a favor de la libertad y de las garantías individuales de la Constitución no son tenidos en cuenta a la hora de juzgarlo. Su imagen no se construye a través de sus aciertos como Juez. ¿A quién le importa eso, no?

Cambiemos Buenos Aires (¿por fichas de cuánto?)

por María Zaldívar
mzaldivar2003@hotmail.com


Autoconvocados bajo el lema de "Cambiemos Buenos Aires", doce legisladores "macristas" aunque independizados de la fuerza política que los sentó en la legislatura de la ciudad de Buenos Aires y dos "lopezmurphistas" acaban de nuclearse en una organización no gubernamental con la intención de poner manos a la obra pensando en nosotros los porteños lo cual, mirando el lado positivo de las cosas, es mucho más alentador que ubicarlas en la lata.

Ellos son el mismísimo vicepresidente del cuerpo, Santiago de Estrada; el mismísimo presidente del bloque "Juntos por Buenos Aires" (separata del originalmente Frente Compromiso para el Cambio), Jorge Mercado, mas Sandra Bergenfeld, Diego Santilli, Ricardo Busacca, Silvia Majdalani, Mario Morando, Alvaro González, Dora Mouzo, Juan Carlos Lynch, Jorge Enriquez, "Chango" Farías Gómez (líbero al frente de bloque unipersonal, escindido recientemente del escindido bloque), Fernanda Ferrero (ex UCeDé, ex Partido Federal, ex cavallista, futura ex lopezmurphista) y Carlos Araujo (Recrear). Se suma, casi como nota de color, la presencia del sindicalista Daniel Amoroso, secretario general de ALEARA (Sindicato de Trabajadores de Juegos de Azar de la República Argentina).

Veamos. Durante el vinito de honor en el que adelantaron ante cierta prensa la futura inauguración, se definió que "trabajar de cerca para mejorar la calidad de vida de los porteños" será el objetivo del grupo. Nadie aclaró qué les impide hacerlo desde las bancas que ocupan o si no temen que el voluntariado próximo a emprender reste tiempo y dedicación al mandato legislativo, actividad rentada que obtuvieron de los ciudadanos de Buenos Aires cuando se presentaron a elecciones.

Mientras tanto, Bergenfeld ha sido designada en el Cuerpo Revisor de Cuentas, lo que indica dos cosas: la minuciosidad con que piensan encarar el manejo de fondos y que piensan manejar fondos.

Lo concreto es que tres de los catorce integran la comisión de Turismo de la legislatura porteña: Fernanda Ferrero; Jorge Mercado, quien preside del Mutualismo Argentino Confederado -MAC- y declara "adjudicarse una banca para desde allí lograr una representación del mutualismo en la Cámara Legislativa Porteña", y Farías Gómez.

El sindicalista Amoroso, por su parte, ha señalado recientemente que "Estamos trabajando con el gobierno nacional para que de una vez por todas el juego de azar esté promocionado en el ámbito del Turismo? pues, según su opinión, ??esta idea todavía es resistida por algunos sectores que tienen un concepto negativo del juego. Se confunde la actividad de juego de azar, algunos la relacionan con el narcotráfico y la prostitución Por eso a través de nuestro gremio, la Federación Internacional y la CGT, estamos trabajando para que realmente el juego de azar incremente el turismo, porque siempre los turistas concurren a algún casino o bingo" (N de la R: y también, por qué no, a la calle Godoy Cruz).

Todo indica entonces que, de arranque, muy probablemente "trabajar de cerca para mejorar la calidad de vida de los porteños" no se traducirá en programas relacionados con la educación pública sino con el juego. Al fin y al cabo, es lógico este gran impulso al azar por parte de quienes tienen tanto que agradecerle.

La Corte contra el derecho

Carta de Pedro A. de Aguirre

En el fallo de la Corte Suprema resolviendo el caso Arancibia Clavel, en el que la mayoría del Tribunal se pronunció por la vigencia retroactiva de la imprescriptibilidad de los delitos de "lesa humanidad" se han producido curiosos pronunciamientos de algunos de sus miembros.

El voto mayoritario (Zaffaroni, Highton de Nolasco, Petracchi, Boggiano y Maqueda) aplicó el criterio de que, a partir de los tratados Internacionales vigentes debe afirmarse el concepto de retroactividad citado.

La curiosidad primaria la produce el voto de Petracchi. Dice este juez que "el rechazo de la retroactividad de disposiciones penales posteriores al hecho, las llamadas leyes ex post facto, que impliquen un empeoramiento de las condiciones de los encausados ha constituido doctrina invariable en la jurisprudencia tradicional de la Corte" (considerando 20).

Agrega que "esta doctrina se mantuvo inalterada a lo largo del tiempo y sólo se modificó parcialmente al plantearse la cuestión desde la perspectiva del derecho internacional, en la extradición de Erich Priebke" (considerando 21). Pero agrega que "en mi disidencia en ese caso consideré que la criminalidad lato sensu que deriva de las calificaciones de delitos de lesa humanidad, en general, del derecho de gentes no resulta suficiente para producir efectos como los que se pretendía, en la medida en que no exista una previsión de pena en sentido estricto, independiente de la subsunción en los tipos penales del derecho interno. Tal como lo expresé, no es posible combinar ambas categorías e incorporar la imprescriptibilidad prevista en el derecho internacional a los tipos generales del código penal" (considerando 22).

Sin embargo, más adelante, explica la razón de su actual cambio de criterio. Dice que "tal solución, sin embargo, a la luz de la evolución de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ya no puede ser mantenida frente al derecho internacional" (considerando 22). El juez cita las sentencias que habrían modelado esa supuesta jurisprudencia, pero no las transcribe ni las comenta.

Esta interpretación de la jurisprudencia de la Corte Interamericana es rebatida, en su dictamen en disidencia, por el juez Fayt. Dice éste que "de la evolución jurisprudencial de la Corte Interamericana de Derechos Humanos tampoco se deriva necesariamente la posibilidad de aplicación retroactiva de la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad". En efecto, de su examen no puede concluirse sin más que la omisión de los jueces de aplicarla ex post facto vulnere la Convención Americana sobre Derechos Humanos y, por lo tanto, genere responsabilidad internacional. Al respecto cabe puntualizar que la Corte Interamericana jamás ha afirmado expresamente que para cumplir con el deber de garantía descripto deba aplicarse una norma que vulnere el principio de legalidad (establecido, por otra parte, en el art. 9° de la Convención Americana y cuyo cumplimiento también ha de asegurarse como deber de garantía del Estado parte)" (considerando 35). Y analiza en detalle los casos cuyas sentencias hicieron modificar el criterio jurídico al juez Petracchi (Trujillo Oroza vs. Bolivia del 27.02.2002, Benavides Cevallos del 09.09.2003, Bulacio vs. Argentina del 18.09.2003), afirmando rotundamente que en ninguno de ellos se hizo una aplicación retroactiva de la "Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad".

Nótese que el voto del juez Petracchi fue decisivo para lograr la mayoría. ¿Su cambio de posición obedecerá a una reflexión profunda o al imperativo del nuevo poder político?

La otra curiosidad es el aporte que realiza el voto en disidencia del juez Belluscio. En la fundamentación de su voto, entre otros considerandos, dice que "frente a los mismos textos u otros similares, la sala criminal de la Corte de Casación francesa ha rechazado terminantemente tanto la aplicación retroactiva de acuerdos internacionales en materia penal como la de un supuesto derecho internacional consuetudinario que obligara a aplicar reglas no escritas". Y cita el texto del fallo de dicha Corte en una causa promovida por el Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos y en la que el juez de instrucción rehusó investigar los crímenes contra la humanidad cometidos en Argelia entre 1955 y 1957, decisión que fue confirmada por la sala de instrucción de la Corte de Apelaciones de París. La Corte, en sus considerandos, dice (sentencia del 17.06.2003): "los principios de legalidad de los delitos y de las penas y de irretroactividad de la ley penal más severa, enunciados por los artículos 8 de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, 7.1 de la Convención europea de derechos del hombre, 15.1 del Pacto internacional de derechos civiles y políticos, 111 3 y 112 1 del Código Penal, constituyen un obstáculo a que los artículos 211 1 a 211 3 de ese código, que reprimen los crímenes contra la humanidad, se apliquen a los hechos cometidos antes de la fecha de su entrada en vigor, el 11 de marzo de 1994". Y agrega: "la costumbre internacional no podría suplir la ausencia de texto que incrimine, bajo la calificación de crímenes contra la humanidad, los hechos denunciados por la parte civil" (considerando 17 de Belluscio).

¿No son estos tribunales europeos los que están requiriendo a nuestros militares por sucesos de hace un cuarto de siglo?

It's up to you - New York, New York

Por Jorge Labraña

Teniendo ante mis ojos el ejemplar nº 115 del diario "La Tarde", fechado en Buenos Aires el 29 de julio de 1976, veo en su tapa un artículo alabando la nueva política del Banco Hipotecario.

En su segunda página se alaba un discurso del ministro Martínez de Hoz calificándolo de "realista y didáctico".

En su página tercera se comenta el tratamiento de "privilegio" que la "justicia revolucionaria" da a un grupo de detenidos políticos: tienen televisión, biblioteca rodante, ajedrez. Tal vez por eso mismo es que "La Tarde" se asombra de que uno de los prisioneros se haya fugado de semejante paraíso.

En la misma página, el diario informa que cinco "delincuentes subversivos fueron abatidos durante un enfrentamiento" en San Justo, y que el 10 de ese mismo mes fue encontrado el cadáver del vicecomodoro Echegoyen en "un refugio terrorista en San Andrés".

Y casi al pie de la página tres, se publica una nota titulada "completó Massera frúctifera gira".

En la sección policial, el diario informa sin indignarse que la policía declaró la guerra a los secuestradores, por lo que el día anterior mató a TRECE miembros de esas "peligrosas bandas"

Como director de ese diario figura un señor de nombre Héctor Timerman.

¿Será la misma persona que suele escribir a Cartas de Lectores para acusar a diversas personas de haber sido complacientes con la dictadura militar? ¿O se tratará simplemente de un homónimo?

lunes, agosto 23, 2004

El costo de la felicidad presidencial

Con copia de las resoluciones de la Jefatura de Gabinete la revista Noticias puso al desnudo las razones de los altos índices de popularidad que registra el señor K según algunas selectas encuestadoras: el vil metal.

Las encuestadoras que informan de manera permanente que el presidente cautiva a las multitudes con su buen gusto, finos modales, moderación y sabiduría, son justamente las que cobran más de 500 mil pesos del dinero de los contribuyentes, para informarle a esos mismos contribuyentes cuánto es que ellos mismos aman al señor K.

Negocios son negocios. Así lo han entendido las consultoras Equis, del encuestador transversal Artemio López (585.000 pesitos), Analogías de Analía del Franco (585.000 pesitos) y OPSM de Enrique Zuleta Puceiro (540.000 pesitos). Podemos adivinar, lo cual es fácil en la Argentina, que los dinerillos de menos del contrato de Zuleta Puceiro son una señal de que alguien no se animó a pedirle una colaboración más concreta que la de mostrar al señor K como el gran flautista de Hamelin del cono Sur.

Estos encuestólogos oficiales nos abruman semana a semana informando índices de popularidad del señor K y de la primera ciudadana, que giran en torno del 80% contra un promedio más modesto alrededor del 45% que le otorgan quienes no cobran suculentas sumas del erario público.

Más allá de que podemos anticipar también que éste será alguno de los temas por los que se tramitarán escandalosas causas judiciales no bien los índices de aceptación del público bajen un poco más y algún juez federal de esos que se comportan como aves de carroña perciba debilidad en la cima del poder, el episodio nos habla de las obsesiones oficiales y cuán poco tienen que ver con las reales necesidades políticas del oficialismo. No digo ya del país, porque pretender que el gobierno considere las necesidades del país sería una muestra de optimismo casi tan delirante como las acciones del gobierno.

¿Necesita el gobierno hacernos creer que un 70 u 80% de la población lo adora? En verdad es asombroso que proclamando a la Argentina el país más seguro del mundo, reivindicando el idealismo de los asesinos de la década del setenta, insultando a la madre de un secuestrado porque les recuerda que son responsables por brindar seguridad, el gobierno conserve un 45% de popularidad. Es mucho más de lo que han tenido otros siendo la mitad de inoperantes.

Pero ese guarismo desproporcionado del 45% de aceptación no le resulta suficiente al Presidente. Su autoestima requiere algunos retoques, el problema es que son burdos y nadie los cree y entonces el efecto es el contrario.

Se avecina una nueva marcha Blumberg y la palabra que define el estado de ánimo del gobierno es pánico. Han salido a "dar señales" de interés por el problema de la seguridad. En eso creen: en las señales. Un día tal vez descubran que hay algo que da menos trabajo que las señales u ocuparse de que la información no llegue al público: tomar medidas.

Pero el pingüinismo es incapaz de entender algo tan sencillo. Cuando la carta de la señora Susana Garnil salió de la computadora de su casa, los muchachos pinchatutti avisaron rápidamente al jefe. El aparato de desinformación movió todas sus influencias tratando de que no se difundiera pero fue inútil. Cortaron, por decirlo así, varias fuentes de difusión, pero hay cosas que ya no pueden manejarse. Al señor K el contenido, las verdades evidentes que la señora Garnil le expresaba como reclamo después de soportar que le arrancaran a su hijo de las manos, que lo tuvieran en cautiverio por 20 días y que la única solución haya partido de su parte pagando el rescate, no le importaron en absoluto, salvo en lo que podían dañarlo.

Un cuero duro y grueso de odio setentista le impide sentirse aludido e identificarse con las victimas. Ese odio a los que no le hicieron nada ni le deben nada que caracteriza a la generación perversa que con orgullo representa, lo ciega y entonces se siente víctima él de una madre que estuvo a punto de perder a un hijo en el mar de impunidad que el kakismo está dejando como su legado más claro.

Blumberg citó a la nueva marcha por la seguridad en la Plaza de los dos Congresos el próximo jueves 26 a las 19 horas. Su idea es continuar luego hacia la casa de la Provincia de Buenos Aires, pero mucha gente se dirigirá después a la Casa Rosada. Blumberg teme que la manifestación dañe definitivamente a Kirchner, pero no le preocupa tanto el caso de Solá que dados esos cuidados recibe todos los cachetazos. Aún así durante la primera marcha uno cuantos miles de personas se dirigieron a la Plaza de Mayo. La televisión duramente regimentada no lo cubrió. No será responsabilidad de Blumberg si esta vez la gente decide finalmente hacer responsable a quienes son responsables de lo que está ocurriendo. Fue el señor Kirchner el que impulsó al gobernador de la Provincia de Buenos Aires a convertir el problema de seguridad en una purga policial, el que dijo que la Argentina era un país seguro, el que promovió contra viento y marea al señor Zaffaroni de la mano de su lugarteniente Gustavo Beliz.

La realidad podría superar al propio Blumberg el próximo jueves, pero el presidente prefiere pensar que el deseo de vivir en paz es de ultra derecha. Tendrá después tres años para rectificarse. Sería paradójico que fueran los propios montoneros quienes tuvieran que acabar con los secuestros en la Argentina, habiendo sido ellos los que los practicaron de manera sistemática.

Se dijo:

"Las cosas se están haciendo bien"
León Arslanian
Ministro de Seguridad
de la Provincia de Buenos Aires


Hilando fino tal vez deberíamos llegar a la misma conclusión que el señor ministro. El interrogante es ¿bien en función de qué objetivo?

Susana Garnil habló por nosotros

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Texto de la carta enviada por Susana Garnil al Presidente de la Nación


Principalmente, quiero aclarar que no voy a hablar puntualmente del secuestro de Nicolás. Sólo decir que durante 20 días, vivimos en el INFIERNO. Durante ese Infierno muchas veces pensé, al saber de los llamados y declaraciones de diversos funcionarios: el médico llegó tarde, a pesar de que lo llamamos muchas veces.

Por eso quiero dirigirme a los diversos funcionarios que de un modo u otro tienen responsabilidad en esta inseguridad en que vivimos todos los argentinos.

En primer lugar, me dirijo al señor Presidente: Si estuviera en sus manos decidirlo ¿Cuántos años de cárcel mínimos daría a un secuestrador? Le ruego que me conteste con un simple número.

Ahórreme respuestas políticas, como que no es cuestión de penas duras sino de combatir las raíces del delito. En eso estamos de acuerdo, pero yo, como médica, le digo: si un fumador sufre un infarto y se está muriendo, el médico que lo atiende en la emergencia no puede decirle que la solución para su infarto es dejar de fumar; debe aplicar en minutos medidas urgentes para salvarle la vida y, luego de pasado el peligro, dedicarse a combatir las causas.

Por eso le solicito que me conteste con un simple número: ¿cuántos años?

Ahórreme por favor también la respuesta a través de alguno de sus colaboradores-voceros que, con una mente brillante y una lengua veloz, pretenden explicar lo inexplicable.

Le pido por favor, señor Presidente, contésteme de ciudadano a ciudadana, no de político a ciudadana.

Por otro lado, quisiera respetuosamente hacerle una observación: durante su presidencia ha demostrado en múltiples oportunidades que cuando algo le interesa o le preocupa, lo toma usted mismo en sus manos y lo lleva al resultado que usted desea. ¿Qué pasa en este caso? ¿No le interesa? ¿No puede? ¿No quiere ocuparse personalmente de esto?

Me dolió mucho escucharlo decir "la Argentina es un país seguro", inmediatamente después de recibir a amigos nuestros que fueron a verlo a la Presidencia, en respuesta a una invitación suya, mientras mi hijo estaba secuestrado. Creo que usted no puede decir esas palabras, ni dentro ni fuera de contexto.

Señor Presidente, ¿me ayudaría a señalar a los responsables de los secuestros y damnificados por la inseguridad de nuestro país o, de lo contrario, me diría dónde podemos hacer un Museo de la Memoria por estas víctimas?

Al gobernador de mi provincia, me permito decirle: Si yo fuera usted, dada la inseguridad extrema que vivimos especialmente en todo el conurbano bonaerense, seguiría trabajando el ciento por ciento de mi tiempo personalmente en este tema. "¡EL PACIENTE SE MUERE, DOCTOR!"

A los legisladores de nuestro país, simplemente no los entiendo. Su falta de toda lógica, su desinterés, su desinformación y su ausencia de las sesiones es algo que simplemente me deja sin palabras. En este caso pido disculpas a las excepciones que como siempre existen.

Con respecto a algunos miembros del Poder Judicial, los comparo con esos personajes de las películas de terror en las cuales el protagonista en peligro se siente a salvo cuando aparecen y en realidad representan otro peligro: ya que, luego de darnos la sensación de seguridad al saber preso a un delincuente, terminan liberándolo por razones que la gente común como yo no alcanza a entender, escudándose en leyes y reglamentos, sin animarse a dictar sentencias firmes que impidan a esos delincuentes volver a la calle.

Finalmente y con mucho más gusto me dirijo a todos los argentinos, muchos de los cuales me han manifestado sentirse en mi lugar y humildemente pretendo ser hoy la voz de todo un pueblo que tiene miedo. Tenemos que unirnos, por encima de todo tipo de diferencias políticas, sociales, religiosas, etc., y gritarle al Gobierno hasta el cansancio ¡NO PODEMOS MAS!

Son muchas las cosas que podemos hacer, cada uno desde su lugar, pero hay algunas que las podemos hacer todos:

Dejar las banderas blancas en nuestras ventanas en reclamo de paz y justicia.

Personalmente cada jueves, a partir del próximo y por el resto del tiempo que esto continúe, pienso usar una prenda o distintivo de color negro que signifique un grito silencioso: ¡TENGO MIEDO!

Invito a todos los argentinos de bien que compartan este miedo mío, hacer lo mismo para que cada funcionario, mire donde mire los jueves, vea a un ciudadano diciéndole TENGO MIEDO.

Por último, creo que debemos acompañar al señor Blumberg en la marcha del día 26 de agosto.

Nadie puede poner en duda la generosidad de este padre, a quien el terrible hecho de perder a Axel, su único hijo, encendió su deseo de cuidar la vida de nuestros hijos.

Para terminar, señor Presidente, tuve que ponerme de rodillas frente a los secuestradores de mi hijo. ¿Tendremos todas las madres que ponernos de rodillas ante usted para que haga algo?

Respetuosamente,

Susana Garnil

lunes, agosto 16, 2004

Un año disidente

El 30 de agosto El disidente cumple su primer año. Esta publicación es un esfuerzo personal que contó con la inestimable ayuda de Klaus Pieslinger administrando el sitio y Ramiro Porto aportando ideas y comentarios.

Quiero agradecer a todos los lectores por seguirnos semana a semana y por las muchas palabras de aliento que recibimos siempre. También a todos los que colaboraron con sus notas a mejorar la calidad de El disidente.

Estamos organizando una conferencia para hacer un balance disidente de este año tumultuoso de la Argentina y aprovechar así para tomar contacto con los lectores y festejar el aniversario. La fecha es el miércoles 1° de septiembre. Como no sabemos el espacio que podríamos necesitar, les pedimos a los interesados que se inscriban enviando un mail a eldisidenteaniversario@yahoo.com.ar

José Benegas
Editor

Es el derecho, estúpido

"La diferencia que hay entre una democracia y una democracia popular es la misma que existe entre una camisa y una camisa de fuerza"
Ronald Reagan


Mientras Chávez festeja su triunfo y la oposición denuncia un gigantesco fraude, la gran pregunta que el caso venezolano nos lleva a hacer es si la democracia es compatible con un Estado rico y demagogo.

PDVSA, la empresa estatal de Venezuela, quinto país exportador de petróleo, convirtió a Hugo Chávez en un virtual jeque latinoamericano que se regodea en su izquierdismo acercándose a Fidel Castro pero exporta su producto a Estados Unidos y compra a buena parte de la población que le responde de manera incondicional.

El beneficio para los venezolanos de este enriquecimiento repentino, si el petróleo no estuviera capturado por el gobierno como en los países árabes, sería inmenso. También el crecimiento que estaría experimentando la Argentina si el Estado no capturara una enormidad de recursos vía retenciones favorecido por impresionantes subas de precios. La población no ve eso, no conoce esa cuenta y los políticos sin escrúpulos cuentan con que la ignorancia los favorecerá.

El propio sistema produce universitarios que creen que hay otra forma de enriquecerse que no tiene que ver con producir. Es más, consideran a esa forma como la única legítima. La ignorancia en Latinoamérica se logra con años de instrucción.

No importa que durante el gobierno de Chávez 7 mil empresas hayan cerrado ni que la pobreza se extienda. La dictadura no es negocio, el populismo tampoco, menos el estatismo; eso se sabe desde siempre. El asunto es que el poder sin escrúpulos y sin límites puede sumar más voluntades que el éxito real de hacer progresar a un país. Esa es la gran lección latinoamericana del siglo XXI.

Cuando Chávez llegó al poder seis años atrás, el barril de petróleo estaba a 7 dólares y hoy en los mercados a futuro se vende a 46,45 dólares. El mercado en realidad teme más a esa oposición heterogénea sin un rumbo claro que se le opone al dictador bananero, más que a sus propias fechorías, sobre todo si éstas sólo recaen sobre la población.

Nada cambiaría por el hecho de que sean reales las denuncias de la oposición, el sistema no se basa en la decisión libre de los ciudadanos, igual que en la Argentina, sino en el voto coimeado.

El cardenal José Castillo Lara, presidente emérito de la Pontificia Comisión para el Estado de Ciudad del Vaticano se sumó a las denuncias de la oposición, pero a pesar de que llama fraude electoral a los hechos a los que se refiere (compra directa de votos por el ?no? a la revocación del mandato), la palabra no es correcta. El voto es real, como es real la firma de un funcionario adjudicando una obra por haber recibido una dádiva del contratista. El sistema clientelar es el fraudulento y no el comicio.

Hugo Chávez es a esta altura el último eslabón del problema y no el principio. La oposición inevitablemente se estructura como una reacción visceral en su contra, pero Chávez, como lo fue Perón en la Argentina, es el generador de los problemas, más que el problema en sí. Es destacable la valentía y decisión de esa oposición, algo que no se puede decir aún de la de la Argentina, pero está claro que eso no alcanza.

Venezuela tiene, gracias a Chávez, una constitución calamitosa sancionada en 1999, llena de palabras melosas, objetivos innecesarios, imposibles y retrógrados. Un verdadero monumento a la demagogia política, que deja al país sin normas reales y al Estado liberado de toda limitación. Esa constitución unida a los enormes ingresos del fisco por el petróleo, le dan a Chávez o a cualquiera que lo suceda, la posibilidad de manejar el país a su antojo y comprar voluntades a granel.

Venezuela tiene algo más que un mal presidente. Sufre la ausencia de un verdadero Estado de Derecho que se fundamenta en un límite claro al poder.

El nudo gordiano venezolano, como el de muchos países latinoamericanos, incluida la Argentina no se resuelve en las urnas porque las urnas en una democracia clientelar están contaminadas.

Es el sistema jurídico el que debe restablecerse. Y el sistema jurídico, la existencia de libertades y derechos, es algo que no debe votarse. La ley, en el sentido real, como organización colectiva del derecho de defensa, no es algo que la mayoría pueda disponer eliminar. De otro modo basta con repartir beneficios utilizando como máscara al Estado de Bienestar y así sumar las voluntades necesarias para convertirse en un perfecto dictador democrático.

El problema de Latinoamérica es que se ven los problemas del sistema político al revés. Un país civilizado no empieza por votar, sino que termina votando.

En Venezuela la justicia ha sido puesta al servicio del régimen, tal como se está haciendo en la Argentina. Una reciente ley llevó el número de miembros del Tribunal Supremo de Justicia de 20 a 32. Esa muchedumbre que desvirtúa el papel del tribunal llena sus vacantes por simple mayoría en la Asamblea Nacional, que es el mismo modo en que se los remueve. Es decir que Chávez tiene número suficiente para nombrar y remover jueces por sí mismo. Esto es muy democrático, pero resulta que atenta contra el sistema republicano y contra la preservación de las libertades individuales, que es lo único que interesa preservar en un sistema político.

Los cubanos se arrojan al mar del Caribe en balsas precarias arriesgándose a ser atacados por los tiburones o a hundirse en el mar, no en búsqueda del sufragio en la Florida. Allí, como en Cuba, tampoco votan. Lo que buscan es libertad, seguridad y posibilidades de progresar sin tener que ingresar a la política con ese fin. En Cuba, como en Venezuela, como en la Argentina y en la mayoría de Latinoamérica, lo que hace falta es que rija el derecho, la ley por encima de la voluntad de los gobernantes y no como mera extensión de sus deseos.

IMPRESCRIPTIBILIDADES Y PREVARICATO

Por Néstor Nicolás Gómez

El Dr. Adrián Ventura, en una nota inserta en el diario LA NACIÓN, del 11 del corriente mes, se refiere a la intención de voto de cinco miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que resolverían declarar imprescriptibles "los delitos de lesa humanidad", lo que, aplicable a un agente chileno, sería, se dice, "obviamente" extensible a ex militares argentinos, para lo cual cabría emplear retroactivamente la convención sobre imprescriptibilidad de ciertos hechos. (ver nota) A más de lo cual destaca el articulista que hay ya una señal del paso que puede ocurrir, brindada por la Corte en el asunto Priebke del año 1996.

Entiendo, sin embargo, que este último supuesto es abismalmente distinto del que comprendería a nuestros militares, pues en lo que respecta al oficial nazi no estaba amparado por la Constitución Nacional, en tanto que nada ni nadie, legítimamente, puede dejar de aplicarla para con los nacionales del país. Es que, conforme a ese cuerpo legal, reformado en 1994, los pactos internacionales de jerarquía constitucional "no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos." (Del inciso 22 del Art. 75). Con lo que queda racionalmente verificado, entonces, que no pueden predominar sobre nuestra ley fundamental y ni sirven siquiera intrínsecamente para juzgar a los militares, ya que sus propias normas desechan la retroactividad.

A título de conveniente digresión que no altera lo expuesto, sino que lo reafirma, ese inciso 22 es ciertamente nulo, porque la Ley 24309 sobre declaración de la necesidad de la reforma, en su Art. 6º manda: "Serán nulas de nulidad absoluta todas las modificaciones, derogaciones y agregados que realice la Convención Constituyente apartándose de la competencia establecida...", que no concierne claro está, a la primera parte de nuestra Ley Fundamental. Y como si no bastara con esa afirmación de tanto rigor, el Art. 7º dispone: "La Convención Constituyente no podrá introducir modificación alguna a las declaraciones, derechos y garantías contenidos en el capítulo único de la primera parte de la Constitución Nacional." ¿O acaso lo que se dice que es complementario no significa modificación para mejor o para peor? ¿O, acaso, con el procedimiento de injertar un artículo modificatorio en la segunda parte de la C. N. puede salvarse un obstáculo de carácter infranqueable?

Por fin, para tiempos en que realmente llegue a imperar el Estado de Derecho que desde hace muchas décadas en nuestra Nación no es más que enunciado falto de sustancia resulta dable suponer que si los jueces declararen imprescriptibles delitos que, evidentemente no lo son, y por ello se produjeran condenas penales, podrán ser acusados por la comisión del delito de prevaricato previsto en el Art.269 del Código Penal, que contempla penas de tres a quince años de reclusión o prisión e inhabilitación absoluta perpetua.

lunes, agosto 09, 2004

Presidente villero

La ficción cinematográfica imagina a veces un futuro tenebroso de caos, anarquía y violencia. Ese futuro temido que antes de llegar a las pantallas existe como temor en el público, refleja creencias arraigadas. Lo curioso es que la mayoría de las veces ese futuro aparece como provocado por empresas y motivado por ambiciones dinerarias.

La Argentina del primer lustro del siglo XXI se parece a aquellos escenarios de fantasía en muchos aspectos. Pero las empresas como promotoras del caos no se ven, salvo las que se confunden con el Estado como la privilegiada Techint. Todo nuestro caos y anarquía provienen del sector público, por acción u omisión de éste.
Los piqueteros son una empresa estatal, los tomadores de fábricas son subsidiados por el Estado, los delincuentes comunes son tolerados y justificados por funcionarios que entienden que son víctimas de una sociedad que es injusta. Esa injusticia consiste a su vez en que no se ha obligado a unos a mantener a otros suficientemente; es decir esa justicia es injusta. Todas las huelgas, sobre todo las más violentas, son protagonizadas por empleados públicos.

En ese escenario el señor K se pronuncia fanático de la música que reivindica al crimen: la cumbia villera. Se convierte así en el maléfico que imaginaba el cine futurista, pero en lugar de ser el titular de una empresa muy ambiciosa, es un eterno político, no enriquecido por empresa comercial alguna conocida; un permanente detractor del lucro lícito que la empresa significa. Por más que se quiera soñar con que el menor esfuerzo y la irresponsabilidad es un atributo de "los buenos", tal parece que en la realidad no resulta jamás.

El delito ganó otra batalla con las palabras del señor K. Son muchas las que viene ganando en los últimos veinte años, pero la característica de las ocurridas en esta era kakista, es que son batallas morales. Los delincuentes ya no tienen que tener vergüenza. El conductor de un programa "bailantero" comenzó diciendo que si bien las letras a favor del crimen de la "cumbia villera" no le gustaban, servía como ingreso de muchas familias (el delito también por cierto, a la vez que se lo quita a otras). Después de ser adulado por el señor K, empezó a portarse como un político, hablando del "verdadero crimen" que estaba en otro lado. K es ahora el ídolo del villero drogón y criminal.

El problema de las villas crece a ritmo acelerado, pero no puede sorprender a nadie que eso ocurra porque todas las condiciones están dadas. Tampoco son consecuencia de la pobreza. Hay mucha pobreza fuera de ellas. La mayoría de quienes las habitan trabajan, pero no en el circuito "blanco". Son verdaderos excluidos pero no por el sistema económico, que es el que les permite desenvolverse y está dispuesto a tener tratos con ellos. El excluidor es el sector público que con impuestos al trabajo y regulaciones impide que tengan acceso al mercado formal.

Los habitantes de las villas no pueden escapar de los altísimos impuestos al consumo y soportan la pata de un elefante sobre sus cabezas, el Estado, mientras les explican que con más Estado estarán mejor y les reparten migajas de lo que les han sacado previamente, de manera directa a ellos y de manera indirecta a sus potenciales empleadores o clientes.

El fomento al incumplimiento en el mercado de alquileres a través de diversas leyes que aumentan el riesgo de los locadores también llevó el precio de los alquileres por encima de las posibilidades de una enorme masa de gente. Tampoco pueden pagar los depósitos que son necesarios sólo porque el Estado no es confiable en cuanto a hacer cumplir los contratos y el derecho de propiedad.

Las regulaciones urbanísticas también empujaron a estas personas hacia la informalidad. Están pensadas con criterios estéticos como si la escasez no existiera. La perfección de los barrios de mayores ingresos no tiene que ver con la mejor gestión estatal en esos lugares, sino con los recursos económicos de los que se dispone. El urbanismo no mejora a los barrios con menores recursos, sólo los empuja fuera del sistema.

A esta acción del "Estado Benefactor" que se ha hecho imposible de solventar, y las villas son la mejor expresión de eso, se le suma la omisión culposa que las convierte en tierra de nadie y aguantadero de delincuentes.

Gente dispuesta a delinquir ha habido siempre y la habrá. Cuando el ser humano descubre que es mucho más productivo vivir con el otro que a costa del otro, el robo es reemplazado por el comercio. La mayoría de las personas se dan cuenta que es mejor negocio la ética de las relaciones que el uso de la fuerza, pero siempre hay quienes no quieren sumarse al esfuerzo de cooperación. Se le confía al Estado lidiar con esos marginales.

Lo que ocurre es que cuando el Estado no actúa, los barrios marginados por el mismo Estado (y no por la sociedad) generan en sí mismos una cultura delictiva. No todas las personas ingresan en esa cultura, pero quienes lo hacen gozan de impunidad.

Las últimas dos décadas de incremento de las políticas de izquierda en materia penal la reforzaron. Empezaron por justificar el delito en la pobreza, luego estigmatizando a toda la policía y debilitándola, quitándole todos los resortes que hacen a un servicio policial, y finalmente dotando al crimen de una pseudo-moral contestataria.

Ese fue el contexto en el que se desarrolló la cumbia villera. La delincuencia no sólo no se esconde sino que recibe odas al mejor estilo de la épica clásica.

Tuvimos en Duhalde a un presidente piquetero, tenemos ahora en K a un presidente villero, que aspira a ser ídolo de bandas de criminales.

El señor K no nos permitió siquiera disfrutar un día entero del milagro de haber oído a su lugarteniente Alberto Fernández decir algo razonable, como era que la cumbia villera fomentaba el delito. Fue rápidamente desautorizado por su jefe, no tanto para dejar sentada la falta de gusto musical del presidente, sino para que no queden dudas de que cualquiera puede ser humillado, por más pleitesía que le rinda.

Se dijo:

La empresa CMS Gas Transmisión, accionista minoritaria de Transportadora Gas del Norte, demandó al país por los perjuicios causados por la pesificación.
El funcionario contestó que se trataba de "una estrategia a dos puntas, una doble presión para comprobar en qué frente la firma obtiene más ventajas mientras sigue haciendo negocios en el país. Una estrategia que, como tal, no podemos consentir? Las tarifas que se renegocien con empresas que mantengan querella internacional no se aplicarán a menos que desistan de ese recurso. Y en este caso estamos ante una estrategia a dos puntas".

Horacio Rosatti
Ministro de Justicia


Se supone al menos que el Estado está sometido a la ley. Ninguno de sus actos está (debería estar) destinado simplemente a obtener una ventaja, porque no tiene fines propios. Su misión es proteger a los particulares.
Que la firma sea extranjera da igual por dos motivos. El primero que la Constitución dice en el artículo 28 que los extranjeros gozan en el país de los mismos derechos que los nacionales y el segundo que la violación de los derechos para uno, es un peligro para todos.

Pero el Estado argentino se ha acostumbrado a negociar al mejor estilo de un secuestrador, utilizando rehenes. Es así que el ministro de justicia no tiene empacho en manifestar que no negocian tarifas mientras la empresa no desista de su reclamo en París.

La relación entre el Estado y las tarifas no es siquiera una relación contractual. No es que el Estado dice que dejará de comprar un producto si la empresa no desiste de un juicio, lo que sería olvidar que la función del Estado es hacer justicia, no "ganar". En este caso se trata de negociar contra actos de poder, contra imposiciones, al mejor estilo de cualquier secuestrador.

Tal vez lo peor de estas manifestaciones presidenciales sea la creencia de que la posibilidad de inversión de una empresa se da por una gracia de los inútiles que pueblan los despachos oficiales.

Michael Moore: imágenes, edición y propaganda

Por Natalia Rodríguez

Michael Moore es la prueba viviente de que la difusión masiva de ideas depende más de cierto efectismo que de la consistencia del mensaje. Esto lo han entendido magníficamente los propagandistas de los regímenes totalitarios modernos y han acertado en apreciar el inconmensurable valor de las imágenes al servicio de la ideología, el impacto inmediato -casi instantáneo- que una buena combinación de cuadros puede lograr en la gente promedio. Una buena edición vale más que mil palabras.

El régimen nazi fue maestro en estas artes de la puesta en escena. (Basta recordar las dotes de orador histriónico de Adolf Hitler, las coreografías estudiadas y seguidas con precisión por los cuerpos armados del régimen en los grandes actos públicos, el paso de ganso, el saludos al líder -tomado prestado de la tradición romana- y la impactante bandera roja con la cruz esvástica, sólo una parte de la estudiada escenografía del nazismo). Leni Riefenstahl aplicó su enorme talento cinematográfico dirigiendo dos documentales que pasaron a la historia como insignes ejemplos de la propaganda política mediática: El triunfo de la voluntad (1934), sobre la vida del líder nazi, y Olympia (1936), film sobre los Juegos Olímpicos celebrados en Berlín en pleno apogeo del nazismo. Y es que el género documental es tal vez uno de los recursos más eficientes a la hora de enviar un mensaje político amalgamado con buenas intenciones y poco rigor intelectual, una combinación casi perfecta para elevar dicho discurso a la inmortalidad de la que invisten las masas.

Y de carácter masivo es a esta hora la fama de Michael Moore, un documentalista de 50 años originario de Michigan que ha batido records de recaudación para este tipo de género con la película Fahrenheit 9/11, elaborada con la ex profesa intención de derribar la candidatura de Bush a la reelección en los Estados Unidos. El recurso elegido fue la denuncia de la guerra contra Irak, las mentiras del Presidente americano para embarcar a su país en dicha guerra en combinación con infinidad de sugestivas asociaciones de la familia Bush con fuertes intereses económicos saudíes, en los que se vinculan petróleo con armamentismo y secretos de inteligencia. Como en las mejores teorías conspirativas lo más fácil y efectivo es sugerir todo tipo de conjeturas, algunas de lo más forzadas. Más allá de la aversión que causa la guerra, es interesante observar la desinhibición para combinar las imágenes adecuadas con el discurso en off apropiado para lograr el efecto buscado por el conspirativo director.

La ausencia de inhibiciones para "crear" ya la habíamos podido ver en Buenos Aires con el anterior documental escrito y dirigido por Moore, Bowling for Columbine, un verdadero panfleto aún más cuestionable en sus recursos y mala fe que Fahrenheit 9/11, que se aboca a arengar en contra de la libre tenencia de armas en los Estados Unidos, utilizando como temática central el desgraciado suceso en el que un par de adolescentes balearon y mataron a varios compañeros en el colegio secundario Columbine, en un arranque brutal de locura. Moore fuerza permanentemente el relato para dar sostén a su postura, vinculando de forma absurda diferentes acontecimientos con responsabilidades inexistentes -como al endilgarle a un gerente de un Wal Mart la culpabilidad de la parálisis que sufre una pobre vícitima de un ataque con arma de fuego- sumado al golpe bajo de que la propia vícitma fuera a pedir explicaciones al centro comercial por dedicarse a comercializar armas y balas mientras las cámaras lo registraban todo. O la terrible referencia en imágenes a niños muertos por accidentes con armas de fuego. Moore no menciona siquiera argumentos tan fuertes como la tradición de autodefensa frente al poder político de los norteamericanos y él mismo cae en contradicciones al no poder explicarse los mayores índices de violencia en un pueblo de la frontera americana en comparación a su par del otro lado del límite canadiense, en el que la portación de armas es varias veces superior en número que en el pueblito americano. Pero lo que importa es el mensaje y hay que hacerlo llegar como sea.

Es fácil tener a la audiencia del lado de uno cuando lo que se está repudiando es la guerra o la violencia ejercida en este caso con armas de fuego. Lo repudiable es que con el paquete que a priori toda buena persona compraría el documentalista nos meta la idea de que la violencia debe ser ejercida por otros medios (los del gobierno) con otros fines (aquellos que el cineasta cree que hay que perseguir, ya sea el control de armas o cualquier otro tipo de intervencionismo, independientemente del derecho de los otros). Muchos se preguntan por otro lado, por qué Moore no difundió oportunamente las imágenes de torturas a prisioneros irakíes por parte de soldados norteamericanos en lugar de guardarlas para su último film y esperar a que éste fuera estrenado.

Michael Moore no es solamente importante por lo que ha facturado y porque puede contribuir a cierto resultado en las urnas americanas el próximo noviembre, sino porque representa una escuela que incluso en nuestro país tiene buenos discípulos. No por nada a Jorge Lanata ya lo llaman el "Michael Moore austral" (La Nación, 18/7/2004), en especial ahora que el periodista argentino se ha lanzado a la producción de documentales para la televisión. Una serie interesante de productoras como Cuatro Cabezas, Endemol y PPT llenan diariamente las pantallas televisivas de nuestro país con productos bien editados, con imágenes impactantes, bien musicalizados y llenos de mensajes de la buena conciencia estatizante e intervencionista. El packaging fundamental es el envoltorio de la juventud rebelde, de mente (supuestamente) abierta: el viejo artilugio de vender la rebeldía envasada. La edición al servicio de la ideología. Productos como CQC, Televisión Registrada, Código Penal o .Doc -entre otros- manejan a la perfección los códigos mediáticos actuales, venden (aunque la riqueza sea algo deleznable) y trasmiten con soberbia adolescente mensajes autoritarios desde la arrogancia de la superioridad moral que nos arrebatan con maestría todos los días a quienes la libertad nos importa mucho pero que no siempre hacemos caso a las señales del mercado.

Advertencias

Por Ruben Benedetti
Sine Metu

La semana pasada terminó con una noticia casi inadvertida: asaltaron la guardia de la Escuela de Suboficiales, acuchillaron al soldado apostado y le robaron su FAL. Aparentemente hace un tiempo se cumple una orden por la cual los centinelas portan su fusil reglamentario pero "para evitar sucesos que afecten la imagen de las FFAA" no se les hace entrega de munición. Si esto es cierto el atacante le aplicó los puntazos antes que el soldado pudiera defenderse usando su fusil semiautomático como un garrote.

Sería bueno que alguien desmienta la práctica de presentar centinelas desarmados, aunque a priori la política parecería factible, ya que está en la misma línea de los policías sin armas de fuego, y la guardia de infantería que forma su primera línea con mujeres policía. En materia de seguridad el Estado no solo está casi ausente, sino que por decisión de los políticos, cuando está presente está inerme.

Mientras esto sucede se multiplican las señales de alerta. Los secuestros se suceden por todo el país. Se mantienen los asesinatos de policías, especialmente en Capital y Provincia de Buenos Aires. Nadie le presta atención al fenómeno. En los años sesenta y setenta, matar un policía era el bautismo de sangre de los combatientes subversivos. Hoy ¿qué es? En 1975, en pleno auge de las bandas armadas murieron 23 policías federales. En 2002, 44, lo que es más que el total de 1976 si descontamos las víctimas del atentado al comedor de Coordinación Federal, el más sangriento de los ocurridos durante la guerra subversiva. En 2003 cayeron 35 federales. Sólo para comparar en 1997 y 1998 murieron tres. En 1995, uno.
Esta semana se inicia con otro hecho-síntoma: el domingo a las siete de la tarde fue encerrado y tiroteado el auto que llevaba a Luis Patti. Su custodia repelió el ataque, que terminó con un atacante muerto y el custodio herido. El auto quedó con más de diez orificios de bala. El poder político mientras tanto mira para otro lado. Algunos piqueteros llaman a imitar el modelo cubano, otros reivindican la gesta bolivariana al uso chavista. Todos reivindican la lucha armada, o como dijo el Diputado D'Elia, salir a la calle para defender al presidente.

El mensaje oficial es un silbido bajito. No pasa nada. No hay nada raro. La delincuencia es herencia de las décadas pasadas. Los piqueteros un emergente del modelo de los 90. Pero por lo bajo algo se prepara. Lo advierte abiertamente uno de los consejeros preferidos del Presidente:

"Los planes de ajuste estructural que comenzaron a aplicarse luego del derrocamiento violento del gobierno peronista en 1955 podrían llegar a su fin el mes próximo, con efectos muy marcados sobre los escenarios político y económico. El presidente Néstor Kirchner y el ministro de Economía Roberto Lavagna tienen a estudio el rechazo explícito de las condiciones que el Fondo Monetario Internacional reclama para mantener el acuerdo firmado durante el mandato interino del ex senador Eduardo Duhalde"
Horacio Verbitsky en Página/12 (08/08/04)

Vaya a saber qué entiende Verbistky por ajuste estructural, sobre todo cuáles son las invariables que encuentra en la historia argentina desde 1955. Sobre todo vaya a saber qué entiende por efectos muy marcados sobre la política un hombre que la intentó modificar a golpes de fusil y explosivos. Vaya a saber qué avizora para el próximo mes. Ya lo que trajo Agosto no es nada bueno.

lunes, agosto 02, 2004

Aunque usted no lo crea: volvió Alfonsín

El presidente K ha comenzado la etapa humorística que le llega a todos los presidentes. Raúl Alfonsín, pasó a la historia anunciando que "La casa está en orden" y "con la democracia se come, se educa y se cura". Carlos Menem es recordado por su invitación: "síganme, no los voy a defraudar". De la Rúa, un verdadero maestro a la hora de hacer reír tuvo su momento de máxima inspiración cuando dijo: "qué lindo es dar buenas noticias". Otro más efímero como Rodríguez Saá aportó lo suyo anunciando como quien gana la lotería el default y Duhalde con su "el que depositó dólares, recibirá dólares" se convirtió en un serio competidor en el campeonato humorístico.

En Secuestrolandia, en esta especie de Blade Runner latinoamericana en que se ha convertido la Argentina después de años de progresismo penal y policial, junto con la fiesta de la impunidad de la izquierda violenta, el señor K ha impreso su frase célebre en la memoria del país al decir: "La Argentina es un país seguro". Si, seguro; pero a "seguro", dice una frase hecha, se lo llevaron preso.

El doble ex ministro Gustavo Beliz declaró ante el fiscal Gerardo Pollicita sobre sus denuncias de "mafias" que querían echarlo de su cargo. "Formulé esas declaraciones en un plano estrictamente político y no hice sino reflejar el sentido de un inmensa proporción de la opinión pública", aclaró. Lo traducimos: fue un juego de poder. No aportó nombres ni hechos. La "mafia" no es un concepto jurídico ni criminal, es político. Define "mafia" como todo lo que discuta o se oponga a sus propósitos (y "política" como decir cualquier cosa que alimente las creencias populares). Se juzga a sí mismo como un Mesías, pero uno muy particular: Un Mesías sin dogma.

Como Petronilo el personaje de Carlitos Balá, Kirchner llegó del sur un año y medio atrás y durante todo este período no se animó a juntarse con nadie de más allá de sus amigos de Página 12. En medio de una de las sacudidas con las que la realidad le contestó a su obcecación crónica, Alfonsín jugó sus cartas para demostrarle que podía confiar en él. Después de todo, el lenguaje conspirativo, derechofóbico y argentinísimo de K, no es otra cosa que la evolución natural del Alfonsinismo. Una visión un tanto más dark, en un país bastante más dark.

Los piropos alfonsinistas dieron sus frutos con el inicio de un llamado "diálogo político". No se sabe bien por ahora de qué hablan. En la era kakista, este augurio consiste en conversar de algo, sin que los interlocutores sean catalogados de "esos sectores" que conspiran para lograr la desgracia del pueblo argentino y de las familias Kirchner y Fernández.

Si en Beliz el señor K había encontrado a su sosías en materia de lealtad, en Alfonsín tiene a su media naranja en materia de primitivismo ideológico.

Sin embargo Alfonsín es un personaje arquetípico de la "vieja política". Igual que Kirchner por supuesto, pero no tiene el poder, por lo que no se le perdona y no puede, como el presidente ocupar el banquillo de los acusadores. Al menos hasta que sea bendecido por el que manda.

¿Cómo habremos llegado a tanta mediocridad? La explicación habría que encontrarla en el sistema educativo que envenenó a varias generaciones de argentinos. Tanta estupidez no puede producirla la ignorancia.

La jugada del radicalismo residual con el que se quedó Alfonsín, consiste en hacer de puente entre K y Duhalde ("Duhalde está actuando con un gran sentido de la responsabilidad" fueron sus últimas palabras sobre el filósofo de Avellaneda). Una nueva alianza que haga innecesario otro 20 de diciembre (¿quién se creería ahora aquello del levantamiento espontáneo?). Capturar el poder sin recurrir al señor Scioli (muy "de derecha" para el neomarxismo paleontológico) parece ser la carta alfonso-duhaldista.

Alfonsín sabe cómo jugar sus fichas (pocas, pero bien jugadas), para impedir en los momentos cruciales que el país se vuelva cuerdo. El radicalismo lo sigue. Su estado de pauperización es tal, que por el Paty y la coca tiran al aire sus boinas blancas. Sin embargo no debe confiarse demasiado en su habilidad. Kirchner tiene por delante la discusión del presupuesto en el Congreso y la prórroga o no de sus "facultades extraordinarias". Si el peronismo le retacea sumisión, el radicalismo residual sería, por unos meses, una pieza a considerar. Ese es tal vez el verdadero queso en juego.


Las primeras pruebas de amor se dieron en el acto de homenaje a Ricardo Balbín. El viejo líder radical desde algún otro lado debe estar lamentando no poder responder al par de personajes elegidos para recordarlo. Tampoco su hermano Armando que falleció el año pasado y era un crítico acérrimo de esta izquierda obtusa.

Allí Alfonsín alimentó los fantasmas kakistas diciéndole al presidente que no podría resistir solo a las "presiones del norte" y le advirtió que debía cuidarse de hacerle el juego a la "derecha especulativa". La fórmula para no caer en semejante error, era, claro, llamar a papá Alfonsín.

Kirchner, Beliz y Alfonsín bien podrían fundar el club de los perseguidos. Todo el que no les de la razón, no trabaje para la felicidad y permanencia de ellos y no advierta lo geniales que son, serían quienes conspiran y pertenecen a toda clase de organización maléfica.

Este estilo político de las luminarias políticas del siglo XXI que se impone, parece ser una enfermedad nacional. La duda es ¿se puede hacer un país a partir de esta visión de los otros? ¿Hay algo en común, llamado país, entre el club de los Mesías y el resto? ¿Es viable hacer un país para la izquierda, los delincuentes y los piqueteros, sin que los otros (culpables sólo de aguantarlos sin chistar), los mantengan?

Cuando el señor Alfonsín señala que "para defender la individualidad nacional tenemos que juntarnos" expresamente excluye a los "neoliberales". Y los que de neo no tenemos nada, quisiéramos recordarle que la Argentina está construida a partir de un documento bastante importante llamado Constitución que, oh casualidad, es liberal.

De alguna manera es lógico que Alfonsín piense que para unirse a Kirchner tiene que compartir con él el espíritu faccioso que lo anima. El negocio político es lo importante, el resto es discurso. Por algo se creen los mejores y los Torquemadas de la sociedad argentina.

A lo mejor valga la pena pensar en darles el gusto. Haciendo un ejercicio de imaginación ese proyecto que se llamó Argentina, podría derivar en dos. Uno asentado en plena pampa húmeda, con las mejores condiciones de clima y recursos naturales, con los Alfonsín, Duhalde, Kirchner, Beliz, piqueteros, secuestradores, el CELS, Bonafini, las organizaciones de los derechos humanos de los terroristas, montoneros y erpianos, con una Corte Suprema presidida por Zaffaroni e integrada por Argibay, Monner Sans y Shocklender, con medios de comunicación estatales presididos por Tenenbaum, Lanata y Bonasso. El resto de la Argentina podría conformarse con lo más árido y menos agraciado del territorio.

¿Por qué estos señores que sueñan con que el resto del país no exista, no se animan a soñar del todo? Nosotros podríamos vivir sin ellos. ¿Podrían ellos vivir sin nosotros?

El "estilo K" debe cambiar

Editorial del diario El Tribuno de Salta

La ronda de diálogo a la que convocó el Gobierno nacional a los partidos de la oposición, si realmente se concreta, podría significar un soplo de aire fresco, en un contexto político cada vez más enrarecido. Pero antes hay que tener presente que ese deterioro que hoy estamos experimentando tiene claramente su origen en el núcleo mismo de la administración. Es desde allí donde se ha generado en este último año el pesado microclima que denuncian los principales analistas, caracterizado por el aislamiento, una autosuficiencia que linda con la soberbia y crecientes manifestaciones de autoritarismo.

La acumulación de informalidades, de gestos intemperantes, de desplantes y salidas de tono han caracterizado el estilo del presidente de la Nación, con lo que se exasperan cada día más las contradicciones que agobian a nuestra comunidad. Esas actitudes recurrentes han terminado por perfilar una modalidad de conducción sectaria y personalista. Una de las más persistentes objeciones, en ese orden, es la renuencia presidencial a realizar reuniones de gabinete -en estos primeros quince meses no se ha realizado ninguna-, con lo que la marcha de la administración se ha tornado lenta y pesada, ya que las principales decisiones deben ser analizadas y aprobadas previamente por una sola persona, sin delegación alguna de responsabilidades. Este tortuoso aislamiento interno que impuso el presidente como práctica sistemática, que impide que se discutan y evalúen en conjunto las principales líneas de gestión, como ocurre en cualquier democracia moderna, ha hecho que se produzcan situaciones penosas, lindantes con el absurdo, como la de que altos funcionarios reconozcan que se enteran por los diarios de las medidas más relevantes adoptadas por el gobierno que integran.

La inexistencia, en el más alto nivel de decisión del Gobierno de ese foro de elaboración y discusión grupal de las estrategias fundamentales ha convertido a ministros y secretarios de Estado en meros transmisores de la voluntad presidencial, carentes por completo de autonomía y de capacidad de ejecución propia, incluso en los aspectos más irrelevantes de las áreas a su cargo. De esta forma pierden nivel y jerarquía no sólo los afectados sino toda la administración en su conjunto.

Los ejemplos -malos ejemplos, en realidad- se suceden. Los principales medios periodísticos argentinos y extranjeros criticaron, el miércoles último, la incómoda situación que debió atravesar Carly Fiorina, la más alta ejecutiva de Hewlett-Packard -una de las empresas más influyentes del mundo-, que debió abandonar la Casa Rosada sin poder entrevistarse con el presidente, pese a que tenía una audiencia acordada, porque éste "no tuvo tiempo" para recibirla.

Desaires gratuitos de este tipo se han vuelto una práctica habitual en el primer mandatario, y han afectado a jefes de Estado, empresarios nacionales y extranjeros e incluso al rey de España. En un mundo globalizado y cada vez más interdependiente, torpezas de esa índole es obvio que sólo redundan en desprestigio, mala voluntad generalizada y, en último término, en ausencia de las inversiones que tanta falta nos hacen para iniciar el despegue. Ese escaso apego a las buenas maneras ha sido también denunciado por un ministro que integraba el gabinete nacional hasta hace pocos días, que además acusó al primer mandatario de ejercer sistemáticamente un trato humillante con sus subordinados.

Todas estas situaciones -a las que hay que sumarle el reciente despropósito del presidente de querer adjudicarle al titular de la AMIA una presunta "mala interpretación" sobre el anuncio que él mismo realizó sobre la aparición de casetes que en verdad nunca aparecieron- no han hecho ningún favor a reencuentro de los argentinos. La vocación confrontativa y persecutoria del presidente, que todos los días encuentra un flanco nuevo para explayarse, parece haber llegado a un límite de saturación en la opinión pública.

De ahí que, si realmente se realiza la ronda de diálogo anunciada, éste deberá caracterizarse por su sinceridad. El diálogo y el consenso son elementos claves e irreemplazables en un sistema republicano. A esas dos características debe sumarse, en nuestro ordenamiento jurídico, el expreso reconocimiento constitucional de los partidos políticos, por lo que la decisión de hablar con éstos no es una graciosa concesión del Gobierno, sino una obligación inexcusable para el funcionamiento del sistema.

La pobreza, el desempleo, el desamparo de vastas áreas de la población ante la violencia, la injusta distribución del ingreso, el drama de la deuda externa y la relación con los organismos y centros financieros internacionales, entre otros temas perentorios, integran una agenda elemental que deberá consensuarse en una hipotética mesa de análisis, sin presiones, digitaciones ni exclusiones de ningún tipo. Si esto finalmente sucede, mostrará la voluntad de cambio de un gobierno que hasta ahora se ha exhibido renuente a todo tipo de negociación, y que suele descalificar con presteza cualquier opinión alternativa o disidente.

El "fundamentalismo democrático" -la puesta en práctica sólo formal de la democracia, que encubre la decisión de ejercer un poder virtualmente sin límites- es una deformación inaceptable, que no debe arraigar entre nosotros. La falta de transparencia en la toma de decisiones, el egocentrismo, el ánimo vengativo, las inquinas políticas y pases de factura sistemáticos son puntos en contra que nunca pueden ser elevados al rango de políticas oficiales.
Si alguna vez queremos ser una democracia consolidada, antes deberemos instituir una cultura política tolerante, donde quien piensa distinto sea considerado sólo un adversario, y no un enemigo a quien hay que destruir a toda costa. Nuestro pasado más reciente, con su carga de sufrimiento y retroceso, no sólo debe ser un mal recuerdo, sino un espejo doloroso en el que nunca más debemos reflejarnos.

Es la seguridad, estúpido

Por Gustavo A. Küpfer

En el mes de marzo pasado, se produjo la primera serie de hechos, en la que el gobierno nacional comenzó a verificar que el apoyo con que contaba desde el inicio de la gestión, no iba a durar para siempre. Ese mes, se inició un proceso por el cual, los "transversales ortodoxos", comienzan a correr "por izquierda" a quienes tenían como objetivo, "vivir" en la izquierda, o como se denomina en el siglo XXI, en el progresismo.

Mientras el propio presidente reconocía por lo bajo, la equivocación de acto de la ESMA y de Parque Norte, desde los Fernández (la Señora y los dos ministros desbocados) hasta los grupos radicalizados (por la violencia y no por doctrina), incluyendo a quien era el responsable de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos (G Beliz), ratificaban su identificación con los hechos delictivos de la subversión de los 70's.

Como no podía ser de otra manera e impulsado por la presión que los hechos posteriores a la muerte de Axel (Blumberg), el ex ministro Beliz presentó un grandilocuente Plan Nacional de Seguridad. Sobre esto, debemos realizar dos comentarios. Si un ministro precisa de casi once meses para presentar un plan sobre lo que será la política de su cartera, eliminemos los ministerios. Al segundo mes de haber jurado y no haber presentado su plan de trabajo y los objetivos a alcanzar, ya debió haber sido desplazado. Por otro lado, su plan no era otra cosa que una serie de proyectos que en esa fecha YA tenían estado parlamentario (o sea, eran pre-existentes a su plan), otros que eran de dudosa implementación (juicio por jurados) y muchas que aun a finales de Julio, no han sido presentados. En otras palabras, puro aire.

Ya en los últimos días, Quantin y Beliz obtuvieron un mayor centimetraje en la prensa del que ya nos habían acostumbrado. La toma de la comisaría 24ta y la no intervención para su recuperación por un lado y la inacción ante los deplorables hechos en el edificio de la Legislatura de la Ciudad, demostraron que a "zapatitos blancos", el ministerio le quedaba grande. Pero la factura, fue a Balcarce 50.

Paradójicamente, en un país en el que los gobiernos han dependido básicamente de los indicadores de la economía, y mientras esta pareciera que no está en el peor de sus momentos, la seguridad, comienza a marcar el rumbo de la estrategia presidencial.

Empieza a quebrarse el andamiaje transversal soñado por Kirchner y sus amigos, para gobernar sin la participación del PJ, a quienes hasta hace unos días, consideraban que encarnaban lo peor de la política. Especialmente, si pensaban en La Plata y alrededores. Claro que hoy, ante la incompetencia que han demostrado los operadores transversales (Verbisky, Kunkel, Eduardo Luis Duhalde, etc), urge un giro "estratégico", con vistas a las próximas elecciones. Y al 2007.

Moyano, tradicional líder sindical y que tan sólo se peleó con los gordos, por una cuestión de poder, pero no por discrepar en los medios de hacer sindicalismo, hoy es reconocido como un enlace "natural" entre las distintas tribus. Quizás, sea porque mientras por un lado, se pretenda encarrilar la causa piquetera, con los muchachos de los camiones, de manera paralela, el peronismo vuelva a mostrar que más allá de las diferencias internas y los proyectos personales, cuando es necesario, se comportan de manera homogénea y con un único e invariable objetivo: el hegemonismo del partido por sobre todo el resto.

La crisis de la seguridad, no sólo se llevó al ministro, probablemente, otros vayan a dejar sus lugares, para que el PJ vuelva. El PJ le agradece a Beliz, su incompetencia.

Gustavo A. Küpfer preside la Sección 28 de Recrear C.A.B.A.