lunes, mayo 31, 2004

La kultura y el papá de di Tella

El secretario de kultura kakista Torcuato di Tella fue centro de atención durante la semana, después de aclarar que la cultura no es una prioridad del gobierno y tampoco para él.

El escándalo fue un recurso fácil con el que di Tella distrajo la atención de otro escándalo más vergonzoso, como fue el que protagonizó en la Biblioteca Nacional soltando la mano de su director Horacio Salas, como tributo a las mafias sindicales y otros ladrones independientes. Salas, que con acierto llamó a la Biblioteca "el PAMI de la cultura" sólo había intentado hacer algo para cortar el robo permanente de material irrecuperable que descubrió. Se equivocó de gobierno al no darse cuenta de que la única ética sostenible en la era K es la del garrote.

A di Tella le gusta el papel de provocador, pero no parece ser del tipo que carece de bordes a la hora de pensar y por eso choca con las creencias arraigadas en las que se cobija el común. La provocación de di Tella parece más bien una distracción sobre su profundo conformismo, pequeñez y mediocridad. Sus bordes son claros: el ámbito de protección e impunidad que da el proclamarse marxista y, en el caso de la biblioteca, la voluntad de la mafia interna a la que no quiere siquiera hacer enojar. A los "muchachos" no los provoca, sólo lo hace con gente inofensiva. Un verdadero kakista químicamente puro.

Seguramente no estará dispuesto a explicarle a los sindicalistas su teoría respecto al beneficio que trajo a "los negritos" de la Argentina, la llegada de "blanquitos" como los di Tella que vinieron a mejorar la raza. Aunque siendo de izquierda tal vez también esté habilitado para ser racista. De otro modo le hubieran llovido las denuncias. Esa teoría (que ni a Hitler dejaría tranquilo teniendo en cuenta que los gobernantes más bestias que hemos tenido y tenemos son perfectos caras pálidas) la expuso en el programa de televisión "Boom" que conducía Eduardo Marty un par de años atrás, ante la mirada atónita de quienes participábamos en esa emisión.

Hace poco dijo di Tella que se había hecho de izquierda para oponerse a su padre en su adolescencia. En su avanzada adultez ¿por qué nos hace padecer a nosotros las consecuencias de sus traumas juveniles? Uno tiende a pensar que en esa disputa di Tella padre tendría la razón. ¡Viva di Tella padre!

Así y todo Jorge Asís tiene razón cuando dice que el secretario de cultura es lo más serio del gobierno. Si hacemos un repaso costará encontrarle un competidor apreciable.

Sin embargo, lo que el secretario de cultura llama "cultura" no tendría por qué ser prioridad. Y pensándolo bien, ni siquiera lo que cultura significa en realidad tendría que ser un asunto oficial.

Para la izquierda la cultura es un instrumento de "concientización", un ámbito para el despliegue panfletario y no un valor en sí. A la izquierda la cultura no le interesa como tal sino para torcerla y ahogarla en un mar de despropósito ideológico. Es tal la obsesión de esa facción por detener las manifestaciones espontáneas de belleza, libertad y felicidad que representa el arte, que muchas personas se convierten a su credo sólo para sobrevivir en un ambiente en el que sólo un sector se dedica a tomarlo como herramienta política.

La izquierda es enemiga del arte como expresión de belleza. Hace de lo antiestético un valor. No tiene un sentido estético distinto sino que ensalza lo horrible como una manera de disminuir el efecto de una expresión profundamente individualista como lo es la artística.

Ayn Rand definía la envidia como el odio al bien por ser bueno y la izquierda es precisamente la envidia como cosmovisión, que traslada al campo de las manifestaciones culturales.

Esta tendencia ha sido siempre una prioridad más o menos consciente para los "progres". Lo que cambió es que ahora están en el gobierno. En los países que logran dominar no existen manifestaciones culturales que no rindan culto al poder. No hay di Tellas. Los tilingos tienen reservado un lugar privilegiado sólo en el paredón.

Cultura (de verdad) y política no se llevan bien. Como manifestación de la espontaneidad de la sociedad no puede ser "fomentada" sin contradecirla, por eso es que toda iniciativa estatal sobre la materia es un despropósito. Pero se trata de un despropósito que da de comer a gente que no logra atraer con sus propuestas de otra manera que no sea recurriendo al Estado.

Si cultura es lo que una sociedad es, cualquier inducción implica intentar hacer de la sociedad algo que no es, es decir, un atentado contra la cultura.

Basta recorrer las dependencias y programas que están a cargo de la secretaría de cultura para advertir que su presupuesto está dirigido a conformar a una minoría políticamente relevante (y no económicamente relevante como cree el marxismo).

No solo la izquierda trata de hacer una "selección cultural" acorde con sus intereses. Otros las hacen de acuerdo a sus prejuicios, creyendo ser intérpretes reales de cosas tales como el "ser nacional".

Aunque no fue el sentido de las palabras de nuestro curioso secretario del área, es posible coincidir en que la cultura no debe ser una prioridad del gobierno porque ni siquiera es un asunto del gobierno. Lo es en cambio de la sociedad no política que espontáneamente se expresa cuando la dejan.

La Argentina sobre sus hombros

Nueve personas tienen sobre sus hombros la responsabilidad de decidir si la Argentina será una república o una tribu africana: Gustavo Mitchell, Julio Frondizi, Arturo Pérez Petit, Rodolfo Fossatti, Jorge Morales, Alejandro Mosquera, Mirta Tyden de Skanata, Javier Leal de Ibarra y Ernesto Wayar.

Ellos son los presidentes de las cámaras federales de todo el país que actuarán como conjueces de la Corte Suprema de Justicia para resolver el recurso de queja interpuesto por Eduardo Moliné O'Connor contra la resolución del senado de la Nación que lo destituyó como miembro del máximo tribunal del país.

Las opiniones eran claramente favorables a la apertura del recurso de queja cuando fueron convocados. El gobierno kakista ha volcado sobre ellos todo tipo de presiones y promesas de beneficios en dinero y en especies para torcer una resolución básica como es la de abrir la posibilidad de revisar un fallo del senado tan abierta y vergonzosamente arbitrario que ninguna persona relativamente responsable puede aceptar.

Estas nueve personas saben que una resolución que favorezca la repugnante política de captura de la justicia llevada a cabo por el caudillo sureño, colocaría al país definitivamente fuera de los cánones de civilización más elementales. Implicaría cruzar otro Rubicón más en el camino a la destrucción definitiva de las instituciones de la Constitución. A ese fallo sólo podría seguirle la obediencia definitiva de todos los jueces, empezando por ellos mismos, a cualquier capricho de un desequilibrado.

Moliné O'Connor fue juzgado por el contenido de sentencias que votó con otros jueces que no serán cuestionados por ser viejos o nuevos amigos de la facción gobernante. Con lo cual, aún siendo irregular y contrario al régimen republicano que la Corte sea juzgada en sus criterios jurídicos por otro poder, el verdadero motivo tampoco es el contenido de esos fallos.

Ni siquiera la condición livianamente atribuida de "menemista" (que como causal de destitución no figura aún en la Constitución) es el fundamento verdadero de la vergonzosa expulsión de este Juez. Por un lado porque las estadísticas demuestran que Menem recibió más declaraciones de inconstitucionalidad de esa Corte para sus decisiones que Raúl Alfonsín en su gobierno. Y por otro porque otros igualmente catalogados de "menemistas" como Antonio Boggiano, gozan de protección oficial, porque se mostraron dispuestos a alinearse y convalidar las posiciones oficiales en puntos centrales como el corralito y la política de persecución hacia los militares.

Por el mismo motivo tampoco el hecho de haber pertenecido a la mítica "mayoría automática", que también quedó demostrado que era un mero invento del nuevo Yabrán de la política argentina, Horacio "el perro" Verbitsky, para desprestigiar a un Tribunal que no era permeable a sus aberraciones jurídicas relacionadas con los "derechos humanos". Un estudio del Instituto Gioga de la Universidad de Buenos Aries demostró que los cinco jueces a los que Verbitsky catalogó de mayoría automática, habían votado juntos en un ínfimo número de casos. De cualquier modo la defección del señor Boggiano, convertiría a esa mayoría en la única minoritaria que se conoce y demuestra, al estar este juez ahora protegido, que ese no era el real motivo de cuestionamiento.

Lo que el arbitrario gobierno del señor K ha demostrado, sin siquiera intentar esconderlo, es que quiere lograr un poder judicial al servicio de sus propias injusticias. ¿Cuál es el margen para la dignidad de los que pretendan justificar todos estos horrores?

Tal vez pedir dignidad sea mucho. Puede que más de una de estas nueve personas estén dispuestas a engrosar la lista de bendinis de esta sociedad dormida y sean recordados como descolgadores, no ya de cuadros, sino de principios fundamentales.

El problema es que la historia sigue su curso y los hechos quedan plasmados en ella con sus nombres y apellidos. El señor K, será un episodio, pero estos jueces quedarán cuando la popularidad y poder del pingüinaje desaparezca. De hecho su popularidad ya descendió abruptamente del 70% al 46%.

Es bueno saber que entre estos nueve nombres hay varios que no han dudado un instante en cuanto a su misión institucional y que ni siquiera consideraron las ofertas o presiones que el oficialismo ejerció sobre ellos.

Impostor

Por Alfonso Ussía
ABC, Madrid
Piensen en una dictadura de derechas en América. Piensen en un artista español que actúa en aquel país dominado por la represión. Piensen que el dictador o los dictadores que ahogan la libertad de aquella nación han encerrado en la cárcel, después de juicios sin garantías, a setenta y cinco disidentes de la dictadura. Entre ellos, poetas, escritores, profesores y músicos. Piensen en la que se armaría si ese artista ofrece una rueda de prensa y afirma ante los medios de comunicación que los presos disidentes están muy bien en la cárcel. ¿Se figuran ustedes lo que se escribiría y diría por aquí? ¿Se aproximan ustedes al tono que utilizarían los gabilondos para machacar con razón, al autor de esas nauseabundas manifestaciones? Sería tildado, y con acierto, de fascista, de canalla, de cavernícola y de impostor. Pero sólo si el protagonista del escándalo es considerado un artista cercano a lo que ellos llaman la Derecha, si los dictadores son tiranos de la Derecha y los setenta y cinco presos por opinión sufren la injusticia de la cárcel por ser de izquierdas. Si sucede al revés, los gabilondos, los pancartistas, los columnistas apesebrados y demás concededores de bulas, se callan. Porque esa es la fuerza de su impostura.

En México, uno de los cantantes cubanos sacralizados por la retroprogresía, Silvio Rodríguez, ha defendido públicamente la condena y permanencia en las cárceles castristas de setenta y cinco opositores a la dictadura comunista de Fidel Castro. Para Silvio Rodríguez, todo cubano que se atreva a manifestarse contrarrevolucionario es un delincuente que merece la prisión. Después toma la guitarra y canta tonterías muy aplaudidas por los represores. Mientras canta esas tonterías, en las cárceles de Cuba penan su lucha por la libertad setenta y cinco personas que se han atrevido a exigirle a Fidel el principio de un proceso democrático para Cuba. Y a Silvio Rodríguez, al impostor de Silvio Rodríguez, al cursi elevado a los altares marxistas de Silvio Rodríguez, no se le cae la cara de vergüenza. Y lo que es más grave. Tampoco se le cae a ese sector de la cultureta que calla y otorga, y que olvida por sistema denunciar los abusos contra los derechos humanos que comete su ídolo preferido, el tirano Fidel Castro.

¿Quién se atreve a regañarle a don Silvio? ¿Recordarán los gabilondos en sus tertulias a los setenta y cinco disidentes cubanos presos por un delito de opinión? ¿Se manifestarán de acuerdo con Silvio, que los quiere en la cárcel por muchos años por haberse atrevido a poner en duda las bondades del régimen castrista? Nadie se va a atrever. Castro no invita a quienes lo critican y por ahí pululan muchos gorrones del sátrapa caribeño.

Silvio Rodríguez seguirá siendo un ídolo en España. La izquierda es muy hábil en sus silencios. Para mí, a partir de ahora, Silvio Rodríguez no será otra cosa que un trinador canalla, un impostor, un cómplice de tiranías, una mugre.

lunes, mayo 24, 2004

Liberales de verdad que no se confundían

CORRUPCION COMO ARMA POLITICA

"Es frecuente hoy en día justificar los golpes revolucionarios de inspiración comunista alegando la corrupción del gobierno atacado.

Este tipo de argumento fue sobre todo manejado por una parte de la prensa americana y por aquellos políticos que tan decisivamente apoyaron a los comunistas chinos, primero, y a las fuerzas castristas, después, en sus respectivas luchas contra los regímenes de Chang Kai-Shek y Batista, cuya corrupción se pregonó a los cuatro vientos. Pero lo cierto es que, por tal causa, cabe justificar también todo asalto comunista contra cualquier gobierno intervencionista que no deje operar libremente al mercado en un auténtico régimen de 'laissez faire'; pues, invariablemente, en todos ellos, como hemos visto, ha de haber corrupción
".

Ludwig von Mises
"La Acción Humana" (capítulo XXVIII)

Memoria del presente

La última confrontación con la que el señor K trató de reparar su ego, fue la polémica con el episcopado referida al llamado de los obispos a superar el pasado y buscar la reconciliación en el documento "Necesitamos ser Nación".

Al presidente la palabra reconciliación le suena mal. Según él no es posible sin que exista verdad y justicia y el pasado tiene que ser revisado de manera permanente. La conferencia episcopal le dio en esto razón.

Hay varios puntos a dilucidar a partir de esta polémica. El primero es ¿existe en la Argentina un conflicto entre superación del pasado y justicia?

Si eso fuera así, la conferencia episcopal hubiera polemizado con jueces o juristas, pero las reacciones fueron políticas. La justicia en un sistema republicano es un asunto exclusivo de un poder independiente, pero en materia de "derechos humanos" desde 1983 hasta la fecha, todo lo actuado estuvo impulsado, acomodado o tergiversado por la política. Los jueces actuaron siempre a partir de iniciativas políticas que paso a paso fueron abriendo caminos entre los débiles filtros de una república maltratada.

Hasta las indemnizaciones, que son un acto típicamente jurisdiccional, se deciden en el Congreso y en el Poder Ejecutivo sin que los jueces las olfateen.

De tratarse como un problema de justicia, las discusiones sobre lo ocurrido en la Argentina en la década del 70 y sus derivaciones jurídicas, serían materia de discusiones académicas y artículos en las publicaciones especializadas.

Ni siquiera los pedidos de impunidad para terroristas que hicieron organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ingresaron en la Argentina por la mesa de entradas de un Tribunal, sino que se gestionaron como una presión sobre el ex presidente de la Rúa y después sobre Duhalde.

Es acertada entonces la observación según la cual la "justicia" se ha convertido en un instrumento de la venganza. Hay más conflicto en realidad entre justicia y venganza en la Argentina que entre reconciliación y verdad.

A partir del conocimiento de los hechos podemos decir que la "verdad" invocada por el señor K está agarrada con alfileres. No es consecuencia de un calmo, ecuánime y desapasionado proceso legal (que es todo lo que el ser humano puede hacer para perseguir el valor Justicia, sin caer en crímenes de iluminados o venganzas a las que incivilizadamente se los confunde con ella).

Pero hay otro motivo más importante aún que hace de ese conflicto kakista una mascarada y es el hecho de que el pasado se ha convertido en un mero instrumento utilizado para dirimir cuestiones de poder en el presente. Es en realidad la única gama de eslóganes a las que el peligroso grupo gobernante puede recurrir como propios, diferenciándose de la banda peronista que fue su cómplice en la llegada tramposa al poder.

A diferencia de alguno de sus acólitos o de su gurú privado Horacio Verbitsky, presidente espiritual del partido transversal, no se les conoció actuación alguna en materia de "derechos humanos" durante los veinte años que precedieron a la casual llegada del kakismo ni del matrimonio K, ni del ministro De Vido ni del resto de la fauna santa cruceña. Tampoco la hubo de parte del versátil ministro Gustavo Béliz. Menos de Anibal Fernández, representante del denostado peronismo bonaerense y menos aún de Alberto Fernández, ex seguidor del nacionalista Alberto Asseff, del ex ministro Cavallo, de Eduardo Duhalde y de tantos otros ex líderes, ninguno de los cuales se relacionaba con la materia.

El único que como excepción puede exhibir algún "lauro" en el tema es el canciller Rafael Bielsa, que en años anteriores pregonaba a los cuatro vientos que las leyes de obediencia debida no podían ser derogadas ni anuladas.

Reflotar ese "pasado" que antes no los había preocupado, es para el kakismo un medio de entretenimiento popular. Este es un recurso viejo de la política: Desde las fiestas dionisíacas a los circos romanos; desde los comités de salud pública a los tribunales revolucionarios comunistas, el poder político ha utilizado el espectáculo como metodología para acrecentar o conservar el poder, relacionado muchas veces con los sacrificios, la muerte o con un justicierismo que carece por completo de relación con la idea civilizada de justicia.

Pero hay otro motivo por el cual el regodeo en la década del 70 es más actual que en la propia década del 70 (y por supuesto es hoy más importante de lo que fue en las décadas del 80 y 90) y va más allá del entretenimiento. El descabezamiento de la policía y de las fuerzas armadas es un intento de avanzar sobre las instituciones. También lo es la tacha de los jueces que no responden a la idea presidencial sobre el pasado. El principio de "no represión" permite al kakismo entrenar y fortalecer a hordas adictas a la vez que se debilita la fuerza pública. Por último, el ingreso del partido transversal del señor Verbitsky conocido como CELS en los más recónditos rincones del Estado para "velar por los derechos humanos" es una toma de espacio y una forma de asegurarse de que en todos los puestos estratégicos del estado se encuentren ubicados los leales a esa facción.

Entendido así, se ve con claridad que el pasado es un mero instrumento utilizado para dirimir cuestiones de poder del presente y para justificar el avasallamiento de las instituciones.

Las organizaciones dedicadas a la cuestión de los "derechos humanos" también intervienen en cuestiones políticas del presente. Todas ellas se pronuncian a favor de piqueteros, de Chávez, de Fidel Castro, del propio señor K y en general utilizan los cadáveres de sus parientes para defender posiciones políticas extremas, todas contrarias a la sola idea de derecho.

A este aspecto político se le suma uno económico que son los cientos de millones de dólares involucrados en mantener vivo el problema. En primer lugar los que vienen del exterior. Todos los años ingresan al país gran cantidad de recursos relacionados con los "derechos humanos", en general dedicados a violar los derechos humanos de militares retirados. Si el problema se terminara por cualquier medio, una gran cantidad de gente, toda relacionada con el gobierno, tendría que pensar seriamente en empezar a trabajar. A los cincuenta y pico debe ser complicado cambiar los hábitos.

El Estado argentino ha aportado cientos de millones de dólares para mantener viva esta "causa" y lo sigue haciendo. El Congreso acaba de votar 250 millones de pesos para hijos de desaparecidos de la ESMA. Nadie ha controlado los procedimientos por los cuales esos millones fueron y son repartidos (véase "Qué lindo es dar buenas noticias"), ni qué decir de evaluar seriamente el monto, pero digamos que la ultra izquierda en la argentina es el sector más rico de la sociedad, mientras que los militares que tienen que defenderse de ellos apenas alcanzan a sobrevivir con una jubilación paupérrima.

Cada año se descubre una nueva forma y un nuevo motivo para "indemnizar". En general inventados por el señor Verbitsky, y todos esos recursos alimentan los objetivos políticos que existen para revivir permanentemente el pasado. Nuevos ejércitos de piqueteros ricos se suman a la causa transversal, mientras buena parte de la sociedad se hace la distraída.

Por eso elegimos este tema como la síntesis política del primer año de gobierno del señor K. Constituye hoy en día el meollo de la discusión sobre el poder y del avance del gobierno sobre las instituciones.

En otros momentos podía pensarse que para resolver el presente debía resolverse el pasado, pero cada vez está más claro que para resolver el pasado, primero hay que resolver el presente.

Corrupción y Justicia

Pasó desapercibido porque en el fondo todo el mundo sabe que la sentencia contra María Julia Alsogaray fue dictada en Balcarce 50 pero a nadie le importa, pero no podemos dejar de comentar los dichos de un juez federal a la revista Día 8: "El que absuelva a María Julia tiene menos cintura política que un termotanque".

Este individuo con poder para disponer de la libertad de las personas es la peor cara de la década del 90: la delincuencia dominando la justicia federal, utilizada mediante extorsión por la izquierda para perseguir a réprobos y disidentes. Este delincuente en particular que ha perdido hasta la vergüenza y considera canchero expresar a un medio que cuando dispone absolver o condenar lo hace basado en consideraciones políticas, es sólo la expresión de una gran banda. Porque si él es un delincuente de la peor calaña, también lo son sus secretarios y sus empleados que son cómplices de sus crímenes.

Lo más dramático de la situación de la Justicia Federal (que llevó ahora a una condena ridículamente arbitraria como Maria Julia Alsogaray, víctima propiciatoria de peronistas e izquierdistas para castigar la osadía de no ser miembro pleno de la cofradía político- ideológica dominante) es que carece de arrepentidos. Desde viejos corruptos acostumbrados a la trampa y la agachada que conservarán sus cargos de jueces mientras acepten las operaciones de persecución que les proponga el ministro de justicia en nombre del presidente o el que le siga a éste, a jóvenes recién inaugurados en la vida laboral que son testigos permanentes de la podredumbre de un fuero reventado.

Señor juez (que ni cobra), tiene usted menos sentido del derecho que Hugo Moyano, menos interés por la Justicia que el gordo Valor y menos vergüenza que Silvia Süller.

Corrupción y periodismo

El periodista Joaquín Morales Solá escribió dos columnas en el diario La Nación la semana pasada referidas al conflicto entre el ministro De Vido y Elisa Carrió, al llamar ésta al primero "el cajero" de Kirchner. La acusación estaba clara: llamar cajero a un político es endilgarle el rol de recaudador de coimas.

De Vido reaccionó querellando a Carrió, pero según Solá, aunque esta señora acostumbra a hacer acusaciones sin fundamento no puede ser querellada, simplemente porque es Elisa Carrió y él la admira.

Esta es una cara compleja de la Argentina anticorrupción de los años noventa: La simbiosis entre políticos irresponsables, con pensamiento de izquierda (al que confunden con principios universales; por ej. ganar mucho está mal), asociados personalmente a periodistas que creen que el Estado debe perseguir a los malos que estos políticos señalan, y otorgar impunidad a los iluminados.

De Vido, según Solá, debió demandarla civilmente pero no querellarla. La pregunta es ¿cuál es el estándar bajo el cual eso es lo que debió hacer el ministro? De Vido tiene a su disposición, porque la ley se lo otorga, una acción civil y otra penal. Solá parece dar sentado que existe un código de lealtades superior a la ley, por el cual determinadas acciones están ahí para ser utilizadas sólo contra determinadas personas. No postula la derogación del delito de calumnias, ni siquiera como conclusión por considerar que este caso demuestre que es injusto. Simplemente cree que en este caso, tratándose de una amiga, no se lo debe usar.

En otros tiempos se acusaba a José Luis Manzano, por aquello de el que calla otorga, de no haber querellado a Horacio Verbitsky que le atribuyó la frase según la cual él robaba "para la corona".

En el segundo artículo Morales Solá se alegra de que De Vido, por orden presidencial, hubiera retirado la querella. Ni una línea dedicada a considerar si con eso el ministro admitía las acusaciones de Carrió. Pero se dio en cambio el lujo de retar al kakismo, por haber siquiera considerado actuar judicialmente contra Carrió: "Elisa Carrió no irá presa por exponer en público sus mordaces ideas. Rectificar el error es siempre un mérito, aunque el caso Carrió fue una prueba cabal de que la administración carece de frenos aun para las decisiones más desopilantes".

Patético. Ese es nuestro periodismo serio.

¿Encuestas falladas o pueblo confundido?

Por Néstor Nicolás Gómez

Se ha dado noticia de que una empresa encuestadora afirma que aún tiene Kirchner un 73% de imagen positiva. De ser tal investigación conforme a la realidad, lo que está en duda, un índice de conformidad de esa índole revelaría que el pueblo está confundido o que es de la misma laya que la de sus gobernantes, pues aprobar las bravuconadas y la política del topetazo desplegada por el presidente y por ministros que ningún país de cierto nivel los admitiría como tales, y no tener en cuenta que son más las asuntos pendientes que los resueltos, decepciona a cualquier persona que aspire al ingreso de la Nación argentina en la modernidad constructora del primer mundo y de aquellas otras que pugnan por alcanzar un status superior.

lunes, mayo 17, 2004

La celebración

En 1998 se estrenó la película "La Celebración" bajo el formato conocido como Dogma 95. Hemos hecho en El disidente comentarios de cine a pesar de no ser nuestro tema, pero éste no es el caso. Una cosa es la ficción, donde la historia tiene un sentido y otra cosa es la Argentina de Página 12.

Lo único que viene al caso en esta oportunidad es la similitud entre la obra de Thomas Witerberg y la semana de furia vivida a partir de las acciones callejeras de una ultra izquierda que goza de completa impunidad para actuar.

En la película un hijo se para en una comida que reúne a una gran familia y amigos, para denunciar a su propio padre ahí presente por haber abusado sexualmente de su hermana y de él cuando eran niños. La reacción de quienes asisten a la revelación es seguir comiendo como si nada hubiera ocurrido. Uno de los hermanos saca del lugar al protagonista para que no siga arruinando la fiesta.

El miércoles pasado las organizaciones de piqueteros duros llevaron a cabo un corte de 120 rutas en todo el país y atacaron la sede de Repsol YPF con bombas molotov. La consigna que los inspiró fueron las palabras del presidente de la Nación respecto a que las empresas petroleras extorsionaban al gobierno.

Acto seguido los sujetos que protagonizaron los hechos fueron recibidos por el Jefe de Gabinete. El ministro de Justicia afirmó que ellos "privilegian el diálogo a la represión". Pero el gobierno en realidad dialoga sólo con violentos, mientras insulta a inversores y acreedores. En el ínterin la oposición se distrae.

La izquierda argentina encaramada ahora en el poder gracias al señor Duhalde que le entregó el gobierno, destruye aceleradamente el país a pesar de ser una minoría, y el resto, al mejor estilo de los invitados a La celebración, continúa con sus discursos, con sus actividades y, de vez en cuando lanza alguna crítica catártica contra Menem, que es el único personaje al que atacan con ganas porque no se animan con ningún otro.

En aquel sector político al que alguna vez se llamó centro, otras centro derecha pero en términos homologables (diría el propio López Murphy) en todo el mundo se llamaría simplemente derecha, existe un enorme esfuerzo para negar siquiera que haya algo llamado izquierda o que si existe constituya una amenaza para ellos mismos o para el país. Admitirlo implicaría asumir una cuota grande de culpa en haber permitido por acción y omisión que tomara casi gratuitamente los resortes del poder frente a sus narices.

La parálisis que provocan los piqueteros para ellos es un problema transitorio, Cuba no es en realidad comunista, Chávez no es de izquierda sino populista, Kirchner es un fenómeno pasajero, que la Universidad de San Andrés haya sido cooptada por el CELS de Verbitsky no tiene mayor importancia, que en las universidades públicas se enseñe pura y exclusivamente marxismo es algo de lo que no saben nada, que en los colegios se les dé la visión facciosa y mentirosa de lo ocurrido en la década del 70 sostenida por Hebe de Bonafini es intrascendente, la destrucción de las fuerzas armadas no está ocurriendo (la revolución en Cuba no hubiera triunfado sin el descabezamiento de las fuerzas armadas previo), las políticas de liberación de delincuentes y justificación del delito son una cuestión "técnica", Página 12, el órgano oficial del gobierno, se asume abiertamente marxista pero el marxismo ya no existe porque "se cayó el muro de Berlín" (el lugar común más abusado de la historia).

Es decir: ¿qué necesidad hay de oponerse a la izquierda si no hay izquierda y todo el que diga que la hay es un loco o un fascista? ¡Saquemos al hijo denunciador de la fiesta y todo se arregla! Seamos "centro" y demostremos que somos mejores que los que por rechazar la maroma perversa izquierdista se llaman a sí mismos "derecha" (¡qué horreur!)

Según el Evangelio a los tibios los vomitará Dios. Pero ése debe ser un Evangelio de derecha, que no entiende la superioridad moral de los que no se juegan por nada. En el catecismo argentino, lo importante es no hacer olas y no meterse en cosas "sucias" como estar en contra de la izquierda. Ese es trabajo de "fachos".

Esa derecha renegada que padece la Argentina como su peor y más grave enfermedad, vivió la década del noventa sin comprometerse con el único intento serio de las últimas décadas por hacer de la Argentina un país en serio. Hubo errores gruesos que conspiraron contra ese propósito, pero nada comparable con el quitar el cuerpo y esconder la cabeza que practicó el sector "pulcro" de la sociedad.

El noventismo dejó de ser chic y la derecha culposa se colocó al lado de las reivindicaciones de la izquierda que no dejó de operar ni un solo instante. Bajo la cómoda máscara del purismo ese sector fue cómplice inclusive del atentado más grave a las instituciones republicanas que haya ocurrido en la historia argentina que fue el asalto a la Corte Suprema de Justicia que empezó en el gobierno de Duhalde y que Kirchner finalmente consumó. Les es difícil de explicar el contraste entre los detalles que encontraban como determinantes de su antinoventismo entusiasta y las gruesas transgresiones constitucionales del kakismo frente a las que no reaccionan.

Sobre la Corte no dijeron una sola palabra a tiempo, porque les pareció más importante no ser confundidos como "menemistas" que sostener el más elemental de todos los principios republicanos que es la independencia del Poder Judicial. La izquierda sabe, y juega muy bien con eso, que el único principio firme de la decadente derecha argentina es el snobismo.

En esta etapa en que abiertamente se defiende la Cuba de Castro, se ordena a militares que no critiquen a los montoneros, se expulsa a abogados por defender militares y se nombra a otros como funcionarios por haber pertenecido a organizaciones terroristas, se arría la bandera argentina y se iza la del Che Guevara en la ESMA, etc. etc. etc., seguir haciendo como que la izquierda no existe en plena efervescencia revolucionaria es síntoma de un monstruoso mecanismo de negación.

Durante la campaña electoral de 2003 Ricardo López Murphy hablaba de políticas homologables. En ese caso era una forma de no entrar en discusiones estériles como las que planteaba la izquierda. Se preguntaba retóricamente qué hacían el resto de los países. Qué hacían Chile, Australia, Canadá o España para no caer en el remanido caso de Estados Unidos. Con ese recurso se ponía al descubierto el ridículo de algunas de las propuestas delirantes que en ese clima de caos político estaban ganando espacio. Un recurso inteligente sin duda.

El mismo recurso habría que aplicárselo ahora a la fobia argentina por la palabra "derecha". El liberalismo es una concepción filosófica política cuya característica principal es el límite al poder. El liberalismo no es una propuesta política sino una forma de organizar la sociedad. No es liberal un país con un gobierno de liberales, sino un país en el que el Estado está acotado a su misión defensiva.

Si los términos derecha e izquierda presentan dificultades en cuanto a su precisión, el término liberal utilizado en política también las presenta. Sobre todo hoy que se usa el término ?liberal? con una amplitud tal que se lo aplica a personas que creen en cosas tan incompatibles con el liberalismo como el estado de bienestar (Ver "Desarrollo económico y estado de bienestar" por Ricardo López Murphy. La Nación 23.7.99).

Ese es el principal problema de convertir al liberalismo en mera alternativa política. En el camino al poder se lo suele entregar con toda facilidad. El liberal es un jurista, no un político, ni siquiera un economista. Se puede ser político y liberal, pero no desde el liberalismo. La política está teñida de otras cuestiones que no tienen que ver con la libertad y la política sobre todo está llena de concesiones que nada tienen que ver con el liberalismo.

En la Argentina en la que tanta gente rechaza ser caracterizada como de "derecha" y utiliza livianamente el término liberal, lo que ocurre está lejos de ser una obsesión por la precisión terminológica. Derecha e izquierda son términos equívocos, no hace falta aclararlo, pero aún así son términos homologables internacionalmente. Lavin es de derecha, Ronald Reagan fue un presidente de derecha y Margaret Thatcher fue primer ministro de derecha. Todos liberales, y ninguno se sentía ser parte del fascismo ni se creía obligado a aclararlo.

Los liberales en el mundo, por otra parte, han combatido al comunismo y a la izquierda en todos los terrenos en los que había que confrontarlos. En ese mundo en el que hay que buscar homologación no existen liberales que crean que la izquierda es un problema de otros. En la Argentina excéntrica en cambio, aún cuando es en la actualidad la más importante esperanza del marxismo desde el colapso de la Unión Soviética se quiere definir al liberalismo como el grupo que no se mete con la izquierda.

Rechazar el concepto ?derecha? como antónimo de izquierda que parece representar a la sensibilidad y la bondad, incomoda porque previamente se ha aceptado la falsa ética de ésta última. Ningún verdadero liberal cree que la izquierda siquiera roce esas virtudes, pero ocurre que los que se llaman a sí mismos liberales en la Argentina y a la vez adolecen de derechofobia, tampoco son en verdad liberales sino meros librecambistas o librempresistas, fauna de la que los pensadores liberales de verdad se han quejado siempre.

Rechazar a la derecha implica en la Argentina no querer cuestionar la base ética de la izquierda que se ha convertido por esa retirada en la única versión de moral que existe. A la Argentina no la está matando el control del precio del gas a boca de pozo, sino la creencia de que "la riqueza está mal distribuida" (algo que, vale aclarar, bastante derecha todavía cree) como si a alguno de nosotros lo que tenemos nos llegara por distribución y no por trabajo.

Sin embargo a la hora de opinar se lo hará sobre la crisis energética. A la hora de hablar de instituciones se mencionará al voto electrónico. A la hora de hablar de ética se la reducirá al control sobre las coimas. Pero de nada se tomará real dimensión, lo que quedará demostrado por la forma y la tibieza de las reacciones frente a esos problemas.

Es así que la violencia amparada por el gobierno no tuvo mayores reacciones durante la semana de furia piquetera. En el Congreso no hubo pedidos de informes, ni citación a ministros, ni mucho menos pedidos de juicio político.

Sabemos que esta oposición no quiere ser de derecha, pero ¿acaso ser "liberal" significa algo parecido para ellos a vivir en otro planeta?

Reclamos injustos

Cada vez que se produce un exceso en nombre de "reclamos sociales" lo más común entre los que critican las metodologías es decir ("reconocer") que los reclamos "son justos".

Es difícil encontrar un criterio de Justicia por el cual unas personas trabajan, obtienen un producto, el Estado les saca una parte y se las da a otras personas sin siquiera obligación de retribuir. Si a ésto se le llama justicia estamos en serios problemas.
Pero en el caso de los "reclamos sociales" que a diario exasperan a los argentinos, los convalidadores permanentes no parecen haberse tomado el trabajo siquiera de leer las proclamas.

Para el martes 17 de Mayo la CTA (Confederación de Trabajadores Argentinos) que conduce el marxista (perdonen los centristas por el lenguaje) Victor de Gennaro, anuncia una "jornada de paros y movilizaciones" en la que amedrentarán a los que pagan impuestos para mantenerlos (recuerden que a todo esto se le llama justicia) para que los que cobran esos impuestos endurezcan el torniquete un poco más. Los reclamos son: "la justa distribución del ingreso, autonomía nacional y democratización del Estado, no al aumento de tarifas, aumento salarial para todos los trabajadores, apertura de paritarias, salario universal para menores de 18 años, disolución del régimen de AFJP, rechazo al ALCA, incremento de haberes de jubilados y reapropiación de aportes de trabajadores para la Seguridad Social Pública, que con el superávit fiscal se afronten los más importantes pedidos, el fortalecimiento del proceso latinoamericano de unidad con los países del Mercosur y mayor soberanía de estas naciones en función de los intereses de los pueblos, lo que está totalmente opuesto al ALCA".

Como se ve, es difícil de este paquete afirmar que se trata de "justos reclamos" o que siquiera tengan que ver con las incumbencias de la CTA. Si vemos cualquiera de los petitorios que están detrás de los piquetes y los desmanes que el gobierno santifica como "protesta social", se trata siempre de variantes más o menos trotskystas de la misma calaña. Puras exclamaciones dialécticas para darle a su agresión a la sociedad un tinte reivindicativo. Tanto el MTA, el movimiento Teresa Rodríguez, la Corriente Clasista y Combativa y otras asociaciones ilícitas del mismo tenor utilizan listas de absurdos parecidos como motivo aparente de su accionar, y un coro de tontos útiles comentan sus acciones rechazando la metodología pero rescatando la "justicia de los reclamos".

Roberto Martino es el líder de los forajidos que intentaron incendiar la sede de Repsol YPF. Para dar vuelta la situación dijo que "Se acusa al canario porque se resiste a ser devorado por el águila". El inicio de la fuerza lo ejerce su grupo, pero hace aparecer a una empresa que no es otra cosa que una organización de personas que acumularon el fruto de su trabajo, formaron un capital y lo aplicaron convocando a otras personas a colaborar, como "águilas" agresoras. Como juego dialéctico es demasiado simple y demasiado estúpido como para seguir rindiendo resultados en una Argentina gastada de escuchar juegos dialécticos.

En el programa de Mariano Grondona después de escuchar al tal Martino decir que Repsol "se había llevado lo nuestro" (otro juego dialéctico para infradotados: Repsol COMPRO, es decir dio algo a cambio de los yacimientos y debe estar bastante arrepentida), sin embargo, la respuesta de Héctor Timerman, columnista del programa y flamante Cónsul Argentino en Nueva York fue que lo dejaba sin palabras porque tenía razón.
Acto seguido Timerman se sumó al juego dialéctico para preguntarle a Martino si no se daba cuenta de que con sus actitudes era "funcional a la derecha represora". Parecido al reproche que Alfonsín le hacía a los montoneros (en esa época no se reivindicaba a la guerrilla como hoy) de haber "provocado" la reacción de los militares. El argumento es parecido a protestar contra un asesino por causar la reacción de la víctima, pero no por el acto en sí. El asesinato, de no producir reacciones, estaría bien. Ese es el argumento implícito de Timerman: el reclamo es justo, la metodología entendible, pero "ojo que se van a enojar".

La violencia para los violentos es mala sólo en la medida en que estimula actos de defensa, a los que los violentos llaman violaciones a los derechos humanos.

¡Un 25 de Mayo diferente Chico!

Pasó desapercibido el curioso anuncio del Jefe de Gabinete Alberto Fernández en un reportaje del diario La Nación del domingo 16 de Mayo. El presidente K decidió que el festejo del 25 de Mayo se hiciera con un festival a realizarse en la Plaza de Mayo, en el que cantarán Silvio Rodríguez y Luis Eduardo Aute, quienes más allá de compartir la estrecha visión ideológica del señor K, poco tienen que ver con el 25 de Mayo teniendo en cuenta que son extranjeros.

El fin de la desregulación petrolera

Por Guillermo M. Yeatts

En un mercado desregulado, el rol del estado es permitir la libre celebración de contratos así como derogar aquellas intervenciones que interfieran en los acuerdos entre las partes. El proceso de desregulación que se llevó a cabo en nuestro país en el 1989 mediante tres decretos estableció un mercado libre para el petróleo crudo (decreto 1055/89) permitiendo la libre fijación de precios, valores de transferencia, bonificaciones y aboliendo la asignación de crudo que realizaba la Secretaría de Energía para el sector refinación y comercialización (decreto 1212/89). Finalmente, reafirmaba la libre importación y exportación de petróleo y derivados así como la eliminación de derechos y aranceles (decreto 1589/89). El objetivo de esta política era proveer mayor solidez y previsibilidad a un sector que ha sufrido inseguridad jurídica mediante intervención estatal en las decisiones empresarias incrementando el riesgo e inhibiendo el crecimiento económico de la actividad.

La actual crisis energética, cuya arista más visible es la incipiente falta de gas, se debe pura y exclusivamente a la intervención estatal en la fijación del precios tanto en gas como con el crudo. De este modo, el precio del gas en boca de pozo es actualmente en la Argentina de 0.40 centavos de dólar por millón de BTU mientras que antes de la devaluación el precio era de 1.20 centavos de dólar por millón de BTU y es en estos momentos en los Estados Unidos de 6 dólares por millón de BTU.

En el caso del crudo sucede algo similar: el PEN ha establecido que los productores deben venderle el crudo a U$S 28.50 el barril a los refinadores cuando el precio en el mercado internacional es superior a U$S 38.00 el barril. Mientras tanto, los productores tienen un crédito a su favor por la diferencia entre U$S 36.00/bbl y U$S 28.50/bbl de los refinadores. En caso de que el precio excede los U$S 36.00/bbl la diferencia debe de ser absorbida por los productores.

¿Por qué el sector hidrocarburífero acepta esta situación? Está claro que en el Congreso y el PEN existen serias dudas sobre las bondades de la desregulación y el funcionamiento del mercado energético. Asimismo, la desregulación petrolera se asienta sobre la endeble base de tres decretos sancionados en 1989 lo cual explica en gran medida la poca resistencia que el sector petrolero puede hacer ante la abierta injerencia del estado, en forma de control de precios, retenciones a la exportación, cuotas de producción, etc.

En esta situación, las petroleras y las provincias petroleras (regalías fijadas a U$S 28.50) subvencionan con el gas y los subproductos petroleros el derroche de energía para consumidores industriales, viviendas y transporte en los grandes centros urbanos (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe). Estos precios artificialmente bajos quedan claramente expuestos cuando comparamos el precio de la energía eléctrica en la Ciudad de Buenos Aires, que es de 2.9 centavos de dólar por KWH, mientras que en Brasil es de 13.2 centavos de dólar por KWH.

Todo esto ha traído como consecuencia que el PEN le exija a los productores de gas el incumplimiento de sus contratos de suministro ininterrumpible de exportación de gas a Chile para proveer al mercado interno. Asimismo, el gobierno nacional ha tenido que salir a comprar gas en Bolivia a 3 veces el precio local de 1.20 dólar el millón de BTU, cuando a los productores locales se le paga 0.40 centavos el millón de BTU. También ha decidido importar de Venezuela gas y fueloil debido a la necesidad de suministrarles combustible a las usinas eléctricas a un costo cuatro veces superior al actual. Por otra parte, está terminando de negociar un acuerdo con Brasil para la compra de electricidad a un costo que seguramente es de tres veces el doméstico.

Una vez más, los planificadores económicos creen que pueden jugar alegremente interfiriendo en el sistema de precios sin pagar las consecuencias, sin aprender las lecciones de la historia y desconociendo que todas aquellas sociedades (sobre todo las socialistas) que pretendieron hacer lo mismo se estrellaron contra la pared. Los precios son para los empresarios lo que la miel es para las abejas: son como un farol en la noche. Cuando suben, atraen a la inversión, lo cual a la postre genera una baja de los mismos. Cuando esto ocurre la luz se va apagando lo que significa que ya no es un negocio redituable y por lo tanto los empresarios no invierten para producir bienes y emigran a otros mercados. Así llega la escasez del gas a raíz del control de precios y la reducción de reservas de gas a la mitad de hace seis años por el derroche de consumo urbano y la falta de inversión por los bajos precios fijados por los zares económicos.

El nacionalismo petrolero existente durante los diez años de la presidencia de Menem no permitió reformar la ley 17.319 de Hidrocarburos, sancionada en 1967, y nunca otorgó carácter de ley a la frágil desregulación de 1989 asentada en tres decretos. Hoy experimentamos un resurgimiento de la planificación petrolera estatal que pendularmente azotó a la Argentina, donde se cuestiona y se modifica la desregulación del sector, siendo una vez más el gobierno nacional el que determina quién gana y quién pierde.

Dia de la Armada: El agua y el aceite

Por María Zaldívar

En original intento de reconocer una virtud en "persistir hasta la obstinación", un desdibujado jefe naval se dirigió a la nutrida concurrencia que esta mañana se acercó a la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires a conmemorar el Día de la Armada.

Los casi cincuenta minutos de retraso con que arribó el Presidente Kirchner no asombraron a quienes conocen y/o padecen su informalidad. Flanqueado por el Almirante Godoy y el Ministro Pampuro, saco y jopo al viento, pasó revista a las tropas formadas en su honor. Su vocero Miguel Núñez, leal legado matrimonial de la senadora Fernández, cual fiel sombra presidencial, se desplazaba al mismo paso que su jefe, de quien no despegó la mirada, siempre atento a evitar un abordaje periodístico directo. La orden es que no se repita nunca más el episodio aquel en el que un osado hombre de prensa llegó con su micrófono y, a boca de jarro, le preguntó al presidente electo Néstor Kirchner por los 600 millones de dólares de la provincia de Santa Cruz que el gobernador Néstor Kirchner había sacado del país.

Aníbal Ibarra, que había llegado con tiempo de charlar animada y apartadamente con Julio Werthein, presenció la ceremonia rodeado de uniformes militares, de pie en el centro de un palco oficial contagiado del "desprotocolo" reinante: la 1ra. fila cobijó a los jefes de la Fuerza Aérea y el Ejército, al Jefe de Gobierno porteño e, insólitamente, a Núñez quien mordía con fruición un chicle -suponemos- que ya lo acompañaba cuando se apeó del auto que lo trasladó hasta allí y que partió con él una hora después; lo que se dice un conservador.

El general Bendini se hizo presente muy temprano -al más puro estilo castrense- sin que nadie de ceremonial lo detectara. "Es que sólo lo reconocen subido al banquito" dijo un señor del público con una mezcla de sonrisa sarcástica y vergüenza ajena.

Godoy pronunció un discurso largo, atemporal, barroco y un tanto anoréxico de fibra y convicción. La poco feliz referencia a "quienes hacen realidad las utopías" fue un intento frustrado de elogiar al personal del astillero que construyó la corbeta "Gómez Roca". Que el almirante ignore que la utopía es un país imaginario inventado por Tomás Moro para titular una de sus obras no es tan grave cultural como filosóficamente. No vaya a ser que, quien encarna hoy la representación de nuestra armada, o debiera encarnarla, concentre las energías de la institución y la propia en plasmar un objetivo imaginario.

Ese resbalón quedó opacado sólo por el cierre: "El futuro nos espera. El pueblo nos contempla" dijo Godoy como negándose a admitir que el futuro también depende de su gestión de hoy y que por ella la historia le pedirá rendición de cuentas.

Y le llegó el turno al presidente. El muelle imponía su estilo. El viento no le dio resuello ni al saco ni al pelo pero el comandante en jefe de las fuerzas armadas venció con estoicismo tales contratiempos y leyó su breve discurso. Recordó la barbarie, recordó el reciente mea culpa que hiciera público el almirante Godoy y enumeró las funciones de la marina de guerra con premeditado giro literario encabezado por un elíptico "Hacer patria, significa...", listado en el que no faltó, obviamente, una expresa referencia a la mochila de los hechos aberrantes.

Un público sin fervor aplaudió mecánicamente el retiro de las autoridades. Y en la retina de la tropa formada, que bien sabe de sacrificios y de injusticias, se fijó la partida de Godoy y Kirchner juntos, última imagen de los festejos por el Día de la Armada.

lunes, mayo 10, 2004

Sobrevivir en la jungla

La acusación favorita del señor K, dentro de la amplia gama a la que nos tiene acostumbrados, es que los empresarios no han hecho las inversiones necesarias en ningún área. Se puede decir que inauguró la creencia, con la que conviviremos muchos años, de que las inversiones se realizan cuando los políticos vigilan a los que tienen los recursos.

Con un gobierno que los acusa de extorsión por pedir que se descongele un precio (no hay país en serio que congele precios), y una bochornosa "audiencia pública" en la que debía discutirse el problema, a la que un puñado de violentos impidió funcionar, lo asombroso en verdad es que los empresarios que quedan en la Argentina no hagan las valijas, las llenen de dinero y se vayan del país.

Por supuesto, en el mundo hay empresarios aguerridos acostumbrados a tratar con salvajes. Hay empresas en Libia y las hay en Cuba. En general son empresarios que saben cómo tratar con patoteros y con gobernantes resentidos. Entienden que en general los bravucones con poder arreglan por debajo de la mesa. Cuanto más bravuconadas más quieren. Y en los casos en que no buscan dinero, buscan otros beneficios como ser curados en su ego herido por algún conflicto prematuro con mamá y papá.

El resultado de esta simbiosis entre salvajes y aventureros, es que terminan confirmando la leyenda inicial de que los empresarios son malos y los militantes alienados que interrumpen audiencias públicas, acompañados por diputados o "defensores del pueblo" apurados por demostrar que son los mejores representantes de los violentos, son los buenos; que el mundo empresario es corrupto, y el político la salvación; que el afán de lucro empobrece al hombre común y el afán de poder lo enriquece.

El árbol no deja ver el bosque: el contexto político e institucional selecciona a los "mejores" para sobrevivir en él. Un país lleno de regulaciones con un gobierno que hace lo que quiere, dice lo que quiere, agrede y siempre define los dilemas morales al revés, tiene sólo aventureros en el rol de empresarios, o expertos en zafar de la estupidez estatal, o retorcidos personajes hábiles para detectar la trampa o generarla. En el mejor de los casos lo que tiene por empresarios y líderes en general es a personas con alta tolerancia a la burocracia, algo que resulta una pérdida de energía imposible de medir.

Mientras tanto quedan en el camino una cantidad importante de potenciales inversores, empezando por los propios argentinos que se resguardan de sus gobiernos "en serio" llevando sus dineros afuera y siguiendo con personas normales no acostumbradas a tratar con personas como los Fernández o el propio matrimonio presidencial.

También ocurre que los países tienen períodos en los cuales trabajar, invertir y ganar está bien visto y otro tipo de empresarios entran a tejer. Cuando esos períodos terminan, algunos de esos empresarios quedan atrapados para que los salvajes puedan divertirse con ellos y sentirse superiores a su ostensible inferioridad mental y moral.

En ese cambio los empresarios más civilizados quedan en inferioridad de condiciones, carecen de capacidad de respuesta y se retraen. Las casas matrices en el exterior de las empresas multinacionales producen los cambios adecuados. Sacan a sus jugadores racionales y los reemplazan por otros más rudos y lábiles.

Algo parecido ocurre en la política. Las reglas de juego seleccionan. El problema no es por cierto la lista sábana que se ha convertido en realidad en una forma de evadir la verdadera cuestión. El origen se encuentra en realidad en el Estado repartidor. De ambos lados del mostrador, en el poder y en la clientela ese Estado corrompe y hace desaparecer a los políticos que creen en el respeto al que trabaja, ahorra, invierte y en general se desempeña en la vida sin someter a sus semejantes.

El efecto de la hostilidad del ambiente tanto en la política como en el mercado es un deterioro creciente de la calidad y una sociedad frustrada que ve crecer a los oportunistas e interpreta que ha tenido muy mala suerte en el reparto de dirigentes. Busca entonces otros nuevos (el viejo, gastado e inútil recurso a "nuevas formas de hacer política") que se comporten como carmelitas descalzas en medio de la selva.

El señor K es un experto en acelerar este proceso lanzando mensajes de amenaza al capital cada vez que tiene un micrófono cerca. A la larga cualquier individuo preocupado por producir mejorando la calidad y con mayor eficiencia será barrido. El que pierde es el consumidor que tal vez sea también el que aplaude las peores muestras de resentimiento que exhibe el poder.

Los amigos tienen permiso

La revista Noticias relata los problemas que se supone enfrenta el señor Jorge Lanata para volver a la televisión por no contar con la necesaria venia del gobierno.

En el programa radial ?Generaciones en conflicto?, su conductora la periodista Viviana Gorbato confrontó al Jefe de Gabinete Alberto Fernández con la versión de Lanata según la cual en América le indicaron que el Gobierno lo vetaba para volver a la televisión. La respuesta de Fernández fue: ?Definitivamente no creo en esas expresiones de Jorge Lanata, porque Lanata es un amigo nuestro. Efectivamente nos contó que en América le dijeron eso y en el acto llamé a América recriminando lo que habían dicho. Y no solamente hice eso. Le recriminé severamente a América porque Jorge Lanata es un amigo nuestro, es un tipo al que consideramos mucho, y amigo en el mejor sentido, y no en otros términos que no sea de un tipo respetado por parte nuestra... no solamente llamé a América y me quejé por lo que había pasado con el señor Ávila, sino que además le ofrecí a Jorge Lanata ir a canal 7?

Lanata a su vez contó que Fernández le dijo: ?Con vos no hay ningún problema Jorge, sería una pena que no estuvieras en el aire?. Para reafirmar la aprobación, Fernández le ofreció un espacio en el canal oficial que dirige la mujer del montonero Miguel Bonasso, que Lanata no aceptó porque, dice, no quiere trabajar para el Estado (la publicidad oficial no la rechaza, lo que tal vez no le convenza tanto es el paupérrimo desempeño en rating del canal estatal).

La respuesta que ofrece el oficialismo alarma más que el episodio en sí. Lejos de la respuesta correcta acorde con la libertad de prensa que nuestra Constitución garantiza (que sería: ?nosotros no vetamos a nadie, carecemos de poder para hacerlo. Si lo tuviéramos no lo utilizaríamos así jamás?) lo que alega Fernández, a modo de confesión es: ?A vos Jorge no te bajamos el pulgar porque sos amigo; tan amigo como para que te ofrezcamos un lugar en el canal estatal, lo que lleva implícito el criterio con el que se reparten estos espacios?.

Los dichos de Fernández a la luz de la doctrina penal serían tomados como una confesión calificada, es decir aquella en la que el imputado responde negando un aspecto de lo que se le endilga que no constituye el meollo de lo que se le reprocha, que implícitamente es reconocido.

Claro, ni Lanata ni Noticias creen del todo las palabras de Fernández, pero asumen igual que él que el problema sería censurar a este individuo y no la censura en sí.

Noticias no indaga respecto a con quién sí ?hay problemas? en los despachos oficiales y quienes no sería una pena, a ojos del kakismo, que no estuvieran en el aire.

Si nos quedamos con el episodio Lanata el asunto no vale mucho para ser analizado. Sobre todo porque no está claro si todo esto no es más que una puja comercial entre la producción de ?Día D? y el solícito canal América y si el quebrado Lanata que le debe plata al canal, no está inventando un conflicto que lo coloque en mejor posición para negociar, como afirma el señor Avila.

Aún así, el hecho de que Fernández ?apruebe? a Lanata y además lo haga fundado en amistad, implica que asume que es su privilegio hacerlo, así como eventualmente desaprobarlo. El mero llamado a Carlos Avila recriminándole, como quien reta a un empleado, el haber dicho que el periodista estaba vetado, es un signo del férreo control de la prensa que las necesidades financieras de los canales y la falta de escrúpulos kakistas imponen.

Lanata no reclama tampoco libertad para todo el mundo, sino sólo su espacio. Se da el lujo de despotricar contra Mariano Grondona y Neustadt, al que llama ?el tío Bernardo?, basado en el hecho de que son ?reaccionarios? (?contrarrevolucionarios? les dicen en los países totalitarios antes de mandarlos al paredón o al Gulag). Como muchos miembros de la corporación periodística asociada al poder en estos días, da por sentado que el periodismo que no es de izquierda no merece un lugar. Lanata, haciendo honor a un izquierdismo del mismo género que el de sus censores, no le concede ningún valor al pluralismo.

Si algo caracteriza a la Argentina es la obstinada negativa a aprender de la experiencia. Miami está plagada de cubanos que formaron parte del régimen que esclaviza a su país y que mientras gozaban del beneplácito oficial hacían gala de un comunismo muy consecuente. Cuando cayeron en desgracia, al menos aprendieron. Hubiera sido más noble que lo hicieran cuando eran favoritos, pero para los parámetros argentinos el hecho de que alguien aprenda algo en algún momento es todo un prodigio digno de ser destacado.

Lanata en cambio no hace más que demostrar que es tal la intolerancia de la izquierda argentina que ni aún ante la perspectiva de que la persecución comience a tener efecto entre ellos, encuentran motivos suficientes para reaccionar.

Aunque parezca un desequilibrio insalvable desde una posición liberal (que es algo más que defender la propia libertad porque eso lo hacen hasta los más acérrimos colectivistas) se deberá seguir defendiendo la libertad de una persona con un pensamiento como el de Lanata a opinar así como el derecho de los canales de televisión a elegir como les plazca sus contenidos periodísticos, sin que ello implique premios ni castigos con la publicidad oficial. El motivo para tal amplitud no está en la absurda frase de Voltaire respecto a que hubiera dado la vida para que quien piensa distinto lo pudiera expresar. El motivo es más mundano, más concreto y más sólido: La libertad del otro garantiza la propia; la opinión del otro aumenta la oferta de ideas y por tanto mejora las posibilidades de acertar.


INSTRUCCIONES PARA CONSERVAR LA TEMPERATURA CORPORAL

(hay que pasar el invierno).
Anónimo



-Diariamente coma locro con chucrut y chorizo colorado a la pimienta.

-Beba menos agua. Todas las mañanas saboree una copita de anticongelante.

-Balancee al perro: Cuelgue al perro del techo con una soga y déjelo así suspendido las 24 horas, empujándolo de tanto en tanto para que se balancee de uno a otro lado de la habitación. Los perros tienen una temperatura corporal normal de 39 grados, por lo cual su rebalanceo constante provocará la calefacción del dormitorio todo.

-Queme en la salamandra todos los artículos viejos e inútiles que tenga en su hogar, por ejemplo, la Constitución nacional, los códigos civil y penal y el manual de instrucción cívica. Si bien la abuelita, por su edad, posee una elevada concentración de carbono 14, le sugerimos abstenerse de prenderle fuego.

-Duerma con sus vecinas y secretarias. Esto contribuye a elevar considerablemente la temperatura ambiental, sin necesidad de recurrir a calefacción adicional.

-Tome mate familiar colocando varias bombillas en una pelela. Si los integrantes de la familia son muchos, utilice una chata.

-Para preparar infusiones y pucheros, emplee el agua del radiador del auto recién utilizado en las calles en horarios pico.

-Báñese una vez por semana, empleando otra vez el recurso de hacerlo con vecinas y secretarias.

-Deje de respirar durante intervalos de dos a cuatro minutos. El aliento se despide con 36 grados centígrados, por lo cual, si usted lo conserva más tiempo en su interior, necesitará disponer de menor calefacción adicional para calentar su cuerpo.

-Retenga la orina durante 12 horas, con igual fundamentación fisiológica del caso anterior.

-Por la noche duerma sobre la ropa recién lavada y secada al sol. De esta manera, por la madrugada sus prendas lucirán lisas y habrá evitado utilizar la plancha.

-Evite el tostador. Prepare las tostadas con una lente de aumento. Compre una lupa de laboratorio y colóquela a las cinco de todas las madrugadas, en el balcón de su departamento, orientándola al naciente, situando la rebanada de pan por detrás, de manera que a las nueve de la mañana obtenga memorables tostadas. Recuerde que las rebanadas de pan comienzan a echar humo recién a las tres horas (del día siguiente, de la próxima semana). Si usted vive en Ushuaia o en la Antártida le recomendamos cancelar la lupa y utilizar un microscopio electrónico de barrido, de alta resolución (o en su defecto un soplete).

-Mire noticiosos nacionales y lea todos los diarios. Esto contribuye a hacerlo calentar.

-Utilice ascensores, pasillos y escaleras, para procrear la especie.

- - PROVOQUE CALENTURAS:
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- - En su casa, en la calle o en el trabajo y la oficina, sea contencioso e irrespetuoso. Inicie rencillas familiares o vecinales. Insulte a desconocidos. Patee en el culo a su suegra, sin previo aviso. Por ejemplo, si usted es hincha de River y conoce vecinos hinchas de Boca (o viceversa) putéelos y mándelos a cagar, mostrándole a un mismo tiempo su camiseta.
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- - Para comenzar el día, despierte a Martha, su esposa, con un beso, diciéndole: ¡Hola corazón, amor, cielito, coshita de papá, cariño, Mónica, despertate, Mónica, mi amooor!!! (y prepare el matafuegos).

lunes, mayo 03, 2004

Habrá que pasar el invierno

La campaña de amenazas a los consumidores llamada por el gobierno “Plan Energético” comenzó a necesitar excepciones. El castigo al que no ahorre más de un 5% respecto de su consumo del año pasado implica, además de un mayor costo, una enorme pérdida de tiempo de los consumidores midiendo cosas que no puede medir y sin saber si el clima será más frío o no que el del año anterior y sería inaplicable para inquilinos y nuevos propietarios que tendrían que ser medidos en su “conducta energética” en base a consumos ajenos.

Lo único que está tratando de evitar el gobierno del señor K con este engorroso mecanismo que ya debió emparchar, es recurrir al más viejo y hasta ahora nunca superado mecanismo de regulación de la escasez que es el precio (libre, aunque sólo es precio si es libre). El mismo precio cuyo congelamiento demagógico provocó este problema. En lugar de eso que los haría asumir el gran problema que le están causando al país, una vez más el oficialismo pone como prioritario el cuidado de su imagen y como secundario el problema que debe solucionar.

El precio resume las prioridades de consumo, de manera que en lugar de (intentar) obligar a todo el mundo a ahorrar por igual una cantidad física determinada cuando no dispone siquiera de una metodología certera para hacerlo, el precio concentra el consumo en aquellos que tienen mayores motivos para consumir, que lo demuestran al estar dispuestos a asumir mayores costos. A la vez un precio que refleje el problema en el que estamos es un atractivo para la inversión, lo que a la larga consigue que aumente la producción y por tanto consumidores menos prioritarios puedan incorporarse. Dejando que el producto tenga el precio adecuado, los consumidores sabrán que hacer y cualquier cosa que hagan encontrará respuesta.

Este simple mecanismo que un gobierno cavernícola como el que nos legó Eduardo Duhalde se niega a implementar, no requiere averiguar si el inmueble ya no pertenece al consumidor del año pasado, ni montar oficinas de excepciones, ni el gasto en millonarias solicitadas, ni el lobby para que los amigos del poder no sean castigados, ni la cara de asentadera del Jefe de Gabinete retando a la población. Una simple adaptación del precio del gas a la realidad haría innecesario malgastar el ingenio local en mejores trampas a un sistema tan estúpido.

Otro absurdo que escapó a los análisis es el de dar “prioridad al consumo nacional”. El precio libre solucionaría por completo cualquier chispazo pseudo-nacionalista con Chile, y nos ahorraría tanto el viaje del piquetero itinerante Luis D’Elía a Bolivia como la necesidad de importación de combustibles.

Para sorpresa de muchos Julio Ramos en Hora Clave opinó a favor de la gestión K en la materia quitándole responsabilidad, con argumentos tales como que los protocolos son algo menos importante que un tratado y que a diferencia de éstos no deben ser cumplidos. Se compró así la perorata formalista propia de abogados chicaneros que emite nuestra Cancillería y la Jefatura de de Gabinete, que se basa en acordarse tarde de si debió o no ser ratificado, lo que no siempre es necesario y sólo un país de mala fe recordaría luego de haber estado varios años cumpliendo lo convenido.

Según Ramos las reservas de gas de la Argentina serían menores a las calculadas y en consecuencia el protocolo al que Chile habría forzado a Menem a firmar (argumento propio de quienes dicen que el mundo endeudó a la Argentina) no puede cumplirse. A esto le sumó que Chile se ve en esta situación por negarse a dar a Bolivia una salida al mar, lo que le permitiría comprar gas en ese país.

Una argumentación similar impulsó al señor Taylor a bendecir lo hecho por K en materia energética. Ahora bien, más allá de los objetivos de la inoperante burocracia del Departamento de Estado y su pensamiento mágico respecto a Latinoamérica, que haga que tal vez crean que el marxismo creciente en Bolivia tiene origen en la falta de salida al mar, el argumento no tiene sentido.

La argucia “legal” según el cual las empresas debieron prever que por ley debían primero abastecer al mercado interno tampoco resiste mucho análisis. En primer lugar porque tal obligación “legal” es completamente inconstitucional, pues dispone del patrimonio de las empresas (art. 17 de la CN) y atenta contra la libertad de comercio (art. 14 de la CN), es además económicamente irrelevante porque a precios libres ambos mercados se abastecen en términos relativos y, por último, esa arbitrariedad legal se convierte en exorbitante cuando se le suma un precio congelado.

Si las reservas disminuyen, un precio libre simplemente aumenta. La decisión de Chile de seguir importando o no gas de la Argentina hubiera sido una consecuencia natural y económica de esa mayor escasez reflejada en el precio. ¿Hasta qué punto hubiera seguido Chile importando el gas argentino?: Hasta el punto en que el precio lo hiciera aconsejable. ¿Hasta qué punto la Argentina hubiera consumido el propio gas en lugar de exportarlo? Hasta el punto en que el precio que podía obtener en el exterior por él fuera más rentable que ese consumo interno. Por supuesto que congelado el precio interno frente al precio libre y de mercado en el exterior, a las empresas les conviene exportar y desabastecer al mercado interno, la rentabilidad que tienen se concentra ahí, pero la diferencia fue creada por el gobierno.

Pero en lugar de eso la forma en que un mandamás de un país bananero prefiere manejar una crisis energética está llena de actos de autoridad y declamaciones nacionalistas. Ese espíritu primitivo lleva a los actos de racionamiento. Así como existe el racionamiento en los países comunistas donde también se quieren evadir los precios como mecanismo de distribución y la pobreza es cada vez mayor, el kakismo admirador de Cuba, inauguró su propio sistema de racionamiento patoteril: Establece un precio de despilfarro y luego le aplica el garrote al que no ahorra.

De visita al doctor

El viaje del señor K a los Estados Unidos donde se le negó una entrevista con un presidente Bush algo cansado de que sus gestos de generosidad no sean correspondidos por el gobierno argentino, no parece tener otro fin que no sea la visita a un médico que lo examine por su dolencia gástrica.

La agenda presidencial, luego de fracasadas gestiones para tener un encuentro con alguna autoridad norteamericana, tiene como prioridad el recibir una distinción del Comité Judío Norteamericano por haber abierto los archivos referidos a los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA (abierto más, para ser más precisos, porque todos los gobiernos anteriores abrieron archivos sobre la materia y fueron igualmente felicitados, sin haber logrado muchos avances). El resto es una entrevista con el New York Times, un almuerzo con 18 personas en el Waldorf Astoria y una reunión con Paul Krugman. Es decir, nada que justifique un viaje presidencial con una numerosa comitiva, en medio de una crisis energética y de seguridad como nunca la tuvo el país en su historia. Peor aún si el señor K es sometido a la humillación de no ser recibido y de múltiples mensajes de la Casa Blanca aclarando por qué no se lo recibe.

El adelanto en el viaje de doña Cristina K que ya partió para el norte, puede no estar relacionado con necesidad de hacer compras como uno se tienta a interpretar, sino a efectuar los arreglos para esa consulta médica con total discreción.

El problema es si sabemos todo lo que debemos saber sobre la salud del presidente. El episodio de Semana Santa se había dado por superado. ¿Qué motivo podría justificar un despliegue semejante para esconder una consulta médica?

No se trata éste de un asunto privado o político del presidente de la Nación, sino de una cuestión institucional que afecta al país. La falta de información no ayuda en ese sentido sino que agrava las cosas.

Fallos y fallas

El Juez Federal Claudio Bonadío batió todos los records de adaptación a las nuevas olas ideológicas. Antes catalogado como Juez menemista, ahora dicta resoluciones en las que deja sentado que están inspiradas en el deseo de no contradecir las políticas oficiales.

Fue el caso en el que se negó a ordenar el desalojo de un predio del Organismo Nacional de Bienes del Estado ocupado ilegalmente por sesenta familias.

En los fundamentos de su negativa el juez señaló que el señor K "ha demostrado tolerancia y ánimo de conciliación en problemáticas socio-económicas planteadas por movimientos y asociaciones político-sociales, y constituye una política de Estado la solución pacífica de las controversias de índole social. Sin embargo, de manera contraria a la política de Estado que pareciera imperar, él es quien reclama en autos la restitución de terrenos fiscales, acción con la que judicializa una problemática social".

El juez no sólo se creyó realmente que hacer demagogia es actuar contra la pobreza (cuando el gobierno se niega a bajar el gasto y los impuestos que es la única arma real para combatir la pobreza que tiene), sino que sienta su adhesión a esas políticas y suspende la vigencia del código penal que además de castigar la usurpación lo obliga a restituir el bien.

En este caso será un bien estatal, pero el principio ha sido violado para todos y el hecho de que sea público tampoco lo autoriza. Acreedores por derechos no ilusorios como el de “tener una vivienda digna” (que además requiere violar derechos de otros para otorgarlo) como los despojados en el corralito, no pueden cobrarse de la manera en que el doctor Bonadío parece entender que pueden “cobrarse” estas familias.

El problema de fondo es el daño que el concepto de “derechos sociales” ha hecho, en detrimento de los derechos de propiedad que son los que nos sacan de la pobreza.

El Juez Bonadío ni siquiera se hace cargo de las consecuencias de su resolución. Es decir, no “restituye” el “derecho a la vivienda” de estas personas, ni asume que no tiene los medios porque debería violar derechos de terceros, sino que transfiere la obligación de hacer magia al ministerio de Acción Social y al Gobierno de la Ciudad.

Los derechos individuales, los únicos que existen y que pueden convivir unos con otros sin entrar en conflicto, son sinónimo de libertades. Toda persona tiene derecho a comerciar, a enseñar, a entrar y salir del país (tal vez deberíamos utilizar el pretérito). Pero cuando pasamos al terreno de los llamados derechos sociales, alguien, indeterminado en principio pero determinado a la hora ponerlos en acto, será privado de algún derecho real, para otorgar el beneficio. ¿Quién provee el terreno, quién construye la vivienda y quién la paga cuando se reconoce “el derecho a una vivienda digna”?: Alguien. Será en definitiva el Estado quien decida quién, avanzando sobre los derechos de otros. Los derechos reales limitan al estado, los derechos “sociales” lo desatan y lo legitiman en sus peores atrocidades.

Alberdi saltaría de su tumba si leyera la interpretación a favor del horrendo fallo del señor Bonadío que hizo el doctor Sabsay, permanente aspirante a la Corte, cuya actuación pública comenzó justificando los actos de la Alianza y ahora asesora al interventor en Santiago del Estero.

La reacción de Aníbal Ibarra, uno de los “obligados” por Bonadío a hacer efectivo el “derecho a la vivienda” pone en evidencia las hipocresías del sistema. Ibarra, uno de los promotores y defensores de las tomas de fábricas tan de moda en el país y subsidiadas por la propia municipalidad, puso el grito en el cielo ante la “orden” de Bonadío. Como creyente y defensor de los “derechos sociales” debería haberla recibido con alegría.

El problema es que Ibarra, como todos los “derecho-socialistas” saben que por más derechos que coloquen en la Constitución, la escasez seguirá existiendo y por tanto el reparto demagógico dejará afuera a mucha gente, convirtiéndose nada más que en un instrumento para beneficiar a favoritos a costa del resto. Lo no admisible para un demagogo es que el “derecho social” sea para todos, porque en ese caso su demagogia no valdría un centavo. La llave de quién recibe y quién no, la deben conservar ellos.

Los “planes sociales” y los repartos en general valen, como cualquier bien o servicio, sólo en la medida en que escaseen relativamente. Es decir, en la medida en que sea mentira que alcanzan a todos. De ahí las palabras duras de Ibarra con Bonadío siendo él un defensor de las usurpaciones:

"Estos fallos alientan la situación de usurpación, de ilegalidad… Pretender desde un escritorio judicial aparecer como benefactor social es muy fácil".

No es más fácil que hacerlo desde un despacho de intendente.

El periodismo amarillo y una sentencia ejemplar

Editorial de El Tribuno de Salta


La Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Salta condenó a Canal 13, de Buenos Aires, a pagar $ 250.000 en concepto de daño moral y material a los propietarios de la empresa de turismo TEA, de nuestra ciudad, afectados por su programa "Telenoche investiga".


En noviembre de 1996, bajo el título "Con los niños No", y conducido por los periodistas María Laura Santillán y Juan Miceli, pusieron al aire una supuesta "investigación" que denunciaba la existencia en Salta de una vasta red delictiva que promovía la explotación sexual de menores de edad, con la complicidad y cobertura de la nombrada agencia de turismo.

Planteada la querella por parte de los afectados, Juan Martín Barrantes, Teresa Molina de Barrantes y Antonio Pastrana, la investigación judicial determinó, ocho años después, que aquella filmación que vieron millones de espectadores "fue armada", es decir inventada.

Los testimonios recogidos demostraron la inexistencia del hecho que pretendió hacer aparecer como auténtico el canal porteño.

El director del programa, Juan Miceli, admitió en su declaración en la causa que no existía ninguna filmación en la que aparecieran menores de edad. Miceli, que junto a Santillán aún se desempeña en Canal 13, confesó también que tampoco existía una filmación en las fincas salteñas que supuestamente se alquilaban para realizar "fiestas" con niñas.

La sentencia puntualiza que los periodistas "investigadores" filmaron a una mujer disfrazada como si fuera una nena pero que, en realidad, ésta tenía entonces 19 años. Entre otros conceptos lapidarios, considera que "los periodistas trataron de mostrar lo que habían predeterminado como noticia, con total menosprecio por la honra y los sentimientos de las personas que involucraban, distorsionando la realidad e inventando la existencia de una explotación organizada de turismo sexual".

El Tribuno, en aquellos días, realizó su propia investigación, que fue publicada el 19 de noviembre de 1996 y llegó a idénticas conclusiones que la Justicia: todo había sido un inmenso fraude, una estafa con formato periodístico.

"La arrogancia, la falta de ética, el espíritu sensacionalista, la ausencia de profesionalismo, el afán de conquistar audiencia a toda costa y la irresponsabilidad como norma de trabajo se dieron la mano, entonces, para enlodar, agraviar y mortificar de la manera más perversa e injusta, apelando a los recursos más sórdidos, el buen nombre, honor y trayectoria de una empresa salteña y sus propietarios; en definitiva, a toda nuestra comunidad"

¿Dedicarán idéntico espacio los editores de "Telenoche Investiga" para admitir sus responsabilidades en el fraude? ¿Tomarán alguna medida contra los responsables de aquella "investigación", que aún conducen importantes espacios en ese canal?

Capítulo aparte en esa trama malvada merece la actuación de los jueces de primera instancia que actuaron en este proceso judicial - concretamente, las instancias previas a la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial-Sala I, cuyo fallo comentamos - que demoraron como se dijo, casi ocho años en dar forma a la causa. "Justicia tardía no es justicia", afirma con razón el dicho popular.

Pese a todo, una sentencia, ejemplar por sus fundamentos y consistencia jurídica, puso las cosas en su lugar y vino a demostrar que no todo está perdido en un ámbito que, como lo exigieron los miles de asistentes a la segunda convocatoria de Juan Carlos Blumberg, en Buenos Aires, requiere una reforma de fondo en sus procedimientos y formas de trabajar.