lunes, marzo 29, 2004

24 de marzo: Recuerdos del golpe que derrocó a la Triple A

La pelea de peluquería (como la llamaría luego Anibal Fernández) ocurrida en el Congreso del Partido Justicialista puso en evidencia las tensiones fabricadas por el señor K desde su llegada al poder. Resulta difícil analizar en términos políticos la división montoneros versus anti montoneros que se perfila en el PJ treinta años después de que acontecieran los hechos que dieron lugar a esa división. La psicología parece ser una ciencia más apropiada para analizar el deseo K de revivir la historia.

Pero aún desde el desequilibrio no puede explicarse todo, porque las patologías psicológicas no se contagian, al menos no como los virus. Lo que pone en evidencia en realidad esto de que la irracionalidad total se haya adueñado del sillón de Rivadavia casi por casualidad y como consecuencia entre otra pelea digna de peluquería entre Duhalde y Menem, es que todo el andamiaje político institucional del país es capaz de responder a cualquier línea política o inclusive a cualquier capricho lanzado desde la cima única del poder que es la presidencia de la Nación. La “caja”, el manejo de dinero público que se logra con la sola firma presidencial, el reparto de presupuesto, logra que de inmediato jueces y legisladores puedan volcarse a la derecha, a la izquierda, al centro o hacia el manicomio. La obediencia debida del sistema político a aquél que les da de comer llegó a límites nunca antes traspasados. Las instituciones políticas en consecuencia no existen. Son sólo una cáscara que justifica sueldos.

Revolver el pasado del modo en que lo revuelve el señor K sólo puede ser calificado de locura, máxime por el intento de reivindicación del terrorismo que ha provocado que tradicionales moderados como Morales Solá lo hayan calificado en duros términos o que la señora Carrió se haya sentido en la necesidad de recordar que matar para imponer el terrorismo de estado en la Argentina, como querían los montoneros, no es un signo de idealismo sino de salvajismo. Ni Alfonsín puede considerarse incluido en esta remake trasnochada de avejentados revolucionarios.

Dentro del espectáculo circense que el kakismo montó en Buenos Aires la semana pasada para rememorar la caída del gobierno de la Triple A (por cierto olvidaron invitar a los líderes de la Triple A derrocados el 24 de marzo de 1976), la parte más entusiasta fue la pictórica, con el “descuelgue” de cuadros de los generales Videla y Bignone. El pobre señor Bendini fue condenado a pasar a la historia por caer todo lo bajo que puede caer una persona para conservar su cargo, pero nadie advirtió que el irascible señor K no se atrevió a ejecutar por sí mismo el acto de agravio gratuito que ordenó realizar a sus subordinados. ¿Temía el señor K ser recordado como descolgador de cuadros? Quedará la duda para la posteridad.

Cuál es el próximo paso para compensar estos “veinte años en los que no se hizo nada” (aunque a los demás pueda parecernos que se ocuparon “too much” como diría Cristina) no puede anticiparse. No hay disparate que uno pueda decir que no se hará. El asunto es cuánto tiempo más durará la estrategia de agitación permanente con la que el gobierno mantiene entretenido a su público. Lo que está claro es que resistencia apreciable no habrá jamás y que muchos uniformados estarían dispuestos a entregar a sus mujeres por conservar lo poco que les queda.

La Pasión, una visión disidente

Es la segunda vez que en El disidente nos vemos tentados a comentar cine. Con el debido perdón a los expertos en la materia, la controversia despertada por la nueva producción de Mel Gibson excede por completo lo cinematográfico y reaviva conflictos reales o ficticios que van mucho más allá de su contenido. Al menos esta vez no será relevante que cometamos el atrevimiento de comentar el final.

¿Puede ser catalogada de antisemita una película en la que tanto los malos como los buenos son judíos? Haría falta una interpretación retorcida y hasta diría deformada de los acontecimientos relativos a la muerte de Cristo para justificar sentimientos semejantes a partir de esta película o de cualquier interpretación de la historia.

Nada en el relato de Gibson es novedoso en cuanto a los acontecimientos en comparación con otras producciones anteriores, pero aquéllas no fueron señaladas como antisemitas.

El Sanedrín se siente amenazado con la aparición de un personaje que presenta valores y los expresa sin ser filtrados porque no forma parte del establishment. Jesús es un peligro para el mantenimiento del statu quo mucho más que un cuestionador de los fundamentos de la religión judía.

Algo parecido ocurre con cualquier poder anquilosado, incluida la Iglesia Católica. Todo poder consolidado percibe como enemigos a quienes muestran un espíritu independiente porque carecen de compromisos y generan la atención de sus semejantes sobre los vicios acumulados.

Poncio Pilatos trata de desentenderse de su responsabilidad ante las presiones del poder informal. Una horda es arrastrada a denostar a un débil y elegir al fuerte. Vox populi, no parece ser vox Dei.

Es decir, nada nuevo, la historia misma de la humanidad representada en una historia.

Algunos individuos como la mujer del propio Poncio Pilatos, las otras mujeres que auxilian a Jesús o el buen ladrón, sin ser santos actúan como espíritus libres no atados a la corriente dominante y se atreven a sentir, pensar y actuar por sí mismos. Otros, más comunes como los soldados romanos, desatan sus sentimientos de inferioridad humillando y agrediendo a quien el poder ha señalado como víctima propicia a ese fin.

¿Hablan estos conflictos de los judíos? ¿Acaso de los cristianos? ¿Son los romanos los puestos en evidencia? Si fuera así, es decir si los grupos nacionales, religiosos o políticos fueran los depositarios de las buenas o malas conductas, la muerte de Cristo hubiera sido una anécdota. Figuraría en la historia como un conflicto entre judíos y el modo en que lo manejó el representante de Roma. Pero de lo que habla esta historia y los roles de cada uno de sus protagonistas es de la naturaleza humana. Podemos reconocer a todos ellos en nuestra vida diaria y hasta en nosotros mismos. Judíos, cristianos, musulmanes, agnósticos o ateos (aún los militantes) nadie está exento de cumplir el papel de cualquiera de los personajes evangélicos en mayor o menor medida en alguna circunstancia de la vida. La Pasión no es un alegato contra los judíos, sino un alegato contra el mal, el miedo y la traición.

No es la característica de judío de Caifás lo que interesa en la historia, ni la romanidad de Poncio Pilatos. Ambos juegan un rol en el manejo político contra un predicador de valores que ponen en juego y cuestionan el poder. Ellos son significativos en tanto son seres humanos realizando actos propios de seres humanos en cualquier tiempo y lugar.
La visión limitada que sólo puede analizar La Pasión con la anteojera colectivista y la ve como un conflicto entre grupos, no dejaría lugar al nacimiento de una religión, sino a un grupo político opositor. No es anti egipcio el antiguo testamento ni anti romana la versión de los hechos que el señor Timerman quiso consagrar como oficial de la Iglesia Católica para desmentir a Gibson.

Lo llamativo es que la reedición del mito fundante del cristianismo, negando el cual el cristianismo mismo no tendría sentido, provoca una reacción semejante en la actualidad. Y ahí sí tal vez haya que rescatar las enseñanzas de La Pasión y preguntarse si la pérdida de influencia de la Iglesia Católica, tanto en lo político como en lo religioso no representa para algunos émulos de los soldados romanos una oportunidad para reflotar viejas facturas. Tal vez La Pasión pase por su propia pasión y sea negada tres veces o aún más. Después de todo estamos en tiempos inflacionarios otra vez.

Crece la deuda externa

Los voceros oficiales festejan que el Banco Mundial destrabará créditos a la Argentina por 10 mil millones de dólares. Leído en términos progres coherentes (si algo así fuera posible), los acreedores nos están imponiendo un pasivo y aumentando fuertemente nuestra deuda externa. En términos algo más reales, los burócratas del Banco Mundial seguirán haciendo negocios, con lo que se demostrará que no apoyan el capitalismo en el mundo sino al estatismo unido al más crudo clientelismo.

El kakismo como fuente de la juventud

Durante los primeros años de su gobierno Carlos Menem contaba con un grupo de jóvenes aduladores. Entusiastas, recién mudados sus pantalones cortos y con mensajes angelicales, hacían el panegírico de la figura presidencial encabezados entonces por Gustavo Beliz.

De la Rúa tuvo su versión de esta especie de boy scouts militantes en el “grupo sushi”, de composición algo más familiar. Quién hacía de Gustavo Beliz entonces era Darío Lopérfido.

El señor K no podía ser menos. No sólo tiene al Beliz original a su lado sino también a su émulo post noventista. Su nombre es Nicolás Trotta. Un señor adulto algo grandecito, por no decir grandulón, que comanda el grupo que se hace llamar “Jóvenes K”.

Trotta salió a cruzar a Ricardo López Murphy en una carta de lectores del diario La Nación del sábado 27 de marzo, llamándolo “Fundamentalista acérrimo, no fue precisamente una actitud democrática y aperturista la que exhibió cuando, como ministro de Economía del presidente De la Rúa, intentó aplicar políticas de ajuste, ajuste y más ajuste. Los argentinos clamábamos por un cambio en la política económica y López Murphy se encerró en un hermetismo blindado a todo clamor popular”.

Si López Murphy es así “acusado” por los Kakitos de sostenedor del modelo previo, habría que situar al señor Trotta en la historia reciente (que está más bien para encabezar una asociación de padres de jóvenes K). Ahí es cuando las acusaciones hacia López Murphy empiezan a naufragar, porque tal vez podrían revertir contra quien las profiere, aunque en realidad la versatilidad lo haga más parecido aún a Beliz.

El señor Trotta tiene su origen político en Franja Morada, es decir, radicalismo, es decir Alianza.

Podría uno pensar que dentro de la Alianza estaba la versión anti convertibilidad que lideraba Alfonsín y que dio origen junto con la Unión Industrial y Duhalde al golpe de estado civil que puso fin a la presidencia de Fernando de la Rúa. Podría Trotta haber abrevado en esa fuente, pero tampoco es el caso.

Lo cierto es que tan apegado era el señor Trotta a la convertibilidad y al “modelo” que fue el denunciante del padre de la devaluación don José Ignacio de Mendiguren por ese episodio. Trotta, por entonces (mayo de 2002) un joven A (Alianza) o Ch (chupetista), junto con otros militantes de la misma parcialidad, presentaron ante el Juez Canicoba Corral (en ese entonces tampoco integrante del elenco K) una denuncia en la que expresaba que había concurrido a una reunión en la Unión Industrial en septiembre de 2001 (tres meses antes del golpe) en la que asesores de de Mendiguren anunciaban que en diciembre habría una devaluación. Se anticipaban sin dudas a los acontecimientos políticos, por lo que o bien poseían la bola de cristal o alguna gente de la Unión Industrial estaba organizando algunos cambios, para decirlo de alguna manera. Se quejaba Trotta en ese entonces, el modo en que la mega devaluación que puso fin al “modelo” había beneficiado a algunos grupos y perjudicado al grueso de la población. Grupos claro cercanos ahora al elenco montonero que ocupa Balcarce 50 y le permite a Trotta el milagro de seguir siendo un joven inocente.

Los derechos humanos como variable de ajuste

Por Plutarco


Si se rasca un poco la cascarita de la emoción, se pueden encontrar las claves de la perversidad, del exceso y -sobre todo- de la estupidez. Por tanta despreciable sobreactuación teatral, suele dificultarse el intento de entendimiento, y se acota el espacio creativo para la reflexión. La razón, entre tantas chiquilinadas institucionales del más alto nivel, se convierte entonces en un elemento marginal.

Cualquier observador poco distraído podría percibir por ejemplo que, merced a la insuperable extorsión intelectual (ejecutada con el complemento de la complacencia cómplice de los grandes medios), se oculta la parte más perversa del comportamiento político del transitorio presidente Kirchner.

El mecanismo consiste en utilizar a las Fuerzas Armadas como variable de ajuste. ¿Y por qué no?, se preguntará, con su tierna inocencia, si total es gratis. Por su desprestigio, adhiere a la teoría que indica que los militares no cotizan ni siquiera en la bolsa de los cartoneros, y no registran datos certeros cuando pasan por la resonancia magnética de la prensa mayoritariamente adicta.

Por lo tanto, el Comandante en Jefe, Kirchner, maltrata a los militares como si fueran meros ascensoristas, especies de boy scouts que sólo deben obedecer, someterse con el esqueleto de goma y la dignidad desaparecida, porque después de todo considera que no tienen derecho a la menor capacidad de reacción, y se encuentran sin la menor legitimación en las franjas de la sociedad culposa que lo sostiene.

Por si no bastara, abusa de la formidable extorsión intelectual de referencia, que inmoviliza a cualquier probable impugnador que no sea uniformado. En efecto, si algún sensato se atreve a expresar la molesta densidad del sentido común y se decide a cuestionar sus escénicas chiquilinadas, debe arriesgarse a quedar como un precario fascistoide ligado a los militares, acaso con fines inconfesables, o, lo peor, como un imperdonable justificador de la tortura y la totalidad de las calamidades del infierno.

Lo gravemente prioritario es que, con estos parámetros demostrativos de la frivolidad interpretativa que impregna su pensamiento, el Presidente toma la defensa de los derechos humanos como si también fueran una variable de ajuste. Es decir, los pone groseramente en la patología del primer plano para atemperar los efectos supuestamente criticables de la racionalidad económica que no se puede permitir, ante la franja festiva que lo sostiene, que es en general muy oscilante y habituada a la decepción fácil.

En el fondo, con los efectos melodramáticos de su megalomanía, le falta el respeto a tanto dolor acumulado, y con su capacidad selectiva para la indignación divide nuevamente a la sociedad para instalar la congoja mediática en la agenda política. En realidad, de manera tan pueril, casi obscena, Kirchner banaliza los derechos humanos, al ponerlos en un primer plano para beneficio de un posicionamiento político de manipulación equivocada. Los ultraja, los manosea, despierta rencores en el peronismo que lo catapultó e ingresa solo, como un improvisado, a la torpeza de su propio laberinto.

En definitiva, el Presidente distribuye tranquilizantes y vigorizantes caramelos de madera, ligeramente empolvados con azúcar impalpable. Gracias a sus infantiles caramelos de madera, el Presidente pudo lograr que la izquierda básicamente analfabeta de la Argentina ni siquiera se diera cuenta que es un duro en el difícil arte de arrugar.

Con altas dosis de Esma y festivales, significativas porciones de anulación de indultos y agresiva terapia de prisión anunciada para el presidente Menem, cree lograr que ningún izquierdista analfabeto discuta por ejemplo ya -o por lo menos hasta mañana, 25 de marzo- la adscripción sistemática de su gobierno hacia los Estados Unidos, o sobre la providencial participación del presidente Bush, y no sólo para el arreglo con el Fondo Monetario Internacional, o el desmoronamiento de sus ilusiones de Dubai. O el mantenimiento estricto de todo lo transformado en los noventa que suele denigrar desde la tribuna, pero que continúa irremediablemente en la práctica, ya que asistimos, con más cinismo que perplejidad, a la renovación de la permanencia.

Distrae, eso sí, a tanta emotiva militancia que en el fondo subestima y vive en estado de movilización, del respectivo pago hacia todos aquellos "que quieren llevarse la Argentina en cuanto ven que crece y se recompone", y tantas arrogancias conceptuales, que serán el hazmerreír de los próximos diabolizadores que condenarán a los actuales colaboracionistas de tantas idioteces memorables.

Para terminar, es necesario tener siempre presente que los imberbócratas ya no son de izquierda, son truchos. Aunque son tan truchos que en cualquier momento pueden hacerse nuevamente de izquierda.

Propinas para recuadros

1.- La paja y el trigo

De entrada, el Presidente Kirchner dijo que "había que separar la paja del trigo". Entonces se percibe, en su comportamiento político, una cierta incapacidad para percibir el encanto del trigo, y una preocupante tendencia hacia la paja.

Su gobierno, definitivamente, no es triguero.

2.- Trasvasamiento generacional

A través de sus cuestionables mecanismos adolescentes
de autoexcitación política, el Presidente Kirchner apunta estratégicamente al crecimiento sustancial de uno de sus más fuertes pilares, como la organización Madres de Plaza de Mayo.

Es decir, el Presidente, movilizado por su incomprensible irresponsabilidad y espíritu divisionista, intentaría producir una indeseable renovación entre los cuadros del humanismo que lo aplaude, a los efectos de lograr una especie de transvasamiento generacional, efectivo pero macabro.

Para colaborar de manera incuestionable con la proyección de las entidades y sellos que sostienen su altísimo índice en las dibujadas encuestas de Artemio, y producen que se convierta en un atractivo centro de indiferencia internacional, se impondría asesinar próximamente por lo menos otros cinco o seis mil jóvenes, en lo posible de entre 18 y 30 años, lo que permitiría incorporar a las organizaciones defensoras de su política suicidaria a no menos de cinco mil madres flamantes, savia nueva de fervientes desdichadas próximas que completarían la mencionada renovación generacional, representada por señoras de 37 a 50 años, que podrían tonificar energéticamente al rubro de la militancia contestataria que lo celebra.

3.- Visitas guiadas

En las visitas guiadas del Presidente al futuro Museo de la Memoria, puede rastrearse una clásica interpretación montonera de la historia. Según fuentes indignas, que se basan incluso en una
indemostrable profecía de Solari Parravichini, se indica que la sala del Museo más visitada por los turistas de pantalón corto será la de los Padres Fundadores. En la misma se exhibirá, para la posteridad -y en un lugar de privilegio-, su cuerpo embalsamado, enmarcado en una cripta impresionante y con escenografía blanca de glaciar. Y a sus costados, y cuatro escalones más abajo, podrán admirarse con recogimiento los cuerpos también embalsamados del general Balza y del almirante Godoy.

Una suave música funcional con la voz de Victor Heredia -"todavía cantamos"- completará el emotivo paseo que conmoverá a los turistas latinoamericanos de short y sandalias. En adelante, como epílogo de la visita guiada, pasarán a la salita del merchandising, donde se venderán estampitas y remeras con la efigie de la Primera Ciudadana, como así también llaveros y ceniceros con la imagen repujada de los Padres Fundadores, y unos estupendos preservativos con la estampa coloreada en la punta del ministro Pampuro y del Presidente Duhalde. ambos de cuerpo entero.

lunes, marzo 22, 2004

Semana de Karnaval

“Si no podemos darles pan, démosle circo”. Esta frase se le atribuyó en su momento al arrepentido Carlos Chacho Alvarez, ex promotor de la reforma laboral del gobierno de la Alianza y ex vicepresidente del mismo intento fallido prekakista.
Se refería al entusiasmo de esa comparsa gobernante por conseguir presos políticos que la mantuvieran en el poder, utilizando el sistema judicial que el propio Carlos Menem había construido. Ninguna servilleta es lo suficientemente mala si es propia, según descubrieron Chacho y de la Rúa; aunque este último estará lamentando haber cocinado el caldo en el que ahora sus émulos lo quieren hervir a él.
Conseguir presos políticos no es una mácula en un país con cumbia villera. Todo lo contrario, parece ser un honor. Hasta es políticamente correcto. No se aconseja en casamientos o reuniones de la elite porteña hacer ningún tipo de alegato republicano o reivindicar rudimentos jurídicos, salvo que uno esté dispuesto a olvidarse del buen champagne y de los mejores saladitos de cara al futuro, porque las invitaciones tal vez se reduzcan.
Lo que está de última moda es la agresión a flor de piel. El insulto fácil al estilo K. El grito desaforado anti George Bush. Si se puede, lo ideal es combinar el brillo de costosas alhajas, con algún comentario acerca del modo en que Estados Unidos está contaminando el planeta (precisiones no serán requeridas). Buenos Aires se está convirtiendo en el perfecto negativo de un Eden. A lo mejor todo lo que le hace falta es un hábil revelador.
En ese contexto, que Roberto Aleman sea nuevamente golpeado por una horda del neomarxismo argentino y que tal manifestación de violencia no sea siquiera considerada como una cuestión seria, parece algo normal. Para que el poder y la violencia avancen, el nivel de tolerancia a lo intolerable también debe subir. Y si se imita mejor.
Una experiencia que pinta a la Argentina del siglo XXI y el tipo de ánimo que va ganando espacio, es tratar con servicios de atención al cliente. Estos acompañan en las líneas de trato general de la población. Con sueños primermundistas algo desubicados a uno se le puede ocurrir quejarse porque una empresa de servicios telefónicos toma la iniciativa de más que duplicarle la factura a un cliente, sin necesidad de que el consumo se haya incrementado sensiblemente. Antes estos servicios de atención no conseguían más que irritar al cliente porque entre saludos amables, frases hechas, desvíos de la responsabilidad hacia sus interlocutores y una media hora de obligarlos a apretar botones para satisfacer el ansia de información de las máquinas (todo lo cual deberá uno repetir verbalmente después a más de una persona) no daban respuesta al requerimiento efectuado bajo ninguna circunstancia. En la argentina kakista, a eso se le ha sumado el maltrato. Por algún motivo, los gerentes de atención al cliente en la Argentina se esmeran tanto en hacer que el cliente odie a la empresa (una que recientemente nos ha mostrado su eficiencia al respecto es Unifón), pero lo más curioso es cómo la relación empresa-cliente queda marcada por el estilo de abuso de poder prevaleciente.
Tal vez hayan descubierto cierto ánimo sadomasoquista en la población, que premia la crispación de cada gesto y acto comunicacional del gobierno con aumentos en la popularidad. Se podía creer que era difícil entender la política de atención al cliente de determinadas empresas. Lo que se advierte ahora es lo difícil de entender que es el país.
En esa línea ISO 9000 argentinizada, entre pronunciados aumentos de precios y tarifas de todo tipo, cortes de luz a la industria y la vuelta al milagro de importar gas en un país donde el gas se quema porque no se lo alcanza a comercializar, tendremos esta semana aniversario del golpe de estado de 1976, un festival de la reivindicación guerrillera. Veremos desfilar a asesinos de todo tipo juzgando a todo el mundo, ejerciendo la agresión verbal que les ha resultado tan redituable como sus bombas del pasado, haciendo gala de una kultura cada vez más arraigada.
Hace poco tiempo, cuando todavía no era políticamente incorrecto condenar el atentado a las Torres Gemelas de New York, la televisión difundía imágenes de niños palestinos diciendo poesías de alabanza al terrorismo, inducidos por sus mayores a convertirse en autómatas y meros instrumentos para sembrar la muerte. Pero la Argentina es, en otra escala claro, el único otro lugar del mundo donde exacerbar el terror es rutina. Y no hace falta hacerlo con niños, porque no hay nada más infantil que los adultos en este país en serio. Por supuesto que es difícil ver la viga en el ojo propio. Por eso los niños palestinos de aquellos videos nos parecen tan lejanos.

Kultura y negocios

Durante buena parte de la década del 80 y principios de la del 90 el cine argentino era monotemático en cuanto a rememorar de manera permanente los años del proceso o historias relacionadas con esa época reivindicativas del idealismo sangriento que padeció la Argentina en los 70.
Podía entenderse esa tendencia y hasta cierta falta de creatividad que llevaba a no salirse de una moda iniciada con el éxito de La Historia Oficial, en busca de recibir algún coletazo de su repercusión a partir del Oscar a la mejor película extranjera que obtuvo esa producción.
Durante un tiempo el monotema había desaparecido. Ilusión tal vez, como la convertibilidad. Vientos kakistas vuelven ahora sobre la misma cuestión. Hasta una producción que poco tenía de política como Valentín, el film de Alejandro Agresti que fue nominado para el último Oscar en representación de la Argentina, contenía una escena innecesaria y que nada agregaba a la historia, donde un cura bueno en medio del sermón hacía la apología del Che Guevara, mientras los malos intolerantes y con caras de pocos amigos se paraban y se retiraban de la Iglesia. La mirada del niño pronunciaba la sentencia en pro del alegato, produciendo un anticlímax profundo que nos recordaba que existía un autor con una intencionalidad política.
Pero se puede caer en el error de suponer que el cine argentino está altamente politizado por el gusto del ambiente por la historia reciente o pasada, cuando hay motivos algo más mundanos para un fenómeno semejante.
Una nota reciente de Carmen María Ramos aparecida en la sección Enfoques del diario La Nación puede explicar mejor los vaivenes temáticos de las películas locales.
Allí se pone de manifiesto que no existen las producciones independientes en nuestro país y que hasta los productos más exitosos en materia de taquilla no alcanzarían a cubrir los costos si no contaran con dineros públicos. Un país paupérrimo, con infinitos problemas por resolver se da el lujo de cobrar impuestos para producir películas que el público, salvo contados casos, no quiere ver.
Un costo adicional e inevitable de una política semejante es que el cine estará contaminado por la necesidad de chupar las medias de quien les da de comer. O mejor dicho, no exactamente de quien les da de comer que vendrían a ser los atribulados contribuyentes soporta-piquetes y asaltos varios, sino a quien decide por él. Algún mediocre con halo cultoroso, que dará rienda suelta a sus pasiones políticas a la hora de juzgar a quién darle la plata extraída ilegítimamente a quienes la producen.
Sería bueno conocer los números de “Memorias del saqueo” del político y hoy amigo presidencial Pino Solanas, o el otro hallazgo de originalidad “El Nuremberg argentino” (que con su sólo título asimila al terrorismo de los años 70 con los judíos perseguidos en la Europa nazi sin haber ejercido violencia política alguna).
En semejante contexto, surge el negocio “capitalista salvaje” de hacerse el marxista. Uno de los más suculentos ejemplos de sustitución de importaciones. Claro que es un negocio tan noventista como dosmilista, ¿pero quién hará estas comparaciones con amigos del nuevo poder?
El informe omite algunos datos, como por ejemplo que muchas de las películas que el Instituto de cinematografía subsidia con un monto nunca inferior a los 475.000 pesos, no llegan siquiera a estrenarse. Como los piqueteros, nuestros cineastas no están en el negocio del cine en rigor, sino en el negocio de sacarle plata al Estado. El subsidio se da por producir cine, no por producir un cine que se vea. Es parte de la incoherencia estatista argentina el perseguir a algunos funcionarios por omisiones formales en licitaciones por migajas y no hacer el más mínimo juicio acerca de las fortunas tiradas displicentemente para financiar despropósitos.
El director Bebe Kamin quiere llevar todo esto a un estadio superior. En lugar de exigir a los productores una cuota de éxito o que realicen un cine que el público quiera ver, se tenderá a obligar al público a ver lo que los subsidiados hacen. En su opinión, la televisión debería ser obligada a pasar más cine argentino, porque (póngase atención en esta ensalada conceptual) la desregulación en la materia permite la imposición de modelos extranjeros en la materia. Es decir, “la libertad esclaviza, liberémonos de la libertad”. Ni a Gustavo Beliz se le hubiera ocurrido una falacia semejante.
A alguien se le ocurrirá a lo mejor que después de subsidiar la producción de tejidos indígenas, se nos pueda obligar a vestirnos como los Onas o los Tehuelches. La libertad de otro modo nos impondrá el pantalón y la camisa europeos.
Los canales de televisión responden al rating. Y esto es así porque se financian con publicidad y la publicidad busca vender. El hecho de que el cine “nacional” (en realidad estatal) no sea exhibido en la pantalla chica, no es signo de otra cosa que de que la cultura que se dice defender es ajena a los sujetos que la encarnan. La cultura real y la imaginada por los estatistas mantienen una distancia que ellos se creen llamados a sortear. Ninguna otra mentira más grande ha sostenido el estatismo en el mundo como la de la necesidad de que la cultura sea sostenida por actos de autoridad. Será en todo caso la cultura del poder la que necesitaría tal fomento.
No nos puede sorprender entonces que los vaivenes políticos sean tan sincrónicamente acompañados por los vaivenes temáticos de la cinematografía argentina. Nuestra cultura no produce cine alguno, sólo la política lo hace.

Los fastos del 24

Por Plutarco

I. En general, en el justicialismo se cobra pero no se piensa. Se garantiza la administración de las penurias, y suele distribuirse un poder tristemente corporativo, con un pragmatismo desértico de ideas, mientras se asiste, sin complicidad ni inocencia, a la patética carencia de conducción política y de la menor visión estratégica. Por lo tanto, a nadie puede extrañarle que se llegue a otro 24 de marzo sin entender un pomo y confundiéndolo todo.
A los efectos de una interpretación mediática y banal de la historia, en este 2004, la conmemoración, atrozmente liminar, será convertida en un festival temático. Un show tan nefasto como regresivo y divisorio. La fastuosidad entonces se convierte en un emblema ejemplar para una política tan perversa como irresponsable, que se propone desde las riendas del poder actual. La cuestión militar como variable de ajuste. Y los derechos humanos como variable de ajuste. Pero a no adelantarse porque es el núcleo del punto dos.
El festival tendrá como escenario las dolorosas turbulencias de la Escuela de Mecánica de la Armada. En producida ceremonia, la ESMA ofrecerá su decorado para que algunos cantantes sexagenarios, con menos nostalgia que papada, puedan nuevamente entonar sus inofensivas canciones comprometidas con la lucrativa esperanza, y que deleitan al gusto fácil, carente de la menor educación musical, del Presidente y la Primera Ciudadana. Y ante un auditorio seguramente constituido por funcionarios blindados que sólo aspiran a permanecer, y, en su mayor parte, por izquierdistas herederos, o incluso por panzones protagonistas, de aquella ensoñación montonera y de marxismo precario, que ayudó a construir los cimientos sólidos de aquel innecesario 24 de marzo que paradójicamente intenta condenarse, aunque sin rigor histórico y con exasperante frivolidad.
La incapacidad analítica y expresiva de nuestra dirigencia es proverbial. Y en el caso del justicialismo, peor, es ridícula. Acaso por temor a quedar atrapados entre los persistentes efluvios negativos del ministro José López Rega, les cuesta aún admitir, a los invulnerables jerarcas del justicialismo actual, que en aquel patético 24 de marzo fue desalojado, ante todo, un gobierno peronista, entonces tan débil y agónico como legítimo y constitucional. Sin embargo hoy, por cobardía ética e ineptitud intelectual, ni siquiera ningún exponente del sindicalismo gordo, ni de la militancia utilitaria, se atreve por lo menos a reivindicar la dimensión institucional de la señora ex presidente María Estela Martínez, reducida a la insignificancia política del olvido y viuda, para colmo, del General, al que diariamente se traiciona y por vergüenza dejó de citarse.
Téngase en cuenta que se asiste al triunfo póstumo de quienes desafiaron con prepotencia al general Perón. De los imberbes que le dieron oportunamente la espalda, porque el líder viejo y malo no quería desprenderse de los adversarios sindicalistas y derechistas para edificar las bases del socialismo nacional que le exigían los militantes nobles, abnegados y buenos que se disponían a ofrendar, como si fuera una moneda, la vida.
Téngase en cuenta también que, por culpa de la gigantesca traición histórica de Eduardo Duhalde al peronismo, y de la arbitrariedad de su dedo equivocado, hoy gobiernan aquellos imberbes. Con la misma arrogancia en la espalda, aunque con mayores preocupaciones sobre el índice de colesterol y por detalles de caja que por aplicar aquellas inolvidables tesis de J.W Cooke, o de Hernández Arregui.
Por lo tanto puede perfectamente hablarse de "imberbocracia", es decir del gobierno de los imberbes. Y de nuevas ensoñaciones transversales y hegemónicas que, si ya aseguraban la caótica conducción hacia el abismo en los setenta, se imponen, por lo menos, en los dos mil, como grotescas.
Secuelas indeseables del enfático "Operativo Dorrego". Después del 73, militares con ganas de matar a canilla libre, y guerrilleros románticamente alucinantes continuaron, aunque masacrándose con reciprocidad, su estrecha colaboración, para acabar inútilmente con una legalidad institucional que nadie, en el fondo, respetaba ni quería proteger. Ni siquiera Balbín. Porque la mayor parte de la sociedad, siempre inocente y harta de estruendos y de caos, parecía esperar su enfático desmoronamiento. En definitiva, la entonces disminuida, recluida y casi abandonada señora María Estela Martínez de Perón, fue destituida aquel 24 de marzo. Y supo tolerar tanto confinamientos como humillaciones, y por si no bastara debe recibir, hoy y en nombre de la posteridad, la abyecta condena de la indiferencia histórica y del olvido baladí. Como tantos protagonistas casi secundarios que desfilaron, después del golpe fatídico, por distintas prisiones, incluso improvisadas. Porque hoy se apropiaron de los fastos del 24, rítmicamente eufóricos y reclamatorios, con fresca perversidad de festival y pintoresca pasión inmobiliaria, aquellos que subestimaron trágicamente la democracia que acosaban, para ayudar a gestar la preferencia social por el golpe que se anunciaba hasta el deseo, y construir su propio calvario.
Para concluir esta breve introducción, puede coincidirse en que:
"Si Perón los echó de la Plaza, uno puede plantearse el objetivo de desalojarlos de la Casa de Gobierno". Por elecciones, claro.
Continuará…

lunes, marzo 15, 2004

Un atentado que duró tres días

Las historias se repiten, los actores cambian. Tal vez dentro de veinte años un émulo de Baltasar Garzón desde la Argentina pretenda juzgar por genocidio a José María Aznar y se realice una producción cinematográfica, con dineros públicos por supuesto, que se llame el tercer Nuremberg, para equiparar la persecución a los judíos en Europa y demás crímenes nazis, con la lucha bien o mal hecha contra el terrorismo. Los terroristas y sus familias formarán agrupaciones de derechos humanos, hablarán de ética y serán los jueces de la honestidad de los demás. Pronunciarse contra el terrorismo será signo de extremismo y políticamente incorrecto.
Es probable que para juzgar a Aznar y a Bush, por qué no, haya que romper el orden jurídico sistemáticamente, en nombre claro de los derechos humanos. Crearán una ley que castigue el hablar mal de la ETA y le darán aplicación retroactiva. Los principales aliados de ese revisionismo perverso y retorcido serán las derechas vergonzantes y colaboracionistas que levantarán sus voces pidiendo autocríticas o evitarán hablar del tema.
Terminada la amenaza soviética parecía que el terrorismo no volvería más que esporádicamente por algún grupo loco operando en el tercer mundo. Podían darse el lujo desde Europa o Estados Unidos, de juzgar a ignotos personajes latinoamericanos por los actos de servicio cumplidos y terminados, aún cuando tuvieran sobrados motivos para sospechar que la versión de los ex terroristas sobre sus padecimientos tampoco era totalmente cierta.
Podemos pensar a favor o en contra de las políticas de Estados Unidos y sus aliados Inglaterra y España respecto del terrorismo. Inclusive tenemos más información y ha habido más experiencia que aquella con la que contaban los militares argentinos y latinoamericanos tres décadas atrás. Lo que no es posible es criticar esas políticas con los ojos de los salvajes enemigos de la civilización a los que esa alianza bien o mal enfrenta. No se puede otorgar el pedestal a los forajidos, para que juzguen a los defensores de la civilización con los que cuenta la humanidad por sus fallas en ese empeño, sobre todo porque no hay otros.
Argentina, que ha sufrido todos los tipos de terrorismo conocidos, no ha aprendido a lidiar con el terror justamente porque para cuestionar sus métodos para eliminarlo, no puede hacerlo desde un procedimiento legal y jurídico, sino que lo hace desde la dialéctica farsante del enemigo y resquebrajando el orden legal. La sociedad Argentina no hace justicia sino que cambia de bando; a uno peor. De la falla al mal absoluto.
El mundo que juzgó a la Argentina desde esa misma perspectiva por comodidad, ahora sufre en carne propia las consecuencias de haber querido sacar provecho del trágico papel que le tocó padecer al cono sur durante la violenta guerra fría.
Pero el mundo llamado libre está lejos de poder comprender ese error. Le alcanzaría con advertir que el terrorismo no es ni remotamente un fenómeno meramente militar.
Tal vez ni sea un fenómeno militar. Matar civiles no es un objetivo bélico. Pero sí lo es político. La victoria de Al Qaeda no tuvo lugar el 11 de marzo cuando la gran mayoría de sus bombas fueron detonadas y sembraba la muerte en Madrid. El éxito de esa acción se vio el domingo 14 de marzo cuando el partido popular fue derrotado sorpresivamente como consecuencia directa y clara de estos atentados, y con esa derrota fue vencido en particular José María Aznar, uno de los principales respaldos morales de la reacción norteamericana por los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Aún cuando el intento del gobierno de Aznar de desviar hacia ETA el atentado, en lugar de asumir que Al Qaeda buscaba su derrota y comunicarlo claramente al pueblo español, puede haber tenido un efecto decisivo en el resultado, tal error también sería una consecuencia del atentado. Al Qaeda obtuvo una victoria porque la única respuesta que el mundo libre se encuentra en condiciones de darle es una respuesta con balas (ineficaz en este caso, porque Al Qaeda no tiene uniforme, no se ve, no se le puede disparar fácilmente) o un pacifismo infantil y suicida.
Si los atentados produjeran sólo muertos, el terrorismo ya se hubiera extinguido. Pero los atentados producen poder a través de la muerte. Alinean a las víctimas con los victimarios. Producen un resquebrajamiento de los parámetros morales. La ética de la civilización se ve conmovida en su capacidad de responder.
Los atentados de montoneros en la década del 70 le otorgaron el poder treinta años después, porque el desbaratamiento de los parámetros morales jamás tuvo una respuesta. Obligaron por todos los medios al Estado argentino a violar la legalidad para después aducir derechos humanos que ellos no reconocen a otras personas. Un juego infame, que no tiene una réplica adecuada. Los efectos de cada bomba sobre parámetros morales endebles o inexistentes, fruto de un aparato deseducativo atroz, se multiplican exponencialmente. Las ondas expansivas de cada una de esas explosiones siguen produciendo efectos.
La memoria de las víctimas se transforma en selectiva. Se recordará lo que no traiga problemas porque el contexto es el terror. Las madres de plaza de mayo se pueden dar el lujo de asistir al acto de repudio a los atentados del 11-M para defender a la ETA y acentuar las acusaciones sobre Al Qaeda porque no habrá movilero que se atreva a recordarles que apoyaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los festejaron con champagne, según reconoció la propia Hebe de Bonafini.
El sólo hecho de que reivindicar a ETA en un acto contra el terrorismo sea posible, o que el palco oficial esté plagado de montoneros y simpatizantes de montoneros como la “primera ciudadana” Cristina K, es un índice de inexistencia de cimientos éticos, que fueron tan dinamitados como los trenes de Madrid o el Cuartel General de la Policía o el cuarto de la hija del Almirante Lambruschini. En la Argentina tenemos Cumbia Villera, montoneros en los palcos oficiales, terroristas al cuidado de los derechos humanos y la sensación de que indefectiblemente todo lo que está mal estará bien para nosotros.

Qué lindo es dar buenas noticias

La Procuración del Tesoro que ocupaba Carlos Sanchez Herrera al principio del gobierno de Kirchner antes de que se descubriera el pecado de haber sido defensor de un militar, es el máximo servicio jurídico del Estado. Múltiples dictámenes han salido de ese organismo, unánimes, sosteniendo que cualquier reclamo de daños y perjuicios contra el Estado debe sustanciarse en Tribunales, probarse, condenarse al Estado y después arreglar el pago.
Es lógico, lo contrario se prestaría a negociados entre abogados del Estado y reclamantes sin fundamento. Los jueces imparciales pueden determinar si el daño está probado, si el nexo causal existe entre la culpa estatal y ese daño y si el monto es adecuado para indemnizarlo. Esta regla, de no cumplirse, lleva a incendiarios informes de los organismos de control y muchas veces el procesamiento de funcionarios por corrupción. Por supuesto, como toda norma jurídica tiene una aplicación especial o directamente no se la aplica cuando involucra intereses de una mafia llamada izquierda en la Argentina. Ellos tienen sus propias normas, su propio fuero personal, reestablecido en las últimas décadas aunque habían sido derogados por la Asamblea del Año XIII.
Así la izquierda que alegó ser víctima de terrorismo de Estado en la década del setenta, en procedimientos tan poco transparentes que nadie tiene acceso a ellos, llevados a cabo en el ámbito del Poder Ejecutivo, sin intervención judicial alguna, fue indemnizada a razón de 250 mil dólares por cada persona que adujera haber sido perjudicada. Esa es una política menemista de la que la izquierda no se quejó nunca. El Presidente acaba de firmar nuevos decretos para repartir indemnizaciones relacionadas con la guerra antisubversiva basados en violaciones a los derechos humanos. Esta vez le tocó el turno a los nacidos en cautiverio.
Sabemos cuál es el apego de la izquierda por la verdad y cómo el procedimiento administrativo será manejado por simpatizantes de las organizaciones terroristas, por lo que tendremos que pagar muchos impuestos para que personas de dudosa relación con los hechos reciban una jubilación de por vida sin haber probado daño alguno ni tener a su favor una sentencia judicial que avale el reclamo. Muchos de ellos, casi todos, protagonizan protestas por jubilaciones de privilegio mucho más baratas, ganadas trabajando para el país al menos.
En su discurso de presentación de estas novedades indemnizatorias que de no tener relación con estos hechos serían consideradas una defraudación al fisco, el señor K dijo no regodearse en el odio sino entender que el pasado sólo podía abordarse con Justicia. Pero claro, se ha estado ocupando de que la Justicia la impartan las personas adecuadas antes que nada. Y si no son nuevos se recurre a algunos jueces viejos, con abultados patrimonios y techos de cristal, que están dispuestos a prestar cualquier servicio para mantenerse en el cargo y sobre todo, para quedar de este lado de las rejas.
Lo que no estamos seguros es de qué ocurrirá con los reaparecidos que está produciendo el señor K. Dentro de la lista de 8000 desaparecidos recolectada sin investigar por la CONADEP en la era Alfonsín, aparecen permanentemente personas que figuraban en ella en distintas situaciones. El acercamiento al poder de los montoneros produjo en gran parte este milagro. No existe forma de saber qué indemnizaciones se pagaron en la Argentina. Ningún ciudadano tiene acceso a los expedientes que el señor Béliz, autoproclamado rey de la transparencia, esconde entre cuatro llaves.
Sí sabemos que la izquierda se repartió muchos millones de dólares en base a las mentadas indemnizaciones. En la mayoría de los casos serían a personas que ejercieron la violencia política más extrema para instaurar un terrorismo de estado aliado a la entonces Unión Soviética. Esos indemnizados pueden ser catalogados como los principales beneficiados de la década del 90 que tanto preocupan al virulento señor K.
La pregunta que nos hacemos es qué pasa cuando los desaparecidos aparecen. Por ahora nos quedamos con las buenas noticias de las reapariciones, con lo cual podemos inferir que la lista oficial de desaparecidos podría reducirse sensiblemente si a pesar de que el Estado Argentino gastó tantos de millones de dólares para tener desaparecidos que exhibir e indemnizaciones que pagar, permanentemente nos enteramos de nuevos casos espontáneos de reaparición. Si se hiciera una investigación seria sobre lo actuado por la CONADEP tal vez lleguemos a la reconciliación tantas veces pretendida con sólo dimensionar adecuadamente el problema.
El año pasado tuvimos el caso de un desaparecido que era juez en la Provincia de Buenos Aires desde hacía años. Se trata del Juez Meade que juzgaba al Padre Grassi por abuso de menores. Este año nos enteramos de la reaparición de Carmen Argibay, candidata a Juez de la Corte. No hace falta remontarnos a reaparecidos remotos como los del terremoto de México, porque tenemos también el caso de Rafael Daniel Najmanovich que figura en la lista de la CONADEP con los siguientes datos:
RAFAEL DANIEL NAJMANOVICH
19 años. Soltero. Argentino.
Estudiante de Est.secund.
CI No:7721723
Desaparecido el:23/7/76,
No.CONADEP:3565, Decl.No:4655
Fue secuestrado en CAPITAL
No hay testimonio de su paso por un C.C.D.
Ahora bien, en nota de Clarín del 23 de febrero pasado, firmada por su corresponsal en Israel, Sr. Slutzky, se relata el atentado suicida cometido por un palestino: "Ocho israelíes y un suicida palestino murieron ayer en un nuevo atentado terrorista en Jerusalén en el que resultaron heridas más de 60 personas, entre ellas, el argentino Daniel Najmanovich, que emigró a Israel desde su país natal en 1975.
"En el cielo está escrito nuestro destino", comentó anoche a Clarín Ofelia Najmanovich, la esposa de Daniel, cuando su marido aún no había salido de la sala de recuperación en el hospital Shaarei Tzedek, aunque estaba claro que su vida no corría peligro. La mayoría de los muertos tenía entre 18 y 32 años."
(Nota completa en http://old.clarin.com/diario/2004/02/23/i-01601.htm).
Pero Najmanovich no es el único reaparecido reciente del milagroso gobierno del señor K.
Entre las organizaciones a las que el Poder Ejecutivo piensa regalarles las instalaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada para realizar un museo a la falta de memoria que se denominará “museo de la memoria” y que por sus dimensiones tal vez se convierta en un Epcot Center del terrorismo local, figura la “Asociación de ex-detenidos desaparecidos” (que por su solo nombre implica el milagro de la reaparición multiplicado y que se trata de indemnizados sin causa, al menos sin causa persistente)
Cuatro de los integrantes de esta organización que recibirá un valiosísimo inmueble del Estado, permanecen listados en el informe oficial de la CONADEP. Estos reaparecidos son:
Alicia Raquel D`Ambra, supuestamente desaparecida el 12.7.76 (Pág. 124 del Anexo Nunca Más)
Adriana Chamorro, supuestamente desaparecida el 23.2.78 (Pág. 102)
Carlos Gregorio Lordkipanidse, supuestamente desaparecido el 18.11.78 (Pág. 263)
Jorge Osvaldo Paladino, supuestamente desaparecido el 3.10.78 (Pág. 334)
Es lindo dar buenas noticias diría el ex presidente De la Rúa.

BIN LADEN'S VICTORY IN SPAIN

Andrew Sulllivan
www.andrewsullivan.com

It's a spectacular result for Islamist terrorism, and a chilling portent of Europe's future.
A close election campaign, with Aznar's party slightly ahead, ended with the Popular Party's defeat and the socialist opposition winning. It might be argued that the Aznar government's dogged refusal to admit the obvious quickly enough led people to blame it for a cover-up.
But why did they seek to delay assigning the blame on al Qaeda? Because they knew that if al Qaeda were seen to be responsible, the Spanish public would blame Aznar not bin Laden!
But there's the real ironic twist: if the appeasement brigade really do believe that the war to depose Saddam is and was utterly unconnected with the war against al Qaeda, then why on earth would al Qaeda respond by targeting Spain? If the two issues are completely unrelated, why has al Qaeda made the connection? The answer is obvious: the removal of the Taliban and the Saddam dictatorship were two major blows to the cause of Islamist terror.
They removed an al Qaeda client state and a potential harbor for terrorists and weapons of mass destruction. So it's vital that the Islamist mass murderers target those who backed both wars. It makes total sense. And in yesterday's election victory for the socialists, al Qaeda got even more than it could have dreamed of. It has removed a government intent on fighting terrorism and installed another intent on appeasing it. For good measure, they murdered a couple of hundred infidels. But the truly scary thought is the signal that this will send to other European governments.
Britain is obviously next. The appeasement temptation has never been greater; and it looks more likely now that Europe - as so very often in the past - will take the path of least resistance - with far greater bloodshed as a result. I'd also say that it increases the likelihood of a major bloodbath in this country before the November elections. If it worked in Spain, al Qaeda might surmise, why not try it in the U.S.?

lunes, marzo 08, 2004

Se dijo:

1. Tragedia:

“Con Uribe, el presidente colombiano, Kirchner es el hombre que tiene más popularidad en la región. Pero, a diferencia de Uribe, no pide el esfuerzo de la población para sacar el país adelante. Uribe habla de la realidad; Kirchner habla de lo que la gente quiere escuchar. Debería aprovechar el apoyo actual para gobernar bien. La Argentina y Kirchner ya no le importan a nadie. Y esto es una tragedia

Arturo Valenzuela
Asesor para América Latina de John F. Kerry



2. Capitalismo en serio:

Recordarán los lectores las palabras presidenciales respecto a un “capitalismo en serio” con “fuerte presencia estatal”. No es original, hubo otros antes que él que le llamaron capitalismo a sistemas enemigos de la organización basada en la libertad:

La mayor parte de la actual economía capitalista de China es una economía capitalista sometida al control del gobierno popular, vinculada en diversas formas con la economía socialista estatal y supervisada por los obreros. Ya no es una economía capitalista común y corriente, sino particular, valga decir, una economía capitalista de Estado de nuevo tipo. Su principal razón de ser no es brindar ganancias a los capitalistas, sino satisfacer las necesidades del pueblo y del Estado. Es cierto que una parte de las ganancias producidas por los obreros todavía van a parar a manos de los capitalistas, mas ésta sólo representa una pequeña porción -- aproximadamente un cuarto -- del total de las ganancias mientras que los otros tres cuartos son para los propios obreros (en forma de fondos de bienestar), para el Estado (en forma de impuestos sobre la renta), así como para la ampliación de las instalaciones de producción (una pequeña parte de las ganancias derivadas de esa ampliación va a parar a manos de los capitalistas). En consecuencia, esta economía capitalista de Estado de nuevo tipo lleva en gran medida un carácter socialista y es beneficiosa para los obreros y el Estado”.

Mao Tse-Tung
Comentario a un documento de la Conferencia Nacional
sobre el Trabajo Económico-financiero celebrada en el verano de 1953

Tragedias argentinas

Tragedia uno:
La prueba contundente del manejo autoritario de la información que llega a la población en la Argentina, es la forma en que fue ignorada la frase de Arturo Valenzuela, probable subsecretario para América Latina de John Kerry si éste se impone a George Bush en la campaña presidencial: “La Argentina y Kirchner ya no le importan a nadie y eso es una tragedia”. Por la jerarquía del personaje y la dureza con la que se refiere al presidente, en una situación normal todas las primeras planas debieron hacer referencia a la cuestión. Debería ser el tema del día, pero en realidad sólo lo trató Ambito Financiero a través de una nota de Pedro L. Aquino.
Las definiciones de Valenzuela son muy reveladoras. Explican por qué las bravuconadas kakistas son toleradas sin aparente molestia por los líderes mundiales. Directamente no les interesa ya lo que Kirchner pueda decir o pensar y una campaña presidencial en la que se busca captar votos, sobre todo del sector hispano de la población, puede ser un escenario adecuado o indiferente para espetar semejante expresión de desprecio hacia el regalo que Duhalde nos legó (la patria se lo demandaría, pero carece de abogados).
En la Argentina la prensa se encuentra amordazada. En otros tiempos fue cómplice de proyectos de poder, al menos en su mayoría, como fue el de la Alianza. También lo es en muchos de esos mismos casos del de la avanzada kakista. La novedad es que ya no pueden distinguirse los socios, de los ahogados económicamente que deben aceptar las órdenes de los mandamases oficiales para sobrevivir con publicidad oficial, dado que en el “capitalismo en serio” no hay empresas en condiciones o interesadas en hacer publicidad y el Estado es cliente casi exclusivo de los empresarios de la información.
En gran medida las empresas privadas, antes de este “capitalismo en serio” manejaban su política de medios dando prioridad o exclusividad a los extorsionadores mediáticos. Ahora la extorsión la monopoliza el gobierno y las empresas temen ser apretadas por el Estado mucho más que por periodistas que son casi empleados públicos, aunque más no sea con una inspección integral para corroborar que las imposibles de cumplir normas fiscales hayan sido cumplidas a rajatabla, de un modo que no se le exigirá a un candidato a Juez de la Corte kakista.
Como las fuentes de los medios extranjeros son fundamentalmente los medios nacionales, en el exterior rara vez se enteran de lo que ocurre en la Argentina. El problema del señor K es que él habla fuerte y está en el centro de la escena mundial por conducir el más grande y largo default de la historia. El señor Bonasso no puede llamar al New York Times o a Le Monde a decirles lo que tienen que publicar, a qué periodista tienen que echar o si pueden o no mencionar a Cristina mano dura K.
El asesor de Kerry cuenta con los mismos elementos que contamos nosotros para juzgar al gobierno, pero no recibe la cantinela permanente del equipo de ventas de fantasías digno de la guerra de las Malvinas en el que se ha convertido la prensa local. Valenzuela lee estupideces dichas por nuestro excelentísimo señor presidente y no las toma como genialidades, sino como lo que son: estupideces. En conclusión, si bien afuera se enteran pocas veces de lo que ocurre aquí, se enteran igual más y mejor que nosotros mismos.
Es trágico de verdad que el principal asesor para América Latina del candidato favorito de los progres argentinos tenga una visión tan negativa del país y del modo de conducirlo del presidente que representa todos sus sueños. De eso se trata la tragedia, de un choque de principios, deseos o valores. Cuando los progres se encuentran que se ven obligados a preferir la victoria de George Bush con el que al menos comparten cierta inquina hacia el FMI, parecieran convertirse en involuntarios personajes de una pieza de Sófocles.

Tragedia dos:
Lo que no resulta tan sencillo de dilucidar es por qué motivo el suicidio del periodista Juan Castro puso en boca de cuanto comentarista tuvimos que padecer la palabra “tragedia”. ¿Cuál es el sino inevitable al que se vio enfrentado Castro para suicidarse?
Lo cierto es que el drama del suicidio de Juan Castro fue convertido en pieza fundamental del entretenimiento infantil mediático que soporta la dormida población argentina.
El acontecimiento fue cubierto casi en cadena nacional. Se recorrió la vida, la intimidad y toda la trayectoria periodística de Castro como si hubiera sido el personaje público más importante de la historia de la Argentina. Sin embargo, era un conductor de televisión, un ex modelo con lenguaje progre, de entre tantos que enarbolan izquierdismo para ser aceptados y valorados en un medio ideológicamente opresivo como es el periodismo en la Argentina.
Sin embargo la sensación de todos los programas de televisión, radios y diarios hablando de Juan Castro, era que en cualquier momento aparecería en la misma cadena el presidente para ensalzar al suicida o para anunciar que la Avenida del Libertador llevaría ahora su nombre. Ni la trayectoria, ni el nivel del personaje ameritaban siquiera la mitad de la trascendencia que se le dio al hecho.
Se puede entender el interés del gobierno por entretener a la población y hasta la utilización por los medios del tema para poder hablar de algo, ya que de lo que importa no se puede. Sigue siendo difícil de explicar el hecho de que la palabra “tragedia” sonara todo el tiempo en manos de los “pensadores” mediáticos. Para los psicólogos todos son síntomas. Tal vez esta reiteración lo sea.
Podría ser trágico que todo lo que se considera virtud en una sociedad enferma como la argentina, lleve a un individuo a un estado tal de infelicidad que quiera quitarse la vida: irreverencia, desenfado, agresividad, promiscuidad, drogadicción, izquierdismo fashion. La mezcla de todo eso, para la sociedad neomontonera, es considerada honestidad: “Verdad”, como rezaba la publicidad del próximo programa de Juan Castro. Una sociedad que demanda agresividad, reviente y sarcasmo y los coloca como valores en un pedestal moral, es tal vez una sociedad profundamente amargada.
¿Pero son estas “virtudes” algo real? Parecen más bien características típicas de los cocainómanos: La pérdida de frenos inhibitorios, el llevarse al mundo por delante, el desafiar irracional e innecesariamente al poder sólo por desafiar al poder y no por conseguir algún cambio útil, el cuestionamiento adolescente de lo que ocurre sin idea alternativa.
Esa cosa de decir “la sociedad está podrida” y contribuir irremediablemente a su podredumbre vaciándose el cerebro de ideas para reemplazarlas por infinitas formas de resentimientos. Estamos llenos de cocainómanos ídolos en la Argentina. El ensalzarlos y verlos terminar no como lo perfectos que se los ha creído, sino como lo indefensos y carentes que son. El comprobar que no lideraban sino que aguardaban ser rescatados de su orfandad. El descubrir que la transgresión porque sí era otra forma, la más profunda, de sumisión. Ninguna rebelión necesita tóxicos, la no rebelión si. He ahí la única tragedia de esta historia.
La agresividad química sólo produce un efecto virtual y no hace más que mostrar sometimiento. Juan Castro, a diferencia de otros adictos en sociedades menos temerosas y más vivas, sufrió la sobredosis de estupidez argentina que lo colocó en un pedestal en el que ni remotamente estaba preparado para estar. En lugar de lograr ayuda, obtuvo adulación, aún después de muerto.
Hay otros confesos adictos padeciendo igual ensalzamiento por las cosas que dicen, consecuencia directa de la intoxicación y la insatisfacción por no tenerla: Maradona, Charly García, Fernando Peña. Todos admirados habladores, insultadores, desafiadores, sin freno, sin normas, entre otros efectos colaterales de sus ingestiones.
Hay casos también no tan confesos. Habitualmente asociados a una ex juventud noventista (pero totalmente antinoventista a la vez), “transgresora”, sobradora. Periodistas del mismo tipo de personalidad coquera fueron y son el modelo transmitido a las nuevas generaciones y la representación de la anti-hipocresía para las viejas. Idolos “anticorrupción” que no pueden manejar sus propios temores. La intoxicación arremete contra la hipocresía, pero sólo para reemplazarla con el cinismo.
Otras nuevas tragedias pueden adivinarse. Al conocido agresor verbal Fernando Peña, un Juan Castro llevado a la enésima potencia, se le pidió que filosofara sobre la muerte del periodista. Y lo hizo, claro, entre palabras incomprensibles, incoherentes y sin ningún contenido, él cree que es capaz de filosofar. Hasta se da el lujo de histeriquear con quienes lo buscan para que diga algo profundo (y la revista XXIII también cree las mismas cosas que Peña, por algo es la favorita de este grupo pseudo rebelde). Sus palabras huecas descuidadamente mezcladas en una carta sin sentido se leían por televisión con locutores y música de fondo.
La Argentina es una tragedia, por las cosas que dice Kirchner y porque es el único lugar donde podría decirlas y aún así llegar a Presidente.

EL TERRORISMO, HOY, EN LA ARGENTINA

Por Néstor Nicolás Gómez

Han pergeñado, tramado y llevado a cabo los criminales terroristas argentinos (acompañados por sus cómplices y auxiliadores) teorías de tal índole que por sus horrendos crímenes quedan exentos de mayores culpas, que apenas si reconocen la comisión de“equivocaciones”, mientras que los miembros de las Fuerzas Armadas, que salvaron al país de su total destrucción a manos de aquéllos, son responsables, para toda la vida, e incluso por la eternidad, de horrores, de un cúmulo de crímenes de “lesa humanidad”, del “mal absoluto”, como si fueran demonios redivivos.
Todas pamplinas, convertidas luego en patrañas y, transformadas éstas, después, en doctrina, en apotegma, en dogma sagrado, que una parte infeliz, por lo crédula, de la gente de nuestro país, ha aceptado como verdad, olvidando qué es lo que sucedió. Y, para colmo de iniquidades, esos protervos individuos que cambiaron la historia al puro estilo de “1984”, de Orwell, miserables asesinos de gente inocente, que lo hicieron “para meter miedo” (como Kirchner ahora acostumbra decir para referirse a acreedores, adversarios o enemigos), a efectos de apoderarse del país, aparte de expresar tamañas falsedades se autoatribuyen el papel de “santos”, virreyes de Dios, a los que corresponde el juzgamiento de los culpables del “mal absoluto”, esto es, de los militares que los vencieron.
¿Cómo comparar a los responsables y corresponsables (por integrantes de las bandas terroristas) de las muertes de criaturas y mujeres inocentes; de pobres agentes policiales muertos, tenidos por blanco para la práctica de los que debían iniciarse en el aleve juego terrorista; de militares que sólo cumplían con su deber; de industriales y obreros, de políticos, de tanta gente más; con aquellos otros participantes de una lucha mortal, convencidos de que los desaparecidos eran abyectos integrantes de bandas de altísima peligrosidad, como efectivamente lo fueron en su gran mayoría (el mismo Firmenich lo reconoció)? Porque entre los peores militares, a los que se ha juzgado ya, y esos sujetos que sobrevivieron y no abjuran de su pertenencia a las bandas del crimen, si se diera ineluctablemente a elegir la salvación de un grupo o de otro en sus vidas expuestas a una catástrofe (que no haya dudas que, dentro de esa hipótesis de riesgo, si se pudiera, ayudaría a todos sin excepción), pienso que cabe favorecer a los militares, entre otros motivos, porque de haber sido un peligro para la sociedad, ya no lo constituirían, alejados, como están, de los cuadros activos, en tanto que los otros todavía se hallan prestos a destruir lo que bien vale la pena conservar de nuestra patria.
Desde luego, dejo bien consignado que no excuso los delitos de algunos de los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas, pero de allí a no reconocerles ningún derecho y a seguir teniéndolos como “represores” para siempre, sin aceptar las leyes y la Constitución, se da abismal distancia e iniquidad casi inimaginable, tanto más cuanto que a todos esos miserables que provocaron la guerra para apoderarse del poder, que no se arrepintieron de sus crímenes y que no cejan en su propósito de establecer un gobierno tiránico que actúe emulando al del anciano despreciable que impera en Cuba, se los tiene por libres de toda persecución penal y aun se los convoca para que gobiernen o ayuden a gobernar el país, y para ser los represores o auxiliadores de ellos contra quienes aniquilaron a la subversión.

Correspondencia atrasada

Por Hermógenes Pérez de Arce


"La dictadura de la justicia es
la peor de todas, porque es la única
que no tiene remedio

Alexis de Tocqueville


(ED: El siguiente artículo fue publicado por el diario chileno El Mercurio y reproducido por Misceláneas de la actualidad, de Néstor Nicolás Gómez)

Contesto personalmente todas las cartas con remitente. En el correo electrónico estoy al día, pero en las del ordinario no. Cada fin de año se me acumulan más de la cuenta. En febrero las respondo. Hay un tema recurrente en ellas. Me escribe, por ejemplo, el abogado de un militar. Su cliente, tetrapléjico y anciano, está preso por la muerte de dos individuos, ocurrida en septiembre de 1973. Habían disparado contra la guardia del regimiento que comandaba. Soldados salieron en su persecución y los hallaron. Dio orden de fusilarlos. Uno de los bandos del 11 había advertido a quienes dispararan contra las Fuerzas Armadas que serían fusilados en el lugar de los hechos. Treinta y un años después, un juez, desconociendo la historia, la amnistía y la prescripción, procesa al ex comandante inválido.
Su abogado sabe que el tema no es jurídico y me envía los antecedentes. ¿Qué decirle que él ya no sepa? El celular interrumpe mi cavilación. Es otro procesado por hechos de hace 30 años. Me pide llamar a un sacerdote amigo. Lo hago y el religioso, algo desconcertado, me insta a hacer algo. "Procesan a este hombre inocente como cómplice - me dice- , siendo que nadie está imputado como autor. ¿Cómo puede ser? Usted, como abogado, dígame, ¿es eso legalmente procedente?". Le digo que el tema no es legal. "¡Ah!, es político", comenta. Coincido, pero pienso para mis adentros que hay también motivaciones económicas. Sería largo de explicar. Nos compadecemos del infortunado y nos despedimos sin mucha esperanza. "La dictadura de la justicia es la peor de todas, porque es la única que no tiene remedio", escribió de Alexis de Tocqueville.
Vuelvo a las cartas. Viene la de un teniente coronel. Me dice que soy el único que los defiende. Me pide no abandonarlos. Adjunta un pequeño recorte de diario, donde se informa que un piloto de helicóptero, procesado por el juez Guzmán por haber secuestrado y muerto a una dirigente comunista en 1976, ha sido absuelto por la Corte. Acreditó que se encontraba en Francia cuando ocurrieron los hechos. Menos mal. Por supuesto, había acreditado lo mismo ante el juez, pero éste no le había hecho caso. Seguramente, legiones de testigos de izquierda lo habían inculpado. Esta vez, a la Corte, por lo menos, le importó que hubiera estado en Francia. Algo es algo. En el juicio contra Arellano y Pinochet, evidencias tan poderosas como ésa no les han importado al juez ni a ninguna de las Cortes. Piloto afortunado, me digo. Algunas leyes valen para él. No lo cuenta dos veces. Podría seguir.
Hace unos meses, entrevistado por un periodista de izquierda, le hice ver estas cosas. Me replicó: "Pero los militares mataron ilegalmente. Hicieron desaparecer gente. ¿Usted está de acuerdo con eso?". Respondí:- No estoy de acuerdo. Si yo hubiera encabezado el pronunciamiento, cada comandante habría cumplido el deber de juzgar legalmente a los extremistas, evitando cualquier atropello. Los restos de ningún ajusticiado habrían desaparecido. Yo habría sabido qué hacía cada uno de mis cientos de miles de soldados, marinos, aviadores, carabineros y detectives durante la lucha. ¡Qué lástima que el golpe no lo haya dado yo!
Los "generales después de la batalla" somos perfectos. Si hubiera estado hablando en serio al periodista, me habría convertido en uno de ellos, el peor de los especímenes de estos tiempos. Por suerte no lo soy. Y por eso trato, con mis limitados medios, de defender a los que sí dieron la batalla, perdieron a muchos camaradas en ella, pero la ganaron, salvaron a su patria y hoy son perseguidos ilegalmente por hacerlo.

lunes, marzo 01, 2004

"No me juzguen por lo que digo"

El oficialismo jugó al juego peronista tradicional, arriando masas humanas a la Plaza de los dos Congresos a vitorear al líder. Por supuesto, como siempre, al líder que los mantiene.
Las imágenes de la televisión no dejaron ver con claridad la cantidad de gente, que en los parámetros de ese nivel de política al que adscribe el señor K y su gente, indicaría el éxito de la convocatoria a la adulación. Como Hitler, Mussolini, Perón o Galtieri, la convocatoria masiva pretende actuar como sustituto de la expresión democrática y como fuerza legitimante desde lo para-institucional. Siempre se trata de una ínfima cantidad de la población, pero la aglomeración produce la ilusión de apoyo popular que las encuestas oficiales alimentan y el todavía inseguro kakismo necesita.
El discurso presidencial es un gran aporte a la confusión. Al mejor estilo peronista deja resquicios para todo tipo de interpretaciones. Los asustados podrán justificarse encontrando palabras que les permitan mostrar un Kirchner propio, hasta tolerante, justo y respetuoso de las instituciones.
El presidente habló de “capitalismo en serio” con “fuerte presencia del Estado”. En el capitalismo no hay fuerte presencia del Estado ni en serio ni en chiste. Lo que caracteriza al capitalismo es no tanto la existencia de capital (presente en cualquier sistema) sino su libre movimiento y la posibilidad de hacer y deshacer negocios según el propio criterio. En la Argentina del señor K, lo que caracteriza a la actividad empresaria es el alineamiento y la obediencia indebida al poder.
Así como la señora Carrió confundía república con una pseudo-santa inquisición encabezada por ella misma, donde los jueces estaban para convalidar sus propios (pre) juicios acerca de quién era malo y quién bueno en la Argentina, el “capitalismo en serio” del señor K, se parece más al viejo y poco serio nacional socialismo (primo hermano, algo más inteligente, del socialismo a secas) que al ideal de Alberdi.
No puede haber capitalismo en serio con un poder judicial “renovado” por el propio Ejecutivo, algo de lo que se jactó el presidente en su discurso. No lo hay con unas empresas estigmatizadas y otras favoritas. No lo hay con un manejo autoritario de la información como el que existe en la actualidad. No lo hay restableciendo prolijamente lo peor de la legislación laboral/sindical del pasado.
Que el Presidente que anula leyes o suspende su vigencia (caso de los delitos piqueteros) hable de “calidad institucional”, excede el campo de lo político para incursionar en la comicidad. Es difícil decir si es más pesimista creer que lo dice en serio o que se ríe de nosotros.
Sorprendió también que el mandatario hablara de reconciliación y unión o que dijera que pretendía que los derechos humanos fueran una bandera tanto de la izquierda o de la derecha. No sabemos si se refiere a los derechos humanos de todos o sólo a los de la izquierda como ha sido su política hasta el momento, a través de su secretaría de derechos humanos de ex terroristas o de su política exterior pro terrorismo de estado en Cuba. Desde El disidente redoblamos el deseo presidencial, y apostamos a que algún día los derechos humanos sean de todos, de absolutamente todos y que el procedimiento legal reemplace a la iluminación, al odio o al prejuicio ideológico a la hora de juzgar. Por ahora estamos lejos de verlo.
La deuda ocupó buena parte del discurso del señor K. Acá también primó el peronismo más tradicional. Buena parte de sus manifestaciones podrían compartirse. El vicio del Estado de financiarse con deuda es indudable, pero incurrió en varias inexactitudes. En primer término al volver a cargar sobre “la década del 90” algo que se arrastra desde las decadas del 70 y el 80. El principal vicio de los 90 consistió en desperdiciar los ingresos por privatizaciones, pero el endeudamiento mayor es anterior y por cierto que en uno y otro caso, el origen del problema es un abultado gasto público cuyo destino principal fue la distribución de riqueza y las “políticas sociales” que de acuerdo al diagnóstico presidencial no existieron.
Un desliz de los redactores (o la redactora) del discurso fue la parte en que el presidente expresó el deseo de que la Argentina vuelva a tener la movilidad social ascendente que lo caracterizó. Olvidó situar la época: fue justamente durante las primeras décadas del siglo 20, cuando imperaba el capitalismo verdadero, sin estado fuerte, sin reparto de lo que es de los productores, en el que cada poder del estado tenía su función y era independiente, en el que se habían superado las persecuciones políticas y se gobernaba para constituir la unión nacional, no para dividir, en el que los premios estaban en función de la productividad y no de la necesidad que iguala a todos; mucho menos de la capacidad de extorsión, que nunca hubiera sido premiada.
Entre los logros educativos que el presidente se atribuyó, figuró el reparto de cuatro millones de cuentos en estadios de fútbol y estaciones ferroviarias. Un anuncio propio de país bananero, que se queda corto. La mayor cantidad de cuentos las repartió el oficialismo a través de las bocas de desinformación que construyó condicionando a los medios de información para convertirlos en agentes de propaganda oficial.

El "capitalismo en serio" y las privatizaciones

Dentro de la campaña permanente de desprestigio y hostigamiento que se impulsa desde el gobierno nacional contra todo lo que sean “privatizaciones”, en nombre del “capitalismo en serio”, la legislatura de la provincia de Buenos Aires superó todas las tonterías hasta ahora cometidas contra empresas que hicieron grandes inversiones en la Argentina y sanearon la paupérrima infraestructura con la que contaba el país a finales de la década del 80.
Alentados por el clima anti privatizaciones creado por el oficialismo, los legisladores de la provincia cuyos destinos conduce Felipe Solá no tuvieron mejor idea que prohibir a las empresas de distribución eléctrica EDEN, EDES y EDEA el corte de servicio por falta de pago.
El desborde de demagogia podría provocar un incremento de la morosidad que agrave la situación de las empresas que tienen congeladas sus tarifas desde antes de la devaluación y por tanto disminuyeron de manera notable sus programas de inversión. “Capitalismo en serio” para los legisladores de la provincia de Buenos Aries parece significar que unos invierten y producen a cambio de nada o tal vez que el no pago merezca protección y la pretensión de cobro sea algo pecaminoso.
Sin embargo es tan bajo el margen de libertad con que cuentan las empresas y la inseguridad jurídica a la que están sometidas, que no se escuchan voces de protesta. Ni sus voceros ni sus abogados actúan. Tal vez sea ésta la mejor muestra de hasta qué punto la Argentina se ha alejado de cualquier remedo de capitalismo. Arbitrariedades de este tenor en cualquier país medianamente civilizado hubiera causado presentaciones judiciales y declaraciones públicas. Inclusive voces de la oposición se hubieran hecho oír, pero sabemos que tal cosa en la Argentina no existe y las empresas están suficientemente preocupadas por disminuir las pérdidas ante la andanada de anticapitalismo salvaje que reina en el país, como para defenderse con libertad.
Decía el presidente en su discurso inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso que quería que la Argentina fuera un país normal. Lo está logrando en realidad. En el mundo los países civilizados son minoría. Aquellos donde el derecho está por encima de la voluntad de los gobernantes, donde rige la propiedad privada y donde un empresario no tiene que temer represalias de un gobierno o sufrir la suspensión de derechos elementales como cobrar por los servicios prestados, son una ínfima minoría entre una multitud de tribus salvajes multitudinarias a las que generosamente se les reconoce el status de países. Argentina se está convirtiendo verdaderamente en un país normal.

Se dijo:

Sobre el llamado de Raúl Castells a la desobediencia civil y al no pago de impuestos como forma de resistir al gobierno: “Llamar al incumplimiento es más o menos como llamar al incumplimiento de la ley, al incumplimiento de las normas. Es llamar a un estado de anarquía que es inadmisible”.

Alberto Fernández
Jefe de Gabinete

El señor jefe de gabinete no termina de enterarse de que la acción piquetera en sí implica incumplimiento de las leyes. De hecho su actividad está penada, no por ser “protesta social” sino por ser delito. Los piqueteros están autorizados, por acción y omisión del gobierno del señor Fernández a incumplir la ley, lo que a su vez implica de parte del oficialismo incumplir la ley. Por qué habrían de tener los ciudadanos la obligación de cumplir leyes que no cumplen los gobiernos, si el estado de derecho consiste justamente en que hasta el gobierno está bajo la ley.

“Me parece muy bien que el movimiento piquetero que no es un movimiento social sino político, sincere su condición de fuerza política y protagonice un proyecto electoral”

Alberto Fernández
Jefe de Gabinete

Se empeña el jefe de gabinete en suministrar material para la sección Se dijo. Resulta curioso el cambio de estrategia aparente del señor Castells de revoltoso extorsionador callejero a candidato a presidente. El cambio se produjo al mismo tiempo que abandonó su “ocupación” del ministerio de trabajo una semana atrás, sin haber obtenido (sobre la mesa) ningún beneficio. Pero más allá de eso, el gobierno nos había estado diciendo que la “protesta social” (algo que habrá que definir algún día) no podía ser reprimida. Ahora nos sorprende diciéndonos que nunca fue “protesta social”. Nos queda la duda de cuál es ahora el fundamento para permitir la comisión de delitos de parte de los piqueteros.