lunes, febrero 23, 2004

La Triple K y la situación de los derechos humanos en la Argentina

Con una ansiedad que es consecuencia del trauma de la corta experiencia camporista, nuestros imberbes devenidos sexagenarios avanzan sobre el sistema político institucional sin encontrar resistencia. A su paso y sin advertirlo desnudan su naturaleza frente a un público que pareciera ciego desde hace al menos veinte años.

La Argentina de hoy guarda cierto parecido con un viejo programa de televisión que dirigía Mauro Viale, por el que desfilaban toda clase de personajes que al principio parecían muy normales y civilizados, pero que al ser invitados una y otra vez por el conductor terminaban mostrándose como verdaderamente eran. Despojados al tiempo de la pose inicial que provocan las cámaras, tales personajes terminaban por exhibir el comportamiento que les era natural y la cáscara se les caía a pedazos. Entonces empezaban los golpes, los gritos, las malas palabras (que en algunos destinatarios no estaban tan mal). Como experimento sociológico no se vio algo igual en televisión.

El señor K y sus amigos podrían conducir “Impacto en el siglo XXI” aún cuando el conductor se confunda con sus invitados. Dentro del estilo K, que incluye la conmoción y el golpe bajo como metodología de gobierno, nuestros “defensores de los derechos humanos” puestos en escena y con todos los resortes del poder en sus manos, se conducen como lo intolerantes y belicosos que en realidad son y todos sus ropajes desaparecen.

El principal de sus ropajes ha sido precisamente el de ser los defensores de los derechos humanos, los mismos que no reconocen a las víctimas de los regímenes brutales con los que simpatizan, y que no nos reconocen al resto de los mortales que no formamos parte de su estrategia de dominación. A esta altura del partido sus acciones en la materia se parecen más a la metodología del Ku Klux Klan que a la palabrería que han estado exhibiendo respecto de un pasado minuciosamente inventado y/o recortado. Y todo esto simplemente dejándolos actuar.

La más reciente iniciativa de la Triple K (un nombre doblemente apropiado para la tendencia opresiva actual), ha sido la monstruosidad de pretender obligar a supuestos hijos de desaparecidos a realizarse estudios forzosos de ADN para establecer el vínculo sanguíneo que se les atribuye.

La idea es consecuencia de un fallo de la Corte Suprema de Justicia de octubre del año pasado que dejaba sin efecto una resolución de la Kámara Federal (brazo judicial de los deseos de Horacio Verbitsky) que ordenaba la extracción compulsiva de muestras de sangre a Evelyn Vázquez, hija supuesta de Susana Pegoraro, desaparecida en el año 1977. En la causa se imputa falsificación de documento público, supresión de identidad y retención de un menor de 10 años a Policarpo Vázquez y su mujer Ana María Ferrá, quienes admitieron no ser los padres biológicos de Evelyn, a pesar de haberla anotado en el registro civil de ese modo, y que les fue entregada por personal de la Armada. Evelyn en consecuencia es la víctima en la investigación. Además es mayor de edad y mantiene un vínculo afectivo con quienes creyó sus padres y en lo que a ella respecta cumplieron ese papel.

Pero a la triple K los fallos no la detienen. Una de las principales motivaciones de Página 12 y su apéndice, el gobierno de Néstor Kirchner, para atacar a la Corte era precisamente cambiar su jurisprudencia y eliminar todo vestigio de derecho en la Argentina para hacer aparecer como jurídico lo que es antijurídico (la otra motivación era cambiar la jurisprudencia en materia de corralito y pesificación). Con la misma intención se brinda protección política e impunidad o ascensos a jueces que tienen sus cuentas un tanto desordenadas a la hora de justificar abultados patrimonios, a los que hace pocos años atrás se imputaba pertenecer a la lista de la servilleta de Carlos Corach y hoy son tratados como próceres sólo porque aceptan privar de la libertad a las personas adecuadas y convalidar horrores jurídicos como la anulación parlamentaria de leyes.

Pero cambiar a la Corte no era suficiente en este caso, por lo que a un fallo le seguirá su “derogación” por vía legislativa. Un paso más en el camino de la destrucción de las instituciones en la Argentina.

El proyecto dispone que para resolver dudas sobre la identidad genética en casos de supuestos hijos de desaparecidos "la autoridad competente deberá ordenar todas las medidas conducentes a establecerla. A tal efecto, para la realización de los estudios pertinentes de filiación e identidad por análisis de ADN se podrán utilizar muestras de sangre, bulbo piloso o semen, o cualquier otra que posibilite el resultado buscado".

Nuestra triple K se propone establecer como ley la extracción de sangre pelos o semen de manera compulsiva a una persona ni siquiera imputada de un delito sino reputada víctima de uno, contra su voluntad, en nombre para colmo de los “derechos humanos”.

Nuestro ideólogo en la materia, el simpatizante de Fidel Castro Eduardo Luis Duhalde, promotor de la iniciativa, entiende que “el derecho a la intimidad” de los supuestos hijos de desaparecidos “debe ceder ante el interés colectivo de conocer la verdad”.

Este concepto opuesto a nuestro sistema jurídico basado en la libertad individual, es en realidad la síntesis del pensamiento totalitario: el individuo a merced del interés colectivo (interpretado siempre por individuos por supuesto). El totalitarismo es en la Argentina de “Impacto K”, el fundamento de los “derechos humanos”.

La norma que se propone impulsar el gobierno es una violación expresa a compromisos internacionales asumidos que como consecuencia de la reforma del 94 forman parte del derecho constitucional argentino. La Convención Internacional contra la Tortura de la que la Argentina es parte, dispone que “A los efectos de la presente Convención, se entenderá por el término tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas” (artículo 1° de la Convención Internacional contra la Tortura, ratificada por Ley 23.338).

La Argentina de la Triple K se apresta en consecuencia a consagrar la tortura como metodología para extraer información, aplicada no ya contra autores, sino contra víctimas de delitos.

Sin duda argumentarán que extraer sangre, semen o pelos a una persona por métodos violentos no es grave a pesar de que representa una clara violación de la integridad física. Sabemos que lo único grave es lo que pueda afectarlos a ellos, pero tendrán que lidiar igual con el artículo 16 de la misma convención que aclara sin dejar lugar a dudas que “Todo Estado Parte se comprometerá a prohibir en cualquier territorio bajo su jurisdicción otros actos que constituyan tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes y que no lleguen a ser tortura tal como se define en el artículo 1, cuando esos actos sean cometidos por un funcionario público u otra persona que actúe en el ejercicio de funciones oficiales, o por instigación o con el consentimiento o la aquiescencia de tal funcionario o persona”.

Volviendo a la inspiración filosófica de nuestro secretario de “derechos humanos” ¿Cuál es la diferencia entre torturar a un terrorista para obtener información de “interés colectivo” y hacerlo con Evelyn Vázquez? Hasta el “interés colectivo” está más claro en el primer caso y la torturada en el segundo no es siquiera sospechosa de un crimen. El señor Duhalde parece más el exégeta de la violación que de la defensa de los derechos humanos.

Si hacemos una evaluación de la situación de los derechos humanos en la Argentina, el todavía recién instalado gobierno del señor K se vería en dificultades para pasar el examen:

• Los derechos humanos de los militares son violados de múltiples formas. Desde derogando o anulando amnistías y omitiendo la aplicación del principio de la ley más benigna, hasta persiguiendo a sus abogados defensores.

• Los derechos humanos de víctimas de represión ilegal al no investigarse los novecientos casos de desaparecidos ocurridos antes del 24 de marzo de 1976 sólo porque probarían que esa represión ilegal fue dispuesta y ejecutada en su mayor medida por el gobierno peronista de Isabel Perón más que por los militares.

• Los derechos humanos de supuestos hijos de víctimas de represión ilegal al intentar consagrar la tortura contra ellos para la obtención de información.

• Los derechos humanos de la población en general, al privársela de jueces imparciales por la vía de arrasar a la Corte Suprema de Justicia. Las acciones del gobierno en ese sentido violan otros compromisos internacionales en materia de derechos humanos tales como la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, cuyo artículo 10 dice que “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal”.

Podríamos agregar también el férreo control de la prensa que existe en el país montonero, donde las opiniones independientes o críticas van desapareciendo de la mano del miedo, la compra de voluntades y el apriete fiscal, y veríamos que la Argentina ha entrado en una espiral que conduce a la violación sistemática de los derechos humanos, imputable directamente a sus supuestos defensores.

En el caso de los exámenes compulsivos de ADN es comprensible el deseo y hasta la desesperación de los parientes biológicos de despejar cualquier duda sobre el parentesco, pero ese deseo no da derecho a ejercer tormentos contra terceros. Tampoco da ese derecho ni la lucha contra el terror, ni la lucha en su favor.

El pretender que una persona abjure de vínculos afectivos personales, les gusten o no a quienes los juzgan desde afuera, en función de una razón de Estado es también típicamente totalitario. Pero lo que no es admisible ni como dilema moral, es que una facción que ensangrentó al país, no dio muestras de arrepentimiento y exhibe sus crímenes como un mérito, intente reinstalar los tormentos en función de aspiraciones de poder o venganza.

Moneda de cambio

Tras promover las candidaturas a ministros de la nueva Korte Suprema de Eugenio Zaffaroni (previo perdón de omisiones en sus declaraciones juradas idénticas a las que motivan la persecución de Carlos Menem por el ministerio de Justicia), y de Carmen Argibay, el gobierno propuso a Elena I. Highton para integrar el Tribunal ante la tercera vacante ilegítima obtenida en la cima del Poder Judicial.

Instituciones como el Fores (Foro de Estudios de Administración de Justicia) y la Fundación Bicentenario (en este caso prescindiendo de la opinión de varios de sus miembros) que rechazaron en su momento la candidatura de Zaffaroni, salieron a respaldar la postulación de Highton de Nolasco, haciendo el juego a la burda estrategia oficial.

Al Gobierno le interesa que la Corte lo siga en dos temas que implican crímenes del Estado contra individuos o la población en general que requieren convalidación: persecuciones políticas arrasando con el sistema jurídico (militares, “menemistas” no conversos y opositores) y corralito/pesificación asimétrica. Highton no sería un obstáculo para este último propósito y su voto es innecesario respecto de los planes de persecución oficiales.

El Fores, la Fundación Bicentenario y la doctora Highton han pasado de esta forma a convalidar el asalto a la Corte y los restantes nombramientos, al santificar el procedimiento en función de una candidatura en particular.

Es grave que una institución ya arraigada como el Fores o la Fundación Bicentenario, de más reciente aparición, incurran en el error de avalar el proceso de violación de la independencia del Poder Judicial llevado a cabo desde el ministerio de Justicia del señor K, por el hecho de recibir parte de los beneficios como consecuencia de la simpatía, cercanía política o buenos antecedentes respecto de alguno de los candidatos. Un auto robado no deja de ser menos robado por el hecho de que se le entregue a la madre Teresa.

De repente pareciera que las metodologías violentas e ilegales, o el simulacro de juicio político al que fue sometido Moliné O’Connor no importan si el sector “propio” recibe su parte de semejantes crímenes con una candidata “aceptable”.
Es indigno aceptar ser miembro de la Corte a propuesta de un gobierno que literalmente la asaltó para obtener la vacante. La sola aceptación de la postulación descalifica al postulante, siendo todos los nombramientos desde el señor Maqueda hasta la fecha de una nulidad insanable que algún día deberá subsanarse reduciendo a cinco los miembros del tribunal y declarando ilegales los nombramientos. El apoyo a esa postulación tramposa, descalifica también a quienes incurren en semejante error jurídico, político y ético aunque más no sea por su ceguera. Las sociedades que caen en el totalitarismo primero son diezmadas en lo moral, al punto en que el bien y el mal no se distinguen.

La Fundación Bicentenario además hace referencia a la condición de mujer como dato favorable a la doctora Highton de Nolasco y se queja de que sea otra residente de la Capital Federal miembro de la Corte. En ambos casos exhibe una ignorancia del derecho alarmante. En el primero porque la Corte Suprema no es un círculo para promover el matrimonio y el sexo de sus integrantes carece por completo de relevancia. En el segundo por partir de un principio representativo (federal en este caso) que es ajeno por completo a la naturaleza del Tribunal.

La idoneidad es requisito para los cargos públicos, no el crimen

Carta de Horacio Zaratiegui


Sr. Director:

La autoproclamada impoluta Graciela Ocaña, designó al terrorista Julio Cesar Urien para dirigir la seccional San Martin del PAMI. La información publicada al respecto agregaba que el mencionado ex-marino se "negó a participar de la represión ilegal y despues fue montonero".

Esto es FALSO. Urien fue el organizador y conductor de un intento de copamiento en la entonces Escuela de Mecánica de la Armada, donde prestaba servicios como Oficial Subalterno -Guardiamarina- de la Fuerza. Este traidor a su uniforme comandó aquel intento, que se produjo pocas horas antes de la llegada de Perón al país, a fines de 1972. El objetivo de Urien era tomar el armero (depósito de armas) del instituto para luego distribuir esas armas entre otros miembros de la organización criminal a la que pertenecía (¿o pertenece?).

En el intento de copamiento resultó asesinado por el mismísimo Urien el Cabo 1° Furriel Juan Luis Contreras, que cumplía funciones en la guardia principal del instituto e intentó -tal cual lo obligaba su deber de soldado-
defender su unidad incluso a riesgo de su vida.

En síntesis, Urien era montonero ya en 1972, fue detenido por homicida y por pertenecer a una banda asesina, y estaba preso cuando el Gobierno Constitucional de Isabel Perón ordenó a las FFAA aniquilar a la guerrilla. Mal se puede haber negado a participar en represión alguna, entonces, tal cual nos quieren hacer creer desde el PAMI.

Las noticias falaces sólo sirven a los interesados que pretenden que la "memoria colectiva" sólo recuerde lo que a ellos -partícipes directos o indirectos de crímenes como el del Cabo Contreras- les conviene. Por eso, también, se dedican a crear museos.

Horacio Zaratiegui

Se dijo:

"Los sectores más duros buscan que reaccionemos de manera violenta, pero esto generaría más violencia. Preferimos pagar los costos de la paciencia que los costos de la represión".

Alberto Fernández
Jefe de Gabinete



El negocio del señor Jefe de Gabinete es obvio. El costo de la paciencia lo pagarán los que quieren circular para trabajar, llegar hasta un hospital, o cumplir cualquier actividad particular y los comerciantes que son llevados a la quiebra por la parálisis provocada por la violencia piquetera. El señor Jefe de Gabinete puede viajar en el helicóptero presidencial.
Lo que llama “el costo de la violencia” es el cumplimiento de sus deberes como funcionario público, el mismo delito por el que se persiguió a cuanto “noventista” existió, pero ante el cual la administración K es impune. No trabajar es gratis para el señor Jefe de Gabinete.

lunes, febrero 16, 2004

“Too much” señores piqueteros

El estado de acostumbramiento a que el mal se imponga en la Argentina hizo que nadie reparara en el detalle de que el violento piquetero que le pegó a un taxista con un caño en la cabeza frente a las cámaras de televisión y que después atacó a dos mujeres en un automóvil, en ambos casos por protestar contra el piquete, se exhibía envuelto en la bandera argentina. El altruismo declamado suele ser un aliado indispensable para los truhanes; y nosotros tenemos truhanes con años de carrera y una especialización que sería difícil encontrar en otros lugares.
Los piqueteros que protagonizaron este viernes violento cometieron un error porque no necesitan ejercer la fuerza de esa manera. La sociedad aterrorizada los provee ante la sola amenaza. Con un uso mucho menor se deja despojar sin resistir.

Nuevas metodologías como superación de los años 70
Muchos creen ver en el modo de protesta actual un cambio en la metodología revolucionaria respecto de la sangrienta década del 70 en que en lugar de un caño el sujeto del viernes hubiera llevado un arma de fuego. Pero no fueron ellos los que cambiaron sino la sociedad en la que se desenvuelven. Si ésta no resiste y se deja esquilmar no habrá enfrentamiento alguno. “Si se portan bien, nada les va a pasar” es el mensaje de todo asaltante, de todo piquetero, de todo revolucionario.
No fueron los piqueteros quienes avanzaron un paso más en la escalada de furia. El cambio lo protagonizaron desde la vereda de las víctimas un taxista y una mujer indefensa que osaron discutir la legitimidad de la “protesta social” (extorsión política). Si hay resistencia hay violencia.
La pax montonera es fruto de la rendición de la sociedad argentina a cualquier capricho de los revolucionarios. Se puede arrasar a la Corte Suprema, justificar el terrorismo de estado en Cuba, atacar a los militares por sus actos en defensa del país, perseguir a la policía para favorecer a los delincuentes, nombrar a la hermana del cajero en un organismo de control. En fin, lo que ellos quieran. Gozan de indemnidad absoluta.
La cobardía de la sociedad se expresa de distintas maneras y grados, desde la conversión a la religión izquierdista revolucionaria, a la instintiva adhesión a todo lo que esté mal en cualquier tipo de conflicto político, social o personal en la certeza de que será lo que prevalecerá, hasta el cacerolazo como sustituto pseudo-valiente de todo lo que haría una sociedad sana que estuviera siendo minada en sus fundamentos morales, culturales e institucionales. A la cobardía de la sociedad se la disfrazará de evolución del pensamiento, como una superación de la odiada década del 90. Las encuestas siempre darán como el poder las quiere, porque la sociedad está a su servicio.

Orgullo del mal. “Too much”.
Olga Wolrnat se vanagloria de haber sido montonera para adular a la autotitulada “primera ciudadana” Cristina K, porque sabe que nadie reaccionará para cuestionárselo. En cambio con ese sencillo recurso se pone a los agresivos que comandan las instituciones y a la “legalidad” vigente a su favor. Del otro lado ¿quién hay?
La señora K, entre tienda y tienda de New York le dijo al diario Clarín: "No me preocupa que el país quede aislado de los mercados. Si cuando estuvimos más conectados al mundo nos fuimos a la quiebra".
Será problema en todo caso para los que no tienen la posibilidad de viajar hacia los mercados como hace la señora para hacer sus compras. Ella no se verá privada de lucir su rolex de oro de unos cuantos miles de dólares, importado de otros mercados no sustituidos.

La culpa que no es de K
En lo que sí tuvo toda la razón la señora fue al no aceptar que se le reprochara la inexistencia de oposición como un problema grave del sistema político local. Le pareció “too much” (sic.) que se le endilguen los defectos de la oposición. Y efectivamente es too much.
Mariano Wullich en La Nación del domingo realizó una interesante crónica de la reacción de algunas personas al ver por televisión las escenas de frenesí piquetero del viernes en el tradicional bar “Las delicias” en su actual ubicación en la Avenida Quintana: “Alguien golpeó la mesa que está ubicada debajo del televisor y gritó: "¡Le pegan a una mujer!". Fue la voz de alerta, la que produjo la atención inmediata de todos los que allí estaban: parroquianos, mozos, cocineros y lavacopas. Su mano no pudo, aunque lo hubiese querido, detener a los vándalos, mucho menos empujar a los inactivos policías a la acción… Sólo atrajo a todos frente a la pantalla para ver uno de los espectáculos más deplorables protagonizado por miserables y actuado, sin querer, por tres víctimas que salieron de sus autos a hacer lo que las autoridades deberían hacer y no hacen. Las voces de condena comenzaron a sumarse. "¡Cobardes!", gritó un hombre que había dejado la barra y otro, siempre gentil, esta vez se olvidó de las mujeres del salón, para gritar palabras de esas que lamentablemente muchos guardan para la cancha y que ayer abundaban en la avenida 9 de Julio. "¡Mirá, le destrozan el auto!" "¡Le rompieron la cabeza!" "Pensar que al tipo lo que se le debe romper todos los días es el lomo para subir gente al humilde Renault 12." "La culpa es de la Policía, que no se mete", apuntaron. "No, viejo, lo están filmando y si el agente se mete, mañana va preso", le contestaron. "¿Kirchner estará viendo esto?", se preguntaron. "Adiós, me voy a casa", finalizaron”.
Optimista Wullich ante estas reacciones cree como muchos en este fin de semana que el episodio marcará un punto de inflexión. Sin embargo sin advertirlo descubre el mal que ha hecho crecer al delirio político que se conoce como izquierda en la Argentina. Una explosión de expresiones tardías, muy tardías, que quedarán ahí. Dijeron adiós y se fueron a casa a esperar que alguien haga algo. El resto de la semana permanecerán en silencio, hasta que encuentren algún ámbito seguro para expresar lo que verdaderamente sienten frente a una minoría agresiva que monopoliza la vida política del país explotando la cobardía general o harán alguna reflexión oficialista para que se les permita respirar.
Hasta se preguntaron si Kirchner estaría viendo la escena, como si fuera un tercero o lo que es peor, el salvador y no el principal responsable de lo que estaban viendo. Es aquí donde tenemos que darle la razón a la señora K. ¿Qué culpa tienen ellos de los defectos de la oposición?

El estado del lado del más fuerte
Es el señor K y su montonerismo redivivo quien puso al Estado del lado del piquetero para protegerlo del taxista que paga impuestos para mantener a ambos. Es la kultura kakista la que exalta al malhechor y denigra al que trabaja para sobrevivir. No habría kultura kakista, ni señor K, ni montonerismo redivivo sin tanta gente que golpeara la mesa, dijera adiós y se fuera a su casa.
Parte esencial del discurso progre local era hablar de los “excluidos” del sistema, como aquellos a los que un “estado ausente” había dejado abandonados a la buena de Dios. Esa exclusión a su vez era según ellos la causa de la violencia, del delito y el caldo de cultivo para un siempre invocado “estallido social”. La historia reciente del país demuestra las debilidades de esta falacia. La que vimos el viernes fue la furia de los incluidos, el subproducto de la peor política clientelar.
El sujeto que vimos por televisión golpear al taxista tiene mucho tiempo libre porque no tiene que hacer ningún esfuerzo para sobrevivir. Habita un hotel provisto por la municipalidad conducida por Anibal Ibarra, recibe un subsidio llamado “plan” y es provisto de alimentos también por la ciudad. No se trata de un “excluido” sino de un incluido. Cómo no se iba a envolver este sujeto en la bandera Argentina, si de verdad, sin metáforas, le debe la vida?
En cambio el taxista que recibe el palo también recibe la boleta de impuestos para mantener a su agresor (y como futuro jubilado habrá comprado unos cuantos bonos en default, lo que lo constituye en un buitre) y sostener a un Estado que expresamente ha decidido no protegerlo. No porque no merezca o no pague por esa protección, sino porque el taxista como los habitues del bar Las delicias no le causan ningún problema. El que no llora no mama, y el que no golpea con caños es un gil.
El gobierno aprovecha y lanza una campaña de propaganda más. A través de sus ya insoportables voceros, los Fernández, por todos los medios de prensa que les responden y los tienen como abonados se pusieron a vociferar que no tolerarían los piquetes violentos. Sin embargo como hemos dicho todos los piquetes lo son.

“Mano suave” decía Duhalde
Llegaron a privar de su libertad a un ministro y el gobierno lo único que hizo fue ordenar a fiscales y jueces (que en estos días no tienen ningún problema en obedecer, menos cuando los que golpean las mesas en los bares y los taxistas no protestan siquiera por eso, mientras que el montonerismo los castigaría duro si no lo hicieran) que dieran por terminado el asunto.
Dos meses atrás los legisladores oficialistas del grupo Talcahuano presentaron un proyecto de amnistía a lo que llaman “protesta social” (extorsión pública) para dotar de impunidad absoluta a cualquier acto realizado en el contexto de un piquete (ya lo hemos dicho, el mal santifica), por cualquier delito a excepción del homicidio. Se ocuparon por supuesto de incluir también a los fraudes en el reparto de subsidios por parte de las organizaciones políticas que los explotan. Negocios son negocios.
Es decir que el piquetero que le pegó en la cabeza al taxista y después agredió a dos mujeres y les destrozó el auto, hubiera quedado perdonado, aún siendo de las personas más “incluídas del sistema” (que es el grupo de los que cobran no por no trabajar, que ya sería grave, sino por delinquir). El taxista podría haber quedado cuadripléjico que para el proyecto oficial y para el sistema de valores del “nuevo modelo” el agresor no hubiera merecido reproche legal de ninguna naturaleza. Nadie golpeó ninguna mesa cuando este proyecto era expuesto con orgullo por los diputados oficialistas como signo de un setentismo consecuente. Nadie les reprocha ahora aquel delirio y hasta creen que los responsables son sus salvadores.

Legalidad suspendida
El señor K ordenó a las fuerzas policiales no intervenir ante el delito. Así lo han denunciado (auque para ellos no sea una denuncia) los insufribles Fernández. Más o menos han hecho quedar a su jefe y líder espiritual como incurso en la figura prevista por el artículo 248 del Código Penal (Art. 248.- Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por doble tiempo, el funcionario público que dictare resoluciones u órdenes contrarias a las constituciones o leyes nacionales o provinciales o ejecutare las órdenes o resoluciones de esta clase existentes o no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere).
Pero sabemos que la legalidad se encuentra suspendida y que las normas se aplican o no de acuerdo a la voluntad del señor K. A nadie puede asombrarle que siendo la acción pública y estando el Estado y los funcionarios en particular, obligados a actuar bajo pena de incurrir en delito, ante la presencia de crímenes (en caso de los piquetes y aunque nadie le pegue a nadie, por lo menos, la infracción al artículo 194 del Código Penal: “El que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicaciones, de provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a dos años”), se detenga y cumpla un papel contemplativo o cómplice.
La legalidad queda de lado hasta que el señor K decida lo contrario. Dicen que ha perdido la paciencia por lo ocurrido el viernes. El es de los que no golpean mesas y tal vez pase de la complicidad a la enemistad con los piqueteros. O mejor dicho, con algunos piqueteros; con aquellos que, a diferencia de la SS oficial que son los piqueteros que responden a Luis D’Elía, ejercen su violencia protestando contra el gobierno en lugar de responderle y ejercer la violencia contra la sociedad cuando el oficialismo lo requiera. No es la integridad física del taxista, ni la de las señoras, ni el derecho a circular de los automovilistas, ni los daños que sufren los comerciantes lo que preocupa al oficialismo, sino la desobediencia y la resistencia al poder úniko que se ha instalado en la Argentina como regalo del señor Duhalde.

¿Católicos maniobran a favor del aborto?

El señor Beliz quiso tranquilizarnos hace unos meses diciendo que con el decreto 222 que dispone un procedimiento para la selección de candidatos a jueces de la Corte Suprema, demostraría que el gobierno no quería lograr su “corte adicta” al desplazar ilegalmente, delictualmente diría, de sus cargos a varios de los ministros del Alto Tribunal. No esperaba que el procedimiento sirviera para otra cosa que para convalidar los deseos oficiales. “Bien” para gente tan “moral” como Beliz significa lo que es favorable a sus deseos y “mal” lo que los contradice. Así es que en cuanto apareció la Fundación Bicentenario y otras instituciones como el Colegio de Abogados de Buenos Aries a impugnar la candidatura de Eugenio Zaffaroni, en lugar de ponerse a estudiarlas y considerarlas seriamente como se suponía si se creía en la buena fe del decreto, convirtió todo el procedimiento en un gran 0600 en el que las impugnaciones podían ser contrarrestadas por un mayor número de adhesiones. Una de las impugnaciones podía acusar al candidato de homicidio (un delito no aceptable ni para piqueteros, mucho menos para simples jueces de la Corte), pero si dos adhesiones hablaban de sus buenos modales en la mesa el balance, creado por Beliz y sus acólitos moralistas, daba positivo. Esa fue la argucia propia de la peor política que el ministro de Justicia utilizó para salvar el inconveniente de que hubiera ciudadanos que se tomaran en serio sus palabras.
Considerar adhesiones no tiene sentido alguno. La única adhesión que vale es la del Presidente de la Nación, quien se hace responsable por sostener a un candidato. Lo que un procedimiento de impugnación debiera buscar no es apuntalar los caprichos del mandamás, sino indagar si existen motivos no conocidos por el presidente para no sostener esa candidatura. Son las impugnaciones lo relevante y no las adhesiones.
En el caso de la doctora Argibay sigue la tómbola de los moralistas. Esta vez el ministerio está siendo inclusive denunciado de hacer fraude en la contabilidad de las adhesiones. Ya no basta la argucia del balance, sino que inclusive hará falta retocarlo. Y probablemente si ese fraude no alcanza se hará constar que la doctora Argibay estuvo alguna vez cortando una calle, lo que la convierte en una “luchadora social” y por tanto inmune a cualquier acusación.
Según un comunicado de la Agencia Informativa Católica que reproduce al Boletín “Notivida”, se ha incurrido en varias irregularidades a la hora de contabilizar los apoyos a la doctora Argibay:
“Muchas adhesiones institucionales no cumplen con la presentación que acredite su existencia como personas jurídicas.
Las opiniones institucionales favorables revelan además, otras irregularidades, sólo a modo de muestra reseñamos los siguientes ejemplos:

-Hay adhesiones particulares a la candidatura de Argibay, que fueron registradas como institucionales. Por ejemplo la de la Dra. Alicia Ruiz, que figura como una adhesión del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Aclaremos que Ruiz es presidenta del mencionado Tribunal, pero que envió una adhesión personal.
-Hay adhesiones institucionales duplicadas registradas bajo distinto título. Por ejemplo, la de la “Unión de Madres Argentinas” y la de la “Unión de Mujeres de la Argentina-Asociación Civil”.
-Hay simples comunicados que fueron incluidos como adhesiones formales. Por ejemplo el de la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina -AMJA-. Entendemos que la AMJA no pudo presentar una adhesión formal por carecer de la objetividad requerida para la participación. Carmen Argibay es socia fundadora de la entidad y fue su creadora y primera presidente tal como dice el mismo comunicado.
-Algo similar ocurriría con la Fundación de Estudios para la Justicia -FUNDEJUS- de la que Carmen Argibay es adherente y secretaria administrativa en uso de licencia, según consta en el Currículum Vitae de la magistrada, provisto por el Ministerio; agrava la situación que en este caso fue el propio Ministerio de Justicia quien requirió la opinión.
-Bloques partidarios, de transitoria existencia, figuran entre las instituciones que favorecen a Argibay.
-Hay cartas dirigidas al presidente Kirchner apoyando su decisión de postular a Argibay, registradas entre las adhesiones recibidas formalmente en el Ministerio de Justicia. Por ejemplo, la enviada por la Asociación Mutual Mujeres de Buenos Aires -AMMUBA- y la Asociación Civil Nueva Ciudadanía.
-Hay adhesiones colectivas registradas como institucionales. Por ejemplo, la de un grupo de simpatizantes, militantes y dirigentes de la Corriente Progresista de la UCR de Buenos Aires, que no invocan ni acreditan la representación partidaria y que se presentan simplemente en “carácter de ciudadanas y ciudadanos”.

También denunció la Agencia que se encuentra cortado el acceso por Internet a las impugnaciones, algunos de los impugnantes fueron omitidos. La institución contabilizó más de 11.000 impugnaciones.
¿Y por qué clase de candidata demuestra un entusiasmo tan irregular el grupo de supuestos “muy católicos” que conducen el ministerio de Justicia? Por una que se ha pronunciado por la despenalización del aborto.
Hemos visto evolucionar al señor Béliz de la época en que consideraba a Carlos Menem “casi como un padre” a antimenemista fanático y su perseguidor utilizando los resortes del Estado para intentar encarcelarlo. También de principal exponente del sistema de “tolerancia cero” a progre justificador de la “protesta social” como eximente de responsabilidad penal, de considerar que Domingo Cavallo podría vender a su madre por poder a convertirse en su aliado y candidato a vice intendente, de presentar siete denuncias contra Anibal Ibarra, a impulsor de su candidatura. Ahora lo vemos evolucionar de ferviente católico, tal vez miembro del Opus Dei, a impulsor de una candidata a la Corte abortista y dispuesto a tergiversar los datos en su favor.
Decía Plutarco que sería tal vez Beliz el impulsor de la cárcel para Néstor Kirchner cuando éste deje el poder. Nosotros creemos que pediría la prisión del propio Papa si eso pudiera mantenerlo en el cargo.
A veces episodios aislados pueden explicar lo que le pasa a un país en el que los inmorales y los bandidos son infinitamente más confiables, más leales, más honestos y limpios de corazón que sus moralistas.

Se dijo:

El Gobierno no se va a dejar presionar por los piqueteros violentos.. la Justicia es la que debe intervenir para impedir desmanes como los protagonizados el viernes pasado por un grupo de piqueteros en Capital

Anibal Ibarra
Jefe de Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires
(intendente)


Dentro de la retórica oficial acomodada este fin de semana, los acólitos kakistas como el señor Ibarra han inaugurado este nuevo vocabulario contra la “protesta social”. No creemos por supuesto que sea serio, sino una mera adaptación a la impresión causada por la imagen de un piquetero más explícito que otros en la violencia. Lo único que hace el Gobierno es dejarse presionar por piqueteros violentos. Un grupo de doscientos forajidos asusta más al señor K que el G7 y el FMI juntos. Todo piquete es violento como ya lo hemos explicado y la falta de palos se debe a la obediencia de los sometidos más que a las buenas intenciones de los arrebatados.


"No se puede tomar la calle como si fuera de uno y mucho menos para agredir a personas… En estos casos intervendrán la policía y la Justicia, se los buscará, se los detendrá y se les aplicarán todos los artículos del Código Penal".

Anibal Fernández,
Ministro del Interior


Se contradice el señor ministro con sus propias palabras de hace unas semanas atrás. Decía entonces que sí se podía tomar la calle como si fuera de uno para una “protesta social” y al igual que el ministro de Justicia, exploraban mecanismos para “descriminalizarla”, es decir, dotar de impunidad a los revolucionarios. Hablaba inclusive de un dilema que si lo planteara un estudiante de derecho daría motivo a su expulsión, que consistía en el choque de dos valores jurídicos: “el derecho a circular, las normas del derecho penal y el derecho a reclamar”, como si el derecho a reclamar incluyera la posibilidad de cometer delitos. Debería aclarar el ministro que ningún otro que no sean los grupos violentos que responden al señor K puede tomar la calle como si fuera de ellos o cometer cualquier tropelía estando eximido del Código Penal.

lunes, febrero 09, 2004

Filosofía y ficción

Todo indica que al G7, el grupo de los siete países más industrializados, no le hacen mella los berrinches del señor K, ni las descalificaciones del ministro Lavagna, ni terminan de comprender lo malos que son los acreedores que quieren cobrar. Sus líderes no han sido formados en la Argentina y no discuten ni que dos más dos sea cuatro ni que las deudas se paguen.
Tampoco leen suficientes diarios argentinos ni se enteran de cómo avanzan las investigaciones que realiza el ministerio de Justicia, el nuevo poder judicial de la Argentina “en serio”, para buscar buenos motivos para encarcelar a dos ex presidentes. No es tan fácil entretenerlos a ellos como a nosotros. Los medios extranjeros no aceptan que desde la Casa Rosada les dicten los titulares y les redacten las noticias. Pasando nuestras fronteras tal parece que es necesario resolver los problemas y no basta con manejar la información. Manejar la información sería seguramente considerado en países que no son el nuestro (por oposición vendrían a ser los “no serios”), síntoma de que hay problemas. Manejar mucho la información y de manera obsesiva, daría la sensación de que los problemas son grandes y quienes deben enfrentarlos no tienen la más remota idea de cómo resolverlos.
Si el gobierno del llamado “Proceso de Reorganización Nacional” hubiera manejado la información disponible para el público del modo en que lo hacen los montoneros argentinos, más efectivos y detallistas a la hora de construir ficciones que el propio Duhalde, tal vez estarían todavía en el poder y jamás nos hubiéramos enterado siquiera de la derrota en Malvinas.
El gobierno sin embargo deja pistas fáciles de seguir. El novelista y columnista José Pablo Feinmann del diario Página 12, conocido ya como boletín oficial es tratado de filósofo presidencial en una nota de la revista Noticias. Filosofía y ficción son un mismo género para la izquierda argentina. Serán esas las virtudes como su proclamado marxismo (a propósito, Noticias dice de él que es un marxista; ¿será que Noticias está empezando a ver marxistas por todos lados?) lo que lo convierte en una de las voces que más hablan al oído presidencial. Filosofía, ficción e información, una combinación inseparable en la era K.
Pero las obvias triquiñuelas informativas, como la de hablar de explosión de turismo en las playas argentinas, el esconder la ola delictiva que se sufrió todo el año en esa zona o asustar a los veraneantes en Brasil haciendo aparecer a ese país con un incremento del delito fuera de lo normal, y tantas otras que hemos comentado en El disidente, son ineficaces para frenar a los hechos relevantes, como la humillación de que la Argentina se haya convertido de la mano del huracán K en un país inhibido y embargado, o el cansancio de los países más desarrollados con la retórica y la falta de comportamiento de la Argentina frente a sus acreedores, a los que no sólo no les paga (algo que nadie pretende que haga en su totalidad) sino que los descalifica e insulta.
Sin embargo el gobierno nos tranquiliza con el hecho de que ha escondido sus bienes, como el peor estafador. La insolvencia fraudulenta es un delito en la Argentina sólo para el sector privado. De tanto leer Página 12, entre nosotros empieza a considerárselo como un signo de coraje y patriotismo.
La inconducta por ahora nos está saliendo gratis y como no podía ser de otro modo, nada mejor para ganar popularidad en la Argentina que tener un comportamiento despreciable. El problema vendrá cuando haya que pagar el precio por cada palabra necia salida de la boca de los bravucones oficiales. Porque en esas circunstancias la popularidad se pierde con toda rapidez, y el costo lo pagan sólo los bravucones sin que nadie recuerde siquiera haber simpatizado con ellos alguna vez.
Las encuestas, profusamente difundidas por el aparato de propaganda, nos dicen que el setenta por ciento del país está conforme con la postura adoptada por el gobierno en relación a la deuda externa. Sería como preguntarle a un hipertenso si le gustaría comer un asadito de achuras, con la diferencia que este hipertenso sabe que bajar el colesterol no es su responsabilidad. Los gobiernos no parecen entender, y éste no es la excepción, que la nuestra es una democracia representativa, donde “el pueblo no delibera ni gobierna”, los gobernantes toman decisiones sin preguntar y luego pagan el costo por los resultados, no por su fidelidad a los impulsos populares. Y no hay impulso popular más feroz y caprichoso que el que se produce cuando no se alcanzan los resultados.
Lo peor de la gratuidad es que emborracha a los argentinos desde la más tierna infancia. Del pensamiento general del que se alimenta el poder no podemos asombrarnos. El Estado lo inculca absolutamente todo a través del sistema des-educativo. Para que algo le sea dado a otro “gratuitamente” un tercero será sometido por el Estado y reducido a servidumbre por el tiempo que le haya demandado producir los recursos necesarios. El Estado no enseñará esto jamás ni siquiera como dicotomía ética. Puede enseñar física cuántica, formar excelentes científicos en áreas sin consecuencias políticas, pero los mismos que se perturban porque ninguno de los alumnos de la Universidad de la Plata superó el examen de ingreso a la carrera de Astronomía, tal vez sean los que contestaron encuestas en Internet que aprobaron el control de precios impuesto por el gobierno del señor K sobre la medicina prepaga, que es algo que requiere una ignorancia mucho mayor y mucho más perjudicial que la de los aprendices platenses.
El de Internet es un público de alta “formación” y poder adquisitivo. En Infobae, con lectores profesionales y habituados a temas económicos, con una buena línea en la materia, el 75% de los que contestaron la encuesta respectiva, aprobó el control de precios. Que aspirantes a universitarios ignoren los secretos de otros mundos es intrascendente frente a la realidad de que quienes manejan éste viven en la ignorancia total acerca de sus reglas y limitaciones.

Cultura Kakista: Si no puedes solucionar un tema, aprovéchalo para la interna




El problema de la seguridad se volvió a convertir en un asunto de propaganda como cada vez que se produce un hecho importante. Pero es una propaganda cruzada que se utiliza en el enfrentamiento por disputas de poder entre el gobierno nacional y el de la Provincia de Buenos Aires.
La liberación de Ernesto Rodríguez fue la primera buena noticia en materia de seguridad en mucho tiempo. Y lo fue porque el caso se resolvió, en lugar de consumarse el delito. Es decir, Rodríguez fue liberado por la policía sin que se pagara rescate.
El célebre hijo de víctima, novio de Susana Giménez cargó contra el gobernador de la Provincia de Buenos Aires Felipe Solá por haber recomendado a los familiares hace algunos meses (ver El disidente número 11 http://www.eldisidente.com/?href=2003_11_17_arc) pagar el rescate ante la “más mínima duda” de riesgo de vida del secuestrado. Difícil tener dudas sobre el peligro de vida de un secuestrado, por lo que la declaración del gobernador, igual que la de los secuestradores, fue que pagaran siempre si querían ver con vida a su ser querido.
Rodríguez que entendió que esta recomendación fomentaba el delito en lugar de tender a solucionarlo, también recriminó a Solá el ataque a la policía ante la ola de inseguridad en lugar del apoyo a las instituciones. Pero a diferencia de su novia o ex novia semanas atrás, no sólo dejó a salvo sino que elogió en cambio al señor K y su séquito.
No hay por qué reclamarle a Rodríguez hijo precisiones en sus declaraciones, pero no recordó que quien más acusó a la Policía de la Provincia de Buenos Aires como un todo, no fue el gobernador Solá, sino el señor K. Y si eso no bastara, también habrá que recordar que las conferencias de prensa festejando (y queriéndose atribuir el “mérito”) después de que una víctima era liberada contra el pago del rescate (es decir, cuando se consumaba el delito), se daban tanto en La Plata como en Balcarce 50.
Mientras por supuesto que quienes tuvieron que enfrentarse a balazos a criminales armados con fusiles FAL y ametralladoras no fueron los agentes de prensa y propaganda oficiales, sino los denostados policías bonaerenses.
Problemas de delitos en la Policía de la Provincia de Buenos Aires hay. Los hay en todas las policías, por eso siempre hay departamentos de investigaciones internas. Se podría aceptar inclusive que esa fuerza tenga un promedio mayor y esté algo más relajada en sus conductas y valores que muchas otras. Tal vez. Pero el absurdo progre de sostener que toda la policía está irremediablemente corrupta y que nos hace pagar con riesgo de vida sus traumas juveniles con cualquiera que vista uniforme, es insostenible. Y lo es en particular porque llevan años conduciendo la provincia y realizando purga tras purga. Si de verdad la Policía provincial fuera insalvable, ellos serían los verdaderos responsables fracasando en sus purgas o por el hecho de que el problema continúe.
El Estado debe brindarnos seguridad y debe reprocharse a los gobiernos el fracaso en ese cometido, sin que interese si quienes amenazan nuestras vidas o patrimonios son o no agentes estatales. Si lo son, mayor responsabilidad para los políticos no menor.
Pero como esta leyenda negra sobre la policía en conjunto no es ni siquiera real, los que arriesgan la vida y la dan por nuestra seguridad son la parte más castigada de nuestra sociedad. Por qué portarse bien si eso en la Argentina es motivo de todos los castigos.

Se dijo:

Confiamos en que en gran medida el tema de los secuestros a partir de la captura de esta banda va a ceder

Alberto Fernández
Jefe de Gabinete


No nos tranquiliza mucho el señor Jefe de Gabinete. Nos resulta extraño que la ola permanente de secuestros express y no express hayan sido organizados “en gran medida” por una misma banda. En otras épocas en que los medios de comunicación criticaban a los gobiernos, los dichos de Fernández hubieran dado lugar a muchas bromas. Pero en estas épocas la crítica ha desaparecido y tenemos que soportar intentos de engaño absurdos.

Estamos trabajando con el presidente Kirchner y el ministro de justicia Gustavo Beliz en un plan integral de seguridad que está muy avanzado… A este tema hay que cortarlo de cuajo, no se trata solamente de aumentar las penas ni de poner más policías en las calles”.

Alberto Fernández
Jefe de Gabinete


El Jefe de Gabinete dijo esto en la misma conferencia de prensa. Tal vez el plan abarque el poco de inseguridad que no es debida a la banda capturada. Pero lo que nos llama la atención más es que a siete meses de estar en el gobierno, recién estén terminando un plan al respecto.
Los planes se hacen en la campaña electoral, no después de volver de la “luna de miel”. Sobre todo porque hubo otros intentos, básicamente consistentes en poner no sólo policías sino también gendarmes en las calles, que no dieron resultados y que en su momento se anunciaron como panaceas. El 8 de Julio de 2003 un enorme titular del diario La Nación (que puede verse en Internet) decía, de parte del ministro de Justicia y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, “Prometen frenar la ola de inseguridad en seis meses”. El subtítulo era “Unos 2000 oficiales de la Gendarmería y de la Prefectura ya están actuando en las calles”. El plazo de semejante anuncio venció el 6 de enero pasado y la ola va tomando dimensiones de maremoto. En los países serios los ministros que fracasan en sus planes renuncian.

lunes, febrero 02, 2004

¿Se viene el virus K, versión 2.0?

El presidente Néstor Kirchner pidió a sus interlocutores los empresarios españoles a los que hacía unos meses acusó del pecado de invertir en la Argentina durante un gobierno con el que él no simpatiza, que lo juzgaran por lo que hace y no por lo que dice. Les quiso hacer ver que no ha intervenido en los mercados y sus servidores económicos definieron la política oficial como “capitalismo en serio de tinte keynesiano” (gran contradicción). Está muy bien como consejo, pero habrá que ver si estos dichos también forman parte del material probatorio a descartar.
No escuchar al presidente de aquí en más puede ser una buena idea, al menos para tener un pasar más sereno, pero para mayores datos de los empresarios españoles y los análisis que se apresuran a ver un virus K versión 2.0 totalmente renovado a partir de este tour por la península ibérica, veamos qué significa lo hecho por el oficialismo hasta ahora, en términos de capitalismo, seriedad y keynesianismo.
Para empezar poco tiene que ver con el capitalismo asaltar a la Corte Suprema de Justicia como lo hizo este gobierno ayudado por una oposición tibia y más preocupada por no aparecer defendiendo a impopulares que por mantener las bases esenciales de la república. El circo vergonzoso y arbitrario en el que se convirtió el juicio político a Moliné O’Connor, las presiones para la renuncia del Juez López y ahora la arremetida contra el Juez Vázquez, no hicieron más que servir a los propósitos oficiales de tener una Corte obediente que convalide sus proyectos autoritarios y deplorables desde el punto de vista jurídico sobre dos temas: pesificación y confiscación de depósitos durante la era Duhalde, y persecuciones políticas. Entre las operaciones oficiales de persecución figuran por una parte militares que osaron responder a la agresión terrorista de la década del 70 y por otro personajes políticos más recientes repudiados por la opinión pública, tarea encargada al ministro Beliz como una forma de convertir al poder judicial en una versión moderna de los circos romanos, donde la plebe enardecida se distraiga, de rienda suelta a su odio y alimente así el poder del soberano con su miseria. Y si consideramos que el Congreso se ha convertido en una banda de pedigüeños que no conoce otra versión de la política que no sea el reparto de dinero provisto por el presupuesto nacional y por tanto obedece ciegamente cualquier política, llegamos a la conclusión de que el poder es uno solo y reside en Balcarce 50.
Es difícil interpretar como capitalista la política de “derechos humanos” del presidente K, teniendo a un simpatizante de bandas terroristas a cargo de la materia, dedicando tanto esfuerzo a violar sistemáticamente los derechos humanos de militares acusados alegremente de cualquier cosa y habiéndonos convertido en uno de los pocos países cómplices del terrorismo de estado cubano.
Si hablamos del sentido que se le otorga a la propiedad privada en asuntos más pedestres, éste parece ser un gobierno que entiende que la gente que se molesta porque la asaltan, la matan y la secuestran es histérica, frívola y egoísta y no entiende la “situación social”, aunque esté causada por el propio Estado y se vea agravada por el hecho de que la gente esconde sus bienes para no ser asaltada, asesinada o secuestrada. Así, mientras los montoneros envejecidos golpean policías con sus exabruptos permanentes, maltratan a Susana Giménez por quejarse de que el padre de su novio esté en manos de captores de ocasión, y dedican el tiempo del ministro encargado de la seguridad (que prometió que la terminaría el 8 de enero pasado) a tratar de llevar a prisión a ex presidentes constitucionales, los delincuentes ya tienen sus propias manifestaciones musicales como la “cumbia villera” y en cualquier momento tendrán su propia caja de jubilación.
Y si hablamos de otros delincuentes, ayer llamados ñoquis o punteros y hoy revalorizados como piqueteros, el antecedente tampoco podría tranquilizar a empresarios, sean españoles o argentinos. Ellos son los dueños de la calle y enarbolan viejas banderas marxistas (metodología copiada por el oficialismo) para que al robo se lo llame “justa distribución de la riqueza” que es una forma de crimen que hasta cuenta con el aval de las Naciones Unidas.
Tenemos también otras protestas violentas autorizadas por la omisión oficial, como la quema de la casa de gobierno de Santa Fe la semana pasada o la de las petroleras en Salta, que no contribuirán mucho al balance que hagan los empresarios de España.
Podemos repasar los distintos episodios de agravio gratuito a empresarios, pero de eso los españoles saben bastante. Inclusive se la han pasado durante la década del 90 pagando a periodistas hoy adláteres del señor K, pensando que salvaban a sus empresas invirtiendo en protección.
Pero diciendo todas estas cosas, algunas mentes pequeñas pueden pensar que lo que importa es que pasa con los negocios, como si lo dicho hasta ahora no tuviera influencia en ellos. Pero en fin, aceptemos estas pequeñeces propias de un país donde la universidad es gratuita, y digamos que en ese plano tampoco ayudaría mucho al argumento presidencial ese repaso.
El tratamiento de las “fábricas recuperadas”, es decir, tomadas por sus empleados con el aval del gobierno, en las que participa abiertamente el montonero, amigo íntimo y consejero presidencial Miguel Bonasso, no son hechos alentadores a la hora de invertir. El propio ex jefe de la Policía Federal Miguel Giacomino recibió del ministro de Justicia (título injusto pero así se llama el ministerio) la sugerencia/orden de no obedecer una resolución judicial de desalojo en la fábrica de los hermanos Brukman. Sugerencia/orden que al no ser acatada para no incurrir en el delito de desobediencia, le costó el cargo. No delinquir en la Argentina a veces trae serias consecuencias.
Si revisamos la política laboral del presidente K, no vamos a encontrar mejores augurios en materia de capitalismo. Después de fogonear el tema “sobornos en el senado”, dejando a salvo las omisiones del huidizo ex vicepresidente Chacho Alvarez, el gobierno se propone reestablecer privilegios sindicales y mayores rigideces de un mercado laboral hiperregulado. No es que se pierda gran cosa con la tibia reforma que hizo la Alianza (tan tibia que hasta el nombrado Chacho Alvarez la defendía), pero digamos que habla de la línea de pensamiento oficial.
La persecución a la empresa Carrefour y el respaldo a las violentas acciones llevadas a cabo por Moyano para apoderarse de los aportes de sus empleados es una obra típica del accionar K, que ha estado presionando de manera patoteril por decisiones empresarias que debieran basarse en proyecciones, presupuestos y números (como en los países capitalistas).
El hecho de haber puesto bajo “revisión” permanente sin motivo jurídico alguno a la totalidad de las privatizaciones (a excepción de las que expresamente se alinearon políticamente con los intereses facciosos del oficialismo), algo que el ministro Lavagna anunció privadamente que recién terminaría en junio del 2004, no es precisamente una política muy capitalista.
Por último, tal vez el mayor de los problemas a la hora de hacer el racconto de lo hecho por el gobierno hasta ahora es el maltrato a los acreedores que prestaron plata al país para sostener un gasto público absurdamente alto, tan alto como Keynes no hubiera soñado jamás, pero más bajo de lo que los progres argentinos entendieron durante toda la década del 90 que debió ser, dado que no hicieron más que criticar a Menem por lo que no gastaba. ¿Dónde se ha visto un capitalismo dónde se considere “histérico” a un acreedor que quiere cobrar? Porque es cierto que en el capitalismo también existen los que no pueden pagar, pero que insulten, maltraten y descalifiquen a los acreedores, eso sí que es moderno.
En fin, cuesta pensar que los empresarios españoles pudieran tranquilizarse con el consejo presidencial. Al gobierno parece ser mejor negocio aún juzgarlo por lo que dice que por lo que hace.
No faltarán quienes crean que una reunión amable con empresarios españoles, en la que éstos anuncian que invertirán dinero, es una muestra de confianza respecto al lado del mundo en que nos encontramos. Pero habrá que recordar también, aunque no nos guste arruinar tanta algarabía, que en el otro lugar donde empresarios españoles tienen este tipo de reuniones amables para hacer anuncios parecidos es en Cuba.


La invasión de los bárbaros

No es usual que comentemos películas en El disidente pero “La invasión de los bárbaros” estrenada esta semana es digna de mención por su significado. Si usted piensa verla y no la vio, le sugerimos dejar la lectura de este comentario para más adelante porque vamos a violar la principal regla de la crítica cinematográfica que es no contar el meollo del contenido.
La invasión de los bárbaros es el relato de la agonía de su personaje principal que ocurre en un hospital público calamitoso, y la relación con su hijo, un hombre de negocios eficaz y expeditivo, que ha tenido un trato distante y difícil con su padre, pero que aparece a solucionar todos los problemas propios de la situación.
Remy, el padre, es un marxista leninista (no verán en ningún comentario esta precisión, recuerden que en la Argentina, esas palabras no se mencionan), pero no como los nuestros. Este no parece haber matado a nadie, ni haber puesto bombas o haber recurrido a los secuestros extorsivos para financiarse. Tampoco hizo otro daño que asumir los costos de vivir la vida a pleno rodeado de mujeres y ser profesor universitario para que la enfermedad marxista se propague a las futuras generaciones. Un personaje típico: simpático y divertido, con un pensamiento poco coherente con su vida, más bien apropiado para pueblos lejanos (como nosotros).
Remy resiste el ofrecimiento de su hijo de ser trasladado a un hospital privado en Estados Unidos, porque votó en su momento por la socialización de la salud en Canadá y es, dice, un hombre de principios. Está sobreentendido que un hospital privado en Estados Unidos es mucho mejor que uno público en Canadá, donde la mayoría de los pacientes se encuentran en camas distribuidas en los pasillos, los empleados miran televisión mientras contestan las preguntas de las personas y no se pueden realizar los estudios que el enfermo necesita. Pero lo que es bueno siempre es malo para la izquierda. Lo que está bien del hospital privado norteamericano, es lo que está mal para Remy.
Un hospital privado se diferencia de uno público por el hecho de no ser manejado por políticos. Ambos necesitan recursos; uno los obtienen sin molestar a nadie y otro no los obtiene del todo, pese a que su medio para obtenerlos es el uso de la fuerza. Uno tiene capacidad para tantas camas y otro también, pero uno tiene motivos para construir más cuartos y otro no. En uno cobran un precio que representa la escasez relativa de lo que se ofrece, en otro cobran un impuesto, que siempre resulta más caro que el precio y representa el poder de quien lo recauda. Los principios no alcanzan tanto en este caso como para rechazar el hacer esos estudios en el “imperio”, pero esta aceptación no merece diálogos ni explicaciones. Estados Unidos está para ser usado, no alabado.
Un pasaje interesante es la visión del protagonista sobre el ataque a las torres gemelas. De ahí deriva el título de la película. Se compara el atentado con el avance de los bárbaros sobre Roma y se le da un carácter reivindicativo. No hace más que mostrar el éxito que desgraciadamente ese horrendo acto terrorista tuvo para sus perpetradores, al que se lo interpreta como el fin de la pax norteamericana.
Pero lo más interesante de este relato es ese hijo que no sólo se ofrece a pagar todos los gastos para que su padre pase sus últimos días, sino que soborna a una funcionaria (algo que no es necesario hacer en un hospital privado) para que reabra un piso del hospital abandonado (reitero, mientras la mayoría de los pacientes son atendidos en el pasillo). La funcionaria le hace ver que es inútil que la compre, porque todo debe tener el aval del sindicato. Uno podría reconocer en esos personajes a cualquiera de nuestros sindicalistas. Los sindicalistas también son comprados y acceden a acondicionar el piso abandonado, al mejor estilo de un hospital privado norteamericano.
Al hijo de Remy le roban su impecable notebook. Cuando quiere proceder según el procedimiento establecido para los felices destinatarios del hospital público, le dan un largo formulario a llenar por el robo, que le aclaran que sólo servirá para engrosar un archivo, porque la policía sólo actúa en casos violentos. Un pedido a los amigos del sindicato resuelve el problema rápidamente.
En la revista Noticias contrastan los “principios” de Remy, con la falta de escrúpulos de su hijo. No elaboran por ejemplo el hecho de que Remy pasa sus últimos días en un cómodo cuarto recién pintado, donde puede reunirse con sus amigos (gracias a que el hijo los juntó) a tomar champagne y hablar de marxismo leninismo, o drogarse con heroína que, por supuesto, el hijo le consigue en el mercado negro (porque vivimos en un mundo en el que rige, como diría Thomas Szaz, una “dictadura terapéutica” muy socialista ella, practicada sobre todo por “el imperio”, según la cual se impide que un señor que está por morir ingiera sustancias que lo liberen del dolor pero le puedan traer consecuencias a futuro. Futuro claro, que no existe). En la ética estatista, moralizar a un sistema inmoral, es más importante que salvar al propio padre de ese marasmo infecto al que rinden pleitesía.
Otros reivindicarán a este hijo expeditivo e inteligente, capaz de ser un estricto cumplidor de compromisos adquiridos telefónicamente en un mundo civilizado y a la vez resolver los problemas del mundo de los incivilizados sin violencia, que parece a veces ser la única solución frente a tanto inútil y delincuente, sino pagando un precio; como el precio que paga cualquier familiar de un secuestrado. En El disidente preferimos rescatarlo moralmente porque parece tener una escala de valores apropiada. Ni siquiera pierde el tiempo en exprimir piedras. El prefiere otro sistema donde no existen sobornos, pero no espera nada de este otro. Hace bien. El socialismo tiene por un lado un manual de deberes que nadie cumple y con el que no se llega a nada, y por otro un incentivo que lo mueve y lo hace producir algunos resultados. Ese incentivo es el mismo que en el capitalismo no es tratado como pecado: el dinero. El precio es la única forma civilizada, educada y moral de lidiar con la escasez. Pero el día en que la población mundial entienda lo que es un precio arderá Troya.
Ahí es precisamente donde la política norteamericana hacia Latinoamérica ha resultado tan contradictoria a sus intereses y aún a sus principios. Hacer una política moralizadora del socialismo no es una forma de combatir la corrupción, sino de agigantarla.
Entre las innumerables metáforas políticas y filosóficas de gran actualidad que presenta la película está el personaje de la otra hija de Remy, a la que sólo conocemos a través de la “indeseable y despreciable” notebook de nuestro defendido. Por medio de una comunicación satelital (de nuevo “el imperio metiendo la cola”) de video, la otra hija manda mensajes de amor y llora desconsoladamente por la muerte inminente de su padre. Lo hace desde un velero que navega por el océano pacífico. Ella parece ser la favorita. Es buena, sensible y llora. Además no soborna a nadie y es linda. Lástima que esté tan lejos.

VIDAS PARALELAS: KIRCHNER Y MENEM

Por Plutarco

(ED: Este texto nos llegó a través de un amigo, que nos asegura no conocer la verdadera identidad del autor. Por supuesto, sospechamos de él, pero no conseguimos que confesara. Aunque insistan no les diremos quién es)

Imposturas de impostores. En primer lugar, Menem y Kirchner son dos peronistas definitivos que supieron aprovechar las ventajitas de sus respectivas décadas. Y sobre todo supieron explotar la impotencia política del peronismo de la provincia de Buenos Aires, convertido en un monstruo temiblemente bobo, incapacitado para generar un proyecto propio medianamente presentable y que supere su mediocridad fundacional.
Entonces Duhalde se convierte en el tercer vértice del triángulo comparativo. Un político subestimado que puede catapultar hacia la presidencia a un dirigente, consolidarlo o sepultarlo. Por ejemplo puede apuntalar a un Menem (95) o construir un Kirchner (2003), como sepultar a Menem (99 y 2003), o a De la Rua (2001). Su capacidad de armado es simétricamente proporcional a sus atributos para la destrucción. Puede alcanzarle para consolidar un proyecto o desmoronarlo. Nunca, por ejemplo, para ser. A su pesar, Duhalde se instala como el administrador de aquella impotencia del monstruo bobo, y de la que es, precisamente, el máximo.
En los torpemente demonizados 90, Menem coincidió con los conmovedores escombros del muro de Berlín, con la jactanciosa implementación del fin de la historia y del monoteísmo de mercado. En los banales 2000, en cambio, Kirchner coincidió con los escombros sociales del ciclo anterior, y con la exhibición impiadosa de las elementales insuficiencias que denomina, sin mayor rigor, el neoliberalismo.
Mientras en la Argentina poco y nada significaba la caida de la Unión Soviética, Menem adoptaba la impostura revolucionaria de un ultraliberal transformador. Su gestión cotidiana se imponía con el rigor de una miniserie escandalosa donde lucía como personaje principal. Apaciguaría transitoriamente al administrador del monstruo bobo, Duhalde (a quien apenas subestimaba sin despreciarlo), con el contundente valium de los fondos del conurbano, seiscientos millones de dólares anuales que se evaporaron sin siquiera mitigar la catástrofe de la bomba ambiental y demográfica que cotidianamente puede explotar en el Gran Buenos Aires.
Con el celebratorio acompañamiento de la sociedad, Menem se permitiría privatizar hasta los goles para el señor Avila. La gran mayoría de los actuales piqueteros aún lo votaba y hasta los periodistas eran felices porque se sentían de repente protagonistas y seres útiles con las denuncias del inigualable festival temático.
En su dilatado monólogo, Menem diseñaba un modelo de país que sólo podía ser presidido por él, y en adelante nadie podría arrancarle la banda ni los palos de golf. En el patetismo de su declive, prefirió intentar la contraofensiva política con la estrategia de un matrimonio, rodearse de incondicionales que lo endiosaban y ni siquiera atinaban a darse cuenta que Duhalde, lúdico e ínfimo, mientras construía las bases inexorables de su propio fracaso, lo desalojaba para siempre del escenario del poder, con la cosmética de un congreso partidario y un sistemático rencor que conmovía.
Kirchner, en cambio, prefirió transformar la impotencia del dedazo de Duhalde en una segunda oportunidad generacional. Recurrió a identidades postergadas, desempolvó su participación de perejil en utopías sin trascendencia y prefirió presentarse -ante la aprobación de la sociedad- como un progresista irreductible. A los efectos de no desentonar con la demencia política de un continente que aún le rendía admiraciones a Fidel Castro, generaba la imprevisibilidad de un Chávez, mientras se asistía a la irrupción de un Lula que amenazaba con apropiarse del protagonismo y del cartel. Además, Kirchner también apaciguaría -como Menem- a Duhalde, aunque con el caramelo de madera de Intendente del MERCOSUR. En el fondo a Kirchner, o al país, Duhalde -que entregaba en delivery al peronismo- le salió más barato que a Menem.
Al fin y al cabo, tanto el supuesto neoliberalismo de Menem, como el inexplicable keynesianismo progresista de Kirchner, son dos imposturas antagónicas que ocultan las extraordinarias similitudes. Aunque apenas lleve ocho meses -imposibles de ser comparados a una década-, puede afirmarse que Kirchner es una versión precaria de Menem. Que en realidad es un neomenemista vergonzante y parricida, aunque infinitamente más paranoico y obsesivo. Menos deportista, pero igualmente inescrupuloso para el ejercicio del poder y veinte años más joven. Un sucesor natural, casi un discípulo a la distancia que cambió la demagogia de la seducción y la palmadita alentadora por la estética del maltrato.
Sin embargo, en el plano personal, Menem y Kirchner se parecen mucho más de lo que Kirchner quisiera. Por más que algún profesional de la decepción pontifique con optimismo a Kirchner por dedicarse a "desmenemizar la sociedad argentina", simultáneamente pareciera que es posible lograr el objetivo de inteligencia de menemizarlo a Kirchner. Por tanto que tienen en común, y no sólo por la obviedad provinciana que indica que a los dos les fascina la idea de acumular poder, sino por la manera de relacionarse con las mujeres y con el dinero. Sólo falta que el periodismo se atreva a indagar acerca de secretos ocultos en ciudades portuarias y diversas peripecias ocurridas en consagrados paraísos turísticos. De manera que por pocos meses más, la complacencia mediática puede ocultar las sorprendentes armonías en materia de deslices de la intimidad y en catástrofes administrativas de desmoronamientos empresariales increíbles. Aunque uno -Menem, el seductor- sea un levantino originario de La Rioja, y el otro -Kirchner, el maltratador- un duro ustasha croata de Santa Cruz, provincias ambas marginales y con casi idéntica cantidad de habitantes como de empleados públicos.
Por ejemplo, así como Menem se encargó del patético desguace -a su derecha- de la Ucedé de los Alsogaray, Kirchner se ocupa con sigiloso entusiasmo de desmenuzar -a su izquierda- el ARI de la señora Carrió. De acuerdo a esta línea de pensamiento analítico, Graciela Ocaña se convierte en una suerte de María Julia pero de la virtud, aunque el efecto político transversal -y el daño- presentan características similares.
Si uno tiene vocación para perder el tiempo y analizar la pobreza intelectualmente franciscana de los equipos de Kirchner, perfectamente se puede identificar algún parámetro, por la sustancial sospecha de cajeros, entre el cuñado del Mono Minichelli, el ministro Julio De Vido, un hombre inflamado por la importancia personal, con aquel Alberto Kohan que se encuentra capitalizado con inmunidades eternas y misteriosas.
Incluso podría afirmarse que De Vido lo superó en materia de desprejuicio al casi recatado Kohan, porque de ningún modo el Alberto se hubiera atrevido a colocar a su esposa, o sea a la hermanita del Mono Minichelli, para que se encargue de la titánica faena de auditarlo.
Y sin gran perversidad, tomemos entonces a la Primera Ciudadana, que tiene una arquitectura mental más interesante y una inteligencia que supera, de lejos, a su simpatía. Entre las fragilidades teóricas de la estructura de Kirchner, puede afirmarse que la fraternal senadora Cristina Fernández, cumple un rol absolutamente equivalente al que ocupaba aquel hermano Eduardo de los diabolizados años noventa. Y ya que no es tiempo de arrepentirnos, digamos que aquel inofensivo amor de los setenta, derivó en un matrimonio próspero en los ochenta, y en una asociación de conveniencia política en los noventa, basamentada en ciertos códigos fraternales amparados en la distancia. El Lupo en Santa Cruz, la Lupina en Buenos Aires.
De manera que la Primera Ciudadana hoy ocupa el rol de hermanita inteligente con mayor intensidad que la abnegada Alicia de Bombón Mercado. Con holgura, y como oportunamente Eduardo Menem, la Primera Ciudadana cumple su función de instrumentadora real del poder en el Congreso, secundada por los perennes falderos del elenco estable del oficialismo presupuestario, obsecuentes fervorosos como los senadores Yoma, Falú y Picchetto. Y con la obvia coincidencia reiterada de sortear, aunque ya sin mayor disimulo, al vicepresidente de adorno. Hoy, el inadvertido Scioli se destaca pobrecito en la entrega de premios por juegos florales, en los quinchos del lunes de Ambito Financiero o en cócteles irrelevantes donde su sonrisa franca sirve apenas de pretexto para una fotografía donde se luce su bella mujer. Del mismo modo, y como si se tratara de una herencia fraternal, Eduardo Menem debía pasarlo al actualmente derrumbado Ruckauf, otro insólito beneficiario -como Solá- de la impotencia política del monstruo bobo, de la imposibilidad de construir un candidato que no sea de alquiler.
Sin embargo Scioli superó todas las marcas de Ruckauf. Sobre todo en materia de deslealtad. Incluso lo superó en la dimensión del propio desmoronamiento, y en su rapidez para diluirse entre quinchos y fotografías misericordiosas. Y aquí se puede rastrear otra coincidencia temática: ambos vicepresidentes -Scioli y Ruckauf- fueron sendas travesuras de Duhalde, históricas equivocaciones del Gran Devaluador que se convierte en el verdadero drama que identifica nuevamente a Kirchner con Menem, para enlazarlos en un destino de cadalso común.
Animo, que también hay que referirse a los personajes de reparto.
En materia de asistentes todo servicio, Kirchner, sólo por pudor, no se atrevió a superarlo a Menem. Porque de tan impresentable, Kirchner no se atrevió a traerlo a Buenos Aires al Rudy Ulloa Igor, su hombre de máxima confianza y complicidad. Hoy el Rudy es el encargado de acotarlo a Acevedo, y a través del Pavo Sancho, en la gobernación de Santa Cruz, como así también de hacerle la gestión imposible al pobre Roquel, alcalde radical de Río Gallegos. Comparado con el Rudy, Ramón Hernández sería una especie de cruza de Jean Paul Sartre con Foucault.
Tampoco se puede comparar al barredor Anibal Fernández, con su retórica de aplicado vendedor de enciclopedias a crédito, con Carlos Corach, quien fuera el único ministro del Interior de los últimos cincuenta años. O a Lavagna con Cavallo, aunque esta dupla merecería un estudio aparte.
Otro utopismo estremecedor consiste en comparar el admirable cholulismo del poeta Bielsa -un Tatalo en permanente búsqueda de estrellas, como Woddy Allen, Fidel Castro, Saer o Tabucchi-, con el refinamiento intelectual del inolvidable Guido Di Tella, al que ni siquiera, y aunque se esfuerce en materia de exabruptos, puede imitar el desparpajo directamente epigonal de su hermano Torcuato.
Otro desliz de la imaginación consistiría en comparar al inexpresivo y poco relevante Alberto Fernández con la capacidad de gestión y manejo de Eduardo Bauzá. O al repartidor de libros Filmus -con su visión ingenuamente psicobolche de la educación y la literatura- con la solidez conceptual del Profesor Salonia. Aunque, eso sí, efectivamente podría establecerse una línea de paralelismo entre un Emilio Perina y Horacio Verbitsky.
Para finalizar la primera parte de este homenaje irresponsable a Plutarco, digamos que Menem y Kirchner se encuentran asombrosamente unidos por la personalidad esquizoide de Gustavo Beliz y su indeclinable tendencia natural hacia la traición. Previsiblemente, en siete u ocho años, el diplomado como trasparente del elenco estable, el trossista Beliz, convertido en fiel escudero del próximo inquisidor que irrumpa para diabolizar, desgarrará sus angelicales aptitudes para encarcelarlos, por supuesto, tanto a De Vido y como al propio Kirchner.