lunes, noviembre 24, 2003

Política cuántica

El sueño socialista de terminar con la escasez se ha logrado en la Argentina pero por ahora sólo en materia de disparates. El instinto político le dice a nuestros líderes que la salida a cualquier situación es decir exactamente lo contrario a lo que el sentido común indica.
Si con esa metodología conseguimos crecer un 7% (desde el -11% del 2002), se demostrará que los argentinos hemos inaugurado una política cuántica, el símil de la física en el que a dimensión argentina, las reglas del comportamiento hasta ahora conocidas dejaron de ser válidas.
Somos la cola asumida de Brasil y nuestros líderes lo reivindican, pero no en nombre de la sumisión o por efecto de una caipirinha, sino como bandera nacionalista.
Nos gobiernan los montoneros que no han abjurado de su pasado y nos venden cuentos tales como que la ola de secuestros es organizada o por la policía o por los militares (con lo cual no haría falta actuar contra la delincuencia y la explicación de que todo se debe a la pobreza ya no encajaría), cuando los únicos con antecedentes en esa actividad son ellos mismos. De hecho, los llamados desde el comando del ejército que tanto entusiasmaron al señor K, a teléfonos “vinculados” en la investigación de diversos secuestros desde el año 1997, también existieron desde la mismísima Casa Rosada. Claro que a una y otra noticia se les atribuyen distintos grados de certeza.
Mientras piensan los delirantes que nos gobiernan (con el acompañamiento de delirantes gobernados dicho sea de paso) cómo conectar la selva delictiva en la que vivimos con Carlos Menem, tal vez nos den un respiro para dudar en qué consistirá ese “vínculo” teniendo en cuenta que la característica más destacada de la lógica montonera (que puede verse a diario en el boletín oficial Página 12) es la arbitrariedad más absoluta. Estar “vinculado”, inicio de cualquier estigma que justifique una persecución mediática feroz y el ataque posterior a cualquier juez que no lo convalide (y el acompañamiento de los jueces más delincuentes para lograr impunidad automática), es aparecer en una misma foto, conocer a la hermana, haber pasado por ahí, haber sido empleado de, o jefe de, haber firmado un contrato con tal gobierno. Casi las mismas causas que en los paraísos que los marxistas construyeron, llevaban a una persona a ser encarcelada de por vida por el pecado de ser “contrarrevolucionario”, cuando se salvaba del paredón.
Pero el tipo de lógica ilógica y arbitraria que representa ese pasquín infame que es la Biblia de la clase media porteña y objeto de culto de las nuevas generaciones de periodistas, tiene una presencia hegemónica en la vida social y política actual. Todos lo perciben e intuyen que diciendo y haciendo disparates cada vez más grandes se evitan muchos problemas.
Nuestro neo marxismo instalado, tan parecido al nacional socialismo (¿qué otra cosa fue el nacional socialismo que el socialismo aliado a un “empresariado nacional” obediente que hizo innecesaria la confiscación de los medios de producción?), no abrevó en El Capital, sino apenas en Página 12. El señor K debe haber leído del primer al último número. Y lo peor es que se lo creyó.
La locura en la que vivimos es la de pensar al revés. Y lo hacemos impunemente porque hemos estado acumulando capital por varios años. Los pasillos del Banco Central no están llenos de oro (aunque si de muchos dólares que todavía no se dilapidaron) porque el estatismo universal no lo permite, pero tenemos teléfonos, gas, luz y agua, caminos, puentes, puertos, aeropuertos, algo que casi no teníamos diez años atrás y que hemos conseguido por permitir la participación privada que encima nos damos el lujo de denostar ahora.
La Argentina se ha convertido en un virus para si misma y para el mundo, pero a diferencia de otros tiempos, este es un virus orgulloso.

Comunismo desde Champs Élysées

Nuestra dama de “fierro” local, la senadora K, viajó a Francia a visitar a la simpatizante de tiranos y terroristas Danielle Mitterrand, viuda del ex presidente francés, sin importarle que, siguiendo la lógica cuántica oficial, la señora pudiera estar “vinculada” a crímenes “menemistas”.
El hijo de Danielle, Jean Christopher fue acusado traficar armas por 6 mil millones de francos a Angola, Camerún y Congo, así como de tráfico de influencias y abuso de bienes públicos. Después de que su hijo permaneció en prisión tres semanas, la señora Mitterrand pagó una fianza de 5 millones de francos para obtener su libertad provisional, cifra que sólo una ultra izquierdista revolucionaria puede reunir en estos días.
Claro que ella es sólo la madre y para la lógica aristotélica (¡anticuada!), y hasta para el derecho penal anterior a los montoneros, ese “vínculo” no la incrimina y no habría nada que reprocharle en ese sentido más allá del fracaso educativo. El enemigo político, para esta tradición tan olvidada llamada normalidad, no es más culpable de nada, ni más rápidamente que cualquier persona común.
Sin embargo de lo que sí es culpable directa doña Danielle es de promover el terrorismo y las dictaduras marxistas en Latinoamérica. Después de los últimos fusilamientos castristas se ocupó de reivindicar su amistad con Fidel y de calificar de “ejemplar” a la revolución cubana. Ese es el tipo de valores que provocan admiración en nuestra “dama de fierro”.
La versión maldiciente del viaje de la señora K a París, indica que su verdadero propósito sería renovar su vestuario, dado que, como señalan las mujeres a las que estos detalles no se les escapan, está habituada a atuendos cotizados en varios cientos de planes jefes y jefas. Nosotros no nos sumamos a esa versión, porque pensamos que sería hacer oficialismo atribuirle una intención moralmente superior a la de adular a Danielle Mitterrand. Somos disidentes, no optimistas sin remedio.

Principio de identidad: K es K

No nos preocupemos. La Argentina crece y crece. Tendremos algunos secuestros. Algunas empresas serán quemadas por bandoleros llamados piqueteros con la venia oficial al mejor estilo de la noche de los cristales rotos, pero todo está bien y no es necesario hacer nada porque después del 10 de diciembre, dicen, viene un K verdadero.
Ni siquiera hace falta ya creer en la caballería. Es suficiente tener “la esperanza” de que los presidentes sean unos mentirosos.
El problema es que hay demasiada gente con pensamientos incompatibles y hasta opuestos que cree que “su” K, es el verdadero. Diría que el hecho de que en lugar de recibir a los directivos de Tecpetrol y Refinol cuyas sedes fueron saqueadas y destruidas, el presidente reciba a los forajidos que las atacaron, es un indicio importante acerca de cuál es el verdadero K. Como diría Ronald Reagan: “el gobierno no soluciona los problemas, los subsidia”.

Traidores eran los de antes

La última gran expresión de política cuántica es el llamado del jerarca bonaerense Eduardo Duhalde a la obediencia indebida hacia el señor K dirigido a sus lacayos. La carta por la que Duhalde ordena la incondicionalidad hacia los deseos de Kirchner y Solá es una forma de no arriesgar el mantenimiento de su kiosco mediante una tregua disfrazada de ofrenda política a un iluminado.
El párrafo central de la carta de Duhalde a los “compañeros y compañeras” dice:

“Para que la esperanza que ha renacido en la sociedad no se transforme en una nueva frustración, es necesario que el justicialismo acompañe sin titubeos al Presidente, sabiendo que una revolución requiere de militantes dispuestos a los mayores sacrificios. No son estos momentos para flojos y timoratos. Nosotros no lo somos y, además, sabemos que transitamos una verdadera encrucijada histórica: o luchamos junto a Kirchner y Solá para devolverle los derechos humanos básicos a nuestro sufrido pueblo o seremos los sepultureros de nuestro Movimiento y, lo que es peor, infames traidores a la Patria”

Por supuesto, esta es una tregua respecto de una guerra que no es por ideas, sino por posiciones de poder y posesiones de “cajas”. Lo que se llamaría “nueva política” o “nuevo modelo”. Pero lo más grave es la subversión de valores implícita que produce un efecto más nocivo que el sencillo (en la Argentina) engaño de los incautos.
Duhalde llama “traidores a la patria” a quienes no se subordinan al líder, al Führer del momento. Su concepto de traición a la patria es exactamente el opuesto al de la Constitución.
Para el olvidado artículo 29 de la Constitución Nacional, es traición la obediencia indebida a la que invita Duhalde (y que ya se ha consumado varias veces): “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo Nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la Patria.”
Como se ve, Alberdi no pensaba como Duhalde. En primer lugar porque Alberdi pensaba; y decía también cosas como ésta en “Palabras de un Ausente": “Yo dejé mi país en busca de la libertad de atacar la política del gobierno, cuando ese gobierno castigaba el ejercicio de toda la libertad necesaria como crimen de traición a la patria”.
En cambio quien sí manejaba conceptos parecidos a nuestro representante en el MERCOSUR (un experto en la materia sin duda) era el juez del nacional socialismo Roland Freisler, que condenó a morir en la horca al talentoso músico Karlrobert Kreiten por invitar a desobedecer al Führer. En el fallo, Freisler se pronunciaba de esta manera tan bonaerense: "En el delito de traición a la Patria, el Tribunal del Pueblo ha resuelto en Derecho: Karlrobert Kreiten ha tratado traidoramente de quebrar la voluntad patriota de una ciudadana alemana mediante las más bajas calumnias contra el Führer Adolf Hitler, las predicciones de una revolución y el consejo de alejarse del nacionalsocialismo traicionando al pueblo para de esa manera ayudar a nuestros enemigos. Por todo esto ha perdido su honor para siempre y es condenado a muerte en la horca".
El hecho fue recordado por Osvaldo Bayer nada menos que en Página 12 el pasado 16 de septiembre. El oficialismo tendrá que borrar el recuerdo de Bayer o destruir la carta de Duhalde. Aunque pensándolo bien, el principio de no contradicción tal vez sea otro prejuicio burgués derogado bajo la nueva lógica.

Se dijo:

Al Gobierno "le da mucha bronca" que la petrolera Tecpetrol abandone la planta en la localidad salteña de General Mosconi, a causa de los continuos piquetes y el incendio causado por ex empleados de YPF (retiro desmentido por Tecpetrol al cierre de esta edición. ¿Cambio de opinión u obediencia indebida?). "A uno le quedan los brazos como si fuese (Arnold) Schwarzenegger de remar para conseguir una empresa que quiera algún lugar de estas características, y que ésta tenga que pensar en irse porque algunos energúmenos piensen que esa actitud es la que resuelve el tema. Es una locura... A nosotros nos pone muy mal eso, nos da mucha bronca… la Justicia tiene que actuar y sancionar a los responsables".

Anibal Fernandez
Ministro del interior
(quién debió “actuar” y no lo hizo)


(La Nación, 24 de noviembre de 2003): “EL GOBIERNO RECIBE HOY A PIQUETEROS DE MOSCONI. El ministro del Interior se reunirá con ex empleados de YPF en conflicto”.

Ante la decadencia argentina, Chile disputa asumir su rol en Latinoamérica

POR PATRICIA NAVIA (La Tercera, Santiago de Chile, 2003. Reproducida por Urgente 24: contacto@urgente24.tv)

A partir de nuestros éxitos económicos y de la consolidación de nuestra democracia protegida, los chilenos parecemos querer ser los nuevos argentinos de Latinoamérica. Los chilenos parecemos disfrutar nuestra posición actual de objeto de la admiración con mezcla de envidia que se granjearon los argentinos a través del siglo 20.
Pero la frivolidad que evidencia ese licencioso placer contrasta con la obsecuencia que mostramos ante uno de los más evidentes problemas geopolíticos sudamericanos, la mediterraneidad de Bolivia.
Por cierto, están equivocados aquellos que alegan que Chile quiere convertirse en una isla en la región, relacionados más con el resto del mundo que con América latina.
Nuestra política de apertura comercial no es discriminatoria. La rebaja unilateral de aranceles realizada por Chile facilita la integración comercial con todo el mundo. Si otros países de América Latina no tienen más comercio con Chile no es culpa nuestra.
Nuestros éxitos económicos y sociales y nuestra estabilidad política de los '90 nos han convertido en un ejemplo a seguir en América Latina.
Pero con apenas el 3% de la población regional, nuestra economía equivale al 3,9% del producto interno bruto latinoamericano. Nuestras exportaciones constituyen sólo el 5,6% y nuestras importaciones son el 5,3% del total de América latina.
Nuestro tamaño relativo no nos permite adoptar un liderazgo demasiado influyente. Porque el tamaño sí importa, Brasil y México continúan siendo los líderes sociales y políticos de la región.
Pero el reconocimiento internacional a los éxitos de Chile nos da la oportunidad de mostrar nuestra identidad ante el mundo. Más que presentarnos como un país provinciano y conservador, donde la elite gobernante desde la colonia ha desarrollado una estructura social caracterizada por la exclusión y la desigualdad, comprensiblemente queremos aprovechar de adoptar una nueva identidad nacional.
Y ahí el modelo que parecemos querer copiar es el de la autocomplacencia argentina. Nuestra nunca oficialmente reconocida envidia por la forma en que los argentinos se ven a sí mismos nos lleva a expresar una cierta satisfacción al saber que hemos desplazado a la Argentina como el país más admirado/odiado en Latinoamérica. Pero la identidad auto-referente trasandina ha sido históricamente alimentada por el reconocimiento mundial a su música, sus figuras políticas, sociales y deportivas.
La cueca no es el tango, nuestro fútbol no ha logrado los logros del fútbol argentino, nuestras misses de belleza no se casan con herederos de coronas europeas, ni Santiago ha logrado opacar la popularidad de la Ciudad de Buenos Aires. Así, nuestra pretensión de generar la misma admiración/envidia que provoca la Argentina en Latinoamérica se basa fundamentalmente en nuestros éxitos económicos y consolidación institucional. Eso es meritorio, pero no glamoroso.
La reciente ola de comentarios críticos o abiertamente negativos hacia Chile que culminara el histriónico Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tiene menos que ver con esa admiración/envidia por lo que Alvaro Vargas-Llosa denominó "la insoportable soledad de Chile", sino más bien con un comprensible reproche a nuestra intransigencia a los reclamos de mediterraneidad boliviano.
No basta con obstinarse en alegar que Chile tiene la legalidad de su lado y que los tratados firmados legitiman nuestra negación a ofrecerles una salida al mar. El gesto a dialogar que otros esperan de nuestro país no se justifica en la legalidad, sino en una visión estratégica de futuro e integración regional.
No basta con promover el intercambio comercial. Este no reemplaza la necesidad de hacerse cargo de una reivindicación que, aunque legalmente infundada, es parte esencial de la identidad nacional boliviana. Por cierto, resulta paradójico que Chile busque negociar un acuerdo de libre comercio con un vecino con el que no tenemos relaciones diplomáticas a nivel de embajador.
Una visión integradora de futuro justifica actualizar la legalidad vigente y discutir la mediterraneidad de Bolivia. Los pocos kilómetros cuadrados que perdamos de soberanía nos harán un país mucho más fuerte, respetado e influyente.
Los nacionalistas obcecados bolivianos se quedarían sin argumentos para justificar el fracaso de su elite gobernante en lograr el desarrollo social y económico de ese país. Nosotros demostraríamos un liderazgo sin precedentes en la historia latinoamericana reciente. Incluso nuestros nacionalistas obcecados terminarían más contentos al ver crecer la influencia económica, social y política de Chile mucho más allá de nuestras fronteras.
Un cambio en nuestra posición histórica de negarnos a reconocer siquiera la existencia de la demanda boliviana y un llamado a abrirse a la posibilidad de explorar salidas para otorgarle la tan ansiada mediterraneidad nos convertiría en líderes regionales mucho más gravitantes de lo que supone el tamaño de nuestra economía y en visionarios estratégicos merecedores y beneficiaros de una admiración que nos consolide como un país que sabe construir puentes y sabe ganarse el respeto de otros por sus actos de grandeza.
Nos permitiría incluso ser más admirados que los argentinos.
--------------------

(*) La Tercera, Santiago de Chile, 2003. Reproducida por Urgente 24 (contacto@urgente24.tv)

lunes, noviembre 17, 2003

El crimen paga

Es probable que hace algunos años Felipe Solá no hubiera aconsejado “pagar rescate ante la menor duda de que se encuentra en riesgo la vida de un secuestrado", pero en esta época en que la Argentina parece estar afectada por un virus de idiotez revolucionaria, cuenta con el contexto necesario para barrenar sobre la subversión de valores actual y decir cualquier cosa.
Tal vez el problema principal por el que el oficialismo nacional y provincial no aciertan a colocarse en el lugar de responsables del estado que les toca y prefieran estas posiciones ambiguas y confusas, sea el recuerdo de un pasado violento no asumido, en el que el secuestro extorsivo era una mera metodología de “fund raising”. Inclusive puede ser que para estos cincuentones adolescentes la palabra “secuestro” tenga un sonido nostálgico, como la música de los Rolling Stones.
Protegidos del poder como Eugenio Zaffaroni, tienen amigos secuestradores y los exhiben sin problemas en medio de una audiencia en la que se debate su incorporación nada menos que a la Corte Suprema de Justicia.
En definitiva el gobernador de la Provincia de Buenos Aires nos aconseja lo mismo que nos aconsejan los secuestradores: pagar, para volver a ver a las víctimas con vida. Y también festeja en el mismo momento que los secuestradores: el de la liberación del secuestrado después de que se pagó el rescate; es decir, la consumación del delito.
No falta mucho para que las bandas de secuestradores se sumen al marketing marxista prevaleciente e invoquen “necesidades sociales” como motivo para delinquir. Eso los haría subir a la categoría inmune de “luchadores sociales”. Todo atorrante quiere ser marxista; situación que no permitirá estacionar en lugares prohibidos, pero igual otorga en el paraíso K mayores privilegios que la condición de diplomático. De hecho, en la última emisión del programa oficialista “Punto doc”, los presos cumplían el papel de columnistas para “informarnos” que “detrás de todos los delitos está la policía”.
El gobierno de los Estados Unidos mantiene desde hace años una política opuesta a la deserción oficial que propone Solá y la resume de esta manera:
El gobierno de Estados Unidos cree que pagar rescate o hacer otras concesiones a los terroristas a cambio de la liberación de los rehenes, aumenta el peligro de que se tome otros rehenes. Por lo tanto, su política rechaza toda demanda de rescate, intercambio de prisioneros y arreglo con terroristas a cambio de la liberación de los rehenes. Al mismo tiempo, hará todos los esfuerzos posibles, incluso contacto con representantes de los captores, para obtener la liberación de los rehenes.
Estados Unidos insta enérgicamente a las empresas y ciudadanos particulares norteamericanos a que no paguen rescate…
El gobierno de Estados Unidos se ocupa del bienestar de sus ciudadanos, pero no puede atender solicitudes en el sentido de que un gobierno anfitrión viole sus propias leyes o abdique sus responsabilidades normales de aplicación de la ley. Por otro lado, si la organización o compañía empleadora cooperan estrechamente con las autoridades locales y siguen la política de Estados Unidos, los funcionarios del servicio diplomático de Estados Unidos podrán realizar activamente gestiones para que el incidente concluya en forma segura…
Si una organización o compañía privada estadounidense procura la liberación de rehenes pagando rescate o presionando al gobierno anfitrión para que haga concesiones políticas, la oficina del servicio diplomático de Estados Unidos limitará su participación a servicios administrativos básicos, como facilitar contactos con funcionarios del gobierno anfitrión. El gobierno anfitrión y la organización o los ciudadanos particulares norteamericanos deben comprender que si desean seguir un camino de resolución del incidente de rehenes diferente al de la política del gobierno de Estados Unidos, lo harán sin su aprobación o cooperación. El gobierno de Estados Unidos no puede participar en crear y poner en efecto una estrategia de pago de rescate. Sin embargo, las misiones del servicio diplomático de Estados Unidos podrán mantenerse en contacto discreto con las partes para seguir al tanto de los acontecimientos”.

Lo que Felipe Solá no comprende es que su responsabilidad no se agota con los secuestrados actuales, sino que se extiende a todos. Su deber es terminar con el problema, objetivo que es mucho más amplio que el de la familia del secuestrado. Pero claro, la demagogia es siempre más fácil.

El pago de rescate es un incentivo para el próximo secuestro. El estado no puede prohibir el pago de rescate, porque no es exigible el sacrificio de un ser querido en función de una política de estado. La idea de que el individuo debe ser postergado en función del interés del grupo es de raigambre totalitaria. Pero eso no implica que el papel que le toca a Solá sea el de consejero de la familia. Es en cambio el responsable del estado. Por tanto su deber es sostener una política que conduzca a terminar con la ola de secuestros. En vez de eso sus consejos están dirigidos a asegurar que el crimen pague.


Estamos ganando

El 2 de abril de 1982, la Argentina recuperó el control de las Islas Malvinas. El país se vio envuelto en una ola de euforia. Manifestaciones callejeras, expresiones de nacionalismo, colectas públicas para soportar el esfuerzo de una guerra que nadie se imaginaba hasta entonces que ocurriría, eran una expresión del entusiasmo de la población con el nuevo desafío épico que proponía el gobierno militar de Leopoldo Fortunato Galtieri.
Galtieri también tuvo (quién no) su plaza llena de adherentes apasionados.
El desarrollo del conflicto de ahí en más estuvo marcado por el manejo de la información. Lo que la realidad no daba, los medios de comunicación lo prestaban.
El principal símbolo de esa política de manejo de la información fue el pobre José Gómez Fuentes, que conducía el principal noticiero televisivo del momento llamado “60 minutos” siguiendo fielmente instrucciones.
La frase más conocida de Gómez Fuentes y que pasó a integrar nuestra memoria histórica permanente, fue “estamos ganando”. La población no se reía de esta frase como lo hace ahora, sino que la creía y la disfrutaba. La Argentina era un mundo feliz y estaba derrotando a un viejo imperio en retirada.
Gómez Fuentes era el complemento perfecto de Galtieri que también imprimió su frase célebre: “que venga el principito, lo estamos esperando”. Y el principito vino.
Pocas épocas se parecen tanto a esa Argentina desafiante, como la actual. Creemos estar pisoteando todas las reglas, mojando la oreja de todos los poderes internacionales, humillando a los líderes del mundo; porque la generación violenta ha vuelto, con algo más de panza y con una frente más ancha.
Tenemos a nuestro Galtieri revivido en el señor K. Pero los Gómez Fuentes se han multiplicado geométricamente. Son los mismos que hicieron ese papel con la Alianza (gobierno olvidado) y con Duhalde.
Hagamos un breve repaso de nuestras Malvinas actuales:
• No pagamos la deuda y desafiamos a nuestros acreedores que alguna vez confiaron en nosotros tanto como para cubrir por nosotros los agujeros del estado.
• Confiscamos masivamente los depósitos y no hemos resuelto los innumerables conflictos que se derivan de esa situación.
• No tenemos crédito. Con gran esfuerzo y por presiones políticas algunos bancos ofrecen recién algunos créditos para vivienda que nadie quiere tomar. El crédito para producir brilla por su ausencia.
• Apoyamos a las últimas dictaduras de Latinoamérica y encima promovemos golpes de estado y a grupos de delirantes que atentan contra las instituciones de paises vecinos.
• Perseguimos a los policías y tratamos entre algodones a los delincuentes, en medio de la peor ola de delincuencia jamás vivida.
• Tiramos a la Corte abajo con un procedimiento patoteril vergonzoso y por orden del presidente, todo eso en nombre de la “calidad institucional”.
• El poder ejecutivo se encarga de llevar adelante causas judiciales contra enemigos políticos, algo que le prohíbe expresamente el artículo 109 de la Constitución nacional.
• Tenemos tarifas congeladas de servicios públicos desde antes de la devaluación, con lo que comprometemos la continuidad de esos servicios. Dicen que estamos ganando.
• El gobierno apoya tomas de fábricas y les brinda asistencia mediante expropiaciones y créditos.
• La comisión de delitos como interrupción de servicios públicos de transporte, daño, extorsión, usurpación, etc., cometidos por grupos piqueteros que invocan ideas marxistas para sus crímenes, es considerada una actividad lícita y loable por el gobierno, que no sólo no la combate sino que la protege considerando que se la debe beneficiar con inmunidad penal. El gobierno otorga un lugar de privilegio a delincuentes que utilizan la extorsión como metodología para enriquecerse, disfrazándola de “reclamo social”.
• El gobierno persigue y maltrata a quienes invirtieron en el país y restablecieron servicios públicos a niveles de la mayor calidad internacional, después de recibir empresas estatales fundidas y con décadas de atraso que eran impotentes para resolver la demanda básica de la población en la materia.
• El oficialismo dice que combate a la corrupción, pero en realidad persigue enemigos políticos mientras aumenta el nivel de discrecionalidad del Estado y por tanto las oportunidades para la coima y los negociados.
• Anulamos leyes en el congreso que perdonan a algunos grupos por hechos de tres décadas atrás y pretendemos amnistiar a otros grupos cercanos al gobierno por hechos que siguen cometiendo en la actualidad.
Mientras todo esto ocurre, múltiples Gómez Fuentes nos dicen como entonces que estamos ganando. Provocamos otra vez al mundo entero y según parece nos estamos saliendo con la nuestra. A festejar mientras nos dure, porque era mucho más lógico creer que le estábamos ganando a los ingleses una guerra.

Debate en el Congreso

Autor desconocido


“La soja es el nuevo oro verde. El 20% de retenciones a sus exportaciones no es suficiente, es preferible subirlas al 35% y quitar ese premio extraordinario".
El economista peronista continuó la explicación: “como el precio de la soja subió mucho, hay demasiado cultivo de soja, entonces tendremos problemas en otros sectores, por ejemplo, el tambero. La superficie utilizada para la alfalfa es cada vez menor, el precio de los rollos de pasto que alimentan las vacas sube. Conclusión, pongamos más impuestos a la soja y bajemos (subsidiemos) algún impuesto a los tamberos".
Un político peronista que lo escuchó, gritó “Tiene razón, aumentemos el impuesto a la soja..., pero es más justo que el dinero recaudado se lo demos a los pobres, o a los piqueteros”.
Un legislador (abogado), se despertó aturdido por el grito, y por solidaridad gremial dijo automáticamente: “Hay que aumentarle a los empleados judiciales porque la ley indica que si aumenta la recaudación, el 3,5% le corresponde a la Justicia”.
El diputado por Santa Fe, se salió de la vaina, y sobresalió su voz por encima de las demás: “Santa Fe es sojera, nos corresponde mayor coparticipación".
Un diputado del sur le espetó, "Santa Fe es sojera, ya tiene demasiado oro verde, hay que reducirle la coparticipación”.
Otros escucharon y argumentaron que era prioritario aumentar... y cuando ya habíamos perdido la cuenta de los pedidos, vimos a un economista de la inexistente oposición, que mientras se acomodaba los anteojos, y sin soltar la calculadora intentaba hacerse escuchar: "Muchachos, ojo que el gasto público real subió ya hasta los mismos niveles de 1996, los mismos que nos llevaron al desastre. Los salarios públicos subieron un 26% en términos reales en lo que va del año; y el aumento de la soja es circunstancial. No es bueno sumar gastos corrientes con ingresos extraordinarios que pueden caer en el futuro".
El viejo diputado Estigmeti, lo escuchó, mientras se frotaba el prominente estómago porque hace media hora que no comía, y concluyó: "Es cierto lo que dice el Sr. Diputado Economista, necesitamos tener ingresos permanentes. Aumentemos el impuesto a los cigarrillos".
Todos estuvieron de acuerdo.

El pensamiento del gobierno puede resumirse en unas pocas frases cortas:

"Si se mueve, ponle un impuesto.

Si continúa moviéndose, regúlalo.

Si deja de moverse, subsídialo."

lunes, noviembre 10, 2003

MatriKs

El problema de la seguridad siguió siendo protagonista toda la semana. Y lo seguirá siendo en tanto no hay indicios de que se piense en una solución y la cuestión es tratada como un elemento para la lucha política entre la facción de K y la de Duhalde. A veces esa lucha encierra cuestiones de poder real, otras responde a la necesidad de satisfacer la ira de un presidente que se enoja mucho cuando lo contradicen o cuando se siente despechado, lo que tiene más relación con la psicología que con la política. Nos vamos acostumbrando a que la función principal del Estado es complacer sus caprichos.
Un presidente así se obsesiona no tanto por los problemas sino por su reflejo en los medios. Su acción se centra en ellos. Más que preocuparle que haya gente que salga a protestar contra él, le molesta que los diarios lo digan. Entonces sus laderos salen a reescribir lo escrito, a dotarnos del guión oficial que termina haciéndonos vivir una realidad paralela a la verdadera. La realidad se equivoca; se la debe cambiar como si se tratara de un programa informático defectuoso. El único absoluto es la visión del monarca.
A este monarca en particular no le faltan lacayos. Los mismos que en otros tiempos hacían de cualquier diferencia con el gobierno una cuestión de libertad de expresión aunque no la hubiera, están ahora bien dispuestos a servir al poder con la devoción de un perro faldero.
Así se reescribió la noticia de una delincuencia creciente y un grupo de ciudadanos hartos. Se trata ahora de un complot en contra de la familia presidencial de una organización mafiosa llamada policía (complot que evolucionará tal vez hacia la caza de autores y "sospechados"), grupos de "ultraderecha" (que vendría a ser cualquier cosa que no sea ultraizquierda) y políticos corruptos (que llevaron a K al poder). En síntesis: "sectores". Los "sectores" siempre están causando problemas en la Argentina.
Clarín nos regaló el domingo esta sucesión de titulares:
MENSAJES INTIMIDATORIOS DESPUES DE LAS CRITICAS PRESIDENCIALES A LA POLICIA BONAERENSE. Las amenazas contra Kirchner involucraron a sus familiares.
SEGUIMIENTO DE GRUPOS DE OPINION SOBRE LA IMAGEN DEL PRESIDENTE. La seguridad y los miedos de la gente. Un estudio muestra que hay preocupación por la posibilidad de que Kirchner sea víctima de un atentado.
COMO ES LA PROTECCION DEL PRESIDENTE. Una custodia con policías y militares
.
No hace falta que les cuente como está armado el contenido de tales notas. El presidente ya no es el responsable de la seguridad sino la principal víctima. La policía no es una fuerza armada por el Estado para combatir la delincuencia, sino una banda que quiere eliminar al jefe de estado, porque sus declaraciones, de tan certeras, iluminadas y reveladoras son capaces de hacer mucho daño a los malos. Para el guión retocado, pareciera que el señor K hubiera sido el primero en hablar de corrupción policial, y no el último de una larguísima, poco original y cansadora saga de políticos que bajo ninguna circunstancia se ocuparán de un delincuente que no tenga uniforme. El "sistema peronista" del conurbano bonaerense ya no es el autor con sus trampas, dinero y poder del "milagro" de la llegada de K al poder, sino el remanente de un "modelo" que el ungido se propone desterrar.
Las pobres víctimas diarias de los delitos están en un tercer o cuarto plano.
La manipulación de la información es burda en el caso de Clarín. La Nación, el mismo domingo publica sus tradicionales columnas de fondo. La de Mariano Grondona habla de la lucha de los "puros contra los impuros", olvidando una larga lista de impurezas oficiales, tanto en el pasado como en el presente. Grondona comenta directamente la imagen proyectada oficialmente como si fuera cierta. Morales Solá nos presenta un K nuevo en la política, decidido a terminar con la "vieja política".
Tal vez toda esta reprogramación sea una consecuencia benéfica de la ley de protección de "bienes culturales". Una reinterpretación que debemos agradecer a las fuentes así preservadas de la cultura argentina.
Otras partes del programa "defectuoso" ya habían sido corregidos o borrados. El record de policías muertos en cumplimiento de su deber se olvidó. No parece encajar con la visión oficial del problema. Incluir esta cuestión haría obvio que buena parte de la policía merece felicitación más que persecución. La mayoría de los delitos violentos involucran a menores, pero a nadie se le ha ocurrido una solución estilo Herodes como la que el Huracán K promueve con los uniformados.
El último de los programas pasado a la papelera de reciclaje fue la gran panacea prometida por el solícito ministro Beliz: "la ley antisecuestros". Con ella que nos prometió poner fin a esta modalidad delictiva y por eso ejerció fuertes presiones para sacarla en el Congreso. Si la noticia no se hubiera borrado, debería rendir cuentas de sus resultados.
En la campaña electoral el programador principal, Página 12, hablaba refiriéndose a la crisis de seguridad como una "psicosis" promovida por los periodistas malos.
A veces algunas líneas de código se mezclan en el texto y se dan a conocer como si fueran hechos inocentes. Juan José Alvarez, el flamante ministro de seguridad bonaerense, es una de las víctimas semanales de la ira presidencial. Su pecado no es la falta de resolución del problema de seguridad (ni podría serlo a 40 días de iniciada su gestión, máxime con la paciencia que se le tuvo a su antecesor). Nuestros problemas no interesan tanto como para que un funcionario sea cuestionado por no darles respuesta. El conflicto con él es que tenía otro candidato, que no era K, para que el aparato duhaldista llevara al sillón de Rivadavia: el ministro Lavagna. ¿Cómo perdonar semejante atrevimiento? En alguna "asociación ilícita" debe haber andado. Falta que la Oficina Anticorrupción la "descubra".

El elegido

Hablando de nuestro ministro santo, partió a su última cruzada: el descubrimiento de las cuentas en Suiza atribuidas a Carlos Menem y Ramón Hernández. La justicia de ese país (que venera un concepto muy en boga en lugares así, llamado derecho) se niega sistemáticamente a conceder información porque no cierra la versión ni las motivaciones de los funcionarios y magistrados argentinos.
Se sabe que Menem es una obsesión del señor K. Los temas por los que pagamos un ministerio de Justicia pueden esperar. Beliz tiene que ocuparse de asuntos judiciales que interesan al presidente (de esos que la Constitución le prohíbe expresamente siquiera conocer) y que a él le dan un profundo placer.
Habría que analizar algunas de las incoherencias de esta misión para entender la índole del problema. El ministro dijo (confesó) antes de partir que desconocía montos y movimientos de las cuentas. En consecuencia lo que el gobierno hace con Menem, es ver qué se le puede encontrar, lo que se conoce como "excursión de pesca" o dicho de un modo más llano: una persecución personal.
El muy gracioso "testigo C" de la investigación por el atentado a la AMIA afirmó que un ex funcionario Iraní muerto (oportunamente) le comentó que un supuesto enviado de Menem habría cobrado una coima de diez millones de dólares para que el propio ex presidente callara la relación de ese país con el hecho.
El muerto no podrá desmentir semejante confabulación, aunque el sentido común podría hacerlo. Sería una curiosa dilapidación de recursos. Un gobierno acusado en todos los rincones de la tierra y por la principal potencia mundial de promover el terrorismo, preocupado por posibles imputaciones hechas por un ex presidente de un país por el que tienen tan poco respeto que se atreven a hacerle dos atentados gigantescos y no uno.
¿Cuál es la efectividad de semejante pago? ¿Qué tenía que ver Menem como para que alguien le pagara algo? No nos podrán hacer creer que la efectividad de la SIDE, teniendo al servicio secreto israelí y norteamericano encima, preocupaba tanto a los Iraníes como para coimear a un presidente con un monto tan suculento.
La Argentina se ha convertido en un país al que se le puede hacer creer cualquier cuento sin que nadie lo considere ridículo, siempre que confirme creencias o sentimientos mayoritarios. La única coima por la que se podría investigar, tal vez no a Menem pero si a sus funcionarios, es la que el Juez Galeano ofreció a Telleldín para que involucre a policías en su declaración, hecho por el que en su momento se privó de su libertad al denunciante y que tuvimos oportunidad de ver por televisión.
Esta historia de la vinculación de Menem en el atentado a la AMIA no nació porque sí. Fue una ocurrencia de los laderos de Fernando de la Rua, cuando descubrieron que no podrían obtener información alguna de su propia excursión de pesca antimenemista respecto de estas cuentas, si invocaban la figura del "enriquecimiento ilícito" que no existe en Suiza, ni podría existir porque los países civilizados no sólo no anulan leyes por el Congreso, sino que no invierten la carga de la prueba en los procesos penales. Debían encontrar otro delito que pudiera conectarse con ese dinero. Si el único delito que permitiera revisar las cuentas de Menem fuera la violación de menores, estaría siendo imputado de tal cosa por algún otro testigo conocedor de algún otro muerto. Y lo que es peor es que a mucha gente le parecería bien.
Pero los Suizos, siempre tan aburridos, se atienen al derecho (¡hasta con Menem!). Los jueces de ese país en serio, pese a todos los esfuerzos y recursos puestos por los últimos gobiernos argentinos para ese cometido, no creen inocente este cambio de "motivo" para averiguar qué hay en esas cuentas y por eso se niegan sistemáticamente a hacerse cómplices, como sí lo aceptan jueces y funcionarios locales.
Antes de partir Beliz también hizo un anuncio importante: recuperaría el dinero de la corrupción, aludiendo a estas cuentas de las que ni siquiera sabe si tienen fondos, pero sí está en condiciones de decir que cualquier plata que haya es sucia. Estas son cosas en las que el guionista debería poner más cuidado a pesar de escribir para un país de incautos, porque si alguna plata hay allí relacionada con las historias oficiales, no podría disponer de ella el señor Beliz, sino que debería devolverla al gobierno de Irán, máxime teniendo en cuenta que no se habría cumplido el contrato.

Se dijo:

“Si uno recibe amenazas, se las tiene que aguantar y si tiene miedo, se tiene que ir".

Norberto Quantín
Secretario de Seguridad

El doctor Quantín no se refería al Presidente. Sabemos que en la actualidad las normas, como ésta tan particular viniendo de un secretario de seguridad, se aplican a unas personas y no a otras. En este caso se refería a las amenazas recibidas por el secretario letrado de la Procuración General de la Nación, doctor Juan Martín Romero Victorica (h). Como hijo del fiscal Romero Victorica, cuya actuación más conocida fue contra los líderes montoneros, no tiene derecho a asustarse como el presidente. Es más contra “gente así”, se pueden decir barbaridades como la dicha por Quantín sin que los medios reaccionen, ni los abogados, ni las instituciones que agrupan a magistrados y funcionarios del Poder Judicial. Es el “paraíso” que nos toca vivir.

lunes, noviembre 03, 2003

Otra vez las cacerolas

Mientras el aparato de propaganda oficial y para-oficial entretiene al público desprevenido con un crimen en Santiago del Estero o el asesinato de María Marta García Belsunce, la población se encuentra a merced de bandas de delincuentes que operan sin que el estado las combata. Inclusive las subsidia.
Las únicas personas cuya calidad de vida se ha visto incrementada en el “país en serio” y que han ganado en tranquilidad son los delincuentes y cuanto más crímenes comenten más el gobierno se ocupa de castigar a la policía.
Durante la campaña electoral, el mismo aparato de propaganda nos había hecho creer, o mejor dicho se lo había hecho creer a los incautos que encima se volcaron masivamente a votar a los favoritos del gobierno, que los secuestros eran una “campaña” de “la derecha mediática” (un fenómeno raro y aislado). El ministro de justicia nos anunció mejoras notables en el nivel de seguridad. Los medios oficiales y para oficiales, apretados y comprados, se dedicaban mientras tanto a crímenes dignos de Agatha Christie a falta de buenas películas (la devaluación tiene sus costos). Dedicarse a informar sobre los asaltos, secuestros y asesinatos de todos los días es “de derecha” en la Argentina de hoy, algo moralmente inaceptable.
¿Cómo hablar de la inseguridad creciente sin atribuirla a las penurias económicas?, piensan nuestros progres. La ola de locura setentista en que estamos inmersos considera que los criminales son víctimas de que el estado no les reparte antes el fruto del esfuerzo de los que producen. Si el estado hiciera el trabajo por los delincuentes, creen, éstos no tendrían que delinquir. Y tal vez sea cierto, pero algunos (locos por supuesto) podrían pensar que ahorrarles trabajo a los delincuentes no es un buen objetivo y que el asalto que hace el estado no es menos inmoral y además es más caro. En ese sentido, el ladrón callejero, respecto del estado repartidor, es un atajo entre el productor y consumidor que abarata el proceso al eliminar al intermediario.
La solución entonces no es estatizar la delincuencia, sino combatirla (entre otras cosas porque la economía se desarrolla en un ambiente pacífico y ese es el único camino conocido para superar la pobreza). Y resulta bastante difícil de imaginar que la delincuencia pueda ser combatida sin una policía. Mucha gente se da cuenta de eso. De hecho, en el último cacerolazo las concentraciones no se dirigieron a ninguna comisaría. Por más que los medios alquilados hacían un esfuerzo por desviar los propósitos y el objeto de la protesta, una gran cantidad de manifestantes agitaba sus cacerolas frente a la quinta presidencial de Olivos, ocupada actualmente por personas que no simpatizan con uniformes de ningún tipo (dicho sea de paso, sólo el pasquín oficial Página 12 ignoró el cacerolazo en la edición del sábado).
Lo más complejo es interpretar estas protestas a la luz de los últimos resultados electorales y de las encuestas con que nos bombardean desde las usinas de propaganda. Solo podemos concluir que existe en el país una minoría muy enojada capaz de explotar de vez en cuando, pero incapaz de actuar a diario para generar una corriente de opinión cuerda. Tal vez gente incapaz de expresarse si no escucha una cantidad de cacerolas expresándose en el mismo sentido de elemental sensatez en la que cree, pero que permanece el resto del tiempo agazapada soportando en silencio la estupidez generalizada que domina la vida nacional de los últimos tiempos. ¿Apoyará esa gente con la misma decisión con la que bate cacerolas a candidatos que postulen nuevamente que dos más dos son cuatro? Me permito dudarlo.
El mensaje, aún siendo ruidoso no parece haber llegado. El propio presidente de la nación, seguido por su principal agente de propaganda, el ministro otrora defensor de la “mano dura” (otra tontería infantil) Gustavo Beliz, salió a desviar la atención sobre la Policía de la Provincia de Buenos Aires, fustigando al gobierno local como si el gobierno nacional no tuviera responsabilidad y como si el problema no se diera en todo el país. Claro que el gobernador Solá, reelecto por una mayoría escandalosa, tiene mucha responsabilidad en lo que ocurre, pero justamente por seguir las mismas políticas de seguridad a las que es afecto el presidente Kirchner: justificación de la delincuencia en necesidades económicas y persecución y “depuración” permanente de la policía.
Con tantas depuraciones que se han hecho en la Policía, en particular en la de la Provincia de Buenos Aires, deberían estar todos al borde de la canonización. Pero tampoco en eso han sido eficientes.
Según el presidente, en la mayoría de los secuestros (¿recuerdan cuando nos decían que los secuestros eran un mito?) hay policías involucrados y se debe actuar firmemente para depurar la Policía de la Provincia de Buenos Aires (otra vez).
Por un lado pareciera que al señor K le importan los secuestros en tanto y en cuanto involucren a policías y que en realidad sí tiene un discurso de mano dura”, pero sólo en la medida en que los policías sean los delincuentes. Contra los delincuentes no policías hay un trato entre algodones y promesas de “reparto social” para evitarles “trabajar”, mientras que hay disposición a castigar duramente a los policías que delinquen. Podría decirse que lo que molesta en esos “agentes de la ley” no es su actividad criminal sino el hecho de que sean policías.
En ambos casos es el gobierno quién debe resolver el problema, pero además cualquier criterio frente a la cuestión, si fuera honesta, debiera aplicarse a todas las personas. Después de todo ¿para qué queremos policías honestos si no es para combatir a los delincuentes?
Pero está visto que no nos gobiernan ni “garantistas” ni anti “garantistas”, sino parte de una generación que alguna vez ensangrentó al país, cuyos sobrevivientes colaboraron en gran medida con las fuerzas de seguridad para entregar a sus camaradas del crimen (porque si algo caracterizó a la “guerra sucia” fue la delación, justamente de los que están vivos) y que ahora han vuelto a demostrar que nada bueno tienen para ofrecer al país más que sus envejecidos odios. Mientras la Argentina se convierte en la nueva Colombia, ellos sólo están preocupados por una venganza sin razón a costa de todos nosotros.


No pagarás (a nadie salvo a mi)


Después de suspender la legalidad por meses en lo que respecta a ejecuciones hipotecarias (entre otras cosas) el gobierno envió al Congreso un proyecto para auxiliar a los deudores de créditos obtenidos originalmente para adquirir o refaccionar viviendas cuyo monto no supere los cien mil pesos.
El proyecto es una especie de monumento a la demagogia pro deudores que el país había abandonado por algunos años y que ahora retomó como un adicto que vuelve a encontrarse con la sustancia que lo excita.
El sistema consiste en la creación de un fideicomiso que se hará cargo de las cuotas atrasadas y otorgará facilidades y plazos de gracia a los deudores para que cancelen ese auxilio. A juzgar por los antecedentes, podemos prever que el estado jamás cobrará esa generosa dádiva y que tendremos que hacernos cargo con impuestos de los riesgos que eligieron asumir otros.
Ni siquiera se trata en el fondo de un problema de pérdida de una vivienda como la sensiblería estatista pretende presentar el problema. Por un lado porque en una vivienda obtenida por medio de un crédito hipotecario, tiene más puesto el acreedor que del deudor. No se está perdiendo una propiedad sino la posibilidad de ir adquiriéndola con el cumplimiento del préstamo. Por otro lado, sólo en países atrasados donde la inversión es fuertemente castigada y vista como algo pecaminoso el común de la gente tiene la mayoría de su patrimonio paralizado en el lugar en el que habita. Con más razón si además esos países atrasados (mental y moralmente) suelen hacer políticas para favorecer a los inquilinos en contra de quienes ponen a su disposición el fruto de sus ahorros, es decir, los propietarios.
La mitología progre latinoamericana, con fuerte apoyo de los ineptos que pueblan los organismos internacionales, suelen preocuparse por la “concentración de la riqueza en pocas manos”. En un discurso amoral, no se preguntan quién produjo esa riqueza que es la cuestión esencial. Pocas o muchas manos, en una sociedad justa nadie debería poseer una riqueza que no produjo a menos que el que la produjo decida voluntariamente regalarla. Pero el punto económico es que la única forma honesta para que los que hicieron riqueza la pongan a disposición de los que no la hicieron, es mediante la vigencia irrestricta del derecho de propiedad.
Un capital se consigue acumulando trabajo. Nadie trabajaría más que para subsistir en el momento si no tuviera esperanza de conservar y hacer rendir algún excedente. La confianza en los demás, en que no asaltarán al productor una vez que haya terminado de producir, es el único secreto por el que se multiplica la riqueza en el capitalismo y por el que todos terminan beneficiándose del trabajo ajeno sin necesidad de esquilmarlo (en ese caso si) salvajemente.
Estas son lecciones elementales que los países civilizados entienden perfectamente. Pero no es nuestro caso. Acá tratamos de agrandar un sistema educativo que a lo largo de todas sus etapas habla mal del derecho de propiedad, que es el fundamento de la convivencia social y de la prosperidad.
Y cuanto más pobreza y corrupción producen, más lo atacan. Así tenemos los legisladores que tenemos.
Sin embargo, nuestros anquilosados populistas no son tan amigables con los deudores cuando sus deudas no provienen de sus propios compromisos asumidos en libertad. A la hora de cobrar impuestos, no son ni garantistas ni perdona vidas. No creen que el acreedor es malo y el deudor es bueno, pese a que en el caso de los impuestos si es así, porque el único que produjo algo en esa relación es el “deudor” que además se convierte en deudor por voluntad de otro.
Por eso es que en el proyecto en tratamiento en el Congreso, al acreedor hipotecario al que se lo tuvo congelado meses, para poder cobrar lo que le debe un particular deberá acreditar su pureza como contribuyente.
El esfuerzo, el trabajo y la inversión no son fuentes legítimas de lucro para la nueva ola de pensamiento. Sólo la extorsión, la dádiva y el impuesto merecen el apoyo y la aprobación oficial.
Si se demuestra que por este camino puede sacarse adelante a un país en problemas, será todo un descubrimiento.

Se dijo:

"Para mi generación es un segunda oportunidad histórica, donde cambiamos la metodología, algunas metas estratégicas -del socialismo nacional al capitalismo nacional-, pero no los principios".

Miguel Bonasso
Diario La Capital
de Rosario, 2 de Noviembre de 2003

¿Un montonero capitalista tal vez? Indudablemente no. Lo que Bonasso identifica como “capitalismo nacional” en realidad habría que catalogarlo de “nacional socialismo” (no hace falta abundar sobre qué es lo que considera “principios”), es decir un sistema en el que las empresas son manejadas con puño de hierro desde el poder y todas deben obedecer, sin necesidad de expropiarlas, es decir de que el estado se haga del título de propiedad.
Empresarios dispuestos a subsistir a costa de alinearse no faltaron en la Alemania nazi ni faltan ahora en la Argentina. No se puede decir del comunismo y el nazismo que sean extremos que se tocan, porque jamás han sido extremos opuestos sino variantes de una misma concepción colectivista y perversa (valga la redundancia).

TV or not TV

Por Gustavo Jalife

En la edición del 2 de noviembre del diario La Nación, en un artículo titulado "Una cultura del silencio", Enrique Valiente Noailles escribe: "... la televisión es un medio obsceno por naturaleza, más allá de su contenido, dado que debe emitir sin pausa ninguna. Más allá de que nuestra televisión es en general una apoteosis de la imbecilidad, cabría señalar que existe una oposición más significativa que la de lo vulgar y lo culto, y es aquella que se da entre una cultura de la estridencia y una cultura del silencio."
Quizás lo conveniente para Valiente N. sería que las empresas emisoras de televisión pasen a manos de un grupo de iluminados, mucho más inteligentes y cultos que el resto de la población, que se encarguen de armar una grilla de programación acorde a sus gustos.
Otra alternativa podría ser que las emisiones de TV sean sin sonido. Esta opción nos depararía una serie de ventajas imprevisibles, como la de volver al cine mudo, para muchos estudiosos del séptimo arte la época de las mejores películas. Además, este retorno a las fuentes nos ahorraría discusiones con otros integrantes de la familia a quienes les molesta el sonido a todo volumen. (como me gusta a mi, por ejemplo, pero no a Lily).
Otra ventaja que depara el reclamo de Valiente Noailles es que puede ampliarse a otras empresas privadas cuyo afan de lucro es tan obsceno como el de los licenciatarios de las emisoras de televisión. Por que no pedir que los fabricantes de yogur, muebles, zapatillas, sonajeros, postes de luz, baterías, lápices, guías de teléfono y otras cosas por demás ajenas al mundo de la cultura; por que no pedirles a estos desgraciados insensibles que nos rompen los ojos y los oídos a diario gritándonos en la cara las supuestas virtudes de sus productos, que regalen a cada consumidor un libro de filosofía, epistemología o lingüística, previa consulta a Valiente Noailles para saber si los títulos y autores son de su preferencia. ¿Por que sólo la televisión debería ajustarse a los valientes reclamos de Valiente Noailles? ¿No es eso, acaso, discriminación?
Para finalizar, EVN formula una pregunta tan aguda como poética: "Sin embargo, ¿cómo resguardarse de ese mediodía del ruido permanente, de ese sol detenido sobre nuestras cabezas que ya no se pondrá jamás?
Cuando la leí sentí que una luz me iluminaba y dí con la respuesta. Me la proveyó el recuerdo de una sentencia de Ho Lu, rey de Wu, (S. IV antes de Cristo). Dice así: "Si no te gusta lo que dan en televisión no la enciendas".